• No se han encontrado resultados

DESHACERTE DE VIEJOS HÁBITOS Y ADOPTAR UNA NUEVA MANERA

In document ELUNIVERSOTECUBRELASESPALDAS122 (página 91-99)

La unicidad te hace libre

DESHACERTE DE VIEJOS HÁBITOS Y ADOPTAR UNA NUEVA MANERA

DE SER.

Las lecciones de los primeros capítulos te han preparado para estos pasos. Has empezado a dejar espacio para percibir tu vida con más amor y ahondar tu conexión con el Universo. Liberarte del juicio te acercará todavía más a esa conexión.

Tómate un momento para acceder al lugar interno que te condujo a elegir este libro. Fuiste guiado aquí por tu deseo consciente o inconsciente de sentirte libre, de ser feliz y de reconectar con tu verdadera naturaleza. Deja que ese fogoso deseo sustente este proceso para poder comprometerte plenamente con los pasos que tienes por delante. Sigue este proceso y despeja, la negatividad y la tensión que están bloqueando el flujo positivo en tu vida.

Primer paso: Sé testigo de tu juicio sin juzgarte

A estas alturas del libro ya eres consciente de que tu forma de sentirte puede atraer amor a tu vida u obstaculizar su llegada. Cuando empecé a ser testigo de cómo me hacía sentir mi naturaleza crítica y enjuiciadora, pude identificar fácilmente por qué mi vida no estaba fluyendo. El juicio me hizo sentirme débil, triste y desconectada. Incluso me produjo dolor físico. En cuanto pude tomar distancia del juicio y observar cómo me hacía sentir, pude entender hasta qué punto me impedía conectar con el Universo.

Un día, una amiga me comentó que estaba inquieta porque ya no podía sentir su conexión con el Universo ni escuchar su intuición. En respuesta a su preocupación, le pedí que puntuara su nivel diario de juicios, es decir, cuánto juzgaba a los demás, en una escala de cero a diez, en la que diez era el máximo. Pensó honestamente por un momento y dijo:

—¿Sabes, Gab? Nunca me había dado cuenta de esto antes, pero mi nivel de juicio está en nueve. Realmente es horrible sentirme desconectada de los demás y de mí misma.

Su honestidad la ayudó a ver que eran sus juicios los que la estancaban. Darse cuenta de los juicios fue el primer paso hacia el cambio de hábitos.

En la mayoría de los casos, ni siquiera nos damos cuenta de que juzgamos. La manera de dejar de juzgar es ser testigo de nuestros juicios sin juzgarnos por ellos. Cuando tomes conciencia honestamente de tus juicios, tal vez tengas la tentación de criticarte por ellos, o de sentirte avergonzado por tus pensamientos o tu conducta. En lugar de eso, tómate un momento para honrarte a ti mismo por estar dispuesto a mirar con amor las elecciones que hayas podido hacer.

Ahora vamos a tomar nota de en qué medida tiendes juzgar a los demás. Tómate un momento para puntuar tu nivel diario de juicios de cero a diez, siendo diez el máximo. Sé honesto contigo mismo con respecto a esta tendencia a juzgar. La mejor manera de medir el nivel de tus juicios es comprobar cómo hacen que te sientas.

Cuanto más incómodo te sientas cuando haces un juicio, más alta será la puntuación. Ahora puntúate de cero a diez.

A continuación, anota cómo hace que te sientas.

Revisa tus notas. ¿Puedes ver que tus juicios te impiden tomar decisiones amorosas? ¿Puedes ver que te mantienen en un lugar de negatividad y te hacen creer (¡locura!) que estás separado de los demás? Mirar más de cerca cómo te deprimen los juicios fortalecerá tu deseo de salir de ellos.

En cambio, el amor acepta. Cuando te notes atrapado en un juicio o en un ataque, recuerda que estás eligiendo verlo desde una sensación de separación y temor. Una vez que aceptas que has realizado esa elección, lo único importante es volver a elegir. Pregúntate: “¿Estoy mirando con los ojos del amor o con los ojos del juicio?”.

Acepta que has elegido al maestro del miedo en lugar del maestro del amor. Estate atento a no juzgar tu miedo con más miedo. No te molestes contigo mismo por hacer esa elección. Más bien, celebra el hecho de que has podido reconocer tu elección equivocada y ahora estás en el camino hacia la libertad.

Segundo paso: Perdona el pensamiento

No te culpes por el juicio realizado. El Curso dice: “Cada comunicación es una extensión de amor o bien una petición de amor”. Cuando atacas y juzgas, en realidad solo estás pidiendo amor. Tu verdadera intención detrás del ataque es buscar amor porque, en el fondo, tu única intención es protegerte de no sentirte amado. Esta es también la intención de la persona que crees que te ha atacado. Simplemente, ambos estáis buscando amor. En el fondo, el ataque es una petición de ayuda. El Curso dice: “El Amor siempre responde, pues es incapaz de negar una petición de ayuda, o de no oír los gritos de dolor que se elevan hasta él desde todos los rincones de este extraño mundo que construiste, pero que realmente no deseas”.

Quiero reiterar este punto: el ataque, el dolor, el temor, el juicio y cualquier forma de separación son meras peticiones de ayuda. Cuando sientes dolor físico, sabes que tu dolor pide alivio. Lo mismo es válido para el juicio: es una forma de dolor emocional que deseas aliviar. Te des cuenta de ello o no, no quieres seguir estando enfermo, triste y temeroso. Quieres ser libre. Observa tus juicios sin juicio, acepta que has elegido el temor y estate abierto a recibir la ayuda que estás pidiendo.

Esto nos lleva al perdón. En cualquier momento en que te observes a ti mismo juzgando, puedes liberarte simplemente perdonando ese pensamiento. Perdónate por tener el pensamiento, e incluso perdona el pensamiento mismo.

Reconoce que ese pensamiento no ha venido de tu yo superior. Honra tu yo crítico y juzgador, y recuerda que simplemente estás buscando amor. Seguidamente, en cuanto puedas, elige perdonar el pensamiento. No necesitas aferrarte a él. No necesitas reproducirlo. Puedes perdonarlo en un instante. Este simple deseo te lleva

directamente al Instante Santo.

Da la bienvenida al Instante Santo con una oración:

Reconozco que he elegido equivocadamente, perdono este pensamiento y vuelvo a elegir de nuevo. Elijo amor.

La presencia del miedo muestra tu resistencia al amor. El camino de vuelta al amor pasa por rendirse al Instante Santo. En cuanto eliges el amor sobre el miedo, te elevas por encima de la ilusión de separación y te realineas con la unidad. El simple hecho de recitar esta oración puede ofrecerte un alivio inmediato.

Tercer paso: Ve por primera vez

Nos juzgamos a nosotros mismos y juzgamos a los demás a través de la lente de nuestro pasado, proyectando antiguas experiencias sobre nuestras circunstancias actuales. Esto no es distinto de juzgar el mundo a través de la lente del miedo. Por ejemplo, si en tu juventud tuviste un problema de autoridad con tu madre, es posible que después proyectes ese mismo problema sobre tu jefa y te quejes de su autoridad.

Empezamos a sanar nuestro juicio con respecto a otros cuando aceptamos que las personas son nuestros maestros en el aula de la vida. Establecer este compromiso nos permite mirar las situaciones de otra manera. Observa cómo arrastramos el pasado al momento presente y, a continuación, vuelve a elegir. Podemos elegir mirar a la persona, o situación, como si la estuviéramos viendo por primera vez. Imagina lo libre que te sentirías si no llevaras el pasado contigo a tus relaciones, o a cada encuentro.

Practica diciendo esta oración antes de cada encuentro que active las sombras de tu pasado:

Quiero ver a esta persona por primera vez.

Cuando practicas este ver a la persona por primera vez, la liberas de las falsas proyecciones que has puesto sobre ella y de las creencias que te separan. En lugar de ver a los demás a través de la lente del pasado, contémplalos como personas que están pidiendo amor. Recuerda que ambos estáis atrapados en el mismo ciclo de temor y que ambos estáis buscando desesperadamente una vía de salida. Esa vía pasa por el amor.

Cuando los maestros espirituales dicen que la humanidad es “una”, la unicidad a la que se refieren es nuestro deseo de ser felices y libres. Todos compartimos el mismo deseo y el mismo miedo. Si una cantidad suficiente de nosotros empezamos a elegir el amor, la unicidad se restablecerá. Este proceso empieza en ti. Tienes un papel clave en la sanación del mundo. Cuanta más unidad generes en tu vida, más luz proyectarás sobre los que te rodean. Creo que esta es nuestra principal misión en la tierra. Elegir el amor, restaurar la unicidad y hacer que brille nuestra luz. Esto nos lleva al último paso: una meditación de la unicidad.

Cuarto paso: Meditación de la unicidad

Para concluir el proceso de limpiar los juicios, practica esta hermosa meditación kundalini, que está diseñada para recordarnos que todos tenemos una esencia compartida que está más allá de la visión física. Practica esta meditación y reconecta con la esencia para experimentar la unicidad en este momento.

Postura/Mudra: siéntate cómodamente con las piernas cruzadas en el suelo, manteniendo la columna erguida. Pon el puño derecho a un lado, con el dedo índice apuntando hacia arriba, y sitúa la mano izquierda sobre el centro corazón. También puedes practicar esta meditación sentado espalda con espalda con un compañero.

Enfoque: Dirige los ojos hacia el entrecejo.

Mantra: Te recomiendo que reproduzcas la canción “I Am Thine”, de Jai-Jagdeesh. Puedes acceder a ella en GabbyBernstein.com/Universe. El mantra es: Humee Hum,

Tumee Tum, Wahe Guru; Soy Tuyo, en Mí, Yo mismo, Wahe Guru.

Esta meditación celebra la conexión que tenemos con los demás a través de nuestra conexión compartida con el Universo: Humee Hum nos sintoniza con nuestra propia conciencia, Tumee Tum acepta que somos uno con la conciencia de la otra persona, y

Wahe Guru significa que ambos estamos conectados con el Universo. Después

cantamos: “I am thine, in mine” para proyectar nuestra conciencia de nuestro yo personal al yo (ser) infinito. Entonces el mundo confirma que somos uno con el Universo. Finalmente, celebramos esta conexión universal con Wahe Guru.

Canta con la música durante 11 minutos (o menos).

Si eres nuevo en el canto de mantras, pruébalo. Yo me enamoré del kundalini yoga y de la meditación por los mantras. Me pierdo en el mantra y recuerdo mi interconexión con el Universo. He elegido esta meditación kundalini concreta para completar el proceso de deshacer los juicios, de modo que puedas tener una experiencia íntima de la sensación que produce desmontar las barreras de la

separación y realinearse con la unicidad en tus relaciones.

Practica estos cuatro pasos, y quédate por ahí cerca esperando los milagros. La libertad está a tu disposición instantáneamente y seguirá desplegándose a medida que mantengas el compromiso de soltar los juicios. Recuerda que juzgar es un hábito indeseable. Cuanto más practiques estos principios, más se debilitará el hábito, y más libertad experimentarás.

Recientemente he tenido una experiencia maravillosa en la que he podido poner estos cuatro pasos en práctica. Estaba en un retiro espiritual de 11 días en San Diego. Cuando acabó el curso, me sentía genial y superconectada con el Universo. Pero entonces llegué al aeropuerto para volver a casa y vi que mi vuelo tenía tres horas de retraso. Esto ni siquiera me perturbó, porque aún estaba en la zona de altas vibraciones debido a todas las meditaciones y las lecciones espirituales que había practicado durante la semana. Me senté a leer y relajarme mientras esperaba tranquilamente que pasara el tiempo. Una hora después se anunció que el vuelo llevaba 12 horas de retraso. Ahora mi vuelo de mediodía saldría a las doce de la noche, lo que significaba que llegaría a Nueva York de madrugada y casi sin dormir. Aunque detestaba estos vuelos nocturnos, y los aeropuertos en general, mantuve la calma y me rendí a este cambio de planes. Tenía que pasar ocho horas más en el aeropuerto, y procuré relajarme y adelantar algún trabajo.

Una hora después, me acerqué al mostrador para preguntar por mi vuelo. La empleada respondió con una actitud negativa y se deshizo de mí como si le estuviera haciendo perder el tiempo. Esto me envió inmediatamente a la separación del ego, en modalidad diva. Salté al juicio y empecé a pensar cosas del tipo: “¿Cómo te atreves a tratarme así?”. Se instauraron en mí la separación, el juicio y el ataque. Para evitar montar una escena, me alejé y me fui a cenar.

Una hora después volví a la puerta para obtener más información sobre el vuelo. A estas alturas llevaba en el aeropuerto más de siete horas y me quedaban algunas más por delante. Me estaba esforzando al máximo por mantener mi actitud Zen, de modo que caminé pacíficamente hasta el mostrador para pedir información a la empleada. En el mostrador había dos asistentes nuevos, pero al acercarme, volvió a aparecer la empleada ruda que me había atendido antes. Me miró con actitud de disgusto y dijo:

—¿Qué quieres ahora?

Esto me puso de los nervios. La miré y le dije:

—Ya sabes que llevo aquí más de siete horas y mi vuelo tiene doce horas de retraso. Sabes que estoy agotada y desesperada por volver a casa. Lo menos que podrías hacer es ser educada.

Ella continuó afirmando su autoridad y me dijo que había estado planteándole demasiadas preguntas y que tenía que tranquilizarme. En ese momento me puse seria y respondí:

más amable teniendo en cuenta el retraso de doce horas!

No le interesó mi respuesta ni mi tono desagradable, y en ese momento estallé. Elevar la voz y devolver el ataque no hizo que me sintiera bien. En cuanto me alejé del mostrador, me eché a llorar. Me sentía derrotada, agotada y triste. Me senté un momento y conecté con mi cuerpo. Me pregunté por qué estaba tan triste. ¿Era porque las cosas no estaban saliendo como a mí me gustaría? ¿Era por la falta de respeto? No. Me sentía así porque había sucumbido a la sensación de separación del ego. Había dejado que el juicio me guiara. Ese momento de reconocimiento y estar dispuesta a ver mi parte en la situación fue el primer paso para limpiar las secuelas de mi brote de juicio.

El segundo paso fue reconocer cómo me hacía sentir el juicio: decepcionada, físicamente enferma y entristecida.

Estaba preparada para pasar al tercer paso de soltar las sombras del pasado. En ese momento, decidí ver a la asistente de las aerolíneas como si me encontrara con ella por primera vez. Elegí verla sin separación. En lugar de percibirla separada, elegí verla como si fuera una conmigo. Una vez más, escuché las palabras de Yogi Bhajan resonando en mis oídos: “Reconoce que la otra persona eres tú… reconoce que la otra persona eres tú”.

Para recibir más guía, pedí apoyo al Espíritu Santo. Recité mi oración: Reconozco

que he elegido equivocadamente, perdono este pensamiento y vuelvo a elegir. Elijo amor.

Me sentí mejor inmediatamente (creo que por eso le llaman el “Instante Santo”). Me senté en meditación, escuché mi mantra y dejé que volviera a establecerse la presencia del amor. Me atravesó una luminosa sensación de paz. Ya no tenía resentimientos y me sentía profundamente conectada. Escuché la voz de mi sabiduría interna decirme: “Ella eres tú. Su dolor es el tuyo. Su sufrimiento es el tuyo. Y ambas queréis lo mismo: retornar a la paz”.

Al salir de la meditación, el juicio había desaparecido. Pude verla a ella como yo, y me sentí libre. En ese momento, me puse a leer tranquilamente mi libro y me relajé. Poco después, al pasar por delante del mostrador donde ella estaba sentada, sentí que una presencia detrás de mis hombros me ralentizaba. Sin pensarlo más ni planificarlo, me planté delante del mostrador, la miré a los ojos y le dije:

—Te pido disculpas por haberte hablado así. Ha sido inapropiado, y espero que me puedas perdonar.

Ella sonrió con alegría y respondió:

—Siento que estés teniendo un día tan duro, y por favor infórmame de cómo puedo mejorarlo.

Ese fue un momento milagroso. Aquella noche salí del aeropuerto agotada, hambrienta y un poco más cerca de Dios.

Esta práctica de soltar los juicios disuelve todas las barreras con amor. Nos devuelve a la verdad: que todos estamos en esto juntos, todos sufrimos, todos nos sentimos indignos y abandonados. Invocar el Instante Santo nos permite recordar que todos somos lo mismo, y que deberíamos ser más amables unos con otros. Identificar esta similitud es lo que nos permite cambiar de enfoque de la separación al amor. Tal como compartimos el sistema de pensamientos del miedo, también compartimos la mentalidad amorosa. Y lo que es más importante, compartimos la misma capacidad de elegir el amor por encima del miedo. Como dijo mi querido profesor Kenneth Wapnick: “Vemos que todos compartimos el mismo interés en despertar del sueño de la dureza y volver a la bondad que nos creó bondadosos”.

Vamos a recapitular los cuatro pasos:

• Estate dispuesto a abandonar el juicio y acepta que has elegido el miedo.

• Perdona el pensamiento de juicio con esta oración: Reconozco que he elegido el

miedo, y elijo de nuevo. Elijo el amor.

• Suelta las sombras del pasado viendo a alguien por primera vez con los ojos del amor.

• Practica la meditación kundalini y reconoce que la otra persona eres tú.

Este proceso de cuatro pasos puede liberarte momento a momento. Cada vez que soltamos el juicio y volvemos al amor, experimentamos un milagro. Cuando sumamos estos momentos milagrosos, nos alineamos más profundamente con nuestra verdadera naturaleza y con el apoyo del Universo. Cuando realizas la práctica de soltar el juicio, surgen una respuesta amorosa y una solución para ti. Como dice el

Curso: “Todos los ángeles del cielo vendrán en tu ayuda”. Deja que el amor guíe

todo lo que dices y haces.

En el capítulo 10 te llevaré a ver que tu conexión consciente con el amor puede despejar el camino hacia la paz y la armonía.

U

CAPÍTULO 10

In document ELUNIVERSOTECUBRELASESPALDAS122 (página 91-99)