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DIFICULTADES EN LA APROXIMACIÓN AL TEMA DE LA SALUD DESDE UNA ENFOQUE SUBJETIVO

MARCO TEÓRICO

PSICOLÓGICOS COMPORTAMIENTO

2. PERCEPCIÓN DE SALUD COMO INDICADOR PSICOSOCIAL

2.2. LA SALUD DESDE SU DIMENSIÓN SUBJETIVA: EL CONCEPTO DE PERCEPCIÓN DE SALUD

2.2.2. DIFICULTADES EN LA APROXIMACIÓN AL TEMA DE LA SALUD DESDE UNA ENFOQUE SUBJETIVO

Al igual que realizar una definición de salud resulta una tarea compleja y controvertida no menos difícil resulta el proponer una aproximación a la misma desde la perspectiva del individuo. A las dificultades derivadas de su propia naturaleza subjetiva, se han de sumar barreras de tipo conceptual dada la cantidad de aspectos que se engloban bajo el paraguas de la valoración individual de la salud.

La mayoría de los términos usados para definir la salud son de carácter subjetivo, e incluyen desde estados positivos, como bueno y sano, a otros estados negativos, como malo, enfermo y discapacitado. Su naturaleza ambigua no especifica lo que es la salud, ni indica donde empieza y donde termina. La noción de discapacidad o de enfermedad como elemento diferente al de salud es un juicio de valor.

Las definiciones de enfermedad a menudo contienen asunciones sobre qué estados de bienestar son deseables o indeseables, normales o patológicos, benignos o malignos y remiten a la doble consideración de la salud como un estado y como un proceso. La salud, especialmente la psicológica, se aprende y se conquista en un foro social y a lo largo de una dimensión temporal.

Desde una perspectiva integral de salud y enfermedad – biológica, psicológica, social y cultural- no se trata de claudicar ante la dificultad del tema. La vertiente subjetiva de este estado - proceso añade complejidad al reto de su medida, pero a la vez lo enriquece sobremanera. Se podría considerar que hay casi tantas definiciones de salud y enfermedad como estados y procesos del ser. La variedad de conceptos de salud indica que además de una entidad unificada, existe una pluralidad multidimensional de aproximaciones. Los intentos por definir las condiciones de salud están influidos por las aspiraciones y preocupaciones más profundas del ser humano, que siendo el mismo, evoluciona con su historia y su cultura.

El término de “calidad de vida” sirve de ejemplo para ilustrar estas dificultades. A pesar de que su uso se ha banalizado en exceso en especial en los campos de la comunicación y el consumo, ha adquirido gran relevancia en las últimas décadas dentro de la planificación de servicios sanitarios al observarse que los cambios en la evaluación de la propia salud que realiza el paciente se encuentran entre los principales determinantes de cuidados sanitarios, la adherencia a un régimen determinado de tratamiento, y la satisfacción con él. Este término empleado para englobar los valores y las percepciones del paciente, está sujeto a numerosas interpretaciones, lo que ha sido fuente de duda y confusión entre clínicos, investigadores, políticos y pacientes (Leplègue y Hunt, 1997).

Las dificultades definitorias se trasladan al campo del desarrollo de herramientas o cuestionarios estandarizados que permitan cuantificar de forma fiable, válida y sensible la calidad de vida o el bienestar. Resulta inevitable tener que aceptar la dificultad de medir integralmente un fenómeno tan multidimensional: ¿hasta qué punto es objetivable lo subjetivo?, ¿cuáles son los indicadores que definen el bienestar y la calidad de vida?, ¿es necesario evaluar la calidad de vida para definir el estado de salud subjetivo de una persona?, ¿es posible consensuar una medida integral única?

Desde una perspectiva terminológica, muchos de los vocablos empleados para entender la salud presentan un significado diferencial en el lenguaje cotidiano y científico, lo que hace que con frecuencia se utilicen sin aportar su definición explícita y presuponiendo erróneamente una aproximación común (Patrick y Bergner, 1990). Así, conceptos como estatus funcional, estado de salud, bienestar, calidad de vida y calidad de vida relacionada con la salud, se aplican con frecuencia de manera intercambiable en los discursos sobre salud. El uso de un término u otro puede variar en función del

cuerpo disciplinar que haga uso del mismo (enfermería, fisioterapia, psicología, medicina, economía,…) y del paradigma predominante en el que se englobe.

A esto se le suma el problema contrario consistente en que diferentes autores, y normalmente desde el mundo científico anglosajón, utilizan diferentes términos para referirse a un mismo constructo (Bjorner, Fayers e Idler, 2005). Es el caso del concepto de “percepción de salud”, que puede encontrase referido en la literatura a través de diferentes denominaciones como son percepción general de salud, salud autopercibida, autopercepción de salud o autoevaluación de la salud. Así, lo más frecuente es que el término “salud percibida” haga referencia de manera específica a la evaluación global que una persona hace de su salud en función del concepto que tiene de la misma, y que es el objeto central de la presente tesis. Sin embargo, también es posible observar cómo en algunos textos se emplea el mismo vocablo de “salud percibida” de una manera más global o genérica para hacer referencia cualquier tipo de juicio subjetivo efectuado sobre la salud (ya sean síntomas, estatus funcional, calidad de vida).

Las consecuencias de estas confusiones son graves, ya que resulta difícil progresar en cualquier campo de conocimiento si no se dispone de una definición compartida del concepto o fenómeno estudiado. Con frecuencia es complicado el conocer con exactitud el parámetro que se está midiendo (¿percepción de salud?, ¿calidad de vida?, ¿estatus funcional?), y las razones para la selección de una determinada herramienta. Todo ello entorpece sobremanera la realización de comparaciones entre estudios. Diferencias en significados en un tema como puede ser el de calidad de vida, conduce a profundas diferencias en los resultados de investigación, la práctica clínica, la distribución de recursos sanitarios, entre otros.

No obstante, a pesar de que no parece existir un consenso sobre cuándo y dónde debe ser usado un determinado término, resulta de gran utilidad el esfuerzo de diferenciarlos (Patrick, 1998). En los siguientes epígrafes se aportarán criterios para clarificar las diferencias existentes entre los términos anteriormente citados y se apuntará un modelo integrador en el que contextualizar las herramientas para la evaluación de la salud.

La tabla 7 recoge un glosario con los términos más relevantes objeto de análisis en el presente capítulo.