2. Globalización, tecnología y Reforma Educativa en Argenti-
2.3. Del Estado de Bienestar al Estado Competitivo
Las transformaciones operadas en el campo de la producción con la incorporación tecnológica intensiva, están estrecha- mente vinculadas con nuevas modalidades de intervención
del Estado.
La expansión paulatina del llamado Estado de Bienestar durante el período fordista, fue una consecuencia de la con- ciliación de clases, por cuanto el mismo se constituía en una especie de árbitro y garante de esta conciliación, considerán- dose entonces el papel en la regulación social por éste ejercido como una condición necesaria en el proceso de crecimiento. La característica que asumió este tipo de Estado era de un alto
grado de intervención socioeconómica, una política planifica- da de crecimiento, de reparto del ingreso y de la ocupación y la ampliación de los sistemas de bienestar. De esta manera, si bien el ingreso creciente de las masas trabajadoras y las políticas sociales asumidas por el Estado fueron conquistas del movimiento obrero organizado, constituyeron un pilar fun- damental del modelo de producción y consumo masivos. Este modelo de acumulación quedó establecido básicamente bajo la forma estatal nacional, que garantizaba la maximización de las ganancias a través del consumo interno. De este modo, los movimientos internacionales de capital eran reducidos y
estaban regulados por organismos creados a tal fin, como el
Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que en el período siguiente de globalización adquirirán verdadera relevancia.
Por el contrario, en la etapa globalizadora el Estado deja de
tener el perfil del período anterior, para asumir las característi- cas de un “estado nacional competitivo”, que tiene dos rasgos principales: primero, su preocupación se centra en garantizar
condiciones de rentabilidad al capital internacional, a fin de
atraer inversiones en mayor proporción que otros países, con los cuales compite por un mejor posicionamiento. Esto im- plica abandonar su rol de garante del equilibrio de intereses sociales y económicos en lo interno, ya que como se dijo en realidad el crecimiento de la economía nacional y el bienestar
del conjunto habían llegado a ser incompatibles. Segundo, la política estatal se somete a las coacciones del mercado mun- dial, por lo cual la posibilidad de generar alternativas políticas a través de los partidos se vuelve inexistente. Esto implica un paulatino proceso de desdemocratización.
Como se viene sosteniendo, los estados capitalistas en la etapa globalizadora empiezan a dar un nuevo rumbo en sus funcio- nes: del Estado de Bienestar, al Estado Nacional Competitivo, en el que éste asume una función en el campo económico de responsable de establecer las reglas de juego que favorezcan la rentabilidad a los capitales extranjeros.
En el caso de Argentina esta característica es expresada abiertamente por Carlos Magariños, quien fuera Secretario de Industria de la nación durante la gestión del Presidente
Menem:“la finalidad del estado moderno consiste en mantener
la actividad económica y la organización de la sociedad en niveles compatibles con las aspiraciones de los integrantes de la misma” (1995: 31)
Y más adelante agrega: “el estado pasó a cumplir un papel
subsidiario centrado en la defensa de la competencia, la regulación transparente de las actividades monopólicas y la protección de los derechos del trabajador y de otros derechos sociales garantizados por la Constitución.” (1995: 38)
De allí que “el punto de partida para el éxito industrial
tiene como condición necesaria la generación de un entorno macroeconómico previsible y el funcionamiento de los mecanismos de mercado destinados a estimular el crecimiento a través de la competencia, tanto interna como internacional.” (1995: 37)
¿En qué consistía ese entorno previsible? Sostiene Mario
Zacagnini (2001) “... bajo la supervisión y el monitoreo de
planes económicos de claro corte monetarista y propuestas concretas para la reformulación de la función del Estado. Así, se instaura un discurso donde la estabilidad económica cobró un papel fundamental como condición imprescindible para el reordenamiento socioeconómico nacional y se adereza dicha política con fuertes críticas al papel del Estado-empresario- asistencial del modelo inaugurado por el peronismo en los años 40: se puso especial énfasis en el discurso que allanó el proceso privatizador de los años 90, la dramatización sobre las pérdidas que generaban algunas empresas estatales de servicios públicos y a atacar al «intervencionismo paternalista» del Estado, etc.” (Zacagnini, 2001:2)
De este modo, según Magariños (1995) el mayor esfuerzo de
la capacidad política yburocráticadel Estado estuvo orientado
a equilibrar las cuentas públicas, a través de:
• Un estricto cumplimiento del presupuesto aprobado
con antelación por el Congreso Nacional
• La reforma del sistema tributario
• La reforma de la Administración Pública Nacional
• La privatización de todas las empresas públicas
• La reestructuración de la Banca Estatal Nacional y parte de la Banca Provincial7
• La redefinición de la relación entre el Estado Nacional
y las Provincias8
• La reforma integral del Sistema de Seguridad Social
• La consolidación y reestructuración de la deuda pú- blica interna y externa
Los medios de comunicación, en manos de los grandes gru- pos que dominaron la escena económica y cultural durante
7 Esta reestructuración de la Banca Provincial implicó, en algunos casos, la desaparición y /o privatización parcial de los bancos provinciales.
8 La redefinición de las relaciones entres el Estado Nacional y las provin- cias comprendió, además de nuevos acuerdos en torno a la coparticipación federal, la descentralización de algunos servicios públicos, como por ejemplo la transferen- cia de los servicios educativos de nivel medio a manos de las provincias, en 1992.
los ‘90, contribuyeron a la formación de una conciencia que
reafirmaba la convicción de que lo que se hacía, no solamente
era inevitable (en virtud de los tiempos globalizadores que se imponían en el mundo), sino que además era lo mejor que se podía hacer.
En ese contexto, pocas fueron las voces que se escucharon en contra del modelo instaurado, aún si los perjudicados no fueron pocos. Como bien lo sostiene Zacagnini (2001): “el dominio de los medios de comunicación (de importancia crucial) y la transformación profunda de los anquilosados sistemas educativos de la región, constituyeron dos de las más importantes estrategias de los ideólogos neoliberales para sus objetivos de monopolizar creciente y progresiva- mente el discurso responsable de crear el consenso social del modelo. Tanto los medios de comunicación masiva como los sistemas educativos formales, se constituyen en poderosas herramientas de difusión e inculcación ideológica, por lo cual operan como formadores de conciencia ya que el propósito es impactar y transformar en la dinámica de las prácticas sociales, con el consecuente corpus de valores implicados. Es decir, la escuela y los medios de comunicación cumplen la función de educar en la medida en que sus acciones colaboran en la construcción y difusión de una manera de concebir la realidad social. (Zacagnini, 2001: 6)