1. DEPENDENCIA, GLOBALIZACIÓN E INTEGRACIÓN ECONÓMICA EN
1.1 La Dependencia Económica como Explicación del Atraso
1.1.6 Dependencia y carácter de la élite Criolla
La explicación en torno de la relación que se establece, entre la dependencia de las naciones ubicadas en América Latina y las clases sociales hegemónicas a su interior, parte de la premisa planteada en el numeral anterior según la cual, aquella condición tiene su origen en la estructura colonial implantada tras la Conquista en la región que favorece la aparición de una clase social beneficiaria de tal situación que, desde entonces, en el afán de sus propios intereses y desde su privilegiada posición, obra en la perspectiva de su continuidad y preservación.
El movimiento de la denominada Independencia que reivindica la emancipación de España a comienzos del siglo XIX, responde a los intereses económicos de este sector social productor de materias primas de exportación en América Latina, una actividad que se había fortalecido en el marco de libre comercio desde finales del siglo XVIII. La independencia política de España, constituía la excusa perfecta para consolidar la capacidad exportadora de estos bienes hacia la emergente Inglaterra, también era una forma de liberarse de la pesada y creciente carga tributaria impuesta por la metrópoli ibérica que, por entonces, necesitaba financiar los gastos de su confrontación ante la agresión napoleónica.
Tras la Independencia, a comienzos de la tercera década del siglo XIX, la política económica que se impone, favorece la producción y exportación de bienes primarios y con ello, da un gran paso en el fortalecimiento de la condición dependiente; tal política económica habría de implantarse plenamente en las guerras civiles que durante medio siglo se suscitaron, tras la salida de España, en
el proceso de formación del Estado nacional en la región5, cuando logra imponerse política y militarmente el sector de las élite criollas ligadas a la producción y exportación de materias primas, sobre el sector partidario de la industrialización; es una opción a favor del libre cambio y en función de los intereses económicos de la élite terrateniente que incrementa la dependencia del exterior, profundiza el atraso y perpetúa el subdesarrollo. La Segunda Revolución Industrial y la dinámica imperialista de finales del siglo XIX, aceleran el proceso exportador de materias primas desde América Latina, alientan las inversiones de enclave y reconfiguran la estructura económica y de clases en los países de la región; así, la élite criolla se hace socia minoritaria del capital extranjero, establece nuevas políticas económicas de subdesarrollo que, direccionadas hacia su beneficio, aprietan aún más el dogal de la dependencia.
En Colombia, esta etapa coincide con la redacción de la Constitución de 1886 y el comienzo de lo que será, por casi medio siglo, el periodo conocido como la “Hegemonía Conservadora”, que se extendería hasta 1930. Por estos años arriban a Colombia las primeras inversiones extranjeras del gran capital, como la construcción del ferrocarril, la explotación petrolera a través de la Tropical Oil Company, la gran industria bananera que desarrolla la United Fruit Company; también, durante este mismo periodo, tienen lugar dos hechos que, históricamente, sean tal vez la mayor expresión de sometimiento y condescendencia de la élite criolla ante los intereses extranjeros: la cesión de
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Una magistral exposición acerca del proceso de conformación del Estado latinoamericano se encuentra en KAPLAN, Marcos (1969) La formación del Estado nacional en América Latina. Amorrortou editores. Buenos Aires.
Panamá a los Estados Unidos (1903) y la matanza, perpetrada por el propio ejército colombiano, de trabajadores al servicio de la referida transnacional frutícola a la que reclamaban mejores condiciones laborales (1928).
La Gran Crisis capitalista de 1929, contrajo el flujo de capital extranjero para inversiones así como el comercio internacional, esto se tradujo en menor intervención de los países desarrollados, lo que alentó cambios económicos y políticos en los países latinoamericanos, en donde prolifera una ideología nacionalista que redunda en el proceso de industrialización más importante de su historia, basado en una estrategia conocida como sustitución de importaciones, esto es, que los países latinoamericanos producen los bienes de consumo que antes importaban.
Si bien, no se puede desconocer el progreso de la región para la época, el modelo sustitutivo evidenció serias limitaciones que derivaron, en últimas en mayor dependencia una “neo – dependencia”, en palabras de Frank (Frank, 1970, 103) o, sencillamente, como lo llama el profesor Antonio García, “nueva dependencia” (García, 2006, 78). En efecto, elementos como la limitación del mercado interno como consecuencia del bajo ingreso, el cambio de la estructura de las importaciones sin modificación de las exportaciones que configura escasez de divisas para la importación, la creciente necesidad de importar bienes de capital y materias primas, entre otros, indujeron una renovada dependencia caracterizada por un nuevo esquema de comercio internacional: “Cambio de bienes primarios (variaciones simplemente cuantitativas, no cualitativas, en la estructura
exportadora) por bienes de capital , bienes intermedios y materias primas de muy alta densidad de valor + inversiones directas en áreas estratégicas (industrias básicas, aparatos de financiamiento y comercio exterior) + tecnología de alto nivel + servicios de operación externa” (García, 2006, 78).
La situación en la región latinoamericana se complejizaría a partir de 1955, una vez los países desarrollados se recuperan, luego de la crisis de los treinta, la subsiguiente recesión y la Segunda Guerra Mundial, los precios de los bienes primarios y en particular de los bienes agrícolas caen y, con ello, la disponibilidad de divisas para la importación de los bienes “sustituidos”, lo que atenta contra la sostenibilidad del modelo que ya estaba bastante avanzado y dependía, crecientemente, de aquellas importaciones. Las medidas que se toman están orientadas a favorecer, mediante devaluación, al sector social que proveía las divisas, es decir, a los exportadores en desmedro de los sectores populares que ven reducido su salario real, vía inflación, esta medida se complementaría necesariamente con el concurso de empresas extranjeras y empréstitos para suplir el déficit inicialmente presupuestal, pero que, en virtud de la mayor dependencia, toma carácter estructural.
Como históricamente ha sido recurrente, las nuevas condiciones de dependencia en las relaciones económicas internacionales inducen un reacomodo de las élites, éstas, como se dijo, buscan perpetuar su poder y privilegios y, antes que propender por un verdadero desarrollo, se pliegan a los intereses del gran capital de los países de la metrópoli de los que se convierte en condescendiente socio
minoritario. El carácter de esta renovada dependencia, en la que se destaca el papel histórico que, desde una visión de clase, han jugado las élites, es reconocido en documentos institucionales de carácter multilateral como Boletín Económico para América Latina (CEPAL, 1964), particularmente al interior del artículo titulado Auge y declinación de sustitución de importaciones en Brasil y en Estudio Económico de América Latina (CEPAL, 1963, 1966 y 1968).
En el transcurso de los años setenta, el modelo sustitutivo evidencia su agotamiento y la convicción de que su implementación no constituyó, en modo alguno, el despegue o “take off” hacia el desarrollo, da paso a la frustración; esto, sumado a dramáticas transformaciones económicas y políticas en el escenario mundial, induce profundos cambios en la realidad de los países de la región en todos sus órdenes, como se presenta a continuación.