5.3. Violencia de género y procesos de resistencia
5.3.2 Definición de la violencia de género
Uno de los principales debates que se ha dado acerca de este concepto es por la percepción que existe acerca de la violencia hacia las mujeres. En el momento de hablar de violencia se generaliza y se comprende que existe solo una que en algunos casos puede ser física. Sin embargo, la gran lucha que se ha dado desde el feminismo y las mujeres de distintos movimientos sociales es mostrar que desde hace décadas existen muchas formas de agredir a las mujeres que no se conciben como actos
violentos. De acuerdo con un estudio del Secretario General de las Naciones Unidas se puede decir que:
La violencia contra la mujer es una forma de discriminación y una violación de los derechos humanos. Causa sufrimientos indecibles, cercena vidas y deja a incontables mujeres viviendo con dolor y temor en todos los países del mundo. Causa perjuicio a las familias durante generaciones, empobrece a las
comunidades y refuerza otras formas de violencia en las sociedades. (ONU, 2006, p. 3)
La permanente consolidación de la violencia hacia las mujeres se ha generado de forma histórica por considerarse un asunto privado que no fue visibilizado desde ninguna política pública. En el caso de Colombia incluso se convirtió en una problemática silenciada que por décadas marginó a las mujeres que nunca pudieron acceder a la justicia para protegerse. Lo cual no se aleja de la actualidad de las mujeres que día a día siguen siendo asesinadas. Muchas de ellas antes de ser víctimas recurren
a las autoridades para denunciar pero esas acciones no prosperan y varias de esas historias se terminan convirtiendo en feminicidios.
Tal como lo señalé al inicio no existe un solo tipo de violencia. De acuerdo con la (Cepal ,1996) hoy podemos categorizar algunas como la violencia psicológica, económica, física y sexual. Lo complicado de este tipo de situaciones es que a pesar de que se han tenido algunos avances a nivel legislativo sigue siendo una utopía que algunas de estas acciones violentas sean castigadas como delitos.
En el caso del acoso callejero se puede encontrar lo que señalamos anteriormente acerca del desconocimiento y silencio de la sociedad acerca de este tipo de violencia de la que a diario son víctimas muchas mujeres. Existen casos de mujeres que son manoseadas por hombres sin su consentimiento en los medios de transporte y quejas de aquellas que transitan diariamente las ciudades o municipios del país con miedo por el constante acoso verbal y físico de algunos hombres que legitiman este tipo de actos desde su posición de poder.
En Colombia no hay ningún tipo de ley que sancione este tipo de acciones y en el imaginario de algunas personas se percibe como un delito menor que no merece ser denunciado. Esa situación desencadena una lucha por parte de algunas mujeres que han creado algunas acciones como el movimiento #MeToo que buscó denunciar el acoso del que han sido víctimas en silencio. A través de ese numeral en las redes sociales se logró que varias mujeres pudieran contar situaciones que no solamente han vivido en las calles sino que se encontraron situaciones de acoso que les ocurrieron en sus lugares de trabajo.
Sin embargo, el acoso callejero es tan solo un ejemplo de un tipo de violencia que se manifiesta a diario pero no se percibe como un problema que debe ser tratado no solo
desde la protección legislativa sino también desde la educación de los hombres y mujeres. La naturalización de la violencia sigue manifestándose a través del silencio pero también con el manejo de la información por parte de los medios de
comunicación.
Por esas situaciones se han creado distintas herramientas pedagógicas para mostrar que existen muchos tipos de violencia y que es necesario reflexionar acerca de cada una de ellas para empezar a eliminar problemáticas tan graves como lo son los feminicidios. Una de las que se ha convertido en una de las herramientas más populares para poder entender los niveles de violencia que sufren las mujeres es el violentómetro. Como su palabra lo dice es un medidor de violencia que indica de acuerdo con algunas acciones en qué nivel de maltrato se puede encontrar una persona.
Figura 1. Violentómetro de una campaña realizada por varias entidades.
Lo interesante de este instrumento es que se ha difundido en muchos países para poder decirle a las mujeres que algunas de las prácticas que consideran normales son
indicios de situaciones que con el tiempo se pueden convertir en situaciones mucho más complicadas que pueden afectar su salud física y mental.
Tal como lo han indicado varios estudios, las mujeres que han sido víctimas de diferentes tipos de violencia no siempre tienen las mismas posibilidades de
recuperarse y ese tipo de situaciones afectan su desarrollo personal. Lo cual incide de forma simultánea en toda la sociedad porque las mujeres representan la mitad de la población del mundo.
Las cifras del informe de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, que analizó documentos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) indicó que en el año 2017 se registraron 3.455 hechos violentos y en el año 2018 3.014, evidenciado un total de 441 casos menos. Sin embargo, a pesar de que disminuyo un poco la cifra no es un avance significativo porque sigue siendo recurrente que se presenten este tipo de situaciones.
La situación actual indica que va a tomar mucho tiempo combatir la desigualdad porque al permanecer la violencia es mucho más complicado que las mujeres accedan a otro tipo de oportunidades. Las consecuencias, como se señaló al inicio, no solo repercuten en la vida de las mujeres sino que también afecta a los círculos familiares que se encuentran alrededor de ellas. Eso demuestra que si no existen condiciones dignas para las mujeres tampoco habrá una mejor calidad de vida para las personas que hacen parte de sus familias.
5.3.3.Declaraciones y conferencias sobre el reconocimiento de la violencia y