d Pérdida y duelo
PERSPECTIVA PSICOSOCIAL
4. DIFERENTES TIPOS DE VIOLACIONES DE
DERECHOS HUMANOS
En este apartado se analizan algunas de las violaciones de derechos humanos más frecuentes, y sus implicaciones desde el punto de vista psicosocial y del acompañamiento a las víctimas.
Desplazamiento Forzado
Según los datos ofi ciales, en Colombia existen más 4 millones de personas desplazadas como consecuencia de la guerra. El desplazamiento interno es una violación de derechos humanos y a la vez es consecuencia de otras. Pero el desplazamiento se ha visto más como un problema de orden público o en todo caso de ayuda humanitaria, que como un problema de derechos humanos. La cobertura legal de la reparación en estos casos es menor, y existe un adormecimiento social frente al problema, incluyendo la respuesta del Estado cuya respuesta se ve limitada la mayor parte de las veces a una política de subsidios.
El desplazamiento forzado supone enormes pérdidas, no solo materiales, sino también de rela- ciones sociales, de proyectos de vida, e incluso de la cultura. En el caso de población campesina o indígena ligadas a la tierra, la pérdida de esta supone un impacto material pero también un ataque a la forma de vida y una pérdida de identidad.
Para la valoración del impacto del desplazamiento se deben tener en cuenta las diferentes fases por las que la población desplazada ha pasado:
zAntes de la salida. Aunque la mayor parte de las veces las amenazas, asesinatos o masacres han sido la causa directa de la salida, el empeoramiento de las condiciones de vida y la de- sestructuración social forman parte también de ese contexto.
zHuida. En la fase de salida, predomina la separación forzada de las familias o comunidades y el peligro de la huida, lo que hace más vulnerable a la gente frente a la violencia.
zRecepción. En la fase de recepción, predominan el miedo a ser identifi cados o las ame- nazas de persecución, obtener alguna forma de reconocimiento –o el ocultamiento de su
condición- y resolver las necesidades de alimentación, abrigo y apoyo.
zReasentamiento. Posteriormente, en la fase de reasentamiento, pueden añadirse confl ic- tos culturales, difi cultades de trabajo o confl icto entre generaciones debido a los diferentes ritmos y expectativas.
Cuando se atiende a la población desplazada en uno de esos momentos predominan los proble- mas de esa fase a los que hay que atender. Pero, con el tiempo, la persona puede estar afectada en el momento de reasentamiento por cosas que pasaron en la huida o por condiciones que se han ido acumulando con los años, por lo que estas fases no deben ser vistas como algo rígido, sino como etapas de la experiencia de las víctimas.
La falta de reconocimiento a sus derechos hace que la situación de la población desplazada se alargue en el tiempo, así como tiene el riesgo de generar dependencia o paternalismo cuando las políticas de atención o reparación no ponen a la población en una postura activa y no le proporcio- nan medios para rehacer sus vidas.
Por su parte, los procesos de retorno suponen un nuevo desplazamiento. Las demandas de condi- ciones para el retorno son parte del derecho a rehacer sus vidas y de la reparación, e incluyen la recuperación del territorio y condiciones de seguridad. Sin embargo estos se hacen muchas veces en condiciones difíciles porque predominan los estigmas sobre los desplazados, no se han acor- dado las condiciones para hacer el retorno posible con la población desplazada, y las condiciones de inseguridad o miedo son parte del contexto negativo para el retorno. Además los procesos de retorno conllevan muchas veces confl ictos familiares, entre quienes quieren retornar o no, y se vuelven a dar separaciones. Las expectativas de la gente chocan muchas veces con la realidad de la zona o la comunidad, la actitud de la población que se quedó y darse problemas de identidad dado que los desplazados que retornan tienen una nueva identidad como “retornado”. Por todo ello los procesos de retorno son procesos activos, y necesitan planifi cación y acompañamiento.
Además hay que atender el derecho a la restitución de la tierra cuando la gente no quiera retornar ya sea por el miedo o porque ha rehecho su vida en otro lugar.
Masacres e impacto comunitario
Las matanzas colectivas conllevan numerosas muertes, desplazamiento y destrucción comu- nitaria, estando las víctimas en un estado de indefensión. El miedo y la persecución se extienden especialmente a los familiares de las víctimas y testigos de los hechos, por lo que las condiciones de seguridad y el acompañamiento psicosocial son dos aspectos básicos. Los relatos de estas masacres incluyen en numerosas ocasiones atrocidades y formas de crueldad extrema como tor- turas públicas, violaciones sexuales o mutilaciones de cuerpos que suponen un enorme impacto. Todo ello debe tenerse en cuenta en la investigación, toma de testimonios y acompañamiento a las víctimas.
Masacre de El tigre
La noche del 9 de enero de 1999, se recuerda la masacre paramilitar de El Tigre (Putumayo), en la que sus habitantes quedaron sumidos en un silencio profundo: “parecía el fi n del mundo”. Aproximadamente 150 paramilitares del Bloque Sur Putumayo de las AUC, irrumpi- eron en la zona urbana de El Tigre, en el Bajo Putumayo, en donde asesinaron a 28 personas, quemaron casas, motocicletas y vehículos. La agresión se basó en la estigmatización como “pueblo guerrillero”, convirtiendo a sus pobladores en objetivos militares.
La represión y violencia directa contra esta población no terminó con la masacre, sino que se intensifi có durante el período 2001-2006, cuando este mismo bloque paramilitar estab- leció en la mayoría de las zonas urbanas del Bajo Putumayo un control territorial permanen- te, ejerciendo un dominio social, económico y político en esta región.
Así, la masacre y posterior ocupación paramilitar de la zona, generaron diversos daños y pérdidas que no sólo afectaron la economía de los habitantes del poblado, sino que modifi - caron sustancialmente la vida de campesinos, afrocolombianos e indígenas que habitan el sector. Los sobrevivientes recuerdan que el balance ofi cial de la incursión fue de 26 muertos y 14 desaparecidos.
Dado que se trata de casos colectivos, se necesita tener en cuenta el proceso comunitario o colec- tivo, buscando formas de integrar a las personas sobrevivientes o familiares, identifi car los testigos clave, y tratar de mantener la información y la implicación en el caso.
El trabajo con comunidades afectadas debe estar orientado por los criterios de la intervención comunitaria tales como: 1) Contacto con líderes y personas de confi anza del grupo afectado, y tener en cuenta las expectativas y condiciones comunitarias 2) establecer mecanismos de par- ticipación de la comunidad y un canal de información y comunicación 3) fortalecer los grupos o redes existentes, propiciando espacios de apoyo mutuo, 4) dar seguimiento a las intervenciones de acuerdo a la comunidad y tener en cuenta que el ritmo de los procesos comunitarios, es en general largo, y se necesita la implicación de la gente en los mismos.
En estos casos colectivos, cuando se dan demandas judiciales o de reparación, hay que tener en cuenta y prever estrategias para manejar algunos problemas frecuentes que son la identifi cación de benefi ciarios, la toma de decisiones colectivas, los confl ictos por la reparación o las diferencias respecto al impacto local.
Los aspectos relativos al acompañamiento a estas comunidades incluyen:
1. El apoyo psicosocial a los familiares, el acompañamiento en los procesos de exhuma-