El origen y el devenir del mercado
1.2.12 Un destacado patrono del siglo
El Papa Urbano VIII. De nombre Maffeo Barberini, nació en Venecia en 1568, tuvo una só- lida formación humanista, aunque se licenció en derecho, siempre destacó su aprecio y pasión por la poesía. Estuvo bajo la tutela de su tío Francesco Barberini quien ocupaba el cargo de Protonotario Apostólico. Barberini ya destacaba a los 24 años de edad, cuando gobernaba Fano, escribía poesía y cultivaba una fuerte afición a las artes plásticas. En 1595 ya había sido retratado por un pintor que empezaba a llamar la atención Miche- langelo da Caravaggio. Este vínculo continuó con los años, uno de sus encargos fue El
Sacrificio de Abraham.
Barberini acompañó al papa Clemente VIII a tomar posesión de la ciudad de Ferrara la cual conquistaron y procedieron a saquear los tesoros acumulados durante siglos por la familia d’Este. El Cardenal Aldobrandini, sobrino del papa, se llevó a Roma las obras
Ofrenda a Venus, La Bacanal y Baco y Adriana de Tiziano.14 Las piezas causaron poco im-
pacto en ese momento, hasta que Maffeo Barberini se convirtió en papa y contribuyó a sentar las bases de un estilo artístico innovador. A la muerte de su tío en 1600 heredó una fortuna estimada entre 100,000 y 400,000 scudi, con lo que empezó a construirse una lujosa capilla familiar. Su arquitecto Matteo Castelli recurrió al uso de los mármo- les lujosamente coloreados y pulidos, lo que ayudó a adoptar un nuevo estilo. El cuadro para el altar y la cúpula los encargó a un compatriota suyo Domenico Passignani, re- cuérdese que el papa en turno recurría a los artistas de su estado respectivo.
Con apoyo de los franceses fue nombrado cardenal en 1606. En su estancia en Paris combatió, con amplio conocimiento, la intención del papa Pablo V de modificar los planos de Miguel Ángel para la Basílica de San Pedro; los cuales implicaban añadir una
nave siguiendo la propuesta del arquitecto Carlo Maderno, quien había ganado el con- curso para culminar el recinto.15
Siendo cardenal vivía con lujos y rodeado de escritores, poetas, estudiosos y científi- cos; sostuvo una erudita correspondencia con el astrónomo, botánico y mecenas de las ciencias y las artes el francés Nicolas-Claude Fabri de Peiresc.16 Decoró su palacio con
trabajos de destacados artistas de siglos pasados como Rafael, Correggio, Andrea del Sarto, Giulio Romano, Parmigianino, entre otros.17 Encargó obras a pintores contempo-
ráneos como Guido Reni y Pomarancio al que compró un Jacob y el Ángel.18
Para la decoración de su capilla familiar en Sant’Andrea della Valle contrató a escul- tores florentinos, uno de ellos fue Pietro Bernini, fue cuando quedó asombrado por el talento del hijo de éste, Gian Lorenzo. Barberini fue de los primeros en encargar obras a Lorenzo Bernini, un San Sebastián que fue proyectado para su capilla se conservó en su palacio.19
La producción de Bernini fue acaparada por las familias más poderosas de Roma y sobre todo por el papa Pablo V. Esto obligó a Barberini a esperar hasta que fue elegido papa en 1623 y adoptó el nombre de Urbano VIII. A su llegada al trono papal encontró los estados pontificios con grandes riquezas, por lo que continuó con el embellecimiento de Roma que no sólo era el centro de Italia, sino de toda Europa.
Sus frecuentes conflictos bélicos contra ducados y principados de la península, así como su tibia postura durante el conflicto entre la monarquía francesa y aliados alemanes contra los Habsburgo, conformados por españoles y austriacos, lo llevaron a fortificar su ciudad. Estos hechos quedaron plasmados en diversas obras de arte como los frescos del techo del Palacio Barberini realizados por Pietro da Cortona y en múltiples tapices donde aparece Urbano VIII defendiendo Roma.20
15 Véase Pastor, XII; s.f.: 691 – 692
16 Véase Biblioteca Vaticana (mss Barb. Lat. 6502). Cartas de Peiresc a Maffeo Barberini; 1618 – 1623. 17 Véase Orbaan; 1920: 237
18 Véase Pollak; 1913: 41 19 Véase Wittkower; 1955: 176 20 Véase Pastor, XIII, p. 865
Con la firme intención de forjarse una imagen de triunfo y grandeza, al mismo tiem- po que de persuasión entre sus súbditos, recurrió a Lorenzo Bernini para que realizara obras monumentales. Para la Basílica de San Pedro le encargó el ya famoso balda- quino que vendría a sustituir uno provisio-
nal sobre la supuesta tumba de San Pedro. Como era de esperarse, la estructura causó un enorme impacto sobre la gente, pues la solución plástica no distraía la visión gene- ral de la catedral. Como todo patrono de este período tuvo injerencia en el esquema ico- nográfico y se aseguró de que se le vinculara con dicho proyecto.
Urbano VIII continuó acaparando a Berni- ni, pues era tanto su celo que evitaba a toda costa que el escultor inmortalizara a ningún otro más que a él mismo. Sin embargo, tuvo que ceder ante personajes como Scipione Borghese, Carlos I de Inglaterra y el Carde- nal Richelieu. Francis Haskell (1984) afirma que con cada obra, Urbano VIII estaba cons-
ciente de que se inmortalizaban ambos. Entre sus amigos estaba al que consideraban más erudito y cultivado de los mecenas italianos Cassiano dal Pozzo.21
El Papa Urbano VIII también contrató a pintores como Agustino Ciampelli, que perte- necía al grupo de los manieristas reformados, Pietro Berretini da Cortona, Guido Reni, Domenico Zampieri conocido como Domenichino, Lanfranco, Baccio Ciarpi y Andrea Sacchi. Este importante patrono de las artes murió en 1644.