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DESARROLLO ECONÓMICO Y MEDIO AMBIENTE

In document texto-libro-diciembre-v181206-v-final (página 74-121)

En el presente apartado pretendemos exponer y analizar la relación cambiante entre los conceptos de desarrollo económico y medio ambiente. El desarrollo económico es una acción y un objetivo político-social, y por tanto un elemento dinámico influido y que influye en la estructura socioeconómica y biofísica del entorno. El medio ambiente, sin embargo, se presenta como el espacio de la actividad, el espacio material e inmaterial (o bien el mundo de relaciones) en el que se materializa el desarrollo. Cada uno de estos dos ámbitos conceptuales está regido por unas dinámicas propias, y en ambos casos las disciplinas científicas (genéricas) de la economía y de la ecología pretenden encontrar pautas de interpretación, definir modelos de comportamiento, e incluso proveer de instrumentos capaces de, por una parte, modificar el curso y la intensidad del desarrollo y, por otra parte, de valorar, proteger e insertar satisfactoriamente en el espacio socioeconómico el entorno ambiental. El análisis del desarrollo responde fundamentalmente a las potencialidades del análisis económico y de las técnicas de planificación, mientras que el análisis del medio ambiente responde tanto a metodologías de las ciencias económicas como, muy especialmente, de las ciencias ecológicas.

Si estamos preocupados por el proceso de desarrollo se debe a que nuestra experiencia nacional e internacional ha puesto de manifiesto que el modelo de desarrollo presenta importantes problemas. Algunos de los más visibles están relacionados con el medio ambiente. En el apartado anterior hemos podido observar numerosos acontecimientos que han ido abriendo y

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profundizando el debate sobre medio ambiente y desarrollo. En este sentido queremos volver a incidir en los planteamientos del Informe Brundtland en donde se señala, como el mayor reto ambiental del planeta y también su principal problema, la desigualdad que existe entre los países más desarrollados y los menos desarrollados, tanto respecto al acceso como al consumo acumulado35 de los recursos: “... la diferencia de recursos entre la

mayoría de los países en desarrollo y los países industriales sigue aumentando y donde éstos (...) ya han utilizado gran parte del capital ecológico del planeta. Esta desigualdad es el principal problema ambiental del planeta y su principal problema de desarrollo” WCED (1987). Por su parte el medio ambiente, o naturaleza –en un término más clásico- ha sido el escenario que le ha permitido al ser humano visualizar su capacidad, no solamente para crear riqueza, sino también como ente potencialmente transformador, tanto en los ámbitos geográficos locales como en los globales.

En el presente apartado pretendemos hacer una aproximación cronológica al descubrimiento y ubicación del concepto de desarrollo sostenible en el centro de la agenda política medioambiental. Desde unos orígenes que situamos, a principio de los años setenta, en las aportaciones sobre los límites al crecimiento del Club de Roma, que se desarrollan posteriormente en el debate entre los conceptos de crecimiento económico y de desarrollo, siendo este último el que se implanta como concepto preferido y preferible (desarrollo significa crecimiento y cambio). Son debates que han estado muy vinculados a las insuficiencias o

35 En este sentido, planteamos la hipótesis de que la acumulación histórica de recursos

provenientes de todo el mundo por parte de los países de Europa occidental en los últimos cinco siglos, así como la acumulación de otros –como Estados Unidos- durante los últimos dos siglos, es un potente factor que justificaría la enorme concentración de stock de capital (humano y material) en estos países, y que justificaría de esta forma el desequilibrio que ahora podemos observar.

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fallos de las políticas de cooperación internacional al desarrollo y al intento de dotar a estas políticas de una mayor capacidad y competencia. Esto nos lleva al análisis de los modelos de desarrollo económico imperantes en los años ochenta y noventa: los modelos exógenos o neoclásicos y endógenos, respectivamente. Modelos muy relacionados, como veremos, con la economía ambiental, que tiene su contrapartida conceptual en la economía ecológica.

En su última dimensión, la relación estable entre el desarrollo y el medio ambiente se conforma a través del modelo de desarrollo sostenible. Así, el desarrollo sostenible se presenta como un nuevo paradigma que anima renovadas perspectivas y consideraciones desde el amplio espectro de las ciencias naturales y sociales. Pero es de justicia reconocer que la dinámica científica e intelectual que ha llevado a este punto, esto es el potente motor que ha transformado dichas perspectivas, procede en gran medida de la ciencia económica, y en particular del área de investigación en torno a los modelos de desarrollo económico, especialmente en un escenario en que el medio ambiente se ha convertido en un nuevo valor social.

Riqueza, valor y naturaleza hasta mediados del siglo XX

Los economistas y, en general, los investigadores de las ciencias sociales, vienen preocupándose desde hace mucho tiempo tanto por el concepto de riqueza como por el entorno y la dinámica que puede influir en su crecimiento.

La escuela fisiocrática, cuyo auge se sitúa en la segunda mitad del siglo XVIII con la obra Tableau Economique (1764) de

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François Quesnay36, es una de las primeras escuelas de

pensamiento económico en el sentido moderno del término. La fisiocracia representa un paradigma del crecimiento económico donde el sustrato físico y material –fundamentalmente a través de la actividad agrícola en sentido amplio- se convierte en el factor determinante para interpretar el proceso de crecimiento económico. La naturaleza y el ser humano, a través de actividades como la agricultura, son capaces de proporcionar unas riquezas referidas a unos valores de uso donde los excedentes de la agricultura conforman la medida física del crecimiento económico37. Sin embargo, la escuela fisiocrática no va a ser

capaz de afrontar conceptualmente38 la realidad contrastada de

que también se crean plusvalías monetarias que no están respaldadas por excedentes físicos. A partir de este punto, los valores de cambio adquieren primacía como valor económico dominante, en lo que supone un nuevo cambio de paradigma económico a favor de la economía política clásica.

De los pasajes de Adam Smith, como referente de la economía política clásica, se desprende una definición directa de la riqueza: la riqueza de una nación está compuesta por el número de bienes per cápita, de modo que mientras mayor sea el número de bienes por persona, más rica resultará la nación. A su vez, el concepto de riqueza está íntimamente relacionado con el concepto de valor, si

36 Quesnay, quien fue médico de Luis XV, en un ejemplo singular de transdisciplinareidad

propone en su Tableau un modelo económico dinámico en el que compara la circulación de la sangre en el cuerpo humano con la circulación de la renta y su formación.

37 Domínguez (2004) revisa el papel de la fisiocracia en nuestros días como una reflexión sobre

el análisis económico de los recursos naturales y el medio ambiente.

38 Naredo (1996), en un reproche de la poca voluntad que advierte en la sociedad actual por

hacer planes de reconversión hacia bases más sostenibles o físicamente viables señala que “esto es lo que con poca fortuna pretendieron los autores hoy llamados fisiócratas cuando, hace más de dos siglos, proponían aumentar la producción de riquezas renacientes (hoy diríamos renovables) sin detrimento de los bienes fondo o stocks de riquezas preexistentes, siendo descalificados en este empeño por los economistas posteriores, que erigieron el mencionado cajón de sastre del valor como centro de la ciencia económica, separándolo del contexto físico y social en el que se desenvolvía. Vemos, pues, que no se trata tanto de ‘descubrir la pólvora’ de la sostenibilidad como de desandar críticamente el camino andado, volviendo a conectar lo físico con lo monetario y la economía con las ciencias de la naturaleza”.

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bien se observa que esta palabra tiene dos significados notablemente distintos: a veces expresa la utilidad de un objeto particular (valor en uso), y a veces la capacidad para adquirir otros bienes (valor de cambio). Esta diferencia, como veremos más adelante, va a tener su importancia en el proceso de diversificación de las teorías económicas, especialmente en la bifurcación entre la teoría clásica liberal y la marxista.

A los efectos de esta aproximación histórica puede exponerse que la economía política de Smith está basada en las siguientes proposiciones: a) la riqueza nacional consiste en el incremento de la producción de mercancías para satisfacer las necesidades humanas; b) es más fácil incrementar la producción de mercancías si se divide y especializa el trabajo y si se amplia el mercado; c) la economía estudia la forma en que el mercado determina el valor de cambio de una mercancía a través de la oferta y la demanda; d) la creación de valor de cambio para algunas materias desplaza a otras que no tienen valor de cambio, no porque escaseen sino porque no tienen una demanda humana inmediata y efectiva; e) la naturaleza es un “cuerno de la abundancia” y no existen límites naturales para su explotación.

Para nuestra exposición conviene destacar los dos últimos puntos, en donde se reflejan valores que forman parte de la perspectiva del conocimiento del último cuarto del siglo XVIII, en un mundo que aún seguía descubriendo tierras desconocidas y donde la finitud y las limitaciones de la naturaleza no eran preocupaciones destacables: nadie hablaba de límites al crecimiento. Es más, desde el siglo XIX, científicos y exploradores han aportado una visión convencida del enorme potencial transformador de la humanidad sobre la naturaleza. Así, el científico y explorador alemán Alexander von Humboldt, con su

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obra Ansichten der Nature (1808), el diplomático americano George Perkins Marsh con su trabajo The Earth as Modified by Human Action (1864), o el geólogo italiano Antonio Stoppani, en su Corso di geología (1873) muestran39 una nueva visión en la que

el ser humano pasa de ser meramente una especie sometida a las fuerzas de la naturaleza a describir la actividad humana como una “nueva fuerza telúrica, que tanto por su potencial como por su dimensión universal puede comparase con las grandes fuerzas de la Tierra” Stoppani (1873), citado en Crutzen (2002).

El comercio internacional global, como potente dinamizador económico y social no es una novedad del siglo XX, sino que ha sido una práctica permanente a lo largo de la historia de la humanidad; una práctica que no sólo ha generado una dinámica económica sino que también –especialmente a partir del siglo XIX- ha producido impactos ecológicos y sociales en las regiones donde se obtenían los bienes objeto del comercio, muchas veces lugares remotos respecto a los centros de demanda y consumo en Europa o en Asia. Una historia de relaciones que enfocamos desde la perspectiva del antropólogo.

“Entonces llega a mi mano lo que había deseado tocar: la piel de una nutria de mar. La guía hace circular un cuero de nutria de California y otro de Alaska, ambos espesos y suaves; el segundo, nos dice, era el preferido de los consumidores del siglo XIX, por su lustre especialmente oscuro y por su grosor. La piel de la nutria de mar tiene más pelos por centímetro cuadrado que el pelaje de cualquier otro animal. Los comerciantes chinos de Cantón pagaban cien dólares por cada piel arponeada en la costa americana. ¡Cien dólares, en 1820, era la ganancia que obtenía un granjero de Pennsylvania en un año de trabajo! Registro estos hechos mientras el ‘oro blando’ se escurre entre mis dedos...

Se me hace difícil aceptar el hecho de que pieles como esta hayan podido provocar todo el emprendimiento: la remota empresa de la América rusa, con su violento trastorno de las sociedades aleuta y koniag; la expansión crucial (junto con la caza de ballenas) de las economías mercantes de Nueva Inglaterra; el establecimiento del Pacífico Norte como zona de competencia imperial, con el consiguiente adelanto de la colonización española de la Alta California. La Russian American Company no hubiera intentado nunca su costosa operación de Alaska sin la tan provechosa nutria de mar. Y para el comercio temprano entre Nueva Inglaterra y China, esos animales, que se compraban barato en la costa norteamericana y se vendían caro en Cantón, significaban un vínculo

39 Las referencias originales a las obras de von Humboldt (1808), Marsh (1864) están recogidas

en Clark et al. (2005); la referencia a Stoppani (1873) está recogida en Crutzen (2002).

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fundamental. ¿Qué otra cosa podían ofrecer América del Norte o Rusia al mercado suntuario chino? ¿Qué otro producto de intercambio podía llenar barcos de té, especias y porcelana y generar los beneficios necesarios para mantener una navegación riesgosa, en mares cuyos mapas estaban mal trazados? El desafío del comercio chino consistía en descubrir cosas para vender en Cantón. (...)

(...) Si se las considera mercancías, las pieles de nutria de mar y los fardos de té existen como relaciones de equivalencia independientes del trabajo realizado para los cazadores aleutas o los culís chinos. Las pieles son valiosas porque se las puede intercambiar en Cantón. Vale la pena producir té en grandes cantidades porque los extranjeros pagarán por él con raros artículos de lujo. (...) Un aleuta podía cazar nutrias de mar por sus pieles o su carne (también por diversión y desafío), pero no lo hubiera hecho en grandes equipos, lejos de su hogar, de no haber existido la compulsión material del mercado y la disciplina que este trabajo exigía. El valor de los productos de este trabajo, desproporcionado con respecto a cualquier salario recibido o al riesgo y el trastorno social que imponía, seguirá siendo un misterio. La piel de la nutria de mar, como mercancía, adoptaba una existencia ajena, independiente, una relación abstracta entre las cosas negociadas en Cantón o en la ciudad comercial mongólica de Kiakhta. (...)

(...) Pero el misterio radica, más bien, en la apertura de las mercancías a diversas apropiaciones, en su aptitud para ser hechas y rehechas históricamente. ¿Qué es el maíz para un indio maya? ” James Clifford [1997](1999, pp.389-392)

En este escenario de gran potencialidad de transformación y de creación de riqueza por parte del ser humano el propio discurso económico sobre la riqueza y el crecimiento ha sido objeto de diversas interpretaciones reformistas, críticas e incluso francamente revolucionarias (tanto desde una dimensión científica como realmente práctica). De esta manera, como alternativa al enfoque clásico liberal que representa la doctrina de Adam Smith, surge el marxismo. La tradición crítica de la economía política que representa el marxismo ha influenciado de modo muy notable un enfoque propio que ha tenido una presencia y difusión notables desde mediados del siglo XIX.

La teoría marxista, que analiza críticamente la economía política clásica, contiene una comprensión de la riqueza más matizada, una teoría del valor más elaborada y un reconocimiento del papel de la naturaleza en la producción. Así, como en el caso

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anterior, y a los efectos de esta exposición podemos resumir las opiniones de Marx de la siguiente manera: a) la riqueza material está compuesta por la expansión de bienes útiles; b) la expansión de bienes útiles tiene lugar en el socialismo y el comunismo mediante una continua revolución de las fuerzas productivas de la sociedad; c) un objeto útil incorpora valores de uso, valores de trabajo y valores de cambio, pero el trabajo humano constituye la fuente por excelencia de todo valor; d) la naturaleza y el trabajo humano se combinan para producir bienes útiles, que colectivamente constituyen la riqueza social; y e) la naturaleza es prácticamente ilimitada y no existen obstáculos naturales para la producción de un creciente número de bienes útiles. También como en el caso anterior, podemos destacar los dos últimos puntos por cuanto permiten representar una perspectiva propia del siglo XIX en donde la naturaleza todavía parece ofrecer un potencial ilimitado a la creación de riqueza.

A pesar de la cantidad de tiempo y energía que se dedicaron en los primeros años de la economía política para enfrentar el lábil concepto de riqueza, lo cierto es que al final tanto Smith como Marx adoptan definiciones de la riqueza notablemente similares: “las personas y las sociedades son ricas si poseen una abundancia de bienes útiles disponibles para su disfrute. Esta concepción de la riqueza ignora la cara oculta de la naturaleza y la existencia de otras formas de riqueza no material que no requieren ser cambiadas o elaboradas” Gale (1997a).

Durante los siglos XIX y, especialmente, el siglo XX, el modelo de crecimiento, con las particularidades propias de cada corriente de la economía política clásica (liberal o marxista) va a resultar en modelos competitivos de crecimiento económico cuya unidad geográfica básica es el estado nacional. Como apunta Gale

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(1997a) “las concepciones de Smith y Marx acerca de los tres conceptos fundamentales de riqueza, valor y naturaleza que apuntalan la economía política clásica, tienen defectos cuando se miran desde un punto de vista ecológico”.

Diversos autores han destacado las limitaciones al crecimiento y el potencial impacto hacia la naturaleza que puede derivarse o que se ha derivado tanto a partir del modelo liberal o capitalista con O’Connor (1994) o Kovel (1997), como del marxista con Gare (1996). Este último autor hace referencia al texto oficial de M. Ilín, publicado en 1931 con motivo de la presentación del plan quinquenal de la URSS, y que tiene notable interés por cuanto permite reproducir con cierta fidelidad el modelo conceptual imperante respecto al crecimiento y la naturaleza40 que se tiene

en un importante ámbito geográfico durante las primeras décadas del siglo XX: “en pocos años todos los mapas de la URSS tendrán que ser revisados. En un sitio habrá un nuevo río (...) en otro, un nuevo lago (...). Un nuevo gran poder ha aparecido en la Naturaleza: el poder del trabajo del hombre. No sólo las fuerzas ciegas de la Naturaleza, sino también el trabajo consciente, organizado y planificado del hombre ahora moldea ríos y lagos, siembra bosques, transforma desiertos, modera y acelera la corriente de los ríos, crea nuevas sustancias y nuevas especies de plantas y animales”41. Estas expresiones, aunque corresponden a

un período temporal y a un ámbito geográfico concreto, bien podrían extenderse a otros períodos temporales y ámbitos geográficos. Considerar que las fuerzas de la naturaleza obran a

40 Un modelo conceptual en que predomina el gran potencial transformador del ser humano

que, como hemos visto, ya toma forma en el siglo XIX, en un hilo conductor que hemos referido a través de autores como von Humboldt, Marsh, y Stoppani. Un tema que desarrollará con especial intensidad a principios del siglo XX el geoquímico soviético V.I. Vernadsky, adquiriendo una gran difusión en los años veinte a través de sus conferencias sobre la ‘biosfera’ en la Sorbona de París (Vernadsky 1926, 1945; citado en Clark et al., 2005:2)

41 Ilín, M. (1931) New Russia’s Primer: The Story of the Five-year Plan, 1931; citado en Gare

(1996)

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ciegas y que la racionalidad humana es capaz de transformar determinantemente la dinámica natural a su favor nos habría de llevar, por sus efectos negativos42 y como contrarreacción, a

valorar la habitabilidad del mundo, y por tanto a definir y

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