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El aumento de la tasa de ocupación se explica en buena parte por el comportamiento de la mayor categoría de ocupación, el empleo asalariado. Entre 2015 y 2017 este tipo de empleo —que habitualmente se genera en estrecha correlación con la evolución del producto— había registrado tasas de variación del 0,3%, el -0,4% y el 0,3%, respectivamente. Para el primer trimestre de 2018, una estimación preliminar indica un aumento del 1,4%, que estaría reflejando el crecimiento económico verificado en este período.

Mientras que este mayor dinamismo de la generación de empleo asalariado sin duda es una buena noticia, la demanda laboral todavía fue relativamente débil y el trabajo por cuenta propia continuó expandiéndose con una tasa de variación más elevada, un 2,5%, lo que indicaría un nuevo deterioro de la calidad media del empleo, en vista de que en la región la mayor parte del trabajo en esta categoría se realiza bajo condiciones precarias. Por otra parte, las tendencias en las mejoras o deterioro de la calidad del empleo no solo se vinculan con las categorías de ocupación en las cuales surgen las nuevas fuentes de ingresos laborales. Como se señala en el recuadro I.4, también la modificación de las características del mismo empleo asalariado juega un papel importante al respecto.

Recuadro I.4

El deterioro de la calidad de empleo en fases de bajo crecimiento económico: la recomposición del empleo asalariado

La estrecha correlación entre el empleo asalariado y el crecimiento económico en América Latina y el Caribe está bien establecida, y una alta expansión del producto se refleja en un fuerte aumento de la demanda laboral y por consiguiente en un marcado aumento del empleo asalariado, mientras que el empleo en esta categoría de ocupación crece poco en un contexto de bajo crecimiento económico. En contraste, el trabajo por cuenta propia, la segunda categoría más importante en la región en términos de personas ocupadas, suele mostrar una evolución predominantemente contracíclica, sobre todo porque en fases de bajo crecimiento la falta de generación de empleo asalariado y la ausencia o la debilidad de mecanismos de protección social frente a al desempleo obligan a los miembros de muchos hogares a generar ingresos laborales por medio de la autogeneración de fuentes laboralesa. Este tipo de trabajo que no surge desde la demanda laboral sino a partir de las necesidades de los hogares, sobre todo de bajos ingresos, y por lo tanto desde la presión de la oferta laboral, suele desarrollarse en condiciones de informalidad y mala calidad en términos de ingresos, protección y otras prestaciones. En consecuencia, durante fases de bajo crecimiento la calidad medio del empleo suele deteriorarse, mientras que fases de mayor crecimiento abren espacios para mejoras de las condiciones laborales.

Sin embargo, no solo los trabajadores por cuenta propia tienen trabajos de mala calidad sino que también muchos asalariados carecen de las prestaciones derivadas de un contrato formal y se desempeñan en la informalidad. Durante los años de mayor crecimiento entre inicios de la década de 2000 e inicios de la década actual, muchos países de la región lograron mejorar la calidad media del empleo aumentado la proporción del empleo asalariado formal. Esto ocurrió principalmente a través de dos canales: primero, la generación de nuevos empleos asalariados formales, y segundo la formalización de empleos informales preexistentes.

En efecto, la proporción del empleo asalariado formal, que se puede utilizar como variable representativa (proxy) para empleo de buena calidad, se determina no solo por su evolución en comparación con el empleo no asalariado, especialmente el trabajo por cuenta propia, sino también por su desempeño en comparación con el empleo asalariado informal. En el caso del Brasil, se puede observar a lo largo del período comprendido entre 2013 y mediados de 2018 como en el contexto de diferentes fases del ciclo económico, no solo la generación del empleo asalariado, sino también su composición incide en cambios en la calidad media del empleo. En efecto, en el Brasil en una primera fase ambos factores citados jugaron un papel importante para el aumento del empleo asalariado privado formal y de su participación en el empleo en su conjunto. Como se ve en el gráfico, según los resultados de la Encuesta Nacional de Hogares Continua, todavía en 2014 se registró un aumento del empleo asalariado privado (de 46,4 millones de personas en el promedio de 2013 a 46,8 millones en 2014), que se debió al incremento del empleo formal, el cual subió de 35,7 a 36,5 millones de personas, mientras que el empleo informal bajó de 10,8 a 10,4 millones.

En 2015 la crisis económica (con una caída del PIB del 3,5%) conllevó una fuerte caída de la demanda laboral, y en el promedio del año tanto el empleo asalariado formal como el informal cayeron a 35,7 y 10,1 millones, respectivamente, sumando una pérdida de alrededor de un millón de empleos asalariados.

Una tercera fase se inició en la segunda mitad de 2016, cuando el empleo asalariado informal empezó a crecer, mientras que el formal continuó cayendo. En efecto, comparando el año móvil de junio de 2015 a mayo de 2016 y el año móvil de junio de 2017 a mayo de 2018, se observa que el número de asalariados privados informales aumentó 900.000, de 10,0 a 10,9 millones de personas. Esto aparentemente no fue reflejo de una reactivada demanda laboral, pues al mismo tiempo el empleo asalariado formal siguió cayendo, de 35,1 a 33,1 millones de personas. Por lo tanto, se puede suponer que una gran parte del aumento del empleo asalariado informal no refleja la generación de nuevos empleos, sino la informalización de empleos formales preexistentes. Esto podría explicarse por la existencia de estrategias empresariales de reducción de costos en un contexto de bajo dinamismo económico. De parte de los trabajadores se puede suponer que el fuerte aumento del desempleo que sufrió el Brasil en este período (a nivel nacional, del 6,8% en 2014 al 12,7% en 2017) y la caída del número de empleos formales los obligó a aceptar las condiciones laborales precarias que caracterizan al empleo asalariado informal.

Este análisis permite corroborar que en el Brasil, además del deterioro de la calidad promedio del empleo resultante de la recomposición hacia una mayor proporción del trabajo por cuenta propia, como segundo factor que afectó el mercado laboral durante la crisis se produjo una informalización del empleo asalariado.

Brasil: empleo asalariado privado, según formalidad, años móviles, enero-diciembre de 2013 a junio de 2017-mayo de 2018

(En millones de personas)

9,4 9,6 9,8 10,0 10,2 10,4 10,6 10,8 11,0 11,2 30 32 34 36 38 40 42 44 46 48 Di c 2 013 Di c 2 014 Di c 2 015 Di c 2 016 Di c 2 017 M ay o 2 01 8 As al ari ad os in fo rm al es , se cto r priv ad o As al ar ia do s f or m al es y t ot al es , s ec to r p riv ad o

Total asalariados sector privado (eje izquierdo)

Asalariados formales, sector privado (eje izquierdo) Asalariados informales, sector privado (eje derecho)

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de cifras de Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios Contínua.

Cabe señalar que, como se observa en el gráfico anterior, a partir del año móvil que termina en octubre de 2017 el empleo asalariado privado se ha mantenido estable, de manera que la caída cada vez más atenuada del empleo asalariado privado formal fue compensada por el incremento del informal. En el trimestre que va de enero a marzo de 2018, la Encuesta Nacional de Hogares Continua muestra, por primera vez desde el trimestre septiembre-noviembre de 2014, un incremento interanual del número de asalariados privados, si bien el empleo privado formal todavía muestra variaciones interanuales negativas. De todas maneras, como se puede observar en el gráfico I.36 correspondiente al primer trimestre calendario de 2018, la información sobre el empleo que proviene del registro de las empresas ya muestra una variación interanual positiva, lo que hace suponer que en el transcurso de 2018 los datos de la Encuesta Nacional de Hogares Continua indicarían el inicio de una cuarta fase, con un aumento del empleo asalariado privado, tanto total como formal. Habría que ver si esta cuarta fase tiene las mismas características que la primera (aumento del empleo asalariado privado formal, caída del informal) o si —en el contexto de un crecimiento económico todavía moderado— el empleo asalariado informal continúa creciendo a la par del formal. En el último caso tomaría más tiempo recuperar la pérdida de calidad de empleo que el mercado de trabajo brasileño sufrió durante los últimos años. Además, sería importante evaluar si se logra reactivar las políticas de formalización e inspección que durante los años previos a la crisis habían jugado un importante papel para la mejora de la calidad del empleo de este país.

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de cifras oficiales.

a Obviamente, no todo el trabajo por cuenta propia obedece a esta dinámica contracíclica. Este tipo de trabajo también surge cuando las personas quieren aprovechar un buen

entorno económico que promete mercados en expansión para ciertos bienes y servicios, cuando personas con estudios universitarios empiezan su carrera como profesionales independientes o cuando personas emprendedoras empiezan una actividad económica que esperan transformar posteriormente en una empresa formal en expansión.

La evolución del empleo registrado, que se presenta como variable representativa del empleo de buena calidad, fue mixta durante el primer trimestre de 2018. Se observan leves mejoras en la Argentina y en el Brasil —donde por primera vez después de tres años consecutivos de caída del nivel de este tipo de empleo se registra un incremento interanual—, así como en Chile y en el Perú (véase el gráfico I.36)15.

15 Cabe recordar que la evolución del empleo registrado no solo representa la generación o destrucción de puestos de trabajo sino también la formalización o informalización de empleos ya existentes.

En contraste, en el Uruguay se registra una leve contracción absoluta del número de trabajadores formales, volviendo a una caída después de una leve recuperación en  2017. Entre los países del norte de la región, México mantiene una tasa de crecimiento relativamente elevada del número de cotizantes al Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS), mientras que en Costa Rica y El Salvador se observa una moderada pérdida de dinamismo. Destaca el caso de Nicaragua, que entre 2004 y 2017 mostró en todos los años, con la excepción de 2009, aumentos del número de cotizantes al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social del 5% o más. Este proceso se frenó abruptamente a inicios del año en curso, en el contexto de fuertes tensiones sociales y políticas que se desencadenaron, precisamente, a raíz de una propuesta de reforma del Instituto.

En resumen, no se observan mejoras generalizadas en términos del número de empleos de buena calidad. Sin embargo, una estimación que pondera las tasas de variación a nivel de los países con su población económicamente activa muestra un resultado relativamente positivo debido a las moderadas mejoras en la Argentina y el Brasil y la continuidad del aumento del empleo registrado en un nivel bastante elevado en México. En efecto, mientras que para 2016 y 2017 en el promedio ponderado se estiman tasas de variación del -0,4% y el 0,8%, respectivamente, para el primer trimestre de 2018 esta tasa sube a un 1,9%.

14. Los salarios reales continúan creciendo, pero