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ESTUDIADA Y SINOPSIS METODOLÓGICA

DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE ESTUDIADA

Reino: Animalia Linnaeus, 1758 Phylum: Chordata Bateson, 1885 Clase: Amphibia Linnaeus, 1758 Orden: Anura Rafinesque, 1815 Familia: Ranidae Rafinesque, 1814 Género: Pelophylax Fitzinger, 1843

Especie: Pelophylax perezi (Seoane, 1885)

Entre las especies de anfibios presentes en el área de estudio, se ha seleccionado como especie modelo para la realización del presente trabajo P. perezi como consecuencia de la facilidad para la localización de poblaciones viables y la colección de frezas debido a que: 1) la especie habita preferentemente cuerpos de agua permanentes (Richter-Boix et al., 2007); 2) el inicio de su época reproductora no está relacionado con las precipitaciones (Díaz-Paniagua, 1992); y, 3) está ampliamente distribuida por la Península Ibérica (Llorente et al., 2002), incluido el área de estudio (Egea-Serrano et al., 2005a, b). En relación a esta última característica, se ha descrito que especies de anfibios muy abundantes o ampliamente distribuidas pueden no ser modelos óptimos debido a una hipotética tolerancia a la contaminación (Marco, 2002), a pesar de ser ampliamente usadas en estudios ecotoxicológicos (especialmente en el hemisferio norte) (Schiesari et al., 2007). No obstante, ha sido reconocida la necesidad del estudio de

especies comunes por su importancia en el funcionamiento de los ecosistemas (Gaston & Fuller, 2007). Aunque la decadencia de estas especies sea proporcionalmente reducida, puede implicar una importante pérdida de abundancia y/o biomasa, lo que, dada la relevancia de los anfibios en la cadena trófica (Blaustein et al., 1994), repercutiría negativamente en los ecosistemas. Esta consideración, unida a la necesidad ética de evitar la pérdida de biodiversidad, justifica la profundización en el estudio del impacto que la contaminación produce sobre especies de anfibios comunes.

P. perezi se distribuye ampliamente por la Península Ibérica y el sur de Francia, correspondiendo las discontinuidades observadas a nivel peninsular a una prospección deficiente en lugar de a una auténtica ausencia de la especie (Llorente et al., 2002). Ha sido introducida en las Islas Baleares, Islas Canarias, Madeira e Islas Azores (Malkmus, 1997; Corti et al., 1999; Llorente et al., 2002). Presenta un tamaño máximo de 85 mm en machos y 110 mm en hembras (Salvador & García-París, 2001). Está caracterizada por presentar tímpano patente, pupila horizontal, pliegue glandular dorsolateral moderadamente desarrollado y conspicuos tubérculos subarticulares en los dedos de las cuatro extremidades (García-París et al., 2004). Las extremidades posteriores están unidas por membranas interdigitales ampliamente desarrolladas (García-París et al., 2004). Tanto la piel ventral como la dorsal son lisas, presentando una coloración blanca o jaspeada de negro en el primer caso y usualmente verde con manchas negras en el segundo (García-París et al., 2004) (Lámina 1). Las larvas presentan la morfología generalista de las especies adaptadas a vivir en charcas (Duellman & Trueb, 1994), lo que las incluiría entre las especies adaptadas a vivir en el fondo de los cuerpos de agua (Díaz-Paniagua, 1985). Los estadios de desarrollo larvario presentan un cuerpo algo deprimido que exhibe el espiráculo en el costado izquierdo y el ano en el derecho, en posición posterior (García-París et al., 2004). La cola es larga, con una cresta caudal

más desarrollada dorsal que ventralmente que termina en ángulo agudo (García-París et al., 2004). Normalmente los estadios larvarios de la especie estudiada alcanzan longitudes de hasta 6 cm, aunque se han descrito individuos de 9 cm (Llorente et al., 1995). Respecto a los dentículos córneos labiales, se han descrito 19 morfotipos orales, si bien el más común es el que presenta la primera fila superior completa y la segunda dividida por un amplio espacio, la primera inferior dividida por un amplio espacio, la segunda completa y la tercera completa pero corta (Llorente et al., 1995). La coloración dorsal de las larvas son verdes con manchas oscuras, mientras que ventralmente son blancas con reflejos metálicos o nacarados (Llorente et al., 1995) (Lámina 1).

El período de actividad de P. perezi se extiende durante la mayor parte del año, aunque reduce su actividad en invierno (Malkmus, 1987; Pollo et al., 1998). Especie estrictamente acuática, rara vez se separa más de 5 m del agua (Lizana et al., 1989) aunque presenta cierta capacidad de dispersión por tierra firme (Malkmus, 1987; Diaz- Paniagua & Rivas, 1987). Ocupa gran diversidad de hábitat acuáticos, tanto lóticos como lénticos de origen natural y artificial (e.g. Egea-Serrano et al., 2005c). Aunque puede estar presente tanto en cuerpos de agua permanentes como temporales, no se trata de una especie característica de ambientes temporales (Richter-Boix et al., 2007). Altitudinalmente ocupa cuerpos de agua situados desde el nivel del mar (Egea-Serrano et al., 2005d) hasta los 2.380 m.s.n.m. (Fernández-Cardenete et al., 2000), si bien habita preferentemente localidades ubicadas a altitud media (Egea-Serrano et al., 2005d; García & Lizana, 2007). El carácter eminentemente anfibio de la especie estudiada tras la finalización de la metamorfosis hace que use el medio acuático como refugio frente a depredadores (Martín et al., 2005), entre los que se encuentran reptiles, aves y mamíferos (Rey et al., 1994; Santos et al., 2000; Clavero et al., 2005), como fuente de alimento, a pesar de alimentarse fundamentalmente de presas terrestres (Hódar et al.,

1990) y como hábitat reproductor (Egea-Serrano et al., 2005c). Por lo que respecta a este último aspecto, P. perezi utiliza una gran diversidad de cuerpos de agua, tanto naturales como artificiales (Egea-Serrano et al., 2005c), seleccionando positivamente ambientes permanentes (Richter-Boix et al., 2007), excepto bebederos y balsas de riego (Egea-Serrano et al., 2005c), con abundante vegetación de ribera (Egea-Serrano et al., 2005c).

El período reproductor de la especie estudiada es tardío en relación a las restantes especies de anfibios presentes en la Península Ibérica (Salvador & Carrascal, 1990; Díaz-Paniagua, 1992; Egea-Serrano et al., 2005e), estando correlacionado positivamente con la temperatura ambiental (Richter-Boix et al., 2006) y siendo independiente de las precipitaciones (Díaz-Paniagua-Paniagua, 1992). Se ha detectado la presencia de frezas en la Península Ibérica desde abril hasta julio, si bien existen evidencias de que la especie puede reproducirse hasta agosto/ septiembre (Egea-Serrano et al.¸ 2005e). Durante este período, es depositado un número medio de 2.309 huevos (Hotz et al., 1994), pudiendo algunas hembras desovar dos o tres veces durante la época reproductora (Hotz et al., 1994). Tras un desarrollo embrionario de 5-8 días (García- París, 2000), las larvas completan usualmente la metamorfosis al cabo de dos meses, si bien la duración del desarrollo larvario es variable (Díaz-Paniagua, 1986). Los ejemplares metamórficos emergen en verano y otoño (Pollo et al., 1998; Egea-Serrano et al., 2005e), aunque las larvas hibernantes pueden completar su desarrollo durante la primavera siguiente (Álvarez et al., 1991; Richter-Boix et al.¸ 2006). Los ejemplares metamórficos alcanzan la madurez sexual usualmente durante el primer o segundo año de vida (Docampo & Milagrosa-Vega, 1991; Esteban et al., 1996), presentando una longevidad máxima de 5 años en el caso de los machos y de 6 en el caso de las hembras (Patón et al., 1991).

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