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CAPÍTULO III. ESTRATEGIA PARA LA IMPLEMENTACIÓN DE LA

III.1. Estructura de la estrategia

III.1.2. Diagnóstico

El diagnóstico permitió profundizar en las condiciones existentes en la modalidad presencial de la UPR para la aplicación de la estrategia basada en la concepción de la orientación psicopedagógica, que hasta fecha reciente se limitaba a la realización de la tutoría.

Aunque el proceso de orientación se había operacionalizado para la constatación del problema (curso 2007-2008), al incluirse los elementos de la concepción, fue necesario determinar nuevas dimensiones e indicadores para realizar el diagnóstico, desde las nuevas posiciones teóricas asumidas sobre la orientación, como se presenta en el Anexo 13.

Se realizó un estudio descriptivo y transversal, en el curso 2009-2010, cuyo universo lo constituyeron los profesores y estudiantes de las carreras de la modalidad presencial en la UPR, exceptuando Periodismo e Industrial, que sólo tienen estudiantes en 1er año. Se consideró que los estudiantes de 1ero., aun no contaban con experiencia suficiente sobre este proceso. De igual forma, los de 5to año, se encontraban en la realización de sus trabajos de diploma, lo que dificultaría establecer el contacto. Por ello se seleccionaron estudiantes de 2do., 3ro. y 4to.

Para la selección muestral, se realizó un muestreo probabilístico aleatorio y estratificado, considerando los estratos: carrera y año académico. La muestra quedó conformada por 77 profesores y 122 estudiantes, como se presenta en el Anexo 14.

En el Anexo 13 se muestran los métodos empíricos utilizados en el diagnóstico para la estrategia: entrevista, encuesta y análisis de documentos. Se entrevistaron las secretarias docentes para la determinación de universo y muestra (Anexo 15); la vicerrectora de formación del profesional, el jefe del proyecto ramal de investigación de orientación psicopedagógica y una sub-muestra de diez jefes de colectivos de año, uno por cada carrera, para determinar el comportamiento en la UPR, de las cuestiones fundamentales del proceso de orientación psicopedagógica contenidas en la concepción (Anexo 16). Se elaboraron y aplicaron encuestas a estudiantes (Anexo 17) y profesores (Anexo 18), quienes han asumido los roles de orientandos y orientadores. Se procedió al análisis de los resultados, por dimensiones e indicadores, integrando los datos, para otorgar categorías (Anexo 19).

Los principales resultados obtenidos en las encuestas realizadas a estudiantes y profesores se exponen a continuación, por áreas de la orientación con sus respectivos indicadores y las categorías obtenidas por ellos. El Anexo 20 muestra en una tabla las categorías otorgadas por profesores y estudiantes a la orientación que brindaban y recibían, respectivamente.

En la orientación para el aprendizaje, de nueve indicadores, solo la motivación hacia la orientación, se manifestó adecuada para ambos grupos. Ninguno estuvo aceptable y la mayoría obtuvo a partes iguales la calificación de pobre y regular. En el Anexo 21, pueden apreciarse cuatro gráficos, correspondientes a los resultados en estas cuatro áreas definidas para la orientación, que ilustran las categorías otorgadas al tipo de orientación psicopedagógica que se estaba realizando en la modalidad presencial de la UPR, antes de iniciar la implementación de la estrategia, el Gráfico 1 permite apreciar los resultados de esta área.

En la orientación profesional, ningún indicador fue catalogado de adecuado, solo la aplicación de las asignaturas a los modos de actuación, se manifestó aceptable para ambos grupos. Del resto de los indicadores, en tres los profesores plantearon que ofrecían una orientación regular y los estudiantes por su parte, que no la recibían o que resultaba pobre (Anexos 20 y 21). En la orientación para el desarrollo personal, de ocho indicadores, solo la motivación hacia la orientación psicopedagógica recibida por los estudiantes, se manifestó adecuada. Del resto de los indicadores, ninguno estuvo aceptable y la inmensa mayoría obtuvo la calificación de

pobre y regular. En el gráfico 3, del Anexo 21, pueden apreciarse las representaciones de estos valores que se detallan en la tabla del Anexo 20.

En la orientación para el desarrollo social, de ocho indicadores, ninguno fue catalogado de adecuado. Del resto, en cinco plantearon los estudiantes que no es recibida la orientación por parte de los profesores, mientras éstos la percibieron pobre en la mayoría de los indicadores. Puede apreciarse la representación de tales datos en los Anexos 20 y 21.

A partir de las entrevistas realizadas a la vicerrectora de formación del profesional, al coordinador del proyecto de investigación sobre orientación psicopedagógica y a los diez jefes de colectivos de años, se obtuvo un contraste entre el nivel de conocimiento, más elevado en los dos primeros, que en los jefes de colectivo, quienes no se habían representado la orientación como un proceso que puede realizarse como parte del trabajo del año académico, probablemente porque desconocían los aspectos comunes entre los objetivos de ambos.

Los roles considerados por la mayoría fueron orientados y orientadores, este último reducido a los tutores y profesores guías. La consideración unánime fue que la preparación para asumirlo en la Sede Central resultaba escasa. Se constató en el análisis de documentos sobre el curso de orientación impartido en tres ediciones, que se comportó muy pobre la asistencia, así como la culminación con la evaluación indicada, por parte de los profesores convocados.

En las consideraciones acerca del objetivo de la orientación, se coincidió por los entrevistados en su papel para la formación integral de la personalidad; la labor educativa constituía prioridad dentro de los lineamientos del MES, pero concebía dentro de sus objetivos. Sobre las áreas, existía coincidencia en la necesidad del apoyo al aprendizaje y que debía tributar a lo profesional y lo personal, sin mayores especificidades. Se reconocía que la tutoría se había centrado en lo académico y que la orientación había resultado pobre en el resto de las áreas. Los entrevistados coincidieron en señalar el diagnóstico como primera etapa de la orientación, seguida de la orientación propiamente dicha (tutoría, consejería, ayuda, asesoramiento, entre otras denominaciones). El pronóstico fue consideraba una etapa intermedia y sobre las funciones, la mayoría se centró en las de los tutores: asesoría en el aprendizaje, orientación, manejo de materiales de estudio, motivación y desarrollo de vínculos afectivos.

Al analizar los materiales que habían servido de base para la capacitación a los profesores, se reveló una concepción limitada acerca de la orientación, en la que los roles de orientadores se limitaban a los profesores, fundamentalmente a los tutores y el objetivo se reducía a conducir

el desarrollo de la personalidad, a través de la conformación del proyecto de vida de acuerdo a las posibilidades del sujeto. Las etapas eran diagnóstico, pronóstico y asesoramiento o tutela (lo que explicó las respuestas de los sujetos). No se definían funciones de la orientación. No se encontraron acciones vinculadas al proceso de orientación psicopedagógica en los planes metodológicos analizados, ni en los proyectos educativos, tanto de brigadas, como personalizados. A continuación se resumen los principales resultados del diagnóstico:

FORTALEZAS

• Motivación de los directivos y estudiantes • Apoyo de la VRFP

• Asesores psicopedagógicos • Proyecto ramal de investigación • Grupo científico estudiantil

DEBILIDADES

• Escasa preparación

• Experiencia-orientación limitada a tutoría • Baja satisfacción y motivación por ésta • Multiplicidad de funciones simultáneas

OPORTUNIDADES

• Prioridad labor educativa y orientación (lineamientos MES)

• Selección en ingreso a la ES

• Auge investigaciones internacionales • Convenios de colaboración

AMENAZAS

• Unidades docentes no consolidadas

• Insuficiente orientación vocacional niveles precedentes

• Escaso vínculo con familias