Figura 25 Optimización
GENERALIZACIÓN FORMATIVA COMPRENSIÓN
B.- Determinar la sistematización del contenido
Determinar la sistematización de los contenidos, que implica sistematizaciones epistemológica y metodológica, es decir, aquellos conocimientos y habilidades que el sujeto tiene que configurar y con ello los posibles valores y valoraciones, lo que no significa que en el tema se alcance la formación de valores. Lo que será el sustento para prever la orientación sistematizadora, que además debe considerar. Los criterios que deben adoptarse para esta sistematización crítica pueden ser, como mínimo, los siguientes:
Que los contenidos puedan generalizarse, transferirse.
Que los contenidos operen a través del uso de metodologías, técnicas, procedimientos (instrumentación del contenido).
Que los contenidos sean de significación profesional y contextual (funcionalidad del contenido).
Los temas deben tener el número de horas suficientes para garantizar la apropiación del contenido que sustenta la competencia, para que se puedan ejercitar los contenidos y desarrollar la capacidad transformadora humana profesionalizante.
Cada tema debe poseer un objetivo que exprese de modo sintético el contenido de la cultura, cuya apropiación posibilita resolver los problemas profesionales, como generalización de los problemas que se manifiestan en la realidad profesional y social. Además, el objetivo debe hacer explícito los niveles de sistematicidad con que se pretende lograr la apropiación del contenido.
El tema debe desarrollarse en espacios convencionales como son las aulas, los laboratorios docentes, talleres, así como en industrias, centros de investigación e incluso teatros y otros. De acuerdo con esta concepción, por una parte, se desarrollan las sistematizaciones epistemológica y metodológica de la cultura que será configurada en los contenidos y por otra la delimitación de las etapas de la sistematización del contenido, identificadas en logros. Sin embargo, las referidas etapas de sistematización del contenido y los logros se convierten en las formas en que se concretan la comprensión, la interpretación, la motivación y la generalización en el proceso de enseñanza-aprendizaje, a través de dichas etapas, que pueden ser las que el profesor determine en función de las características del contenido, de la cultura y experiencias previas de los sujetos.
El profesor para desarrollar la orientación sistematizadora deberá estudiar las características del grupo, del tiempo disponible, como factores que le permitan, elaborar su estrategia de trabajo, en la concreción de las dimensiones del proceso, a través de la estrategia. Su manera de operar debe conducir a la formación del contenido previamente determinado y estructurado, a partir de las sistematizaciones epistemológica y metodológica, y se repetirán tantas veces como el profesor determine, en un proceso en espiral, que tiene como génesis, la contradicción siempre
ascendente entre estas sistematizaciones, que es mediada en la orientación sistematizadora y la generalización formativa que se va revelando en el contenido y el nivel de las potencialidades intelectuales del sujeto.
Así, cada momento de interacción sujeto–objeto, es decir, cada sistematización formativa del proceso, el sujeto se apropia de la cultura y profundiza en sus contenidos en el que entra en conflicto su nivel de desarrollo con la complejidad del objeto y los requerimientos para resolver la sistematización formativa que enfrenta, es decir, entre su cultura y sus necesidades culturales, que se sintetizan en su motivación y generalización. Para que este conflicto sea superado dialécticamente, se requiere del sujeto el desarrollo de sus potencialidades, como lo es la capacidad transformadora humana profesionalizante, de modo, que, al ser superado el conflicto, se produzca un salto a un estadio de desarrollo de sus capacidades transformadoras, restableciéndose una nueva contradicción ante la presencia de una nueva sistematización formativa, es decir, un nuevo estadio en la apropiación de la cultura y profundización del contenido.
Lo descrito es un proceso gradual de acercamiento a niveles más generales y esenciales de la formación y realización cultural del sujeto. Es un proceso complejo progresivo y ascendente en espiral, que al ser orientado por el profesor, teniendo en cuenta los logros de los sujetos, como expresión de sus conocimientos, habilidades, valores y valoraciones a formar, así como las posibles etapas cualitativamente superiores y en desarrollo del proceso de apropiación del contenido posibilita, al sujeto, la introducción en el camino de la búsqueda, de la indagación, y al profesor, guiar conscientemente a aquel hacia la salida de la sistematización formativa, garantizando una adecuada planificación de la frecuencia, periodicidad, complejidad y flexibilidad del contenido.
El hecho de que el proceso de enseñanza–aprendizaje, y en particular la dinámica de la formación, transcurra bajo la lógica de los eslabones supone aceptar el papel activo, transformador y constructivo de los sujetos, por una parte, y por la otra, que el desarrollo de las capacidades transformadoras del sujeto, no termina con la comprensión externa, imitativa y reproductiva, sino cuando se ha interiorizado en el proceso de construcción individual y colectivo, teórico y práctico. Todo ello permite, consecuentemente, la contextualización y
Lo anterior no se alcanza en una clase o forma del proceso, sino en un tema, cuyos objetivos constituyen la transformación cualitativa del sujeto, porque es capaz de desarrollar cualitativamente su capacidad transformadora ya que propicia la integración de conocimientos, dominar ciertos procedimientos del pensamiento, desarrollar habilidades, valores y valoraciones, además porque permite el surgimiento de nuevos intereses y sentimientos, se movilizan sus potencialidades; en síntesis: desarrollar las capacidades transformadoras y de hecho su condición humana.