Foto 1.3.11. Detalle de estalactitas en la Cueva Baja de La Galiana
La variedad es muy grande sin existir grandes diferencias altitudinales y abarca desde el Cistus populifolius en suelos silíceos, a el Pinus sylvestris en los enclaves más frescos y norteños, presentándose incluso algún reducto de olmo (Ulmus minor) y una zona con buenos ejemplares de encina. Un poco más de un tercio de la superficie son antiguos sabinares desamortizados que se conservaron en manos de sociedades de vecinos para uso de pastos y maderas por la pedregosidad del terreno. Se mantienen los aprovechamientos forestales, ganaderos, avícolas y de recogida de la gayuba para uso medicinal. Se ha abandonado la resinación de las matas del pinar y la recogida del espliego.
Desde 1987 es Zona de Especial Protección de Aves y están contabilizadas al menos 115 especies de aves nidificantes, cuyas mayores y más importantes representaciones habitan en los cortados rocosos. Además de las aves rapaces típicas como el águila real, águila calzada, águila culebrera, búho real, alimoche y la propia población de buitre, destacamos el vencejo real, pico picapinos, tarabilla norteña, roquero solitario, reyezuelo sencillo, alcaudón dorsirrojo, rabilargo, verderón serrano y piquituerto común (Fotos: 1.3.12. y 1.3.13.).
De la casi treintena de especies de la lista de mamíferos destacamos la nutria, el gato montés, la garduña y el corzo. La presencia de la nutria está ligada a la abundancia y calidad del agua y la mayor parte de las especies necesitan del agua de las pozas y fuentes en verano para sobrevivir.
De las 15 especies de reptiles y 8 de anfibios no hay ninguna especialmente destacable, aunque si lo es la abundancia del lagarto ocelado y de la rana común (Fotos: 1.3.14. y 1.3.15.). Entre las especies de peces es muy abundante la bermejuela que freza en el Parque espectacularmente. La trucha común es pequeña en el río Lobos, y grande en el río Ucero, ésta última muy apetecida por los pescadores que valoran el río Ucero como el mejor de la provincia de Soria. El río Lobos y la cabecera del Ucero están vedados a la pesca, incluida la de la rana.
Dado que uno de los objetivos principales de su declaración fue la conservación de sus aguas, que tienen su efecto tanto en el propio Parque como
medieval, se ha trabajado en diferentes líneas al objeto de mejorar en su conocimiento y poder proponer medidas de mejora y conservación. Para ello se han realizado estudios de caracterización físico-química y calidad de las aguas, muestreando macroinvertebrados acuáticos (Universidad de León. Departamento de Ecología), que califican las aguas como muy contaminadas en la proximidad de los vertidos de los pueblos y como limpias o poco contaminadas en puntos distantes de los núcleos por una buena autodepuración o capacidad de recuperación, que mejora aguas debajo de la surgencia del río Ucero en La Galiana por aumento de caudal y dilución. El número de taxones presentes llega a los 25 en aguas limpias y baja a los 5 en los puntos contaminados.
Se supone que esta situación mejorará con la próxima ejecución del proyecto de depuración de las aguas residuales de los municipios de la cuenca vertiente al objeto de evitar lo actuales vertidos directos en las aguas corrientes y en el propio acuífero.
Para un mejor conocimiento del funcionamiento hidrogeológico, el Parque colaboró con la Universidad Politécnica y Autónoma de Madrid en la medida de los caudales de entrada y salida del acuífero, identificación de fuentes, surgencias y sumideros, medidas de infiltración, pruebas realizadas con trazadores y contando incluso con una estación meteorológica sencilla instalada en el Centro de Interpretación a través del Instituto Nacional de Meteorología. Además se instaló un sensor de medida automática de caudal, temperatura y conductividad justo en el pueblo de Ucero, con la intención de recoger datos globales de la cuenca y que por desgracia desapareció poco después en las riadas del invierno de 2004 - 2005.
El propio río Lobos, que no está regulado, se comporta con dinámica natural y ofrece desde tranquilas riadas en invierno y primavera, que en las zonas más estrechas pueden cubrir todo el lecho del cañón, hasta quedar seco en superficie salvo en las pozas de su tramo final (Fotos: 1.3.16. y 1.3.17). A estas dinámicas están adaptadas las especies y valga de ejemplo el nenúfar amarillo, que parece desaparecer arrastrado por las aguas invernales, para luego invadir cada año los tranquilos remansos en primavera y verano. En la época más desfavorable de verano se siguen manteniendo las principales pozas con agua a
lo largo del curso prácticamente seco del río Lobos. Esto es fundamental como hemos visto para el mantenimiento de las comunidades animales que dependen de ellas. La mayor parte del acuífero cretácico y de sus áreas de recarga se encuentran dentro de los límites del Parque Natural.
En un antiguo molino-piscifactoría reconstruido cerca del pueblo de Ucero, y en la entrada sur del Parque Natural, se ubica el Centro de Interpretación y Visitantes por el que pasan más de 30.000 personas al año. Hay una sala dedicada al ecosistema acuático en que se trata la circulación del agua, el acuífero, las pozas y la problemática de los cangrejos (Foto 1.3.18.).
En el propio parque se ha instalado una fuente de bomba de agua manual como recurso para el caminante y también didáctico para apoyo en la interpretación del funcionamiento del sistema de las aguas subterráneas.
Foto 1.3.12. Buitre leonado
Foto 1.3.15. Rana común sobre nenúfar en