Hasta hace algunos años la atención a la población adulta mayor se planeaba de forma homogénea; sin embargo, al incorporar el enfoque de género en las políticas de
población y en las políticas públicas, se plantean nuevos retos y necesidades de
información. Esta perspectiva demanda identificar las características especiales que tienen hombres y mujeres mayores de 60 años, en función de la peculiaridad de sus demandas y necesidades. La población femenina tiene mayor sobrevivencia que la masculina (la
esperanza de vida al nacer para el año 2000 se estimó en 73.1 años para los hombres y 77.6 para las mujeres) debido a la sobre mortalidad masculina en edades intermedias. Sin embargo, la mayor esperanza de vida de las mujeres no representa mejores condiciones de vida (OMS, 2002; Wong, 2006).
Algunos autores señalan que a pesar de la tendencia de considerar el indicador de equidad de acuerdo al género en el desarrollo de políticas públicas, programas y proyectos orientados al adulto mayor, existe la necesidad de un mayor esfuerzo político, con el fin de incluir las necesidades tanto de los hombres como de las mujeres, e integrar estas
consideraciones en los procesos de planeación, diseño, instrumentación y evaluación de las acciones orientadas al adulto mayor de tal forma que sean más viables, justas y eficientes (Bardach, 1998; Drummond, O’ Brien, Stoddart & Torrance, 2001; OPS, 1992).
La falta de equidad de género no es un problema homogéneo sino un conjunto de problemas distintos e interrelacionados que afectan principalmente a las mujeres y tienen su origen en diferencias sociales, culturales, legales, económicas y políticas. Estas diferencias son evidentes también con relación a la pobreza; las causas y situaciones de la pobreza son diferentes para mujeres y hombres y se intensifica en esta fase de la vida por la limitación en las oportunidades de desarrollo y las condiciones de salud en las que viven (López, 2004).
Esta falta de equidad en cuanto al género esta también asociada con el fenómeno de “feminización de la vejez” debido a la mayor sobrevivencia de las mujeres, sin embargo, esta larga vida no significa necesariamente una ventaja, sobretodo si se llega a esta etapa incapacitado o sin acceso a servicios de salud. Este acceso a los servicios de salud también resulta ser más difícil para las mujeres por sus condiciones laborales o por su falta de
afiliación por no pertenecer al mercado laboral, lo que provoca que no cuenten con
seguridad social. Esta falta de aseguramiento ha provocado que una parte importante de su patrimonio o de sus ingresos, sean destinados a mantener su salud (López, 2004).
Este punto de vista señalado previamente es compartido por Resano y Olaiz (2003) quienes señalan la importancia del enfoque de equidad por género dado que las causas y las
situaciones de pobreza son diferentes para hombres y mujeres.
Es evidente que el riesgo económico es notablemente mayor para las mujer, sobretodo las viudas sin apoyo familiar, lo cual explica su situación de pobreza, los problemas de salud asociados con esta desventaja social y el mayor riesgo de sufrir un deterioro en su calidad de vida. A pesar de que se han establecido estrategias para disminuir esta problemática como es el seguro popular, el cual tiene como propósito apoyar a las familias no aseguradas, promover el pago anticipado por servicios, reducir los gastos en salud y fomentar la atención preventiva, aun existe una limitada cobertura y no se consideran las diferencias por género (Salgado & Wong, 2003).
Este aspecto de equidad es considerado en la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores (2002) donde establece en el Título Segundo, Capítulo I, Artículo 4º que un principio rector en la observación y aplicación de la ley es la equidad. Esta se define como el trato justo y proporcional en las condiciones de acceso y disfrute de los
satisfactores necesarios en el bienestar de las personas adultas mayores, sin distinción por sexo, situación económica, identidad étnica, fenotipo, credo, religión o cualquier otra circunstancia (Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, 2004).
El principio de equidad exige que en una sociedad los recursos se distribuyan equitativamente entre los miembros de esa sociedad. El concepto de equidad no es
sinónimo del concepto de igualdad. La equidad requiere que a iguales se les dé iguales y a desiguales, se les dé desigual. Equidad quiere decir que los recursos se distribuyen de acuerdo con las necesidades de cada cual con el propósito de proteger a los mas desprotegidos en espíritu de solidaridad humana (OPS, 1998).
Lagarde (1997) señala que la equidad implica reconocer la diversidad y la
desigualdad de acceder a oportunidades para mejorar la vida. La equidad es reconocer que hombres y mujeres son igualmente diferentes
Como se señaló previamente, para propósito de este estudio el envejecimiento es el resultado de la interacción entre los factores intrínsecos y extrínsecos, por lo que se
considera diferente para cada individuo dependiendo de su exposición a los factores de riesgo. Si bien todos los factores de riesgo señalados previamente afectan la calidad de vida del adulto mayor, Peláez (2005) señala que la combinación de algunos factores donde se incluyen la pobreza, la carencia de apoyos familiares y sociales, así como las condiciones de salud incrementan la vulnerabilidad en el adulto mayor. Por su parte, Zafra et al. (2006) con relación a las características individuales señala como principales factores de riesgo la edad (personas de 85 años a más), el sexo femenino y el bajo nivel educativo.
Low y Molzahn (2007) reportaron en sus hallazgos de investigación que los recursos financieros, la salud y el significado de la vida influyen directamente y positivamente en la calidad de vida. La salud, el apoyo emocional y el entorno físico afectan la calidad de vida relacionada con la salud. El modelo explica el 50.5% de la varianza. Por otro lado, Turner, John, Hagan, Denny & Buchwald (2006) reportan que la edad, el sexo, el nivel educativo, los ingresos anuales, el estatus laboral, la enfermedad de hipertensión y la obesidad se asociaron con la calidad de vida relacionada con la salud.
De acuerdo a las diferencias en el proceso de envejecimiento de acuerdo a las características individuales edad y género, se plantearon las siguientes hipótesis:
- Los factores de riesgo de exclusión social que afectan la calidad de vida del adulto mayor difieren respecto a la edad y respecto al género.
Capítulo IV
Factores de Riesgo de Exclusión Social Introducción
En el presente capítulo se incluye el soporte teórico respecto a la exclusión social, así como a los diferentes ámbitos y factores de riesgo que pueden generarla. El orden en el que se presentan son: ámbito económico, laboral, formativo, salud y vivienda. Finalmente, se resumen los factores de riesgo para cada uno de los ámbitos señalados previamente.