CAPITULO I: FAMILIAS ENSAMBLADAS
CAPÍTULO 2: AUTOESTIMA
2.2. Desarrollo del Autoconcepto y Autoestima
Según manifiestan Papalia, Wendkos y Duskin (2009) el autoconcepto es la imagen total que percibimos de nuestras capacidades y rasgos. Es “una construcción cognitiva, un sistemas de representaciones descriptivas y evolutivas del yo” que determinan como nos sentimos acerca de nosotros mismos y como es que esto guía nuestros actos (Harter, 1996 en Papalia, 2009). El sentido del yo también tiene un aspecto social: los niños incorporan dentro de su autoimagen su creciente comprensión de cómo los ven otras personas.
El autoconcepto comienza a ser el centro de atención durante la primera infancia, a medida que los niños desarrollan una concienciación acerca de si mismo, y se vuelve más claro mientras la persona adquiere más capacidades cognitivas y lidia con las tareas del desarrollo asociadas con la niñez, la adolescencia y, luego, la adultez (Papalia et al., 2009)
Según los autores los cambios en la autodefinición o autodescripción, es decir en el conjunto de características que se utilizan para la descripción de uno mismo, reflejan el desarrollo del autoconcepto. Entre los cinco y siete años de edad se presentan cambios en la autodefinición, el niño habla principalmente de comportamientos concretos y observables, características físicas, preferencias, posiciones y miembros de su hogar, refiere habilidades especificas en vez de capacidades generales. Sus descripciones de sí mismo tienen un positivismo irreal.
Un análisis neopiagetiano (Case, 1985, 1992; Fischer, 1980 citado en Papalia et al., 2009) describe el cambio como algo que ocurre en tres pasos. A los cuatro años se presenta la primera etapa en el desarrollo de la autodefinición, llamada derepresentaciones individuales, en la cual los niños se describen a sí mismosen términos de características individuales independientes, y en términos absolutos de todo o nada.
44
Aproximadamente a los cinco o seis años de edad el niño avanza a la segunda etapa de desarrollo de la autodefinición, mapeos representacionales, en la que establece conexiones lógicas entre aspectos del yo, pero sigue considerando estas características en términos de todo o nada.
La tercera etapa en el desarrollo de la autodefinición, los sistemas representacionales, se da cerca de los siete u ocho años de edad, la cual se caracteriza por la amplitud, equilibrio e integración y evaluación de distintos aspectos del yo. En esta fase el niño puede enfocarse en más de una dimensión de sí mismo y ya no realiza autodefiniciones absolutas, puede comparar su yo real con su yo ideal y puede juzgar que tanto alcanza las normas sociales en comparación con los demás. Todos estos cambios contribuyen al desarrollo de la autoestima, su evaluación acerca de su autovalía global.
En general según Papalia et al. (2009) los niños no encuentran un concepto de su propia valía hasta que alcanzan cerca de los ocho años, pero se debe considerar que a menudo los niños pequeños muestran con su comportamiento que tienen un autoconcepto. En un estudio realizado en Bélgica (Verschueren, Buyck y Marco en, 2001 citado en Papalia et al., 2009), se midió varios aspectos de autopercepciones de niños de cinco años, como apariencia física, competencia escolar y atlética, aceptación social y comportamiento conductual, para ello también utilizaron marionetas para revelar las percepciones de los niños acerca de los que otras personas piensan de ellos. Las autopercepciones positivas o negativas de los niños de cinco años pronosticaron sus autopercepciones y funcionamiento socio-emocional a los ocho años de edad. Aún así, antes del cambio que se produce de los cinco a siete años, la autoestima de los niños pequeños no precisamente se basa en la realidad, más bien tienen la tendencia a aceptar los juicios de los adultos, que suelen promocionar una retroalimentación positiva y carente de crítica, por lo cual es probable que los niños sobreestimen sus capacidades (Harter, 1990, 1993, 1996. 1998 citado en Papalia et al., 2009). Al igual que con el autoconcepto, por lo general la autoestima en la segunda infancia tiende a ser absoluta: “Soy bueno” o “Soy malo” (Harter, 1996, 1998; Papalia et al., 2009). No es sino hasta la tercera infancia que se vuelve un tanto más realista, a medida que las valoraciones personales sobre la competencia, que se basan en la internalización de las normas parentales o sociales, comienzan a adquirir forma y la valía propia (Harter, 1998;Papalia et al., 2009).
Coopersmith (1996 citado en Steiner, 2005),por su parte señala que el proceso de formación de la autoestima se inicia a los seis meses del nacimiento, cuando el individuo comienza a distinguir su cuerpo como un todo absoluto diferente del ambiente que lo rodea. Explica que en este momento se comienza a elaborar el concepto de objeto, iniciando su concepto de sí mismo, a través de las experiencias y
45
exploraciones de su cuerpo, del ambiente que le rodea y de las personas que están cerca de él. Tras este proceso el individuo consolida su propio concepto, distingue su nombre y reacciona ante él.
Entre los tres y cinco años, el individuo se torna egocéntrico, puesto que piensa que el mundo gira en torno a él y sus necesidades, lo que implica el desarrollo del concepto de posesión, relacionado con la autoestima. Durante este período, las experiencias provistas por los padres y la forma de ejercer su autoridad, así como la manera como establecen las relaciones de independencia son esenciales para que el individuo adquiera las habilidades de interrelacionarse contribuyendo en la formación de la autoestima, por lo cual se requiere que los padres ofrezcan al individuo vivencias gratificantes que contribuyan con su ajuste personal y social para lograr beneficios a nivel de la autoestima.
A los seis años según Coopersmith se inician las experiencias escolares y la interacción con otros individuos o grupos de pares, desarrolla la necesidad de compartir para adaptarse al medio ambiente, el cual es de suma importancia para el desarrollo de la apreciación de sí mismo a partir de los criterios que elaboran los individuos que le rodean.
A los ocho y nueve años, ya el individuo tiene establece su propio nivel de autoapreciación y lo conserva relativamente estable en el tiempo.
Siendo importante según el autor,el inicio y consolidación de las habilidades de socialización, ya que implica comunicarse con otras personas de manera directa y continua. Por ello si el ambiente que rodea al individuo es un mundo de paz y aceptación, seguramente el individuo conseguirá seguridad, integración y armonía interior, lo cual constituirá la base del desarrollo de la autoestima. El trato respetuoso, el status, las relaciones interpersonales, la comunicación y el afecto recibido son elementos que connotan el proceso de formación de la autoestima y hacen que el individuo dirija sus percepciones de manera ajustada o desajustada.