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2. INFORMALIDAD, ANOMIA Y POLÍTICAS PÚBLICAS: RESTABLECIENDO NORMAS

2.3 Definiendo la informalidad

La informalidad puede ser entendida desde diferentes enfoques y perspectivas, no existe una única definición para lo que se puede denominar informalidad, mucho menos se puede encontrar una definición exacta para el ejercicio informal de vender o comerciar productos en las calles que es el principal objetivo de estudio.

En 1988 la OIT al intentar definir el por qué de la informalidad, la relaciona directamente con la pobreza, retomando la definición de Klein y Tokman dirá que la informalidad es una "modalidad urbana" caracterizada por: 1) La exigüidad de los obstáculos al ingreso, en lo que a la economía informal que se refiere a las aptitudes, el capital y la organización; 2) La propiedad familiar de las empresas; 3) Lo reducido de la escala de operaciones; 4) El empleo de métodos de producción de gran densidad de mano de obra y de tecnologías anticuadas; y 5) La existencia de mercados no regulados y competitivos”. (Portes y Haller, 2004 Pág. 9)

Luego, Naciones Unidas realiza la siguiente definición ligada a la informalidad económica urbana, para la ONU “la informalidad se refiere al grupo de empresas familiares de generación de ingresos no registradas, incluyendo: empresas propias que emplean familiares y trabajadores externos ocasionalmente; y a empresas de pequeño tamaño y no registradas que emplean trabajadores informales” (Castañeda y García, 2007 Pág. 47). Esta definición termina siendo un poco limitada y dejará el término de informalidad económica reducida simplemente al ámbito de las empresas o microempresas.

En un estudio realizado por Jaime Ramírez Guerrero, titulado: “Capacitación laboral para el sector informal y Colombia”, el autor resalta la debilidad de la definición del término, lo cual ha generado duras consecuencias para la formulación de políticas en torno a la solución de la informalidad en el país. El concepto de sector informal ha

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perdido vigencia en las políticas de empleo y capacitación en Colombia, ha sido sustituido implícita, pero generalizadamente, por el concepto de microempresas.

Este fenómeno genera problemas de precisión en las políticas y de focalización en los programas que han puesto intersecciones evidentes entre las poblaciones a las que se refieren ambos conceptos cuando se incorporan en temas de la política de competitividad industrial, porque tiende a excluir a los grupos más pobres de trabajadores y unidades productivas, que son el grueso del llamado sector informal” (Ramírez 2010). De esta manera, la informalidad no se puede reducir únicamente a una definición como la que postula la ONU, ya que está describiendo a otros actores que hacen parte de la economía informal.

Revisando otras definiciones que podrían estudiarse y en la misma medida que permitan acercarse más a la informalidad, existe un trabajo realizado por José Miguel Candina denominado: “Sector Informal, 30 años de un Debate Bizantino”. Que luego de realizar una exploración de los diferentes autores que han tratado de definir la informalidad en el continente conduce a la siguiente definición que acopla tres factores que están implícitos en otros conceptos de informalidad anteriormente desarrollados: Candina citando a Fernando Cortés identifica los siguientes aspectos comunes:

“ 1) El nacimiento de la idea de informalidad está asociada a la observación empírica de un sector social y surge de criterios que son de sentido común; 2) el objeto de estudio, o el sector económico en cuestión, son las actividades productivas cuyo funcionamiento se realiza fuera de los marcos normativos regulatorios en comparación con las empresas que cumplen con dichos requisitos legales; y 3) el universo de la informalidad no reconoce fronteras claramente delimitadas con el sector propiamente capitalista de la economía”. (Candina, 2003)

Esta definición entiende la informalidad de una manera más compleja, aquí pues, se habla de un carácter evaluativo en donde se identifica concretamente un espacio en el cual puede existir un modelo económico informal; en segundo lugar, define a la informalidad como una actividad económica que está fuera de los marcos normativos,

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de las leyes que regulan esta clase de actividades. Vale la pena añadir en este punto, que el sector económico denominado en cuestión, no se puede reducir únicamente a la producción, esto puesto que la informalidad hace parte de toda una cadena de producción económica, lo que lleva a la necesidad de identificar tres etapas fundamentales para esta definición: 1. la producción 2. la distribución y 3. la comercialización.

La informalidad no debería ser entendida como un hecho fatídico o una gran problemática social, quizás la informalidad es sólo una salida; una alternativa diferente para aquellos que quieren desde el punto de vista del capital generar recursos adicionales para sobrevivir. La informalidad termina siendo la manera como aquellos que no han tenido oportunidades y han sido excluidos del sistema económico se defienden y sobreviven.

Retomando un poco lo que se mencionó anteriormente en los argumentos de De Soto, se encontrará que en Latinoamérica la informalidad tiende a ser un mecanismo de defensa o en determinadas ocasiones puede ser simplemente una opción de vida. Pero también, se puede ir un poco más allá y como lo menciona Jorge Hurtado en su texto “Lecciones de informalidad” (Hurtado, 1993), esta no deja de ser más que una respuesta social a las problemáticas en el sistema económico.

Hurtado, citando a Giddens y Latouche, dice que “La informalidad, cuando es autónoma, no es una reencontrada senda al desarrollo, una inesperadamente nueva estrategia de crecimiento, sino un “hecho social total”, una sociedad alternativa, una respuesta de grupos atrapados entre las tradiciones perdidas y una modernidad imposible. No tanto, en fin, un desarrollo alternativo, sino una alternativa al desarrollo y al productivismo desorganizador de la sociabilidad, un dizque frente a la mercantilización progresiva, la autonomización de lo económico, y la introyección de la compulsión laboral como motivación emancipada de otras áreas del mundo de la vida” (Hurtado, Pág. 229). La informalidad será entonces un hecho social, que nace de la necesidad de los excluidos por sobrevivir y que podría terminar convirtiéndose tal y como lo plantea Giddens y Latouche en toda una sociedad alternativa, en una respuesta de la sociedad para mediante estos nuevos mecanismos contrarios a lo

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“correctamente” establecidos, luchar en contra de la inequidad del sistema económico globalizado que los ha excluido.