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Definiciones de la compulsividad sexual: visión categorial vs dimensional

Capítulo 1. Concepto y descripción del cuadro clínico de compulsividad sexual

3. Definiciones de la compulsividad sexual: visión categorial vs dimensional

El excesivo deseo sexual ha sido objeto de múltiples definiciones: algunas de ellas reflejarían una visión categórica, una concepción de este constructo como una patología que una persona padece o no; otras, por el contrario, denotarían una visión dimensional, una variable que todas las personas tienen en mayor o menor medida y que puede influir sobre aspectos tan concretos como la frecuencia de la actividad sexual, la tendencia al sexo de riesgo, etc.

La primera de las definiciones categoriales fue propuesta por Carnes en 1983. Para este autor, el deseo sexual desmedido (que él denominaba adicción al sexo) constituye “un conjunto de síntomas caracterizado por una pérdida del control sobre la conducta sexual que normalmente se asocia con una alteración del estado de ánimo” (Carnes, 1983, p. 4). El conjunto de síntomas al que este autor se refiere es idéntico al que se plantea para la dependencia de substancias, pero adaptando su contenido a la adicción al sexo (Goodman, 1992): la persona cada vez necesita más sexo o de mayor intensidad para satisfacer sus impulsos (tolerancia); síntomas de abstinencia cuando la persona se ve privada de actividad sexual; progresivo aumento del tiempo dedicado al sexo; esfuerzos fallidos por detener o reducir la conducta sexual; reducción o abandono de otras actividades y; persistencia en la conducta sexual a pesar de experimentar consecuencias negativas.

Tiempo después, Goodman (1992) amplía esta definición afirmando: “la adicción al sexo no es una aberración. Tampoco una moda o una única alteración: la adicción al sexo es simplemente el proceso de cualquier adicción expresado a través del sexo, la dependencia compulsiva de cierto tipo de actividad sexual como un medio para regular los sentimientos y el autoconcepto” (Goodman, 1992, p. 312). Esta autora destacaría que en la adicción al sexo, la conducta sexual sirve tanto para lograr el placer como para escapar de un estado de malestar interno.

Ambas definiciones remarcan aspectos importantes en la fenomenología del excesivo deseo sexual, pero estarían muy sesgadas por su consideración de esta patología como una adicción. Un ejemplo de definición con menos implicaciones teóricas es la que aporta Kafka (2010, 2013) bajo la denominación de hipersexualidad. Para este autor, esta patología se caracteriza por una preocupación intensa y repetitiva por fantasías sexuales, impulsos y conductas que llevan a la persona a experimentar consecuencias adversas y un malestar clínicamente significativo en áreas como el trabajo, el entorno social u otros aspectos de la vida de la persona. Que esta definición siga una estructura muy similar a la que encontramos en los manuales DSM para las parafilias o cualquier otro trastorno sexual no es casual: su autor fue uno de los encargados de proponer los criterios del trastorno por hipersexualidad para el DSM-5.

Capítulo 1

Página | 17 La visión dimensional del excesivo deseo sexual se la debemos a Kalichman y su equipo, uno de los más claros referentes durante el diseño de nuestra investigación. Kalichman y Cain (2004) sostienen que la compulsividad sexual (de ahora en adelante CS) (término acuñado por estos investigadores para referirse al deseo sexual desmedido) es un constructo psicológico heterogéneo que comprende una grave preocupación por deseos sexuales y conductas que suelen producir graves consecuencias en las relaciones sociales, en el entorno laboral o simplemente en el día a día. En ciertos momentos, estos autores se llegan a referir al constructo de compulsividad sexual como una dimensión más de la personalidad, una dimensión que podría resultar de la intersección entre la impulsividad, la erotofilia y la búsqueda de sensaciones. El aspecto más importante es que la compulsividad sexual determina “la propensión a experimentar cierta desinhibición sexual o impulsos y conductas sexuales descontroladas en ciertas situaciones” (Kalichman & Cain, 2004, p. 239). Lo más interesante es que estudios recientes avalan la estructura taxométrica dimensional del constructo de compulsividad sexual. Estaríamos hablando de una dimensión donde el extremo superior representaría la patología, mientras que niveles inferiores darían cuenta de distintos grados de gravedad y de afectación personal (Walters, Knight, & Långström, 2011).

Tal y como señalan muchos autores, únicamente la combinación de ambas perspectivas –la categorial y la dimensional- permite entender verdaderamente las distintas manifestaciones del fenómeno de la CS y de cómo puede afectar negativamente sobre distintos aspectos de la vida de la persona (Kalichman & Cain, 2004; Långström & Hanson, 2006a; Walters et al., 2011; Winters et al., 2010). Hasta el momento, hemos venido utilizando el término “deseo sexual excesivo” porque, además de no presuponer ninguna teoría etiológica concreta, hace referencia a uno de los principales componentes del cuadro clínico. El problema de este término es que obvia el segundo gran eje que vertebra esta patología: la incapacidad para controlar las múltiples expresiones del excesivo deseo sexual. Por este motivo, de ahora en adelante utilizaremos “compulsividad sexual” (CS en su forma abreviada) o “conducta sexual compulsiva” para hacer mención a este cuadro clínico. Los motivos para su elección frente a otros también válidos como el mencionado anteriormente o como el de hipersexualidad son los siguientes: 1) el término compulsividad sexual refleja ese componente del cuadro clínico que nos permite diferenciar entre una persona que simplemente tiene un alto deseo sexual y la persona con un deseo sexual excesivo y patológico; 2) el constructo de compulsividad sexual –medido principalmente a través del Cuestionario de Compulsividad Sexual de Kalichman y Rompa (Kalichman & Rompa, 1995)– es uno de los ejes a partir de los cuales hemos vertebrado el estudio empírico de esta tesis doctoral; 3) la teoría que acompaña al término de

Concepto de compulsividad sexual

compulsividad sexual es una de las pocas que han abogado por una concepción dimensional del constructo frente a una visión categórica, visión que abre la puerta al estudio de la compulsividad sexual no sólo en población clínica, sino también entre población subclínica y población normal.

En conclusión, de ahora en adelante emplearemos el término “compulsividad sexual” para referirnos al trastorno que padecen aquellas personas con graves dificultades a la hora de controlar su deseo sexual, con pensamientos sexuales frecuentes e intrusivos que les llevan a mantener conductas sexuales solitarias o con parejas de forma repetida y sin ningún control, y que finalmente experimentan consecuencias derivadas de la falta de control sobre sus impulsos sexuales (ITS, embarazos no deseados, problemas familiares, trastornos psicológicos, etc.) (Mick & Hollander, 2006).

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