2. INFORMALIDAD Y FAMIEMPRESARIALIDAD: TRABAJO EN UN ENTORNO
2.2. POBREZA Y DESIGUALDAD EN UN MARCO DE INFORMALIDAD
2.2.1. Desempleo e informalidad, una realidad enmarcada por la pobreza
pobreza
Las políticas de ajuste estructural adoptadas en el país, para cumplir con los lineamientos del consenso de Washington, bajo el enfoque ideológico neoliberal, han producido diversas reformas, entre ellas la laboral conllevando a altas tasas de desempleo, subempleo e informalidad, lo que ha sido una constante en los últimos 20 años, como respuesta a un modelo excluyente e invisibilizador.
La situación de desempleo es una “enfermedad” que tiene graves consecuencias
que no son necesariamente económicas, además implica exclusión, vulnerabilidad e impotencia. Es una forma de maltrato a quienes padecen este flagelo, retomando a Marx, la única fuente de valor es el trabajo del hombre, de ésta manera los ingresos procedentes del trabajo representan el 80% de la renta total (Mankiw, 2002, p.269).
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El desempleo se ha convertido en una constante de las sociedades modernas, que tiende agudizarse en determinadas épocas y por diversas causas, conduciendo a que buena parte de la población se desplace al trabajo por cuenta propia, en precarias condiciones y sin las mínimas garantías como la seguridad social, insertándose de esta manera en lo que en el mundo laboral aparece como la informalidad. En el caso del país esta situación se ha venido incrementando en
las últimas décadas por diversas causas “la transformación de la estructura
productiva colombiana, las presiones de la globalización y las reformas que des- regularon los mercados de trabajo, han llevado a que el empleo asalariado seda
terreno frente al empleo por cuenta propia” (USAID, 2011, p. 159).
La expansión del desempleo y la informalidad han conducido a acentuar la situación de pobreza y desigualdad, pues son las personas en condiciones sociales y económicas más bajas, quienes se ven forzados a perder el empleo, o no poder acceder a uno formal, lo que de paso les deja fuera de un aseguramiento social y los convierte en “beneficiarios” de políticas asistencialistas, como medio
para mitigar la pobreza, no así, la dignidad como personas.
Lo anterior implica que tener un empleo en condiciones dignas y decentes, así como garantizar el derecho de éste, constituyen una prioridad para la Política Social. Así ésta debe direccionarse a quienes están en condiciones desfavorables, posibilitando entornos, medios y oportunidades de desarrollar un trabajo productivo digno, que no solo propende por el ingreso sino por su desarrollo, promoviendo la movilidad social, traspasando los círculos viciosos de la pobreza.
2.3. ENFOQUE TEÓRICO DE LA INFORMALIDAD
La expresión de informalidad se atribuye al antropólogo Hard en los años 70 haciendo alusión a las actividades no convencionales que se desarrollaban en
Ghana, donde ésta población “empleada” no aparecía reportada en las
estadísticas oficiales. El término se introdujo en Kenya en 1972 en el informe de la Misión de Empleo de la OIT. Por su parte De Soto establece.
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No son informales los individuos, sino sus hechos y actividades. La informalidad tampoco es un sector preciso ni estático de la sociedad, sino una zona de penumbra (...) También son informales aquellas actividades para las cuales el estado ha creado un sistema legal de excepción a través del cual un informal desarrolla sus actividades, aunque sin acceder necesariamente a un status legal, equivalente a aquellos que gozan de los beneficios y protección del sistema legal. (De Soto, 1990, p. 13)
El enfoque teórico de la informalidad se abordada desde cuatro perspectivas: la estructuralista, la marginalista, la institucionalista y la funcionalista. La concepción estructuralista se presenta cuando la economía formal no logra absorber la
totalidad de mano de obra, “la masa marginal”, llevando a las personas que no logran acceder al sector formal al desempleo o a otras actividades de baja
productividad. “El dualismo en el enfoque estructuralista plantea desigualdades
significativas entre los trabajadores de uno u otro sector en cuanto a ingresos y calidad del empleo (estabilidad, prestaciones sociales, condiciones de seguridad e higiene, entre otras)”. (Banco de la República, 2012, p.7).
La Marginalista relaciona características sociales, culturales y concentraciones en determinados territorios marginales y de pauperización donde el crecimiento poblacional y migraciones hacen que generen condiciones propias por parte de las personas que desarrollan la actividad informal.
Los institucionalistas vinculan la informalidad con aspectos jurídicos y legales, es una categorización referenciando la formalidad, entendida como lo legalmente constituido y que opera con los requisitos de dicha formalidad (protección social, ingreso adecuado, pago de impuestos, condiciones laborales adecuadas; garantizando el bienestar del trabajador). Ahora bien si no se desarrolla el emprendimiento es debido al sistema de regulación excesivo por parte del Estado. Este enfoque enfrenta la pobreza y la necesidad de subsistencia fundamento de los estructuralistas. Es por esto que cada vez toma más fuerza la idea de articular
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Por otro lado el enfoque funcionalista asocia la informalidad a quienes optan de forma libre y voluntaria a desarrollar un trabajo que no esté sujeto a reglamentaciones, legalización y normativas gubernamentales, los individuos toman la decisión haciendo un análisis costo/beneficio, dejando entrever bajo esta concepción la existencia por parte de quienes optan por la opción voluntaria de informalidad, de un espíritu empresarial o emprendedor.
El presente trabajo parte del problema de empleo que y que tiene un carácter estructural, lo que excluye a gran parte de la población del acceso a este lo que conduce a concentrar como refugio para enfrentar el desempleo a la población más pobre el emprendimiento por necesidad, respuestas de generación de ingresos así sea de subsistencia, pues dadas las débiles condiciones como baja productividad, perpetua la situación de pobreza.“Lo que se quiere resaltar es que se presenta una tendencia de actividades económicas en pequeña escala, con tecnologías poco intensivas en capital y con un componente de economía
doméstica (economía familiar) marcado.” (Giraldo, 2013, p. 78).
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el 70 % de la fuerza laboral del mundo en desarrollo es informal y según datos del BID, en América Latina la informalidad, comprende entre la mitad y las tres cuartas partes del empleo, en él opera indeterminadas actividades económicas y su aporte al PIB es aproximadamente el 40 %.
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Figura 3. Tasa de desempleo vs. Informalidad
Fuente: CEPAL, 2012.
El gráfico anterior muestra la relación desempleo – informalidad en América Latina, donde Colombia aparece como el segundo país de la región con mayor desempleo, mientras que la tasa de informalidad se encuentra en la media latinoamericana.
Es evidente que la mayoría de países de la región presentan altas tasas de informalidad y el desempleo está en un dígito excepto Colombia, República Dominicana y Bélice.
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Figura 4. Tasa de crecimiento vs empleo asalariado y cuenta propia en América Latina
La figura 4 muestra que no se generó suficiente empleo formal, para evitar que el trabajo por cuenta propia también continuara en ascenso.
En el caso colombiano para el 2009 la tasa de informalidad alcanzó un 51.3% (USAID, 2012, p.53). El DANE define como empleos informales, aquellos quienes trabajan como ayudantes familiares no remunerados, trabajadores del servicio doméstico y trabajadores por cuenta propia (diferentes de profesionales). “Por ello se acostumbra a caracterizar a los trabajadores informales como individuos marginados y desprotegidos que se emplean en este segmento del mercado,
como única estrategia de supervivencia”. (Cárdenas, 2009, p. 387). Vale la pena
anotar, que en ésta categoría están los asalariados y patrones vinculados a microempresas (empresas de hasta diez empleados).
En Colombia y otros países, la situación de desempleo e informalidad tienen mayor impacto en las mujeres y los jóvenes, aunque en muchos casos las mujeres tengan mayor estudio que los hombres, disminuyendo las oportunidades y el
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despliegue de sus libertades. “Desafortunadamente en América Latina y Colombia no es la excepción, las oportunidades de empleo para la población en situación de
pobreza son muy restringidas en particular para las mujeres y los jóvenes”.
(Corredor, 2010, p. 95).
Así mismo, un análisis realizado por Hugo López en el 2009 sobre empleo moderno e informal urbano en Colombia indica que la tasa de desempleo para personas entre 15 y 24 años está en un rango entre 25 y 30% y la informalidad está en niveles menores al 10%. En los rangos de 29 hasta 65 años, el desempleo se ubica en niveles de 10 y 15%, con tasas de informalidad en aumento pasando de 10 a 70%, en la medida en que la edad aumenta. Esto indica que en los jóvenes el desempleo es significativo con tasas bajas de informalidad, pero a medida que aumenta la edad, la tasa de desempleo disminuye pero aumenta significativamente la de informalidad. (López, 2011, citado en USAID, 2012, p.56). De esta manera la informalidad adquiere relevancia en la problemática social, no sólo por ser el refugio de quienes se ven abocados a ejercerla más que por vocación por necesidad. Se presenta así, una nueva forma de informalidad de carácter urbano (diferente a la de mediados del siglo pasado, ejercida por población migrante a la ciudad del sector rural), convirtiéndose en una de las formas de subsistencia más comunes, para una gran parte de la sociedad, se
trata de “unidades pequeñas que deben vender directamente su producción al
público (es decir no están articuladas a empresas mayores).
Es el caso del taller de artesanos que venden su producción en una pequeña caseta, o la señora de que vende en la calle la comida que elabora, o la costurera del barrio, o el mecánico de autos. La mayoría se trata de autoempleos a través de emprendimientos familiares urbanos, que es la salida más frecuente al empleo”
(Merlinsky, 1995, citado por Giraldo, 2013, p.75).
Vale la pena anotar que análisis recientes, relacionan la informalidad, no solo con condiciones de trabajo precario o pobreza sino social, legal e institucional, desde
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la perspectiva de vulnerabilidad de Derechos Humanos: Derecho al trabajo que a su vez le permite mejorar sus condiciones de calidad de vida y fortalecer sus habilidades, conocimientos y participación en procesos públicos, tema que se tratará más adelante.
2.4. EL TRASEGAR DE LA INFORMALIDAD EN COLOMBIA, A PARTIR DE