Las premisas eran para Aristóteles algo que se consideraba cierto, sabido, una serie de hechos conocidos por todos. Son los objetos de acuerdo sobre los que se fundamenta la argumentación.9 Se
8. Van Dijk (1983, pág. 158) tambien pone de relieve tres elementos fundamentales en una argumentación: la hipótesis (constituida por unas premisas), el conector pragmático (por lo tanto) y la conclusión.
Ha sacado un cuatro. Por lo tanto no ha aprobado.
Cuando argumentamos alguna cosa, hemos de partir de la base que una circunstancia determinada es una condición suficiente para otra circunstancia. Por ejemplo, en nuestro caso, que «un cuatro es un suspenso». En esto reside la legitimidad de nuestra argumen- tación. El marco del argumento ha de ser por fuerza un examen. Y podemos dar una explicación del hecho, mediante:
a) una suposición Pedro no ha trabajado.
b) una justificación No se consigue aprobar si no se trabaja suficiente.
Como la relación entre el precedente y las consecuencias no es necesaria sino probable, puede haber excepciones:
Como ha tenido otras notas buenas, puede ser que lo aprueben.
La relación entre la hipótesis y la conclusión puede ser establecida, según Van Dijk, de tres maneras: por derivabilidad sintáctica, por implicación semántica y por conclusión pragmática.
convier ten más en una preparación del razonamiento que en su propia puesta en funcionamiento. El hablante las presenta como algo adquirido y compartido por todos los que están implicados en la ar gu men ta ción. Las premisas están formadas por los siguientes elementos:
a) Hechos, fruto de la observación, supuestos, convenidos, posi- bles y probables. Nuestra sociedad parte de una serie de hechos respecto a los cuales se nos hace creer que no admiten ninguna objeción: todo el mundo quiere ganar dinero; la competencia hace que gane el mejor; el físico es la carta de presentación de los seres humanos; hay guerras inevitables; existe (y casi podría decirse que sólo existe) todo lo que sale en los medios de comunicación…
b) Verdades, sistemas complejos de hechos. Como: la sociedad
democrática se basa en la elección por sufragio universal de quienes la gobiernan, en una justicia independiente y en unos medios de comunicación de masas que tienen una libertad total de expresión.
c) Presunciones, como la del carácter intencional de un acto
huma no; la del interés de un enunciado; la de la credulidad natural de las personas… Como la de que sabemos que los actos verbales persiguen una finalidad, cuando oímos en un anuncio: «Fíja te» o «Usted», estamos convencidos de que va dirigido a nosotros y no desconectamos porque pensamos que detrás de ello ha de haber alguna cosa pertinente, relevante, de interés. La experiencia, sin embargo, nos ha demostrado reiteradas veces que no siempre es así.
d) Valores abstractos, como la justicia, la verdad, el Estado, la
humanidad, la igualdad, Dios… Son los más útiles cuando pretendemos argumentar criticando porque no se refieren a nadie en concreto.
e) Valores concretos, como un ser vivo, un grupo determinado,
un objeto particular, un momento histórico… Normalmente sirven de fundamento a los abstractos y son más propios del discurso conservador.
Estar de acuerdo con un valor es admitir que un objeto, un ser o un ideal ha de ejercer una influencia determinada sobre
la acción. Los valores salen durante toda la argumentación y los usamos persuasivamente. Fijémonos en esta argumentación repleta de valores abstractos:
Hay un juego de equivalencias revelador: la patria –la nación– es muchas cosas a la vez.
Pero, en nuestro contexto, sobre todo es lengua. Y la lengua es cul tu ra.
Por ello, con toda simplicidad, la patria –la nación– es cultura.
f) Jerarquías entre entes. El papel de las jerarquías es fundamental
en la estructuración del pensamiento. Pueden ser concretas (los hombres por encima de los animales; Dios por encima de todos los hombres…); abstractas (lo que es justo sobre lo que es injusto; lo verdadero sobre lo bueno…); y cuantitativas (es preferible mucho de x que un poco de y…).
Recordemos, por ejemplo, que no hace mucho tiempo el valor «autorrealización» en el trabajo estaba por encima del valor «ganancia económica». Ahora se estudia una carrera para colocarse en el mercado laboral en las mejores condiciones y tan pronto como sea posible. Ha tenido lugar, por tanto, un cierto cambio.
g) Lugares, llamados por los clásicos topoi, o sensus communis,
por Vico. Son premisas de orden muy general, almacenes de argumentos, que permiten una base para los valores y las jerarquías sobreentendidos que intervienen para justificar la mayoría de nuestras elecciones, acuerdos primeros sobre lo que es preferible.
El factor esencial de las empresas industriales es la com pe ti ti vi- dad. Por esta razón se necesita una financiación determi nada.
Se tendrían que desarrollar sociedades de capital-riesgo, de garantía recíproca y otros mecanismos dirigidos a las pequeñas y medianas empresas.
La premisa, en esta declaración de un industrial, es el primer enunciado. Si no lo aceptamos de entrada, toda la argumen- tación se viene abajo.
Los topoi varían con las épocas. Mientras que en el mundo clásico la condición duradera era el valor máximo, en el mundo romántico lo era la condición precaria.
a) Lugares de cantidad, algunas cosas van mejor que otras por
razones meramente cuantitativas. Ejemplos:
– tener muchos bienes (posición que fomenta la sociedad de consumo).
– usar los bienes que usa más gente («todo el mundo tiene coche»)
– tener lo que dura más (ahora más bien se quiere «lo último») – creer lo que cree la mayoría o sens omnum («quien gana unas
elecciones es el mejor político para el país»)
– buscar lo probable antes que lo improbable (contradicho por los que piensan cada semana que les tocará la lotería) – preferir lo normal, habitual, frecuente («estos pelos no los
lleva nadie»; «eso ya no está de moda»)
– preferir lo que se hace más que lo que se tendría que hacer («las utopías no existen, se ha de ser realista»)
– buscar la verdad, considerarla duradera e imperturbable (se basan en ello muchas religiones e ideologías)
– querer las cosas completas, autosuficientes, que no necesiten de otras complementarias (como los programas in for má- ticos, cada vez más poderosos, más omnipresentes y au to- suficientes)
– perseguir la utilidad siempre («¿para qué sirve esto?»)
b) Lugares de cualidad. Todos aquellos que se oponen a la opi-
nión común. Acarrean la valoración de lo único, original, inapreciable:
– preferir lo difícil a lo fácil (los deportes de aventura, por ejemplo)
– vivir cada día como si fuera el último o Carpe diem (este prin- cipio divide a los seres humanos en dos grandes subgrupos con dos filosofías de la vida completamente distintas) – interesarse más por los amantes que por los esposos; por
las prostitutas más que por las amas de casa; por los ase- sinos y depravados más que por los hombres y mujeres de la calle…
– fijarse en lo irreparable, en lo que no se puede repetir (un árbol cortado; un río contaminado; la muerte…)
c) Lugares de orden:
– preferir lo anterior a lo posterior (el que es líder al que va en la cola)
– focalizar las causas, los principios más que los fines (por ejemplo: fijarse más en las causas de una guerra que en los fines que se persiguen con ella)
– colocar las leyes por encima de los hechos, e incluso de los hombres
d) Lugar de lo existente, que prioriza lo que es real, actual, vivido.
La discusión sobre el aborto posee la clave en esta cuestión.
Los argumentos,10 por su parte, se construyen estableciendo un paralelismo entre dos entes, o bien diferenciándolos.
Los argumentos por asociación son:
– El argumento causal, que relaciona un hecho con su efecto, un hecho con su causa, o dos hechos sucesivos.
– El argumento pragmático, que propone el éxito como criterio objetivo de validez. Hoy se ha entronizado entre nosotros gra- cias, sobre todo, a la influencia de la cultura norteamericana. – El argumento que relaciona fines y medios. A veces, haciendo que
un fin sea un medio, como cuando hablamos de las condiciones de trabajo más humanas y más buenas como un medio para aumentar la producción, cuando en realidad estas condiciones han de ser el fin, y aumentar la productividad un medio para un bienestar generalizado mayor. Otras veces, haciendo de un medio un fin, como en el caso de la fama, que tendría que ser un medio para poder trabajar en mejores condiciones y en co- sas más interesantes, y, en cambio, se convierte en un fin por sí misma.
– El argumento de la inercia, que puede tener diversas manifes- taciones. Puede defender que una cosa continúe, basándose en el gasto que supone, en la imposibilidad de parar el proceso o en la posibilidad de ir más lejos aún.
– El argumento de la persona, donde tomamos a alguien como el soporte de una serie de cualidades o como el autor de actos y juicios. Pretendemos que el valor de un acto se corresponda con el valor de la persona que lo ha hecho, y el de un juicio con su autor. Una variedad de este argumento sería el argumento de
autoridad, que utiliza juicios o palabras de un personaje o de
un grupo de personas como prueba a favor de una tesis. Las autoridades invocadas pueden ser: el sentido común, la gente, la opinión general, los sabios, los filósofos, la física, la religión,
la Biblia, los norteamericanos… Este argumento se usa cuando el acuerdo sobre lo que hablamos peligra. Lo que nos interesa en la argumentación es saber en qué medida una cosa, y todo lo que a ella se refiere, está provisto de una naturaleza simbó- lica.11 Y donde decimos «cosa» podemos decir «personas»: Don Pelayo, el Barça o el Madrid, el gobernador civil… El símbolo tiene la ventaja, sobre lo simbolizado, de ser mane ja ble. Por lo tanto, ejerce una acción innegable sobre todos los que conocen la relación simbólica.
Además, en los argumentos por asociación podemos usar dos recursos finales:
1. Los ejemplos. Han de ser unos hechos que conduzcan a una conclusión, de lo contrario se interpretan sencillamente como una información aislada y pierden la fuerza argumentativa. Una manera de contraargumentar es dar un ejemplo ad con
tra rium que invalide la regla o debilite la tesis que queremos
atacar. Como en:
Es verdad que un jugador como «x», bien coordinado con los demás jugadores, se ha de formar en la cantera del equipo; pero ahí tienes a «y», que no se ha formado en ella y, sin embargo, se ha adaptado muy bien al juego.
2. Las comparaciones, verbigracia, entre cuatro elementos que tie nen una relación asimétrica, que pertenecen a dominios distintos y que pueden ser incluidos dentro de una estructura común. Un ejemplo de Aristóteles dice:
Así como los ojos de los murciélagos se deslumbran con la luz del día, así la inteligencia de nuestra alma
se deslumbra con las cosas más evidentes.
En este ejemplo, ‘los ojos de los murciélagos’ y ‘la luz del día’ son equiparados a ‘la inteligencia del alma’ y ‘la evidencia’.
O tal como sentencia Wittgenstein: Los enunciados son a los hechos
lo que las rayas de un disco a los sonidos.
La analogía es una manera de relacionar dos o más términos y de focalizar algunas características de los mismos que consideramos fundamentales para la argumentación.
Dentro del argumento por analogía, hemos de hacer referencia al papel de las metáforas, ya que son analogías condensadas.
La noche de la vida
sugiere que la vida es como una jornada, que tiene un día y una noche, una parte resplandeciente y una parte oscura, un principio y un final.
La metáfora conocida, tradicional, sirve de punto de partida a las argumentaciones como algo indiscutible. Pero algunas conclusiones también pueden ser expresadas metafóricamente.
Los argumentos por disociación, finalmente, pretenden sacar partido
de los pares contrarios admitidos por la mayoría de auditorios, como: – individual/universal
– teórico/práctico – lenguaje/pensamiento – letra/espíritu
– subjetivo/objetivo
Se basan en éstos, admitidos por todos, o procuran introducir otros nuevos:
– patriotas/no patriotas – franceses/emigrantes
– mujeres trabajadoras/amas de casa
Una disociación surge del deseo de superar una incompatibilidad, salvaguarda los elementos incompatibles, es una vacuna contra la incompatibilidad que resuelve.
Además, de toda esta serie de argumentos por asociación y por disociación, a veces utilizamos trucos que algunos autores llaman
pseudoargumentos. Por ejemplo:
– El ridículo: afirmar que las opiniones del contrario son inadmi- sibles porque las consecuencias derivadas de su aceptación serían ridículas.
Ahora no os podéis echar atrás, porque haríais el ridículo. – La reducción al absurdo, enunciando: «si no fuera así…», y
Si no ganamos nosotros… Si no se mantienen los sueldos…
– La ironía, que conlleva siempre la activación de conocimientos complementarios.
Usted es el primer político que ha descubierto que la tierra es re donda.
– Las definiciones, que son argumentativas porque pueden ser justificadas y valoradas. Podemos recurrir a la etimología o a las definiciones por las condiciones y las consecuencias.
El archipiélago quiere el derecho a la autodeterminación; auto- determinación no quiere decir independencia.
– Las tautologías, ya que incitan a la distinción entre los términos involucrados. Después de la interpretación surgen las diferencias.
La derecha es la derecha.
– La regla de justicia, que pretende que se aplique el mismo trato a seres o situaciones que integramos dentro de una misma categoría.
Si los hombres hacen el servicio militar, las mujeres también lo tendrían que hacer.
– La reciprocidad, donde apelamos a la aplicación de una simetría entre elementos.
Si vender no es molesto para vos, comprar no lo es para no sotros. Casi nada nos consuela, porque casi nada nos aflige.12
– La inclusión de la parte en el todo.
Lo que no es legal para la Iglesia no puede ser legal para alguno de sus miembros.13
– La división del todo en partes. A menudo se usa para probar la existencia o la no existencia de alguna o algunas de las partes.
Si el hijo es como toda la familia que conozco, tendremos pro- blemas con él.
12. Dice aRistóteles. Retórica, libro II, cap. 23. 1397 a.