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Desigualdad sólo a nivel de

Tabla 1 La matriz de desigualdades

Gráfica 4. Desigualdad sólo a nivel de

individuos o grupos 1979-2014

Fuente: elaboración propia. Cada punto en estas gráficas corresponde a una media móvil de tres periodos.

He decidido incluir todos los artículos de economía marxista dentro de la “matriz de desigualdades” debido a que el concepto de explotación es central a todo tipo de análisis que pueda derivarse de esta escuela de pensamiento.

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% Matriz de Desigualdades Infraestructura Social 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% Matriz de Desigualdades Infraestructura Social

empezó a ser verdaderamente visible a partir del año 2000. El término “análisis de variables” hace referencia al tipo de investigación que busca establecer relaciones causales entre variables abstractas que no hacen referencia a la experiencia o el contexto de un grupo social en particular. El término “infraestructura social”, por otra parte, hace referencia a temas como el de la salud, la educación, la nutrición o los servicios de alcantarillado; es decir, hace referencia a ciertas dimensiones de la “desigualdad” pero se aleja un poco de su “dimensión puramente económica”. Los artículos que fueron clasificados bajo el rótulo de “infraestructura social” tienen el propósito de estimar distintos tipos de relación causal entre estas variables abstractas; sin embargo, la característica central de estos artículos es que ignoran la pregunta ¿desigualdad entre quienes?incluida en la matriz de desigualdades.

Por ejemplo, una de estas investigaciones podría tratar de estimar la relación causal entre “la educación” (en abstracto) y el ingreso, de manera que cualquier persona podría invertir su dinero en x-cantidad de años educación y esperar ver un aumento en sus ingresos futuros en y-cantidades de dinero. También podríamos ver una investigación que estime el efecto de la contaminación sobre la salud de las personas, sin especificar nunca cuáles personas. Estas investigaciones tienen implicaciones políticas muy grandes puesto que, aunque logran evitar más o menos los asuntos de los cuales se ocupa la economía normativa, son capaces de ofrecer lineamientos de política pública muy específicos: cuánto debe invertirse en educación para aumentar el ingreso promedio de una población, cuándo debe invertirse en alcantarillado para mejorar las condiciones promedio de salud en una población, etc.

El surgimiento del interés por la “infraestructura social” empieza a gestarse a partir de los años noventa, la época en que los economistas colombianos del gobierno de Cesar Gaviria orquestaron su “ascenso al poder”y empezaron a impulsar una fuerte discusión sobre cómo debería ser la enseñanza de la disciplina en el país (ver capítulo tres). Fue una época de transformaciones institucionales, económicas y curriculares en las que el llamado “Kínder de Gaviria” terminó impulsando un nuevo modelo económico. Este modelo prometía lo siguiente: primero desgravar el comercio internacional (es decir, permitir el libre flujo de mercancías entre países), segundo, modificar el papel del estado para que no compitiera con el sector privado y, tercero, permitir en términos generales que el “mercado” se ocupara completamente de la asignación de recursos.

Los años noventa y la “desigualdad” en disputa

Durante esta época, algunos economistas creían que la “desigualdad” había dejado de ser un problema generalizado. Esto se debe, en parte, al trabajo de economistas como Juan Luis Londoño quien llegó a afirmar que “el grado de desigualdad que hoy registra Colombia ha dejado de ser sobresaliente en términos internacionales” (Londoño 1992, p. 62). El trabajo empírico de Londoño corroboraba de manera convincente esta visión, como muestra la gráfica cinco, pero en últimas resultó algo prematuro, como muestra la gráfica seis. Londoño utilizó la noción de “curva de Kuznets” para argumentar que la desigualdad en Colombia había dejado de ser un problema estructural y que, por esa razón, era necesario replantear el rol de los economistas en la lucha contra la pobreza y contra lo poco que quedaba de desigualdad en el país (ver capítulo dos).

En retrospectiva, algunos economistas como Jorge Iván González critican mucho a Londoño por su “exagerado optimismo” frente a los prospectos de la desigualdad en el país y también por el impacto negativo que tuvo sobre aquello que estaba tan interesado en solucionar.

[Londoño] interpretó la tendencia positiva de la distribución con un optimismo desbordado y afirmó, [en 1997], que “la desigualdad distributiva y la pobreza absoluta están comenzando a dejar de ser los problemas sociales dominantes en Colombia”. Calificó de “espectacular” la reducción de la brecha distributiva en el país durante los últimos 25 años… En medio de esta euforia, terminó legitimando la apertura, la liberación cambiaria y las propuestas del Consenso de Washington. Y, sobre todo, transmitió la falsa impresión de que el problema distributivo ya no es neurálgico en la sociedad colombiana. Desde el punto de vista político esta conclusión tiene enormes repercusiones porque minimiza la importancia de la agenda distributiva (González 2003, p. 230, énfasis puesto por mí).

El papel de Londoño en las “reformas neoliberales” de los años noventa, al igual que el de muchos otros economistas, demuestra que se trató de un episodio histórico complejo y contradictorio. Muchos de sus promotores realmente pensaban que estaban ayudando a terminar de solucionar el “problema de la desigualdad” en el país, aunque en retrospectiva pueda sonar extraño dado el comportamiento del índice de Gini durante esos años (ver gráfica seis). Así que Londoño, que fue Ministro de Salud en el gobierno de Gaviria, acuñó el término “infraestructura social” para referirse al nuevo rol que debía asumir el estado colombiano frente a este nuevopanorama en materia de “desigualdad”. En resumen, el estado colombiano debía movilizarse en dos direcciones:

Primero, fortalecer el crecimiento económico. En la historia económica colombiana los periodos de mayor crecimiento han estado asociados con mejor distribución del ingreso, y no con peor como creerían tantos economistas… Y segundo, en fortalecer las acciones del Estado en aquellas áreas que impulsan explícitamente la complementariedad entre el crecimiento y la equidad: la infraestructura social. Las políticas liberales en cuanto al desarrollo, y relativamente ortodoxas en lo macro, son naturalmente compatibles con las políticas socialmente progresivas. Mejorar las oportunidades que puede brindar el entorno económico al tiempo que se fortalecen las capacidades de los colombianos para beneficiarse de ellas parece ser la tarea del momento (Londoño 1992, p. 64).