Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado y amargura del sueño que murió. (“Sur”, Homero Manzi, Anibal Troilo; 1948)
Luego de haber recorrido el primer tramo del camino narrativo y temporal de la experiencia de estos actores hacia el fin de sus exilios, a continuación se indaga -bajo la misma estructura que en el capítulo anterior- sobre la ruptura que se observa en la continuidad de esa ruta y que constituye a la experiencia del no retorno. En la primera parte se profundiza en el entramado narrativo que emerge cuando los actores en el exilio pasan a ser actores del exilio y que se caracteriza por un quiebre de la épica y la irrupción de un relato que adquiere distintos matices. En esta dimensión narrativa, como se verá, el relato de los actores se dirige por la intención de resaltar la situación irónica actual, que consiste en pasar de militantes y protagonistas a un lugar invisible. Sus narraciones carecen entonces de aquél contexto que acompañaba sus relatos sobre el pasado y en la carencia de interlocutores, lidian con la imposibilidad de darle a sus historias el final que una trama de epopeya reserva generalmente para sus protagonistas. La experiencia generacional se disuelve en el relato y el coro de voces armónico se convierte en una polisemia de silencios, enojos, tristezas y melancolía.
Vinculado con este desenlace inesperado, la experiencia temporal del presente especioso emerge con un horizonte de futuro ausente o débil. En el segundo apartado entonces, se recupera la fragilidad que los horizontes de expectativas tienen para estos actores, estableciendo un fuerte contraste con su propia experiencia de futuro-pasado que fue vivida durante su militancia y su tiempo de juventud y que ha sido claudicado frente a la pérdida del proyecto político por el que luchaban. Esto parece manifestarse con más fuerza en aquellos que viven esta pérdida como una derrota ya que, hasta la experiencia transitoria del exilio, las perspectivas, sueños, deseos e imaginaciones aparecían constituyendo el largo plazo. Debido al predominio del pasado vivido en su experiencia presente, los actores del exilio cubren de nostalgia su mundo y la experiencia negativa del exilio se resignifica de este modo, convirtiéndose en la trama, en el preludio de esta forma de vivir el presente y de narrar el no retorno.
117 “Y vivieron... sin regresar”
En el relato presentado en el capítulo anterior, los jóvenes militantes que se habían entregado a un sueño de cambio, sufrieron la adversidad de un Estado militarizado y terrorista que penetró en sus vidas con terror y miedo. A partir de este hecho, un sector importante de esta generación soñadora e idealista se vio obligada a salir de su país, recorriendo nuevos caminos con la prioridad de poner a salvo sus vidas. La historia que comenzaba entonces en las cálidas tierras argentinas continuó para estos actores con un traslado forzoso hacia el territorio azteca. Frente a la experiencia negativa del exilio, la experiencia de los jóvenes se impregnó de un sentido de transitoriedad y centró sus deseos y expectativas en la posibilidad de que, algún día, pudieran regresar al hogar.
La ansiada espera del retorno culminó formalmente, el 10 de diciembre de 1983, cuando la transición democrática en Argentina se consolidó con la asunción del presidente Raúl Alfonsín. La fiesta se extendió desde el Sur hacia las casas de cada uno de los argentinos que se encontraban exiliados tanto en México como en otros países y, aunque fue vivido “un poco desde lejos [...] volvimos a la democracia y en ese momento hubo, para mí como para todo el pueblo argentino, una situación devastante en euforia y expectativa de lograr muchos cambios ¿no?” 1 Pero este clima de festejo se opacaba por las desapariciones de personas, crímenes y torturas ocurridas en Argentina durante el proceso militar que eran hechos conocidos por parte de los exiliados en México. Al respecto, las actividades de protesta y denuncia, eran realizadas por un sector del exilio para quienes esto era parte de compromisos militantes asumidos antes de salir de Argentina; y la publicidad de estas atrocidades estuvo a cargo principalmente de organizaciones como la Casa Argentina de Solidaridad (CAS) 2 y el Comité de
1 Al respecto, Julio narra su vivencia sobre la caída del gobierno militar en 1983 de la siguiente manera:
“Bueno, los viví por lo pronto, desde aquí, o sea lo viví un poco de lejos ¿no? eh... cuando llegó Alfonsín bueno fue una cosa... fue el cambio más radical, pasamos de la dictadura a la democracia porque... volvimos a la democracia, a esa democracia que siempre fue tan agotada en Argentina, tan interrumpida por los constantes golpes militares pero volvimos a la democracia y en ese momento hubo, para mí como para todo el pueblo argentino, una situación devastante en euforia y expectativa de lograr muchos cambios ¿no?” (Julio, 07/10/09, México, DF).
2 Como se menciona en su Declaración de principios de la CAS, su propósito fue “prestar solidaridad a
los refugiados argentinos que la necesiten, difundir los aspectos sobresalientes de la experiencia política que vive el país y denunciar la violación de los derechos humanos en la Argentina sometida hoy a un régimen dictatorial que se ha apropiado por la fuerza del gobierno y controla todos los poderes del Estado” Cfr. Bernetti, J., y Giardinelli, M., México: el exilio que hemos vivido. Memoria del exilio
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Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA), por mencionar a las más representativas del exilio en México. Llegado el momento del regreso, estas organizaciones del exilio se desarmaron “porque consideramos que las razones políticas que daban cabida al exilio habían concluido y ya se trataba de procesos individuales [...] ya estaba en la libertad de la gente el volver o no”.3 Las expectativas de los actores se vieron entonces reconfiguradas para alimentar la esperanza en la democracia; tema importante si los hubo en aquellos tiempos pues obligó a esta comunidad de exiliados a repreguntarse acerca de sus objetivos militantes, así como a replantearse en qué consistía la inviabilidad de esos proyectos que –como se presentó en el capítulo anterior- los había acompañado hasta el fin del exilio. Pero tanta espera no fue en vano, ya había llegado el momento de regresar al hogar, de reencontrarse con los amigos, compañeros y familiares queridos, de volver al escenario inaugural en el cual eran protagonistas de la historia. ¿Qué pasó entonces en el momento del regreso? ¿Cómo fue la vida después del exilio?
Situados en México, a fines del año de 1983, los actores en el exilio pasaron a convertirse en actores del exilio. El aeropuerto Benito Juárez se vio atiborrado de argentinos que se despedían de amigos y colegas mexicanos, así como de cierta “desolación porque se producían nuevos cortes en la historia de cada uno de nosotros”. 4La ilusión del regreso que alimentó esos años de espera impactó intensamente en los albores de la vuelta, para algunos de ellos, la emoción de sentirse “cerca de casa” podía traducirse como algo “desquiciante, muy loco”5 un momento de plenitud, como un mirar desde la ventanilla del avión, ver Argentina y pensar “si yo me muero acá que me muera porque ya estoy en mi tierra”.6 La mayoría regresaba para argentino en México durante la dictadura 1976-1983, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina, 2003, p. 163.
3 Entrevista a Jorge Luis Bernetti realizada por Federico Lorenz, camarógrafo Marcelo Rest, código:
A00117, Buenos Aires, 13 de octubre de 2001, 02:58:00hs, Archivo oral Memoria Abierta. Consulta realizada en el mes de agosto de 2009, Buenos Aires, Argentina.
4
Cfr. Bernetti, J., y Giardinelli, M., Ob. Cit., p. 158.
5 Para Oscar Terán, “[regresar] fue muy loco, desquiciante... la escena del avión volando, volviendo... fue
muy loca [...] El deseo realizado es lo más parecido a la muerte”. Entrevista a Oscar Terán realizada por Vera Carnovale, camarógrafo Alejandro Ester, código: A00517, Buenos Aires, 25 de noviembre y 16 de diciembre de 2005, 02:58:00, Archivo oral Memoria Abierta. Consulta realizada en el mes de agosto de 2009, Buenos Aires, Argentina.
6 Así lo cuenta Rosario, para quien el regreso a su país natal significó lo más importante en aquel
momento y cuya emoción trasmite de la siguiente manera: “la primera vez que fui a Argentina fue en el ´85... yo me acuerdo que cuando íbamos en la compañía aérea y la azafata dijo “estamos atravesando Tucumán” y yo miré por la ventanilla y pensé que era mi tierra, que era mi tierra... y... media fatalista
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observar lo que estaba pasando en su país natal, “para vivir de cerca cómo estaban las cosas allá”7 y reencontrarse con sus afectos, aunque algunos no tenían la idea de “volver para volver”.8 En algunos casos, los primeros viajes a la Argentina se realizaron con el objetivo de “ir viendo que… una casa, un departamento, a ver cómo nos instalábamos”,9 de comenzar a buscar algún lugar donde vivir y de recuperar los espacios de trabajo y formación que habían debido abandonar. En otros casos, el primer retorno significó “levantar todo, deshacerse de todo, y con la apertura democrática regresar a ver qué pasaba con los juicios aquellos”;10 por ello, uno de los trasfondos de estos viajes era la averiguación de lo que le había sucedido a amigos y familiares durante el terrorismo de Estado, especialmente retornar significaba comenzar a participar en los juicios contra la Junta Militar.
Pero frente a estos juicios, otros sintieron miedo en el regreso, pues se consideraba que si bien la dictadura militar se había debilitado y había emprendido la retirada, se percibía que aún permanecían las mismas huellas del terror por las que habían debido abandonar su patria, y “daba miedo ser testigo y al mismo tiempo vivir en la Argentina, cosa que los que estábamos afuera nos liberábamos de ese miedo, fuimos, declaramos y salimos corriendo y otros como yo, declaramos por exhorto afuera”.11 El miedo que se pensé: si yo me muero acá que me muera porque ya estoy en mi tierra” (Rosario, 11/12/09, México, DF).
7 Rafael regresó por primera vez a Argentina antes de la instauración de la democracia para “ver cómo
estaban las cosas... bueno, tenía la información que se puede obtener aquí sobre lo que estaba pasando en Argentina, esteee...” (Rafael, 27/10/09, México, DF).
8 Rafael, 27/10/09, México, DF.
9 Para Santiago, su regreso se adelantó a la asunción política de Raúl Alfonsín como fue mostrado en el
capítulo anterior. Principalmente, su primer viaje luego del exilio estuvo apremiado por la necesidad de ver lo que allí sucedía y de evaluar cómo estaban dadas las condiciones para volver a conseguir un lugar en el país: “efectivamente fue un viaje para ir viendo las condiciones, en algunos casos como yo que llegaba con la idea de instalar allí una librería, y además todos a ir viendo que… una casa, un departamento, a ver cómo nos instalábamos… entonces bueno, ese fue el primer viaje, fue en agosto del ochenta y dos… pero yo no volví definitivamente hasta… febrero del ochenta y cuatro” (Santiago, 21/11/09, México, DF).
10 Para Emilia, la urgencia por regresar a Argentina estuvo motivada por la búsqueda de datos del padre de
su hijo que había sido desaparecido antes de que ella saliera al exilio. “Entonces yo levanto todo, vendo todo, me deshago de todo y con la apertura democrática, en enero del ´84 me regreso. Este, y bueno, cuando me regreso allá empieza toda la cuestión de los juicios aquellos (...) y yo llego a Argentina para ver qué pasaba con esto y me acuerdo que fui a hablar con una Comisión que había... había un abogado joven que era uno de los poquitos que se empezaba a hacer cargo de esta situaciones y yo le fui a plantear el problema y le dije que yo quería iniciar juicio contra el ejército... contra el ejército, por la vida del padre de mi hijo” (Emilia, 11/12/09, México, DF).
11 Para Mercedes, su primer regreso a Argentina estuvo atravesado por el miedo, sobre todo a partir de la
posibilidad de dar testimonio en el Juicio a las Juntas Militares iniciado en el gobierno de Alfonsín: “Mirá... es clave... durante muchos años ese miedo fue algo importante. Inclusive en el ´85 cuando se
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había infiltrado en la vida de muchos exiliados, continuaba con un espacio ganado. Este temor a que la democracia no estuviera lo suficientemente consolidada y tuviese un poder escaso para protegerlos se apoderó de muchos de ellos, aunque para otros el ser consecuente con lo que se creía era fundamental, por ello “a lo mejor no creía mucho [en la democracia] pero sí sabía que lo tenía que hacer y lo hacía, ¿si?” 12
Mientras algunos vivían sus primeros regresos a la Argentina, otros debieron postergarlo por un tiempo más largo debido a que los pedidos de captura y detención, que recaían sobre ellos gracias a las medidas tomadas por el gobierno militar, continuaban teniendo vigencia.13 Fue el caso de muchos ex-militantes de partidos y movimientos armados, que se vieron imposibilitados de regresar al país hasta tanto el nuevo gobierno democrático no derogara las medidas de captura que los involucraba directamente.
Pero ante todo, la emoción del regreso atravesó a todo este grupo de (ex) exiliados y la necesidad de volver a vivir a la tierra natal se impuso por sobre las tristes despedidas y las incertidumbres que llevaban consigo con respecto a la democracia y al quiebre del poder militar. El retorno fue paulatino pero masivo durante los primeros años de la democracia. Pero algunos de los actores del exilio, sintieron que lentamente la alegría que sentían por el retorno, comenzaba a nublarse, pues la llegada al país anhelado y añorado fue rotundamente diferente a lo que habían imaginado. Frente a una realidad hacen los juicios y que mucha gente regresa más o menos para esa época, daba miedo ser testigo y al mismo tiempo vivir en la Argentina, cosa que los que estábamos afuera nos liberábamos de ese miedo, fuimos, declaramos y salimos corriendo y otros como yo, declaramos por exhorto afuera” (Mercedes, 02/02/10, México, DF).
12 Emilia cuenta sobre la dificultad de creer en el nuevo gobierno democrático a partir del interés que aún
mantiene de colaborar con su testimonio en los juicios a las juntas militares, principalmente para esclarecer el paradero del padre de su hijo “Como una... no sé si de las primeras... yo siempre creí que era una de las cosas que tenía que hacer y siempre fui muy consecuente con lo que pensaba este... y bueno, ahí empezamos y te digo que no había muchos abogados que quisieran...” (Emilia, 11/12/09, México, DF).
13 El caso de Julio es ilustrativo en este sentido, pues él salió de Argentina en el año 1977 con documentos
falsificados por su pertenencia clandestina al PRT-ERP cuando deciden rearmar la organización para resistir al golpe militar. Luego de pasar por Madrid y llegar a México en 1980, se acerca al consulado tentado por la apertura democrática para poder viajar a Argentina, pero para ello debía legalizar su situación y en primer lugar, su identidad. Julio cuenta que en el consulado la situación era complicada porque cada vez que intentaba sacar los documentos para poder viajar a Argentina, le decían que tenía una cantidad considerable de pedidos de captura por diversos daños causados a partir de su militancia. Para Julio, estos pedidos de captura que pesaban sobre su posibilidad de volver, debían ser cancelados con las leyes de amnistía; sin embargo, para poder emprender el regreso tuvo que presentarse al consulado denunciando que su pasaporte se había extraviado, con el fin de que le hicieran un duplicado y sortear las complicaciones judiciales que implicaba solicitar el trámite del documento original. Así pudo viajar a Argentina por primera vez en 1993 (Julio, 29/09/09, México, DF).
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distinta que se les impuso en sus arribos, las imágenes que rememoraban del país mientras vivían en el exilio, comenzaron a desvanecerse. La mayoría se encontró con sus hogares asolados, con un país distinto, poco acogedor. Fue entonces que el telón comenzó a caer sin previo aviso, terminando prematuramente una obra que, para ellos, merecía ser presentada y culminada con un final distinto. Pues antes que hallar un espacio donde contar sobre sus desventuras y hazañas, se vieron compelidos a mantener el silencio, ocultar sobre su verdadera “condición de exiliados y justificarse por todo este quilombo”14 ante una sociedad que los rechazaba por haberse ido. Aunado a lo anterior, en Argentina se confirmó para ellos que la pérdida de los seres queridos, muertos o desaparecidos por la dictadura militar, era irreversible. Esta situación dolorosa junto a los castigos que sentían por una sociedad que no comprendía por qué se habían ido y la transformación de los espacios que antes frecuentaban, constituyeron para los actores del exilio, una nueva fractura en sus experiencias.
El regreso los enfrentó a este clima hostil y poco amigable. Para algunos actores del exilio, esta situación junto a otros aspectos -que se verán más adelante-, repercutieron en el retorno deseado, postergando la decisión de volver a vivir en Argentina. Pero otros, en cambio, pasaron una temporada en su país. Este es el caso de Emilia y Santiago, quienes regresaron en 1984 originalmente como un retorno definitivo. Aunque el recibimiento que tuvieron fue complejo, para Emilia porque su ambiente familiar se mostró a su regreso, “como que era yo la que tenía que volver como derrotada a ver si me aceptaban en la familia...”15 y para Santiago, porque en lugar de abrazos y brindis, se encontró en primer lugar con una sociedad que se resistía a aceptarlos “¡ahí vienen los de afuera!, los que se salvaron, los que la pasaron bien mientras nosotros nos jodíamos acá”.16 Tras el choque de tener que explicar ¿a qué habían vuelto?,17 la experiencia del retorno significó para ellos un volver a empezar.
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“Quería no tener que volver a explicar mi historia a cada minuto, que es la condición del exiliado. No tener que justificarme... bueno, volví, igual me tuve que justificar por todo este quilombo que se había armado [...] de que nos habíamos ido, que los que se habían quedado [en Argentina]... todas ridiculeces” Entrevista a Norma Osnajanski, realizada por Vera Carnovale, y el camarógrafo Omar Ester, código: A00102-2, Buenos Aires, 22 de octubre de 2001, 01:40:04hs. Archivo oral Memoria Abierta. Consultado en el mes de agosto de 2009, Buenos Aires, Argentina.
15 Emilia, 11/12/09, México, DF. 16 Santiago, 21/11/09, México, DF. 17
Emilia narra los desencuentros que vivió con su familia en su primer regreso a Argentina: “como que era yo la que tenía que volver como derrotada a ver si me aceptaban en la familia... la actitud de mi
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Emilia consigue un primer trabajo por medio de una beca que otorgaba el gobierno para quienes regresaban18 y “a corto plazo yo tuve la pieza, la cocina y la cosa esta para poder vivir y fui medio arreglándolo de a poco y trabajando y saliendo, muy ajustada económicamente, realmente de eso que dices tengo para mañana y pasado no sé que voy a hacer, este, difícil económicamente pero de alguna que otra manera, haciendo trabajos, veinte mil cosas más o menos bien”.19 Este volver a empezar fue distinto para Santiago, debido a que en su regreso logró ocupar un cargo importante en el nuevo gobierno democrático y en la universidad, por lo que narrar sobre ese momento se convierte en algo más placentero, “sí, me gustaba mucho, fue una etapa que la pasé fenómeno, me gustaba, trabajé como un burro pero… pero me gustaba”.20 Estos primeros pasos de sus retornos se vieron quebrados por dos situaciones distintas, pero