6. SÍNTESIS NARRATIVA
6.2 LA DETENCIÓN DEL MALTRATO AL ANCIANO Y SUS DIFICULTADES
Los profesionales de Atención Primaria, debido a su relación directa con la familia cuidadora y con otros agentes de cuidado, se encuentran en una posición privilegiada para detectar situaciones de Maltrato al Anciano.
En muchas ocasiones, son las únicas personas externas a la familia con la posibilidad de ver a la persona mayor de forma regular, pudiendo establecer con las personas mayores y sus familias una relación de confianza, que les permitan obtener la información necesaria para reconocer el maltrato y negligencia potencial e intervenir antes de que éstas se produzcan (7) (16) (35).
Con la finalidad de detectar los malos tratos precozmente antes de que las consecuencias sean más graves, se han elaborado diversos instrumentos de cribado, entre ellos destacan (16):
El “Índice de Sospecha de Maltrato al Anciano” (Elder Abuse Suspicion
Index, EASI) que consiste en 6 preguntas breves y directas, que se
pueden realizar en el transcurso de una consulta de forma breve y sencilla. Aunque el EASI no puede garantizar la detección de abuso o maltrato a personas mayores, su sola aplicación es indicativa de la conciencia del profesional sobre el problema. Anexo IV
La “Escala de Detección del Maltrato por parte del Cuidador” (Caregiver
Abuse Screen, CASE), con 8 preguntas sencillas que se responden con
afirmación o negación.
El “Test de Cribado de Maltrato al Anciano de Hwalek-Sengstock”
(Hwalek Sengstock Elder Abuse Screening Test, EAST), compuesto por
15 ítems. A través de estos 15 ítems se miden tres aspectos del maltrato a mayores: La violación de los derechos personales o maltrato directo, características de vulnerabilidad y potenciales situaciones abusivas. Anexo IV
Pero aunque en la actualidad existen varios instrumentos para la detención del maltrato al anciano, ninguno de estos instrumentos se ha podido validar adecuadamente, debido a sus limitaciones (p. ej., estar desarrollados con propósitos de investigación, índices de sensibilidad y especificidad no estudiados, extensión excesiva, empleo de vocabulario inadecuado etc.)
38 Además la utilización de estos cuestionarios como cribado puede conllevar diversos riesgos, como el de culpabilizar a personas mayores y familiares, debido a la falta de sensibilidad y especificidad de estos (8) (16) (30) (34).
La existencia de tantos instrumentos indica la necesidad de un instrumento práctico, fácil, rápido de aplicar, sencillo, fiable, que pueda ser usado por cualquier tipo de profesional, redactado de manera clara y apropiada, que pueda aplicarse en diferentes ámbitos geográficos y socioculturales.
Los instrumentos nos pueden servir, por un lado, para aumentar la sensibilización y concienciación en el tema entre los profesionales que los utilicen y, por tanto, aumentar la visibilidad del problema y, por otro, para detectar la sospecha de casos de maltrato y, finalmente, para conocer la prevalencia de sospecha de maltrato. Sin embargo, las herramientas de cribado no son suficientes por sí solas para la confirmación del maltrato.
Nunca la aplicación de un instrumento de cribado nos puede llevar a confirmar un caso de maltrato.
Para su confirmación es necesario realizar una evaluación y valoración más pormenorizada que incluya no sólo a la persona mayor, sino también al posible responsable del maltrato y al contexto de la situación. Sólo así se puede llegar a confirmar, en su caso, la existencia de maltrato (16).
Diferentes asociaciones científicas aconsejan estar alerta ante la aparición de indicadores de malos tratos, tratando de identificarlos precozmente mediante la exploración y la entrevista con la persona mayor, dando prioridad a aquellas personas que presentan factores de riesgo o situaciones de mayor dependencia y vulnerabilidad (8).
Entre los principales indicadores de malos tratos al anciano se encuentran: En la anamnesis:
Retraso en la solicitud de asistencia sanitaria.
Antecedentes de fracturas, lesiones, infecciones urinarias o episodios de insuficiencia cardiaca frecuentes.
“Propensión” a tener accidentes.
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Sobredosis de psicofármacos.
Uso frecuente de los servicios de urgencias.
Acompañamiento por una persona diferente al cuidador, o falta de colaboración de éste.
Confusión, temor, ansiedad.
En la exploración física:
Deshidratación, desnutrición.
Quemaduras, contusiones, hematomas, fracturas.
Úlceras por presión.
Incontinencia de esfínteres.
Alteraciones del sueño o del habla.
Escasa higiene o ropa inadecuada. En la persona mayor posible víctima:
Parece tener miedo de un familiar o de un cuidador profesional.
No quiere responder cuando se le pregunta, o bien mira al cuidador antes de responder.
Su comportamiento cambia cuando el cuidador entra o sale de la habitación.
Manifiesta sentimientos de soledad, dice que carece de amigos, familia, dinero, de medio de transporte, etc.
Expresa frases que denotan baja autoestima: “no sirvo para nada”, “aquí estoy molestando”, etc.
Se refiere al cuidador como una persona “con genio” o que frecuentemente está “enfadada”.
Muestra continuamente excesivo respeto hacia el cuidador.
En el domicilio:
Entorno diferente para la persona mayor y el resto de las personas con las que convive. Aislamiento físico o psíquico.
Reticencia y dificultades para que intervengan los profesionales.
Aunque no se utilicen en ese momento, se aprecian utensilios de contención física (correas, cuerdas, etc.).
40 A pesar de la información disponible sobre los factores de riesgo del maltrato a personas mayores, existe en la actualidad un porcentaje muy bajo de detección de casos de maltrato, debido, fundamentalmente, a la presencia de barreras que obstaculizan la identificación tal situación (17). No resulta fácil detectar un fenómeno que en muchas ocasiones permanece oculto, escondido por los propios protagonistas del mismo.
Y sin embargo, la detección de los malos tratos a personas mayores es una necesidad y, además, una responsabilidad profesional. Las barreras pueden provenir de las mismas personas mayores que son víctimas, de los responsables de los malos tratos, de los propios profesionales o de la sociedad en general (8). Barreras por parte de la persona mayor víctima de malos tratos:
No reconocer la existencia de malos tratos, la negación es una de las barreras más comunes y frustrantes para su detección
Temor de la víctima a posibles represalias como por ejemplo que los malos tratos aumenten en intensidad, a ser institucionalizada, a que si lo cuenta no le dejen ver a sus nietos, etc.
Temor a que, al revelar la existencia de malos tratos, la persona responsable de los mismos (normalmente, un hijo o una hija) tenga problemas por ello.
Sentimientos de culpa.
Vergüenza. La víctima puede tener sentimientos abrumadores de vergüenza porque alguien se pueda enterar de lo que está ocurriéndole y afectar a la reputación del resto de la familia.
Pensar que si lo cuentan a alguien no les va a creer.
Sufrir deterioro cognitivo. La víctima puede ser incapaz de informar de la situación en la que se encuentra debido a la presencia de problemas de memoria, de comunicación, etc.
No ser consciente de estar siendo maltratado, ni de sus derechos, o desconocer los servicios disponibles para garantizar los mismos.
Depender del cuidador. Resulta difícil quejarse de la persona que atiende la mayor parte de sus necesidades diarias.
41 Barreras por parte del responsable de los malos tratos:
Negación. La persona responsable de los malos tratos, al igual que la víctima, niega su existencia.
Aislamiento. Puede intentar impedir que la víctima tenga acceso al sistema sanitario o a los servicios sociales para evitar que los profesionales detecten los malos tratos.
Temor al fracaso.
Rechazo a cualquier forma de intervención, una vez que la persona ha sido identificada como responsable de los malos tratos.
Barreras por parte de los profesionales:
Carecer de la formación adecuada para identificar correctamente los signos e indicadores de malos tratos, manejar estos casos, conocer los procedimientos adecuados a la hora de informar de un posible caso
No disponer de protocolos para la detección, evaluación e intervención ante casos de maltrato o de una buena coordinación para trabajar en equipo.
Incredulidad. Les cuesta creer que entre los pacientes que ellos tratan existan estas situaciones.
Temor a que la persona responsable del posible maltrato aumente su ira hacia la persona mayor y tome represalias contra ella, o a poner en peligro su relación, como profesional, con la persona mayor o con su familia.
Pensar que su intervención como profesional no va a mejorar el problema sino incluso agravarlo.
No querer verse involucrado en cuestiones legales.
Mantener actitudes edadistas.
Además de estas barreras hay componentes del maltrato, como la negligencia en el cuidado físico o el maltrato psicológico o emocional, muy difíciles de objetivar (7) (36). Hay que tener también en cuenta que la elocuencia de los síntomas o indicios de maltrato se presenta a veces enturbiada, de cara a su detección, por los efectos de las enfermedades crónicas que puede sufrir el anciano.
42 Así, en el maltrato físico, ordinariamente el más fácil de detectar, los rastros o indicios pueden aparecer solapados y mezclados con características dermatológicas y corporales del anciano, que puede hacer confundir señales de maltrato con otras alteraciones.
Por su parte, los síntomas del maltrato psicológico pueden verse mezclados con los cambios que acompañan a ciertas enfermedades y son no pocas veces de difícil discriminación con episodios o procesos psicopatológicos derivados de un posible deterioro cognitivo (5).
Por lo tanto al no existir escalas validadas o cuestionarios que puedan emplearse como instrumento de diagnóstico, el maltrato se confirma, bien cuando en la entrevista clínica se obtienen datos incongruentes con la situación real del paciente o signos físicos y/o psíquicos no atribuibles a otras causas; o bien cuando se presenta una denuncia por parte del agredido o una confesión por parte del agresor (36).
En cualquier caso, sólo manteniendo una relación clínica basada en la confianza, la valoración y observación, la empatía, la escucha activa y la continuidad asistencial, podremos conseguir que el anciano víctima de un maltrato encubierto se sincere (5) (7).
Además, el diagnóstico de confirmación de una situación de Maltrato al Anciano, requiere una atención multidisciplinar, con la coordinación del profesional de Enfermería Familiar y Comunitaria como facilitador del contacto con el resto de profesionales, así como con la red de soporte comunitaria, social o legal que se precise.(7) El problema que en muchos casos están poco delimitadas las funciones y responsabilidades de cada uno de los agentes implicados (sanidad, justicia, servicios sociales, etc.)(31)(35).
La visión negativa de la vejez y la percepción de las personas mayores como indefensas, dependientes, y necesitadas de ayuda y apoyo constante, así como la falta de concienciación hacia el tema de los malos tratos hacia ellas, forman un contexto social que dificulta la identificación de los malos tratos hacia esta población (17).
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