Lenguajes, fábricas y oficios en la arquitectura valenciana del tránsito entre la Edad Media y la Edad Moderna (1450-1550)
2. El desarrollo del arte de corte de piedras: Francesc Baldomar y Pere Compte
Durante el segundo tercio del siglo XV se manifiesta un decisivo giro en la arquitectura valenciana, apareciendo una nueva expresión formal. Característicos registros de este momento son las bóvedas aristadas y las disposiciones en esviaje de los vanos o, incluso, de toda la planta de un edificio.
Llamamos bóvedas aristadas a aquellas que se ordenan a partir de unas aristas que han sustituido el lugar y la función de los arcos cruce- ros de las bóvedas de crucería. Como éstas pueden ser simples o con ter- celetes. Se distinguen de las bóvedas de crucería en que carecen de ner- vios, y hacen lo propio con las bóvedas de arista clásicas en que no están formadas por el cruce perpendicular de dos bóvedas de cañón de igual flecha. En las bóvedas aristadas los plementos son superficies de doble curvatura, similares a los existentes en las bóvedas de crucería góticas.
Las soluciones formales descritas: los esviajes y las bóvedas aristadas, obligaron, o fueron permitidas, por el desarrollo de un nuevo arte del corte de piedras que conllevó, a su vez, un mayor conocimiento de la geo- metría del espacio y una distinta organización de la obra. La nueva este- reotomía debía aplicarse, de forma diferenciada, en las tres dimensiones del espacio, en bóvedas masivas de piedra, no sólo, como ocurría en las bóvedas de crucería simple, en las dovelas de las nervaduras. Esto último
era lo que correspondía a la estereotomía del arco, es decir, únicamente a una geometría plana.
Las obras que adoptan de forma simultánea, más temprana, y con mayor empeño, los esviajes y las bóvedas aristadas en la arquitectura valen- ciana del cuatrocientos, así como otras disposiciones no menos significa- tivas (como son las trompas en esviaje, los caracoles de ojo abierto y los arcos en esquina y rincón) fueron construidas todas ellas en la ciudad de Valencia. La documentación nos remite continuamente a un mismo maes- tro: Francesc Baldomar (1425-1476). Este fue maestro de las obras rea- les, maestro de obras de la ciudad y de la catedral de Valencia y funda- dor del gremio de canteros.
Obra importante de Baldomar, puntualmente documentada, es la del portal de Cuarte de las murallas de la ciudad de Valencia. Aunque carecemos de las capitulaciones de la obra, los libros de la Sotsobreria de Murs y Valls detallan, día a día, los pagos realizados para la construcción de estas Torres de Cuarte. Las obras preparatorias de la construcción comenzaron en 1441. Como puede verse por las cuentas de la sotsobreria, el portal de Quart era la obra más importante que entonces estaba haciendo la ciudad. Las Torres de Cuarte se conformaron siguiendo el tipo de las Torres de Serranos de las mismas murallas de Valencia. No obstante, las diferencias observables entre ambas reflejan los casi cincuenta años trans- curridos entre la construcción de ambos portales y el giro realizado por la arquitectura valenciana. Las Torres de Cuarte, al exterior son semicir- culares y están construidas con tapia de argamasa, acaso para resistir mejor la nueva artillería. La planta se dispone en esviaje respecto a la línea de las murallas para seguir, así, el eje del viejo camino de Cuarte que acce- día de forma oblicua a la muralla. En este caso es, pues, todo el edificio, y con él todos los vanos y abovedamientos, lo que se dispone en esviaje. La tribuna central de la Torres se cubre en la planta baja con una bóveda de arista rebajada similar, en su aparejo, a la de la sacristía de la Capilla Real, que luego veremos. En el piso se cubre con una bóveda aristada, de dos tramos, con un aparejo romboidal idéntico al de la Capilla Real, aunque las dimensiones son menores y el trazado de la bóveda es más sencillo al carecer de la curvatura correspondiente a los terceletes. Todo parece indicar que las bóvedas de la tribuna central de las torres del por- tal de Cuarte fueron el banco de pruebas de la novedosa disposición cons- tructiva. El acceso a la terraza superior se realiza mediante escaleras de caracol de ojo abierto, o caracol de Mallorca según la denominación del Libro de traças de cortes de piedras de Alonso de Vandelvira.
Obra capital de la arquitectura valenciana del cuatrocientos es la Capilla Real del convento de Santo Domingo en Valencia [figs. 1 y 2].
Fig. 1. Capilla real de Alfonso el Magnánimo en el convento de predicadores de Valencia. Arturo Zaragozá.
Esta capilla, o iglesia, es de planta rectangular de once por veintidós metros libres interiores. Los muros carecen de contrafuertes y pilastras, fiando los empujes de las bóvedas a unos gruesos muros de 2,50 metros de espesor. Se cubre con una bóveda aristada de cantería de tres tramos entre los cuales se forman, en dos tramos, las curvaturas de los plemen- tos de una complicada bóveda de crucería con terceletes pero sin ner- vios. El tramo de la cabecera se resuelve de la misma forma pero ocha- vando la línea de arranques de la bóveda y dejando dos triángulos con bóvedas aristadas en las esquinas.
Detrás de la cabecera se sitúa la sacristía. Se accede a ella a través de un portal dispuesto en esviaje respecto al muro. La sacristía se cubre con una bóveda de aristas simple, también de cantería y de complicado enjarje al ser la planta trapezoidal (a cartabó en la documentación original). De la sacristía parte una escalera helicoidal de dos subidas y doble revolu- ción con una espiral dentro de otra en los primeros tramos, y un caracol de ojo abierto, o de Mallorca, en los últimos. Esta escalera permite el acceso independiente a la estancia situada sobre la sacristía y a la terraza. Las fábricas son todas ellas de cantería y están realizadas con desorna- mentada expresión y rigurosa ejecución.
Sobre la historia de la construcción de la capilla contamos con abun- dantes datos, Alfonso V, conquistador de Nápoles, estando en Gaeta, dis- puso por privilegio fechado en 6 de abril de 1437, que se construyera en el monasterio de predicadores de Valencia una capilla bajo la advocación de san Alfonso, su patrono. A juzgar por la pareja de vacíos arcosolios que se alojan en sus muros la capilla fue construida como capilla fune- raria. Los libros de fábrica y la heráldica de los arcosolios de la capilla confirman que estos iban destinados para enterramiento del rey y de la reina. Las obras se inauguraron, con gran solemnidad, el 18 de junio de 1439. La obra debía estar muy avanzada en 1460, ya que en este año comienzan a colocarse losas de piedra de Portaceli en el pavimento. Las obras se acabarían en 1463, reinando ya Juan II, en cuyo año consta que se pintó el retablo por el famoso pintor Joan Reixach.
Aún disponiendo de la exhaustiva relación diaria de pagos el pro- ceso constructivo de la capilla sigue planteando problemas. El molesto y costosísimo apeo leñoso que requería la construcción de la bóveda, al carecer de nervios, hace pensar que debió ser ideada para ser construida mediante otros artificios que facilitaran y abarataran su construcción. De hecho la bóveda arranca desde unos potentes enjarjes de junta horizon- tal, que alcanzan casi un tercio de la bóveda. Tras estos, un ingenioso des- piece de las bóvedas dispone a las dovelas formando anillos romboidales en cada tramo. A partir del punto en el que los anillos de cada tramo se
completan la bóveda quedaría estáticamente cerrada en cada hilada, aligerando considerable- mente el apeo. Abona la idea de este proceso constructivo el que la obra se haya fiado al rigor de una cuidadosa estereotomía y al uso de una piedra durísima (hecho infre- cuente en la arquitectura valen- ciana). Igualmente lo sugiere un dicho transmitido por Orellana: he oído decir que todas las piezas de esta capilla estaban cortadas de forma que siempre que se quisiera podría desha- cerse y volverse a hacer encajonando las piedras… y tiene la capilla oculta llave que separando una piedra, pudiera deshacerse toda con sencilla facilidad.
El maestro Baldomar comen - zó, en 1458, las obras de amplia- ción de la catedral de Valencia con la construcción de la crujía de los pies. En este tramo aparecen los dos característicos recursos for- males utilizados en obras anterio- res; los vanos dispuestos en esviaje y una bóveda aristada. Los esviajes de las ventanas de la catedral, o chanfrantes ópticos, según expre- sión utilizada por el erudito Ore- llana, se disponen a modo de un orden oblicuo seguido con extraordinario rigor geométrico por la elaborada molduración. La pequeña bóveda aristada del paso a la torre campanario parece una reproducción, a escala reducida, casi una maqueta, de la bóveda de la Capilla Real [fig. 3]. La entrada a este paso se realiza por una por- Fig. 2. Escalera de la capilla real de
Alfonso el Magnánimo en Valencia. Maqueta de Carlos Martínez.
tada dispuesta en esquina, de compleja estereotomía, similar en su mon- tea a las que divulgarán, más tarde, los tratados de cortes de piedra a par- tir del siglo XVI, conocidas como puertas en esquina y rincón [fig. 4]. El espacio se ilumina mediante un tragaluz dispuesto en esviaje.
Otras construcciones con similares recursos formales existen en el monasterio de la Trinidad de Valencia (decenda de cava, bóveda de arista, esviajes) o en el de Ntra. Sra. de la Valldigna en Tabernes. Aunque carez- camos de documentación deberán asociarse al círculo de Baldomar sino al mismo maestro. De hecho, entre 1455 y 1458 Baldomar aparece docu- mentado realizando arcos en esquina y rincón en el Almudín. Entre los canteros que le ayudan se cita a Pere Compte.
Pere Compte (1454-1506) es una figura clave de la arquitectura gótica valenciana del siglo XV. Como su maestro Baldomar, fue maestro de las obras reales, maestro de obras de la ciudad y de la catedral de Valencia y fundador del gremio de canteros. Todo ello, unido a su extraordinaria longevidad —52 años de vida profesional— hizo que su prestigio e influen- cia dieran forma a su época. Su actividad es conocida documentalmente en la Lonja de Valencia (ahora declarada Patrimonio de la Humanidad), la catedral de Valencia (Arcada Nova), las desaparecidas torres del portal nou, el Almudín de la ciudad [fig. 5], el Estudi General etc., lo mismo puede decirse, en distinta medida de su presencia en las catedrales de Orihuela, Tortosa y Zaragoza y de los palacios de los Próxita en Alcocer, del obispo de Tortosa en Valencia y de los duques de Gandía —Los Borja—
Fig. 6. Lonja de Valencia. Alzado a la plaza del mercado, planta y sección transversal. Ramón María Ximénez. Monumentos Arquitectónicos de España. Calcografía Nacional.
en la misma ciudad. Otras muchas obras, carentes de documentación, pueden atribuirse al maestro o a su círculo más estrecho: la iglesia (ahora revestida) y claustro de la recordació de la cartuja de Portaceli, las iglesias de Villena, el Carmen de Valencia y un largo etcétera.
Paralelamente a la actividad como maestro de la Seo, Pere Compte trabajó como maestro de la ciudad y otras instituciones ligadas a ésta. En 1482 la ciudad, entonces la más poblada de España, comenzó su obra de mayor empeño del cuatrocientos: la Lonja de los mercaderes [fig. 6]. Los documentos muestran como la Lonja se concibió como una hazaña memo- rable: en manera que la fabrica e obra de la dita Lotja corresponga a la noblea de la dita ciutat en forma que als que principie dita fabrica de Lotja reste honor e gloria en lo sdenvenidor.
Pere Compte aparece contratando la obra de la Lonja junto con Joan Ivarra (maestro con quien ese mismo año realizó algunas obras en la casa de la Generalitat). Las condiciones del contrato eran de plena igualdad para los dos maestros ya que los jurados indicaban que hun mestre no sia subordinat al altre nil altre al altre. En 1486 construida ya la capilla de la Lonja murió Joan Ivarra. La obra fue continuada únicamente por Compte (que por entonces debía haber finalizado, prácticamente, la obra de la arcada nova de la catedral). En 1492 estaba construida la torre, con la interesante cúpula de piedra gallonada que se voltea sobre la sala supe- rior a la capilla [fig. 7], la escalera de caracol de ojo abierto y las porta- das de ésta con los esviajes correspondientes a arcos cavados en torre redonda. La bóveda de la capilla, situada en planta baja, está construida con un rampante redondo rebajado con nueve claves que recogen terceletes y ligaduras. La arruinada bóveda de la Sala Capitular del monasterio de la Valldigna fue idéntica en su traza y detalles escultóricos. Se inició en 1479, siendo abades Rodrigo de Borja (1479-1491) y César de Borja (1491-1499) cuyos escudos ostentan las claves. Aún careciendo de documentación deberá atribuirse también a Pere Compte.
En 1498 se remata la famosa sala de contratación con las columnas entorchadas y las bóvedas de rampante redondo con nervios sogueados. La satisfacción de los jurados por la obra realizada les movió a nombrar a Pere Compte alcaide vitalicio de la Lonja. A partir de este año comenzó la adjunta obra de la sede del Consulado del Mar. En la decenda de cava que lleva a los sótanos de este edificio puede verse una pequeña bóveda aristada de piedra, de aparejo romboidal, que recuerda las del acceso al Miguelete realizadas por Baldomar cuarenta años antes. Acaso con esta construcción, levantada al final de su vida, en lugar inesperado y de infre- cuente acceso, el maestro seguía experimentando a la vez que recordaba la gran invención de su maestro.
El prestigio profesional alcanzado por su trabajo como maestro de la catedral y de la ciudad debió ser considerable. En este sentido debe entenderse el comentario del coetáneo dietario del capellán de Alfonso el Magnánimo que lo califica de molt sabut en l’art de la pedra. En 1498 es llamado a Zaragoza, a una reunión de expertos, donde coincidió con Enrique Egas, para dictaminar sobre la obra del cimborrio de la Seo de esta ciudad. En 1505 aparece dando trazas para las obras de la catedral de Orihuela [fig. 8].
Capítulo de extraordinario interés y de la más rara calidad, des- arrollado por Pere Compte y su escuela, es el de las portadas formadas por arcos conopiales dispuestos entre estirados pináculos. Estos se for- man con haces de esbeltas cañas prismáticas rematadas por agujas flori- das con cardinas y macolla. Los pilares recambiados se generalizan al final del gótico. Hay ejemplos bien conocidos en Flandes, Francia y en Casti- lla (donde son especialmente utilizados por Simón de Colonia y por Juan Guas) aunque raramente llegan al virtuosismo de Pere Compte. Para el trazado del conjunto de las portadas y la distribución de elementos deco- rativos en los arcos conopiales debe señalarse la similitud entre las por- tadas valencianas y las correspondientes a las trazas del manuscrito de Matthaus Roriczer Manual del correcto trazado de la rectitud de los pináculos (Colonia, Stadtbibliothek). La fecha en que fue redactado este manus- crito, 1486, lo hace estrictamente coetáneo de las portadas valencianas. Lo mismo puede decirse respecto del Libro de los pináculos del orfebre Hans Schuttermayer (ca. 1488), lo cual reafirma la idea de que Pere Compte parece conocer perfectamente todo el repertorio decorativo ger- mánico.
Con todo, el mayor interés de su obra está en el hecho de haber lle- vado hasta sus últimas consecuencias las investigaciones del arte de la montea y corte de piedras —la moderna ciencia de la estereotomía— ini- ciadas por su maestro Francesc Baldomar. Es sabido que estas investiga- ciones serían retomadas en los capítulos correspondientes al renacimiento español y francés y acabarían dando lugar a fines del siglo XVIII a la actual geometría descriptiva.
3. El círculo de Pere Compte. Ecos externos de las maestrías