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“Nosotros los que conocemos somos desconocidos para nosotros, nosotros mismos somos desconocidos para nosotros mismos: esto tiene un buen fundamento. No nos hemos buscado nunca, –

¿cómo iba a suceder que un día nos encontrásemos?”

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I – Introducción: aproximación esquemática al sentido del estudio metafísico del «ente» desde nuevas coordenadas teóricas.

Planteada la cuestión del acceso al mundo externo como un interrogante que debe ser resuelto desde una perspectiva genética, se impone a nuestro proyecto metafísico la necesidad de un análisis detenido del paso del mundo solipsista y holísticamente determinado (mundo aprehendido en la «actitud teórica» como la esencia de nuestro mundo) al mundo intersubjetivamente compartido, estable e internamente coherente (mundo aprehendido en la «actitud natural» como la evidencia originaria de todo lo que es). Sólo un análisis de este tipo podrá justificar y explicar coherentemente cómo es, no sólo factible, sino incluso legítimo, que ambas concepciones del mundo puedan estar igualmente fundamentadas en la pura aprehensión fenomenológica del ser y de los entes. Como ya adelantamos, ese análisis tiene como objetivo encontrar las estructuras hermenéuticas trascendentales que hacen posible tal paso, esto es, que hacen posible un cambio tan radical en la comprensión del mundo en tanto que modificación hermenéutica de los fenómenos que experimentamos de él.

Tal y como indicamos en la Introducción de nuestra investigación141, cualquier

posicionamiento metodológico que pretenda sustentar una consideración metafísica realista de los fenómenos mundanos no puede más que hacerlo sosteniendo ese realismo como una disposición epistemológica, o, en otros términos, como una actitud

hermenéutica. Ya que, como ha quedado suficientemente demostrado en los análisis que

hasta aquí hemos realizado, el intento de sostener dicho posicionamiento realista en términos metafísicos bajo la presuposición de un mundo externo e independiente a la conciencia que tiene conocimiento de él, no sólo traiciona la naturaleza idealista de nuestra subjetividad, sino que carece por completo de cualquier apoyo empírico o teórico que pueda ser aportado a favor de esa posición. Con nuestras comprobaciones previas hemos descartado legítimamente el paradigma representacional de nuestros contenidos de conciencia, método moderno por antonomasia para sostener esa tesis metafísica realista del mundo externo, sobre la base de la insuficiencia de sus condiciones de posibilidad, y de su carácter finalmente innecesario.

Por lo tanto, la demostración que justifique la adopción de un concepto de «mundo externo» como elemento estructural determinante del funcionamiento de nuestra subjetividad tiene forzosamente que transcurrir mediante procedimientos epistemológicos y hermenéuticos, más que a través de argumentaciones metafísicas. Si el mundo externo como tal no puede más que ser una modalidad hermenéutica de la comprensión de nuestros contenidos de conciencia, ya que nos resulta esencialmente imposible trascender la frontera que los límites de ésta le impone a nuestra capacidad cognoscitiva, de tal modo que todo lo que podemos predicar acerca del mundo externo se fundamenta en realidad en una interpretación formal de contenidos de conciencia tan inmanentes a ella como los contenidos considerados puramente subjetivos, entonces toda descripción metafísica de la naturaleza esencial de los entes que pueblan nuestro mundo, así como del mismo mundo que pueblan, y del ser del que reciben su generación o «ser-ahí», debe levantarse sobre la base de un análisis reflexivo que compruebe el modo como algunos contenidos de conciencia se manifiestan ante nuestra aprehensión de tal modo que exigen por su propia manifestación ser concebidos como fenomenalizaciones de entidades no absorbibles dentro de la inmanencia idealista de nuestra conciencia, sino predicables de una exterioridad distinta de ella con la que ésta entra en relación extrasubjetiva. Todo lo analizado en el capítulo anterior muestra

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sobradamente la exigencia de que algo así no pueda más que realizarse mediante modalidades hermenéuticas de nuestro conocimiento metafísico, más que a través de verdaderas aprehensiones extrasubjetivas: la conciencia, en último término, nunca deja de relacionarse consigo misma, incluso allí cuando interpreta esas relaciones como siendo extrasubjetivas.

Sin olvidar, por supuesto (y también esto quedó suficientemente establecido en las consideraciones precedentes), que ello no anula la distinción entre la ciencia epistemológica y la ciencia metafísica. Pues la ciencia que estudia nuestro acceso a los conocimientos metafísicos y la legitimidad de dicho acceso no es en absoluto equiparable a la ciencia que maneja esos conocimientos como descripciones de la naturaleza de las entidades que en esos conocimientos son, verbigracia, conocidas. Que nuestra ciencia metafísica acerca del mundo, del ente y del ser requiera de una adecuada legitimación epistemológica de nuestro acceso a esos contenidos de conciencia no implica que estos no puedan ser tomados en consideración, con posterioridad a esa legitimación, como objetos de un estudio metafísico que busque describirlos en lo que ellos mismos son, y no ya en el modo como los conocemos. Ambos procedimientos, evidentemente, son obligatorios para todo proyecto metafísico que busque absoluta justificación y corrección. Nuestra propia investigación representa una muestra de en qué sentido análisis que comienzan siendo epistemológicos derivan, por sí mismos, en consideraciones metafísicas de los entes intramundanos y de nuestra propia subjetividad, al alimentarse éstas de las comprobaciones de los requisitos que debe cumplir todo ejercicio de conocimiento.

Aclarada entonces la necesidad general y los límites de aplicación de la fundamentación epistemológica de cualquier teoría metafísica, nuestro siguiente paso consistirá en el desarrollo analítico y argumentativo de la efectiva fundamentación del planteamiento epistemológico realista en términos volitivos que queremos obtener como conclusión final de nuestra investigación. Ahora bien, si queremos realizar un planteamiento adecuado de las condiciones que constituyen el realismo volitivo como una aptitud filosófica de alcance epistemológico y metafísico superior a todas las demás, estamos obligados a desenterrar los fundamentos metafísicos que hacen posible el planteamiento de tal aptitud. Y, para ello, el procedimiento a seguir consiste en realizar un análisis genético de nuestra experiencia de acceso al mundo externo142, al

142 Dado el carácter genético de los análisis que constituyen el contenido de los capítulos segundo y

tercero de nuestra investigación, cuyo objetivo, como quedó indicado en la Introducción, es desentrañar la génesis de la dimensión lógica pasiva trascendental de la subjetividad, podría pensarse que estos análisis genéticos están formulados según una perspectiva metodológica paralela a la que Husserl mantiene en

Experiencia y juicio cuando pretende, igualmente, desentrañar la génesis de la lógica. Sin embargo, hay

un elemento estructural que nos distancia de la perspectiva husserliana, tal y como se comprobará en el despliegue de nuestros propios análisis. Así, la génesis que nosotros vamos a desplegar es una génesis biográfica esencialmente temporal y empírica, esto es, necesariamente determinada por el mismo flujo empírico de las vivencias de la subjetividad. Husserl, en cambio, despliega un estudio genético de la lógica trascendental en el que las condiciones fundamentales de la dimensión trascendental suponen procedimientos esenciales de la subjetividad no empíricamente fundados ni afectados. “La tarea completa de la fenomenología constitutiva es el esclarecimiento de toda la interpretación de las operaciones de la conciencia, que conduce a la constitución de un mundo posible –de un mundo posible, es decir, se trata de la forma esencial del mundo en general y no de nuestro mundo fáctico, real.” EJ, Einleitung, §11, St. 50 [Introducción, §11, pág. 53]. Por eso el análisis genético de la lógica en Husserl presenta una problemática atemporalidad, contradictoria en sí misma con el propio concepto de «génesis». Todo ocurre siempre en sus análisis como si lo dado estuviera ya constituido, y no por constituir. “No se trata de la primera génesis (histórica o histórico-individual en el sentido correspondiente), ni de una génesis del conocimiento en todo sentido, sino de aquella generación gracias a la cual surge tanto el juicio como el conocimiento en su forma originaria, la del estar dado por sí mismo: una generación que, repetida

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mundo tal y como es conocido y experimentado por nosotros en la «actitud natural», para poder argumentar correctamente acerca del modo como éste se presenta ante nosotros, y, sobre todo, para poder conocer adecuadamente el modo como dicho mundo se revela ante nuestra atención despierta como un contenido de conciencia a tener en consideración, y no simplemente como el trasfondo implícito y desatendido de todas nuestras vivencias. Como vimos, la dificultad del «problema del mundo externo» radica en el hecho de que no basta con que dicho mundo se manifieste fenomenológicamente ante nuestra conciencia para que nosotros podamos afirmar convenientemente que poseemos un conocimiento científicamente adecuado de él. Por el contrario, es necesario profundizar en nuestro acceso explícitamente consciente a esa manifestación fenomenológica del mundo, para poder encontrar en ese acceso las causas epistemológicas que lo legitiman como un verdadero acceso.

Tal análisis epistemológico lo realizaremos, como quedó establecido en los últimos apartados del capítulo anterior, desde un estudio genético que se retrotraiga en el desarrollo biográfico de nuestra experiencia mundana para poder comprobar qué características, causas y consecuencias epistemológicas presenta el «momento» en el que efectiva y actualmente llegamos a ser conscientes de la presencia de nuestro mundo como contexto metafísico de todo lo que es, más allá de su simple y fenomenológicamente persistente darse como fondo imperturbable de cualquier manifestación entitativa. Se trata, finalmente, de comprender qué requisitos epistemológicos son necesarios para que lleguemos a ser conscientes de la presencia del mundo tal y como lo comprendemos y lo describimos actualmente, qué implicaciones metafísicas tiene para el ser del mundo el hecho de que sean epistemológicamente necesarios tales requisitos, y, últimamente, qué naturaleza metafísica del mundo podemos inferir a partir del modo como llegamos a conocerlo.

Sin embargo, es evidente que este retroceso reflexivo del análisis genético que estamos proyectando como siguiente paso obligatorio de nuestra investigación no puede realizarse actual y realmente como un verdadero retroceso, en la medida en que este retroceso que estamos planteando consiste en un retroceso temporal en el desarrollo biográfico de nuestra subjetividad con el objetivo de situarnos en los orígenes lógico y cronológico de su formación. Es más, esta formulación genética retrospectiva del desarrollo de nuestra biografía resulta todavía más complicada de defender desde el momento en que sostenemos, como hicimos en su momento143, que este análisis genético retrospectivo debe atravesar, en algún momento, la barrera de una

modificación trascendental del desarrollo y funcionamiento de nuestra subjetividad; lo

que implica, por la misma naturaleza funcional de todo elemento trascendental, que nosotros, como agentes de ese análisis retrospectivo y a la vez como su objeto, no somos conscientes ni podemos recuperar mnemotécnicamente aquello que está antes de

[Introducción, §5, pág. 24] El último subrayado es nuestro. Así lo denuncia Antonio Francisco Sánchez Font en su tesis doctoral: “En todos estos análisis descriptivos no hay, por consiguiente, referencia alguna al tiempo que va desde el inicio de la actividad de la experiencia pre-predicativa hasta la obtención del objeto de esa experiencia. (…) El tiempo del que se habla es el tiempo de las respectivas objetividades ya obtenidas. Los análisis son descripciones de ingredientes separados de lo dado en la concreción de una conciencia, en las que no se encuentran indicios del tiempo de la acción que obtiene su fin, el objeto de la experiencia.” Sánchez Font, Antonio Francisco, Los fundamentos ocultos de la lógica del mundo de la

vida (Lebenswelt). Estudio crítico de Experiencia y juicio, de Edmund Husserl, Tesis doctoral, Granada,

2010. Por eso el planteamiento genético de Husserl no es verdaderamente trascendental, y, a la inversa, no estudia realmente la verdadera génesis de lo trascendental. Nosotros, por el contrario, exigimos también una génesis de los fundamentos lógicos de lo trascendental, ya que de lo contrario las condiciones trascendentales de la subjetividad permanecerán como incuestionables y, en cuanto tales, como acríticas e infundadas.

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esa barrera trascendental. En la medida en que lo que queda transformado con la adquisición de las estructuras trascendentales hermenéuticas que perseguimos localizar con estos análisis es el mismo funcionamiento estructural de nuestra subjetividad, nosotros, como sujetos maduros, ya no tenemos ningún tipo de conocimiento de aquello que estaba antes de que la subjetividad se constituyese en su estado actual. Por lo que ninguna mirada retrospectiva que pretenda seguir genéticamente la línea temporal de nuestra biografía puede alcanzar ese pasado perdido de nuestra subjetividad en el que se localiza el «momento» trascendental que queremos explicitar y analizar.

En realidad, si nuestro análisis epistemológico de corte genético es de facto capaz de recuperar esas etapas biográficas previas del desarrollo de nuestra subjetividad es porque éstas no serán explicitadas según el orden temporal de los acontecimientos, sino según su orden lógico. O, dicho de otro modo: el pasado de la subjetividad en el que se realiza la adquisición y aplicación sistemática de los elementos trascendentales del funcionamiento de nuestra subjetividad no es (simplemente) un pasado temporal, sino que es un momento lógicamente anterior al actual, que, en este sentido y gracias a esa anterioridad lógica y no exclusivamente temporal, puede convivir, y de hecho

convive, en el momento temporal actual con esa subjetividad madura cuyo

funcionamiento condiciona trascendentalmente. Es decir, no se trata de recuperar recuerdos de etapas biográficas anteriores de nuestra subjetividad, sino que lo que la reflexión teórica pretende es detener el despliegue actual del flujo de nuestra subjetividad para poder estudiar las condiciones lógicas de su desarrollo, y con ello explicitar los elementos trascendentales que hacen posible el funcionamiento de la subjetividad también en el mismo momento actual en el que se realiza ese estudio genético.

Todo análisis crítico trascendental acerca de las condiciones de posibilidad de algo es, en último término, un análisis de la anterioridad lógica de ese «algo» que supone el objeto de estudio y cuyas condiciones se busca explicitar. En este caso, por tanto, el análisis se centrará en el pasado lógico de la subjetividad, en el conjunto lógico de condiciones y elementos que determinan las circunstancias efectivas gnoseológicas del desarrollo pasado y presente de nuestra subjetividad. El pasado lógico, así, es un pasado que no es sólo pasado, sino también presente y futuro, ya que supone la estructura de funcionamiento del presente lógico del objeto de estudio en cuestión. Y, por lo tanto, no es en absoluto pasado, pues, literalmente, sigue ocurriendo en el presente. Si, no obstante, al referirnos a él, lo hacemos efectivamente en términos de “pasado”, es porque en el caso que nos ocupa, a saber, el desarrollo biográfico de la subjetividad, ese pasado lógico coincide en cierto respecto con nuestro verdadero pasado temporal biográfico. Ya que, si realmente se cumple nuestra tesis, según la cual los elementos trascendentales del funcionamiento de nuestra subjetividad tienen un origen a posteriori, ello implica que las etapas primigenias de nuestro desarrollo biográfico presentan las mismas condiciones lógicas y esenciales que esa anterioridad lógica previa a la aplicación de dichos elementos trascendentales. Si efectivamente es cierto que la subjetividad madura presenta estructuras hermenéuticas trascendentales que no le son innatas, sino que ha adquirido a lo largo de su biografía como los productos de ciertos aprendizajes empíricos y habituales, entonces el modo como esa subjetividad funcionaba antes de adquirirlas es lógicamente equivalente al de ese sustrato lógico implícito de la pasividad que se sitúa por debajo de su aplicación actual, y que supone el origen lógico de lo que, una vez realizada la transformación hermenéutica trascendental, es vivenciado naturalmente por la subjetividad madura.

Por esta vía, y desde esta perspectiva, la reflexión teórica de corte genético no necesita, entonces, retrotraerse efectivamente al pasado temporal biográfico de la

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subjetividad para recuperar recuerdos necesariamente ocultos o perdidos por la transformación trascendental estructural de nuestra subjetividad. Por el contrario, ese retroceso genético puede desplegarse en el tiempo mediante un análisis lógico de las

condiciones metafísicas de nuestra subjetividad, que determinan el modo como ésta funciona epistemológicamente en todo momento pasado, presente y futuro. En sentido

estricto, el funcionamiento de ese sustrato lógicamente anterior de la subjetividad madura, que nosotros denominaremos «síntesis pasiva144» por motivos aún por

esclarecer145, está determinado por la naturaleza metafísica de nuestra subjetividad, en la medida en que supone su despliegue inmediato, absoluta y puramente espontáneo. Las estructuras trascendentales del funcionamiento de nuestra subjetividad constituyen una modificación formal del modo como la subjetividad vive y se despliega según su misma esencia, de tal manera que la ejecución epistemológicamente inmediata y natural de sus capacidades cognoscitivas originales se ve modificada trascendentalmente por esas estructuras hermenéuticas. Pero esta modificación afecta, por tanto, al despliegue gnoseológico de la subjetividad, mas no a su naturaleza metafísica, que permanece

esencialmente la misma. Es esta naturaleza metafísica la que constituye el pasado lógico

al que el análisis genético debe retrotraerse como los momentos lógicamente previos a la adquisición de esas estructuras hermenéuticas trascendentales. Por este motivo ese pasado lógico coincide efectivamente con nuestro pasado temporal biográfico: nuestro verdadero pasado biográfico previo a esa modificación trascendental de la subjetividad constituye la vida original de ésta, el modo como ésta vivía, experimentaba y conocía según las condiciones epistemológicas derivadas de su propia naturaleza metafísica.

Esta naturaleza metafísica nos es perfectamente conocida, ya que hemos insistido en ella reiteradamente a lo largo del primer capítulo de nuestra investigación, y ha supuesto ya la causa de muchas de nuestras argumentaciones y conclusiones. La esencia metafísica de nuestra subjetividad es la de una conciencia holista y solipsista absoluta, cuya consecuencia epistemológica es un funcionamiento gnoseológico descriptible como «forma absoluta de la conciencia». En este sentido, el análisis genético que estamos proyectando puede ser realizado, en sentido estricto, a partir de la descripción metafísica del estado primigenio y original de nuestra subjetividad tal y como éste se deduce en virtud de esa esencia idealista holista y solipsista, y formulando las consecuencias epistemológicas que se siguen de tales condiciones originales para el funcionamiento gnoseológico de una subjetividad que posee dicha esencia. De tal manera que, realizando esta descripción esencial de nuestra subjetividad, podremos inferir las consecuencias que de esa naturaleza metafísica se derivan en lo que respecta al correspondiente funcionamiento epistemológico original de la subjetividad. Es así como el análisis genético combina en sí mismo el retroceso temporal y el acto que explicita las condiciones lógicas de la pasividad de la subjetividad. Por lo tanto, el estudio genético de nuestra experiencia mundana será realizado a partir de las condiciones lógicas impuestas por la descripción metafísica del estado original y

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