4. El cuento de los humedales en Bogotá
4.2 El despertar de la comunidad
Desde comienzos de los años noventa, incluso desde antes que las autoridades despertaran, empezó a consolidarse un movimiento comunitario alrededor de la defensa del humedal La Conejera. Los vecinos del barrio Compartir, desde el principio unidos porque compartían
7El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Bogotá fue sancionado por el Decreto 619 del 2000 por el Alcalde
Enrique Peñalosa. Este documento es ―la carta fundamental de navegación con que cuenta Bogotá para reordenar su territorio, sus actividades, el uso que los ciudadanos le dan al suelo y su tratamiento‖. En el año 2004, el texto fue revisado y modificado, contenido que se recoge en el Decreto 190 del 22 de junio de ese año.
43 problemas comunes como los frecuentes cortes de energía y agua, la ausencia de servicio
telefónico y de transporte público, comenzaron a percibir cómo el paisaje que los rodeaba ―ese
pantano lleno de juncales, espejos de agua, curíes, comadrejas, ardillas y de las más espectaculares aves que con sus cantos amenizaban el silencio‖ (Galindo, 2009, pág. 219)
empezó a ser transformado por los urbanizadores que rellenaban y descargaban las basuras y los escombros de las construcciones, más de quinientas volquetadas al día, que habían reducido el espejo de agua de 150 a 35 hectáreas en pocos años.
Germán Galindo8, el líder del movimiento, cuenta cómo la preocupación por la gravedad de lo que estaba ocurriendo y la rapidez con la que el patrimonio natural se estaba extinguiendo, motivó a los vecinos a asumir el deber de hacer algo por la biodiversidad amenazada. Al principio abordaban a los conductores de volquetas y buldóceres para impedir que siguieran rellenando y para advertirles sobre la ilegalidad de lo que estaban haciendo, pero alrededor de este tema había muchos intereses económicos; ya no eran sólo los rellenos sino el uso de las rondas para el pastoreo, la porcicultura, los cultivos y las basuras arrojadas constantemente. Así las cosas, detener la destrucción no iba a ser una tarea fácil, por eso el 10 de octubre de 1993 se conformó el Comité Ecológico del Barrio Compartir con el claro objetivo de defender, recuperar y conservar esta reserva natural de la ciudad.
El comité inició un trabajo intensivo en varios frentes: vigilancia, educación ambiental, relaciones con las instituciones y manejo jurídico. El primer paso fue identificar a los urbanizadores responsables y, una vez se logró, empezó un proceso de concertación y diálogo, que no fue fácil, pero que con el respaldo de los vecinos y de algunas otras personas convencidas por la lucha, rindió frutos, y a finales de 1993, los rellenos en el barrio Compartir se detuvieron. El comité decidió constituir entonces una organización que se dedicara de tiempo completo a esta causa. Así nació la Fundación Humedal La Conejera y con recursos propios formuló y empezó a
8
Germán Galindo es la persona más emblemática de las luchas comunitarias por los humedales. Con su tenacidad y compromiso de este zootecnista sacó adelante el modelo más exitoso de recuperación de un humedal en Bogotá. Fue tal su pasión por hacer realidad su sueño ambiental que renunció a su trabajo y se dedicó ciento por ciento a la defensa de La Conejera. Con el tiempo se vinculó a la institucionalidad, primero en la localidad de Suba, después en el DAMA, y en el 2005 asumió como Gerente Ambiental de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, cargo desempeñado durante tres años, y al que le atribuyen la voluntad para iniciar el rescate de los ecosistemas. Como Fundación La Conejera, en 1998 ganó el XIV Concurso Nacional de Ecología Enrique Pérez Arbeláez del Fondo FEN y en 1999 recibió el premio Planeta Azul del Banco de Occidente.
44
ejecutar el proyecto ―Defensa, recuperación y conservación del humedal La Conejera como reserva natural‖. Un año y medio más tarde consiguió el apoyo de la Corporación Ecofondo y de
entidades del Estado.
Paralelo a estas acciones, se iniciaron los primeros estudios para conocer el estado real del humedal, para esto se vinculó a un grupo de estudiantes de biología de la Universidad Javeriana, entre ellos Byron Calvachi, un joven que también por esos años había descubierto estos paraísos urbanos y había hecho de ellos su objeto de estudio y su pasión. En ese momento era de las pocas personas que tenía conocimientos sobre los humedales como ecosistemas y, aunque vivía lejos, en Mandalay, todos los fines de semana iba a La Conejera a dar charlas y a sensibilizar a la comunidad.
Poco a poco la lucha comunitaria de La Conejera llamó la atención de las autoridades, de los medios de comunicación y de líderes ambientales espontáneos de diferentes sectores de la ciudad, que comenzaron a contactar a Germán Galindo. Aparecieron defensores del Humedal Tibabuyes o Juan Amarillo, del Humedal de Córdoba, de los humedales de Kennedy, de Santa María del Lago, de Guaymaral y Torca, todos compartiendo sus experiencias y solicitando apoyo para las
luchas de sus barrios. ―Era una cosa muy chévere porque diferentes personas se fueron
convirtiendo en líderes ambientales espontáneos con diferentes propuestas en un momento en el se estaban gestando las primeras acciones y las mismas instituciones públicas estaban empezando
a formarse‖, recuerda Byron Calvachi.
De esta manera, en 1998, impulsada por la fundación, se creó la Red de Humedales de La Sabana para organizar a la ciudadanía en la defensa, recuperación y conservación de los ecosistemas, ―un
espacio para el intercambio de experiencias, la discusión, la formación y la cualificación de usos
sostenible de los humedales‖ (Galindo, 2009, pág. 224). Fueron estas organizaciones y sus
representantes, —Adessa, de Jaboque; el Comité Ecológico de Niza; Asinus, del Burro; Fundación Torca-Guaymaral, Fundación Humedal La Conejera, por nombrar algunas—, las que participaron activamente en la formulación de la Política Distrital de Humedales.