• No se han encontrado resultados

EL ESCENARIO Y LOS PERSONAJES

DIAGRAMAS DE LUZ EVANGÉLICA

Arriba: “El mundo al nacer Jesucristo – el mundo en 1928” Izquierda: “Lux Mundi, progreso del cristianismo a través de los siglos”,

Derecha: “Los grandes benefactores de la luz evangélica”, cada rayo representa cien misioneros. Fuente: Revista de Misiones, Año VI, No. 58, marzo de 1930.

Como se explicó, el tiempo y la intensidad de la luz evangélica fueron fundamentales en las representaciones sociales, como lo era el espacio geográfico y los datos de infieles. Las portadas mostraban la magnitud de una labor vinculante a todos los católicos que se hacía en los cinco continentes. Esto se puede apreciar en otra de las postales de la Exposición

Internacional Misional Española y que después se utilizó como portada en la Revista de

Misiones de 1930.

IMAGEN Nº 37, 38 Y 39

“LAS GRANDES REGIONES MISIONALES: ÁFRICA, ASIA Y AUSTRALIA”

Arriba: Postal de la Exposición Internacional Misional Española, Barcelona, 1929. Izquierda: “Las grandes regiones misionales, 950.000.000 de infieles”.

Derecha: “El catolicismo en la India, 315.000.000 de infieles”.

1.4 ENCÍCLICAS, INFORMES Y REVISTA DE MISIONES EN LAS REPRESENTACIONES SOCIALES

Las representaciones sociales sobre el Putumayo (espacio geográfico y habitantes) entre 1905 y 1926, se soportaban religiosamente en las encíclicas Immensa Pastorum de 1741 promulgada por Benedicto XIV y Sancta Dei Civitas de León XIII de 1880, retomadas en la encíclica Lacrimabili Statu de 1912 emitida por el Papa Pio X, la cual recordaba la condición de los indios producto del clima, la ubicación de estas regiones y los vejámenes a los que estaban sometidos por el ansia de lucro –caucho principalmente–. Para remediar dicha situación, se propone que la Iglesia católica se sume a la labor del Estado y cuente con el apoyo del poder público, al igual que de las oraciones y los dones (limosnas) de los fieles, quienes estaban obligados a obrar por su religión y país143.

Dichas representaciones se fueron matizando hasta que se promulgó la encíclica Rerum

Ecclesiae144 por el “Papa de las Misiones” Pío XI, en 1926, la cual advertía que para alcanzar

la civilización cristiana, era necesario continuar con las oraciones y limosnas, pero faltaban dos acciones fundamentales: aumentar el número de misioneros y mejorar su formación en diversos conocimientos, para lo cual era indispensable contar con el apoyo de las obras misionales pontificias: Propagación de la Fe (evangelización universal con la participación de todos los católicos), Santa Infancia (movilización de los niños para la proyección misionera) y San Pedro Apóstol (apoyo para la formación del clero nativo).

Esta última obra reflejaba cierta igualdad entre misioneros e indígenas145, esto se motivaba con la fundación de Seminarios para que los jóvenes recibieran formación en ciencias profanas y sagradas, con el fin de llegar al sacerdocio y ser maestros en la fe de sus paisanos; el Papa expresaba que los alumnos indígenas de los Colegios y Seminarios de Roma no eran inferiores a sus pares, sino que muchas veces los aventajan. Incluso, se destaca la importancia de la Exposición Misional del Vaticano que se hizo en el Palacio de Letrán en 1925 –en el

143 Papa Pío X, Lacrimabili Statu, “encíclica sobre los indios de América del sur, a los arzobispos y obispos de América Latina”. Dado en Roma, en San Pedro, el 7 de junio de 1912, noveno año de pontificado.

144 Papa Pío XI, Rerum Ecclesiae “encíclica sobre la acción misionera”. Dado en Roma, en San Pedro, el 28 de febrero de 1926.

145 En la encíclica, la categoría indígena hace referencia a cualquier habitante del mundo infiel, no detenta exclusividad para América o la Amazonía.

marco de lo que se denominó el “Siglo de las Misiones”–, espacio donde no se miró con el mismo estigma la cultura de los naturales, visión que algunos estudiosos refutan y más bien argumentan que con estas muestras, como la que se hizo en Barcelona en 1929 y en distintos lugares de Colombia paralelamente, reafirmaban y legitimaban las representaciones sociales de los indios y el rol abnegado de los misioneros para alcanzar la civilización cristiana en esos territorios, justificados en un sentido científico que al mismo tiempo era apologético146. De la historia basada en la Biblia, la encíclica retoma que los Apóstoles proveían del clero a las comunidades de fieles, no trayéndolos desde fuera, sino que se hacía con los propios convertidos. Es así como se insiste en que deben contar en las misiones con sacerdotes indígenas que compartan la cultura de sus congéneres, ya que al ser nacionales evitaban que fueran expulsados por las guerras o perturbaciones que pudiera vivir internamente el país, como en los sucesos acaecidos con la Revolución Rusa y sobre todo con la Primera Guerra Mundial. El documento recuerda que el fin de las misiones es fundar e implantar en regiones dilatadísimas la Iglesia de Jesucristo. Esto se lograba con los gentiles de ayer, que eran los católicos de hoy, con su propio clero y grey cristiana, de la cual hacían parte hombres y mujeres.

En esta Encíclica se define a los indígenas como infieles, gentiles, paganos, naturales o nativos, en menor medida se utiliza la categoría indio, pero se siguen representando como seres enfermos que debían curarse con el evangelio. Para ello el Papa Pío XI acudía a las frases de Mateo: “[…] trajeron a él muchos endemoniados: y echó los demonios con la palabra, y curó a todos los enfermos” (Mt 8, 16); “Y le siguieron muchos y los curó a todos” (Mt 12, 15); “Compadeciéndose de ellos curó sus enfermos” (Mt 14, 14), al igual que retomaba a Lucas: “Y en cualquier ciudad donde entrareis […] curad los enfermos que en ella hubiese y decidles: ha llegado a vosotros el Reino de Dios” (Lc 10, 8-9); “Y saliendo recorrían todos los pueblos, evangelizando y curando en todas partes” (Lc 9,6).

Se pensaba que, al contar con sacerdotes indígenas, ellos serían honrados y estimados por los hombres letrados e influyentes de su nación y podrían quedar al frente de sus parroquias y

146 SÁNCHEZ GÓMEZ, Luís Ángel, “Por la Etnología hacia Dios: la Exposición Misional Vaticana de 1925”, Revista de

Dialectología y Tradiciones Populares, julio-diciembre, vol. LXII, No. 2, [Online] 2007, p. 76. [Consultado 20 de noviembre de 2017] Disponible en < http://rdtp.revistas.csic.es/index.php/rdtp/article/viewFile/36/37>

diócesis, sin ningún temor o inconveniente. Aquí se recuerda que no se podía desatender a los notables del país y sus hijos, se ratificaba que la experiencia enseñaba que “una vez ganados para Cristo los grandes y poderosos del siglo, el pueblo sencillo sigue después fácilmente sus pisadas”147.

Pío XI hace el llamado para que las misiones perfeccionen su organización, ubicando al misionero en un sitio estratégico, planificando el territorio, dividiéndolo en tantas Misiones, Prefecturas o Vicariatos como fuese necesario para que sea más fácil llegar al mayor número de naturales, ya sea por el clero indígena u otras instituciones, todos bajo el amparo de la Virgen María, Reina de los Apóstoles.

IMAGEN Nº 40

“LA DIVINA PASTORA, PRINCIPAL DE LA PREFECTURA DEL CAQUETÁ […] SE VENERA EN LA IGLESIA DE SANTIAGO”, PUTUMAYO

Fuente: Informe de Misión 1922-1923.

Además, era importante contar en las misiones con la existencia del asilo, hospital o dispensario para los enfermos, escuelas y colegios de estudios superiores, donde se recibiría una educación más elevada y se aprendería algún oficio. En definitiva, la encíclica de 1926 deja a un lado la visión que se tenía sobre la condición de los indígenas por su ubicación geográfica como lo planteaba Lacrimabili Statu de 1912 y más bien, hace referencia a su

147 La encíclicaRerum Ecclesiae está publicada en la Revista de Misiones, Año II, No. 13, junio de 1926, pp. 2-9 y en la

Revista de Misiones, Año II, No. 14, julio de 1926, pp. 44-52. Aunque también se encuentra el texto “Antes de la Encíclica” escrito por el Papa Pio XI el 11 de diciembre de 1925 en la Revista de Misiones, Año I, No. 10, marzo de 1926, pp. 396- 410 y un artículo posterior a su emisión “Sobre la Encíclica” del jesuita colombiano Luís. R. David (que sería en corto tiempo el Director de la Revista), dicho documento se encuentra en la Revista de Misiones, Año II, No. 15, agosto de 1926, pp. 92-94.

situación por la falta de orientación e instrucción católica en la que vivían, de esta manera, sólo hasta 1933 se contaría con el Seminario en Las Casas (Sibundoy).

IMAGEN Nº 41

SEMINARIO DEL CLERO SECULAR NATIVO DE LA MISIÓN DEL CAQUETÁ,