Foto 3: Puente Luis Carlos Galán, Samaniego-Nariño
3.1 Desarrollo de producciones, guiones y series
Lastimosamente, Colombia ha sido un país con una historia basada en la violencia de todo tipo y aunque quisiéramos que esto no fuera una realidad visible y palpable, es innegable ante el mundo. A la mayoría de colombianos nos ha tocado crecer teniendo a la guerra presente en nuestro diario vivir, más aún nuestra generación que ha sido la principal testigo de muchos hechos violentos realizados en todo el territorio.
Uno de los fenómenos más representativos de la historia violenta de Colombia, y que ha financiado la mayoría de los grupos ilegales de nuestro país, ha sido el narcotráfico y no sólo ha sido parte de lo que llamamos “ilegal”, también ha tocado las esferas de la política, el deporte, la música, la radio y la televisión, Diariamente vemos en las noticias como hasta en el Ejército, la Policía y el Gobierno existen vínculos con los narcotraficantes, recordándonos que desde siempre han tenido relaciones con lo que podríamos llamar “instituciones legales”.
Muchas de estas historias han pasado de la realidad a la ficción contadas de diferentes maneras, los guionistas han visto en el narcotráfico, la violencia, guerrilla, paramilitares, prostitución, pandillas, pobreza y sicariato, temáticas con recursos inagotables que cada vez generan más historias y que, incluso han logrado volverse
48 películas, series, documentales o cortometrajes. Aún con todos los inconvenientes, sus guiones de ficción han sido aplaudidos por unos y rechazados y criticados por otros.
Cuando estas producciones llegan a las pantallas siempre generan muchas reacciones en el público, estos juicios han sido divididos y las críticas tanto buenas como malas no se han hecho esperar. Pero no podemos mentirnos, este tipo de series nos encantan, nos gusta ver cómo personajes del común han logrado tener exuberantes cantidades de dinero fácil a través del narcotráfico; o simplemente cómo se formó un ejército de miles de hombres peleando por unos derechos y una ideología que en un principio fue buena pero que pronto fue dejada atrás por la ambición de poder y dinero; o cómo el adolecente del barrio humilde fue transformando su manera de ser, alejándose de los valores enseñados en casa y vinculándose a la delincuencia en grupos o pandillas porque veía cómo, sin mucho esfuerzo, conseguía dinero y lujos que con el estudio nunca hubiera logrado alcanzar. Este es un aspecto fundamental y explica la razón por la cual nosotros como televidentes vemos estas producciones, nos familiarizamos con ellas por su lenguaje, porque sus historias son similares a las nuestras, porque tienen personajes reales, que llegan a codearse con las supuestas élites del país, porque muestran la situación que se vive en el país; aquí muchas de las historias cuentan como el abandono estatal no fue un impedimento para salir adelante de una u otra forma.
Hay que ser claros en que Colombia tiene una cultura narco (traqueta), de dinero
fácil, muy marcada y muy difícil de olvidar, cuestión que han aprovechado las productoras a la hora de poner en la mesa diferentes propuestas porque saben que esa clase de productos venden a nivel nacional e internacional. El crítico de televisión Omar Rincón explicó en
49 una entrevista realizada por la revista El Clavo, cómo Colombia es un país que convive con una cultura narco:
Colombia es un país que piensa narco. No quiere decir que somos narcotraficantes, sino que tenemos una manera de pensar, actuar, juzgar y valorar el mundo que está dominado por lo narco. Lo que vale es el consumo porque no se tienen en cuenta los valores de la modernidad: los derechos humanos, el arte, la cultura, ahora lo que existe es la exuberancia,
lo exótico, lo “mostrón”, entonces Colombia se comporta como eso (Rincón,
2010).
Más aún cuando desmiente el mito que se ha creado en Colombia cuando se habla sobre las repercusiones al ver este tipo de producciones, pensando que influyen en el consiente de las personas haciendo que los índices de violencia aumenten y se desaten hechos que se muestran en las pantallas trayéndolos a la realidad social de un país:
Ninguna investigación del mundo ha demostrado que haya una relación directa entre televisión y violencia, o entre televisión y valores. Hay una relación cuando a eso se le agrega el hecho que la televisión puede afectar el ámbito narco colombiano, cuando la cultura religiosa, la cultura política, la cultura educativa y la cultura familiar es narco. El tope que es el mapa familiar, escolar, religioso, político, más el mapa televisivo y de los medios, es lo que va a marcar una incidencia. Si en la familia, si en la escuela, lo narco no se celebra sino que se reflexiona y se critica, y la
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religión también se hace, y la política también lo hace pues no hay ningún problema. Pero cuando se practica en toda parte no tiene ninguna lógica
(Rincón, 2010).
Por esto el negocio audiovisual en Colombia le ha apostado a realizar este tipo de producciones, porque sin duda están garantizando el éxito que pueden llegar a tener, más cuando el raitting es tan peleado en el prime time.
Este trabajo se presentará cuando la vida de Pablo Emilio Escobar Gaviria vuelve a tomar importancia en el país como protagonista de los episodios de violencia más cruentos ocurridos durante la década de los 90’s, tiempo en que se convirtió en el “capo de los capos” del narcotráfico en el mundo.
Los guionistas y libretistas aprovecharon este momento y se dedicaron a realizar historias sobre el narcotráfico, las autodefensas, las prepagos (así se conoce a las mujeres que ofrecen servicios de acompañamiento y sexuales a cambio de bonificaciones monetarias o materiales, son hermosas y estudiadas lo que las diferencia de las trabajadoras sexuales). De hecho algunas de esas historias llegaron a tener tanto éxito que tiempo después tuvieron segundas partes.
A continuación haremos una descripción de las principales producciones que se realizaron en el país que tenían como tema central de sus tramas el narcotráfico y todos los elementos de relación con la vida de la nación.
51 En 1999 se dio inicio a una de las historias que sirvió para explicar muchos de los fenómenos sociales que se dan en la capital de Colombia, la serie se llamó “Pandillas Guerra y Paz”, producida por Fox Telecolombia y transmitida primero por Canal UNO (1) y luego por Canal RCN. Escrita por Gustavo Bolívar, guionista y periodista oriundo de Girardot, que se dedicó a contar la realidad desconocida para muchos que se vivía en la localidad de Ciudad Bolívar de Bogotá, trató temas interesantes como la deserción estudiantil, el microtráfico de drogas, el robo, el porte y tráfico ilegal de armas, sicariato, las pandillas, prostitución infantil, sectas satánicas, alcoholismo, drogadicción y vida en las cárceles. Este trabajo fue arduo para abordar tantos temas, se desarrollaron en 310 episodios y dos temporadas, su protagonistas fueron Richard (Juan Sebastián Calero) y Javier ( Fredy Ordoñez), la historia inicia contando como Javier, un muchacho que vivía en la ciudad de Medellín, huye a Bogotá y se radica en la localidad de Ciudad Bolívar al sur de la ciudad, una vez ahí inicia la vinculación de jóvenes pertenecientes a esa comunidad logrando armar su propia pandilla para realizar actos ilegales, no contento con reclutar a menores, llega a entrar a los colegios de la localidad vendiendo drogas y convierte en adictos a muchachos que se dedicaban a tratar de salir adelante con el estudio. Una vez enganchados en el mundo de las drogas participaban en una cadena de hechos delictivos y violentos que se presentaban en ese lugar, en este tiempo y en este espacio aparece Richard en la historia, donde representa a un joven muy estudioso y con sueños por cumplir a futuro, descubre que su mamá se desempeña como prostituta y trabaja en una taberna para poder mantener a él y a su hermana.
52 Desde el inicio de la historia se puede ver como cada personaje se va transformado, a medida que el guionista nos va revelando más detalles sociales, políticos, culturales y religiosos. Un ejemplo de lo anterior es el caso de Richard, ya avanzada la primera temporada, el muchacho bueno ya se ha convertido en el mayor delincuente de Bogotá y los que eran sus amigos y lo metieron en el mundo de la delincuencia son ahora sus enemigos y lo persiguen para matarlo por todo lo que les ha hecho a ellos y a sus familias.
Es interesante descubrir como Gustavo Bolívar realiza esta transformación, confronta al personaje, le cambia las motivaciones y lo aleja de las características que lo representaban al principio. Richard es un personaje solitario, vinculado en la muerte de su mamá y hace que todos los conocidos del barrio lo odien, es en este momento donde podemos observar el clímax del perfil de este personaje, ahora tratará de dejar atrás a ese villano y se convertirá en una especie de héroe ciudadano, pero (y al igual que en nuestra historia) el pasado siempre le cobrará todo lo que hizo de una u otra forma, poniéndole pruebas que deberá superar para lograr el cambio. En el final de la primera temporada ayudará a las personas de su barrio que fueron afectadas por su actuar delictivo en el pasado a salir adelante, recuperando a su hermana y a sus antiguos amigos.
En la segunda temporada la trama cambia completamente, nos presenta a ex presidiarios que se encargarán, a través de un escuadrón especial y con respaldado del Estado, de resolver problemas al interior de las cárceles y en misiones especificas enfrentarán a cabecillas de grupos de delincuentes, narcotraficantes o pandillas; ahora los que desempeñaron el papel de malos pasaran a ser los buenos.
53 “Pandillas Guerra y Paz” tuvo mucho éxito en Colombia, tanto que incluso marcó el comportamiento y la manera de hablar de una generación. Esta serie se re-transmite hoy en día sin importar que fuera escrita en 1999 por las temáticas sociales cotidianas asociadas a las diferentes formas de violencia que siguen presentes.
Los personajes que hicieron parte de la historia fueron desarrollados en todos los niveles, familiar, social, educativo, psicológico, lo que los hizo fáciles de digerir, sus motivaciones eran claras, poder, dinero, mujeres, drogas. Su arco de transformación se vio a medida que avanzaba la historia, y algo importante para rescatar es que no fue solamente UN cambio o UN giro dramático en las vidas de estos personajes, sino que enfrentaron muchos aspectos importantes que cambiaron el rumbo de sus vidas e inclusive de la misma historia.
El arte que se manejó en escenografías, locaciones, vestuario, fue muy de la época y los detalles no eran tomados muy en cuenta, pero la narrativa y las historias que ahí se desarrollaban hacían pasar por alto estos aspectos. Fue un trampolín para varios actores que después de participar en esta producción afrontaron otros retos actorales, claro no todos corrieron con la misma suerte, pero vimos como actores inexpertos interactuaron y aprendieron de actores maduros y reconocidos. Compartieron escena con Julio Sánchez Cocaro (Padre Manolo), José Luis Paniagua (Maestro Nostradamus), Marlon Moreno (Don Ciro) y Vicky Hernández (Dra. Victoria Vanegas), que hicieron una producción de óptima calidad y con un respaldo de peso a nivel actoral.
54 Dos producciones que trataron temáticas muy parecidas fueron “Sin Tetas no hay Paraíso” (2006), basada en el libro homónimo de Gustavo Bolívar, dirigida por Luis Alberto Restrepo y “Las Muñecas de la Mafia” (2009-2010) escrita por Andrés López López y Juan Camilo Ferrand. Ambas producciones eran del Canal Caracol y trataban la temática del narcotráfico y los carteles que actuaban en Colombia, pero se centraron en un aspecto específico y característico de los narcos: las mujeres.
Estas dos producciones mostraron cuál es el papel de la mujer que se vincula y entra al mundo del narcotráfico, cómo son utilizadas para exhibirse como trofeos ante los aliados de los mismos carteles o la envidia de los bandos enemigos, porque traqueto que se respete
tiene mujeres hermosas que lo respaldan. “Sin tetas no hay paraíso” evidenció la cultura de la cirugía estética. La serie mostró de primera mano cómo los hombres matoneaban a las mujeres con busto pequeño hasta el punto de hacerlas sacrificar su virginidad y su dignidad para conseguir los recursos para poderse operar y de esa forma entrar a ese círculo tan selecto de siliconas, joyas, lujos, y fiestas. Todo esto era lo que los narcotraficantes o
traquetos les daban a sus noviecitas de paso, a cambio de fidelidad y respeto.
Algo parecido sucedía en las “Muñecas de la Mafia”, un grupo de colegialas lindas pero humildes que se sintieron atraídas por las fiestas y regalos de los hombres adinerados de la región, hombres que se hacían pasar por comerciantes o ganaderos pero que todo el pueblo sabía que eran narcotraficantes. Al final terminaron convenciéndolas y cedieron a todos los caprichos de estos hombres a cambio de todo lo que en su vida habían podido
55 soñar. Estas historias no estaban tan alejadas de la realidad de algunas zonas de Colombia como Medellín, Pereira, Armenia o Cali, pues de hecho es de esas ciudades de donde salieron las historias reales que a través de la ficción fueron llevadas a la televisión y posteriormente vendidas a muchos países que las emitieron o, como en el caso específico de “Sin Tetas no hay Paraíso”, que llego a las salas de cine en el año 2008.
El 4 de junio del 2008 se emitió la serie realizada por el Canal Caracol y dirigida por Luis Alberto Restrepo y Gabriel Casilimas, llamada “El Cartel de los Sapos” o “El Cartel”, protagonizada por el actor Manolo Cardona, representando a Martín Gonzales alias “la Fresa”, y Diego Cadavid, como Pepe Cadena. Esta serie dio inicio a una época denominada como las narcoseries y logró marcar 14.9 de rating.
Esta historia en su primera temporada contaba cómo fue la época de bonanza del cartel del norte del Valle, revive la década de los 80’s y está narrada por Martin Gonzales alias “La Fresa”. La historia comienza con dos adolescentes que entraron al negocio del tráfico de drogas en la cocina de un capo, uno de ellos es hermano del capo. En cinco años aprendieron todo lo relacionado con el negocio y tiempo después se convertirían en narcos jóvenes y ricos que hacían lo que querían. Fue así como fueron escalando posiciones en la pirámide del narcotráfico, mandaban por diferentes rutas toneladas de droga hacia Estados Unidos, pero algo afectaría su estabilidad, la muerte del capo Oscar Cadena, interpretado por el actor Fernando Solórzano. En este momento se daría el cambio de mando, donde los empleados o más conocidos en el oscuro mundo de los traquetos, como lavaperros,
56 contactos, rutas, cocinas, laboratorios. De esta manera se convierten en los grandes jefes y de ellos dependen todos los envíos que se hacen por parte del cartel del norte del Valle hacia los diferentes destinos del mundo. Este posicionamiento disgusto a los miembros más antiguos de la organización, y de esta forma se desato una guerra muy sangrienta entre antiguos amigos y colaboradores, es así como Martin decide convertirse en un “sapo” y contar todo lo que sabía a la DEA. Así puede rebajar sus penas y disfrutar, después de un corto tiempo en la cárcel, de todo el dinero que había hecho años atrás con su familia.
El 17 de noviembre de 2010, y en consecuencia al gran éxito obtenido con la primera temporada, sale al aire por el Canal Caracol la segunda temporada del “Cartel de los sapos 2”, esta vez con un subtítulo “La Guerra Total”. “La Fresa” ha terminado de contar su versión de los hechos y ahora es el turno de Pepe Cadena, hermano menor de los Cadena, esta vez se cuenta detalle a detalle cómo fue la guerra en Colombia entre dos grandes, ya para ese tiempo cabecillas del narcotráfico del Valle Del Cauca: “Don Mario” interpretado por el actor Santiago Moure y Milton Jiménez alias “El Cabo”, interpretado por Robinson Díaz. En esta oportunidad aparecen también los capos mexicanos con los que se realizan nuevas alianzas y negocios ilícitos, de la misma manera hacen más presencia los detectives de la DEA, la historia termina con la captura de la mayoría de capos, y con la huida de “El Cabo” hacia Venezuela.
El Cartel de los Sapos se estrena en el cine el veintiocho de septiembre de 2012.
Una producción que mostró otra parte del negocio de las drogas pero con una temática definida y resaltando una de las mayores problemáticas que empezó con la época
57 de Pablo Escobar en la ciudad de Medellín fue “Rosario Tijeras”, serie producida por Teleset para el canal RCN basado en el libro del mismo nombre de Jorge Franco. El ocho de febrero de 2010 le mostraron al país cómo eran las oficinas de sicariato que se creaban en esta zona del territorio colombiano, marcando un 14.6 en el nivel de rating.
Esta historia nos presentó la verdadera situación que se vivía en las comunas de Medellín, en donde se entrenan desde niños a los que en el futuro serán los asesinos a sueldo. Esta producción mostró a una mujer hermosa llamada Rosario interpretada por María Fernanda Yépez, que fue violada por un novio de su mamá, “Doña Rubí” (Adriana Arango), a la edad de 8 años y en la adolescencia, pero esta vez por un delincuente del mismo barrio conocido como “El Cachi” (Alejandro Aguilar). Para vengarse de este último victimario, Rosario le corta los testículos usando unas tijeras, es de ahí de donde nace su apodo "Rosario Tijeras". La vida de esta niña humilde comienza a cambiar por otro hecho que la afecta profundamente, la muerte de su amiga Dayra (Liliana Vanegas) a manos de un narco conocido como “El Papa” (Mauricio Vélez). Rosario jura venganza y con la ayuda de su amigo Ferney (Julián Mora) y de su hermano “Johnefe” (Juan David Restrepo), sicario conocido en la zona y entrenador de una oficina de sicariato, planean la muerte del asesino de su amiga. La protagonista usará su belleza y encantos para seducir al asesino de su amiga y matarlo en su finca, desde este momento la vida de esta joven cambia por completo dejando de lado su pasado y comenzando una vida delictiva llena de asesinatos y hechos sangrientos como la sicaria oficial de otro capo apodado “El Rey de los Cielos” (Luis
58 En la historia aparecerán dos jóvenes amigos, Antonio De Bedut (Andrés Sandoval) y Emilio Echegaray (Sebastián Martínez), hijos de distinguidos empresarios de la ciudad de Medellín que conocen a Rosario cada uno por su cuenta y en situaciones extrañas, quedando perdidamente enamorados de su belleza. Esta línea dramática le aporta a la serie la acción, el riesgo y la seducción en cada una de las aventuras que emprenden los tres jóvenes hasta su muerte.
Esta historia Colombia ya la había conocido en el cine en el año 2005, a través del director mexicano Emilio Maillé, protagonizada por Flora Martínez (Rosario Tijeras), Manolo Cardona (Emilio) y Unax Ugalde (Antonio), tuvo tanta acogida que en el 2006 fue nominada a un premio Goya.
Todas las series que se habían mostrado en la televisión sobre el narcotráfico, habían tratado personajes reales llevados a la ficción, con historias muy bien escritas y