y sus FuNCIONEs
Para finalizar, se conceptualizarán algunos desafíos pendientes para el fortalecimiento de las funciones de las instituciones del sistema formador: formación inicial, formación con- tinua, y apoyo pedagógico a escuelas, desde la perspectiva de la formación en capacidades.
Respecto del dominio de los contenidos a enseñar, los datos de la investigación señalan que es imprescindible pero insuficiente. Si bien es imposible que la formación inicial cubra la totalidad de un campo de conocimiento, sí es necesario definir y jerarquizar aquellos que son objeto de enseñanza en el Nivel Secundario. El cúmulo de unidades curriculares especí- ficas no conlleva directamente una mejora en la calidad de la enseñanza, si esos contenidos no serán posteriormente transpuestos didácticamente en las aulas de los niveles obligatorios del sistema educativo. En el caso de Lengua, además, se advierte la necesidad de mejorar
la articulación entre las obras literarias analizadas y discutidas en el Nivel Secundario y las que son objeto de estudio en la formación docente ya que, en muchos casos, el egresado se inserta, en carácter de suplente, en un proceso de aprendizaje ya iniciado, y debe continuar con el análisis de una obra literaria que desconoce.
La formación continua encuentra aquí una tarea clave: profundizar el desarrollo de los conocimientos disciplinares específicos, ampliando aquellos que son ineludibles en la forma- ción inicial, e incorporando otros contenidos específicos del área, necesarios para un mayor dominio disciplinar, pero no prioritarios para los niveles obligatorios.
En cuanto al conocimiento de los sujetos de aprendizaje, la evidencia empírica recogida parece fundamentar la necesidad de focalizar, desde la práctica, en las características de ese sujeto que se constituyen en obstáculos o condicionantes para la enseñanza. No se trata de que los egresados de carreras docentes no conozcan las características evolutivas y culturales de los adolescentes, sino más bien, de que no saben cómo adecuar sus prácticas a los desafíos que esas características plantean al desarrollo de las prácticas de enseñanza. Se advierte una imagen del sujeto de la educación secundaria centrada en el déficit (“falta de” interés, de motivación, de acompañamiento familiar, etc.), y no en sus potencialidades de aprendizaje, o en aquellos elementos de su cultura que, aprovechados didácticamente, se constituirían en aliados de una enseñanza significativa.
Es probable que el abordaje del conocimiento de los sujetos de aprendizaje se pueda fortalecer en la formación inicial, especialmente desde el campo de la práctica docente y la unidad curricular Sujeto de la educación secundaria, pero constituye una urgencia para los docentes en ejercicio, y consideramos que se trata de un legítimo campo de intervención en que los IFD, desde el área de Apoyo pedagógico a escuelas, puede realizar aportes significa- tivos mediante dispositivos como ateneos o talleres de análisis de casos.
Por su parte, el desafío de construir capacidades para desarrollar intervenciones educa- tivas en el escenario institucional, refleja una de las principales dificultades de la formación inicial. Si bien la docencia es una profesión centrada en la enseñanza, gran parte de las activi- dades que un docente realiza trascienden el aula, e incluyen tareas administrativas (completa- miento de planillas y legajos, trámites varios, etc.), tareas administrativo-pedagógicas (libros de temas, planillas de calificaciones, actos escolares, etc.) y tareas que implican el trabajo en equipo (reuniones de departamento, jornadas institucionales, operativos de evaluación de la calidad, ferias, etc.). La construcción de capacidades adecuadas para desarrollar estas actividades, implica superar el supuesto subyacente en muchas prácticas de formación do-
cente, que conciben al ejercicio de la profesión como una práctica centrada en el aula. Desde la formación inicial, el campo de la práctica profesional, desde el primer año de cursado, deberá contemplar actividades que, progresivamente, permitan construir estas capacidades.
Por último, lo que hemos denominado “dimensión actitudinal” del perfil profesional del egresado, merece una discusión que aún no se ha desarrollado suficientemente en los institutos formadores, y que resultan complejos debido a que implican imaginarios sociales, roles adjudicados y roles asumidos de la profesión, componentes vocacionales y emocionales, valores, entre otros. Dada la importancia otorgada por los egresados de formación docente, resulta necesario identificar la naturaleza de los dispositivos de formación que pueden abor- dar tal complejidad, y analizar la factibilidad de su implementación.3
Todo lo dicho indica que, pensar la formación docente desde la perspectiva del desarro- llo de capacidades, es un camino recién iniciado, que permite visibilizar desde una óptica diferente las oportunidades de formar mejores docentes para los estudiantes de los niveles obligatorios del sistema educativo.
3- En países con tradición en este sentido, tales como Francia, estas tareas se desarrollan desde dispositivos sociopsicoanalíticos, en muchos casos, anexos al sistema formador, pero independientes del Ministerio de Educación.
bIblIOgRAFÍA
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