5. Análisis de resultados y hallazgos
5.2. Dimensiones de la ética del cuidado y el buen vivir
Para hablar del desencadenamiento de dimensiones dentro de la ética del cuidado en la comunidad educativa de Río Frío es necesario remitirnos a Boff (2002) cuando dice que,
El cuidado se encuentra en la raíz primera del ser humano, antes de que haga nada. Y todo cuanto haga irá siempre acompañado de cuidado e impregnado de cuidado. Significa que el cuidado es un modo-de-ser esencial, siempre presente e irreductible a otra realidad anterior. Es una dimensión fontal, originaria,
ontológica, imposible de desvirtuar totalmente.
Un modo de ser no constituye un nuevo ser. Es el modo en que un ser se estructura y se da a conocer… El cuidado como modo-de-ser revela de forma concreta cómo es el ser humano. Sin cuidado deja de ser humano. (p.30)
Un afluente de realidad debe impregnar al individuo de bases sólidas que le permitan
descubrir la manera en que sus acciones y pensamientos habitan en un sin número de ideales que en el fondo de los sujetos se vuelve necesidad de ser expresados. Eso, debe ser el cuidado, la dimensión en la cual convergen diversidad de sentimientos que claman por ser liberados. El corazón de uno está sujeto a las necesidad de otro ser vivo y de una u otra manera, vive para suplir algunas de ellas, ya que no se deja de vivir en función de otros y viceversa, y eso es lo que llega a conformar una comunidad.
Figura 6.
Al abocar y condensar marco teórico como punto de partida y el diseño metodológico con respecto a la información que suministró la comunidad, se puede determinar un reconocimiento
de los mismos habitantes del sector en cuanto a la ética de cuidado y estrategias de buen vivir, dada a partir de una dimensión que habla desde el interior de los sujetos y su identidad.
Los instrumentos de recolección de información individuales, como las encuestas y entrevistas evidenciaron actitudes y respuestas de la comunidad en general que permitieron descubrir un ser que se involucra y se duele de lo que sucede a su alrededor, manifiesta descontentos y propone estrategias.
El cuidado de sí está vinculado a la formación ética y política del sujeto. A partir de lo anterior, Foucault se adentra en estudiar la dimensión política del cuidado de sí y encuentra que tiene que ver con aquello que el sujeto está dispuesto a aceptar, rechazar o modificar en sí mismo y en sus relaciones con los demás, con miras a ejercer su voluntad de acción. Se trata, entonces, de una manera inmanente de coordinar las relaciones entre el individuo y la sociedad. (Cubides, 2007, p. 60) El objetivo es presentar a un sujeto responsable de rediseñar las condiciones de su entorno con el matiz político que lo reconoce como miembro activo en pro del beneficio colectivo.
Aunque muchas veces la familia, la escuela y la comunidad se relacionan solo al intervenir en los proyectos productivos propuestos por entidades externas y por la gestión de líderes
comunales con el gobierno municipal. Ellos consideran que son maneras apropiadas de salir adelante y tener visión de futuro, aunque no hay un compromiso constante, sino solo al cumplir con el requisito de cada evento convocado.
“Nosotros hemos gestionado salidas con FEDEPAPA para que los niños, hijos de los agricultores de la vereda vayan a las competencias deportivas y puedan disfrutar de sus premios y las cosas que se les dan allá, también a los padres se les da ese día almuerzo y refrigerio” (Aura Cárdenas. Líder comunal.) Es esa ética del cuidado que se funda en las necesidades de dar más que en las formas de respetar simplemente los derechos, dar en la medida en que la comunidad se incorpora en actividades colectivas de participación y bienestar.
Por eso, Noddings afirma que “tanto una persona como una sociedad, que utiliza una ética del cuidado, se preocupa sobre todo por dar respuestas a las necesidades de las personas”. (Vásquez, 2009, p. 46). Esto se conecta, casi de manera perfecta, cuando Cubides (2007) postula la apertura de la sensibilidad a la presencia de otros mundos, formas de ser, de actuar y de relacionarse, desde una actitud crítica y reflexiva, que provoque múltiples perspectivas y posibles futuros que pueden ser concebidos desde un presente con voluntad de cambio y la “renovación de votos” con respecto a los rituales de conocimiento.
Es posible generar nuevas estrategias y resolución de problemas de manera diferente para explorar nuevos aprendizajes que recurran al uso de estilos y proceso compuestos por
conocimientos producidos socialmente y para aterrizar estas premisas, se procurará intentar un constructo teórico que redunde en el bienestar de la comunidad, integrando como ejes
articuladores la ética del cuidado como indumentaria humanizante, y el buen vivir como el vínculo perfecto que anima a desarrollar este proyecto y visualizar su estado final.
La familia sugiere propuestas basadas en los valores (amor, cuidado, respeto, escucha) que son poco aplicables en lo cotidiano y como lo afirma Chaux et al.,(2005), el trabajo propuesto
converge con su premisa dispuesta hacia el uso del cuidado desde la reciprocidad comunicativa y dice:
El cuidado se construye en la interacción entre personas. Una interacción en la que se cuida requiere un intercambio constante de información en ambas direcciones, es decir, de una comunicación de doble vía. De esta forma, las personas involucradas buscan siempre comprender muy bien lo que el otro necesita antes de actuar y para ello preguntan, escuchan y observan con atención. Adicionalmente, se necesita estar dispuesto a expresar las propias necesidades, pensamientos y emociones, con tal de facilitar el entendimiento mutuo y la comunicación. (p. 128)
Tal vez hace falta mayor número de espacios de convergencia comunicativa donde se convoque a padres, líderes, docentes y estudiantes en un solo conglomerado de ideas que intenten vincular las necesidades y expectativas reales para concretizar paulatinamente los aportes y procesos que han iniciado un nuevo tejido social donde los hilos más fuertes deben ser los agentes de socialización que al tener un papel de protagonistas y a la vez libretistas de su desarrollo político social.
Tu y yo en el reconocimiento del otro, nosotros como docentes, ustedes como líderes comunales y padres de familia, él, que llega del exterior a traer propuestas de estado y ellos, los estudiantes a quienes se pretende guiar, somos la matriz definitoria de un espacio de
socialización política activo y paseante por el aprendizaje social que lo rodea y define de igual forma, la ética del cuidado y el buen vivir, como una cuestión de todos.
El papel de la docente investigadora ahora debe ser el fortalecimiento de esas estrategias descritas y buscar la manera de canalizar esas propuestas en eventos concretos que redunden en buen vivir.
En cuestión de propósitos como el buen vivir, algunas estrategias de manejo del conflicto y uso de la sana convivencia, la institución diseña y desde los directivos y docentes sobretodo, se apropia el uso del poder frente al sometimiento de las normas, persuadiendo que es una estrategia para vivir bien dentro de la comunidad educativa.
La entrevista a coordinador y docente refiere información en la cual se muestra claro empeño en que el manual de convivencia sea cumplido a cabalidad y lo que allí se estipula se dé para obtener mejores relaciones sociales dentro de la institución. Su claridad radica conforme a que en la mayor medida en que se cumplan las normas, el colegio va a tener mejores relaciones
interpersonales, de lo contrario, al estudiante que presente conflicto se le solicita un “cambio de ambiente escolar” para que no afecte el equilibrio de las expectativas institucionales y que muchas veces deba dejar el espacio rural para asistir a una institución en “la selva de cemento”
El buen vivir aquí descrito tiene que ver más con el perfeccionamiento del diseño y ejecución de pautas de comportamiento que con las necesidades de la comunidad a la cual la institución debe atender.
El buen vivir tiene que ver con las raíces, las formas de vida, los comportamientos y las tradiciones de una comunidad. El respeto y esclarecimiento de las mismas puede hacer que tanto directivos como docente, y en gran parte el sistema estatal, contemple acciones y
comportamientos desde puntos de vista diversos que los identifiquen y diferencien de una comunidad urbana. Reconocer el pluralismo cultural como pauta de diseños y metodologías.
Los ideales comunes decantados en alternativas de pensamiento frente al desarrollo y sentido que debe tener la vida, reconstruyen utopías que se esmeran por concretarse, como lo piensa Acosta (2011), en constante reproducción, donde todo lo que el sujeto ejecuta puede convertirlo en buen vivir desde las cosas que tiene, así como en gran manera, sus ideas, el reconocimiento social, los comportamientos, valores, su espiritualidad y aún la visión de futuro que lleva a tener en cuenta otros saberes y principios para la formación política de las sociedades.
Vincular a líderes comunales y que dialoguen con los niños y niñas de la institución, les cuenten sus metas y expectativas de vida, y que comenten acerca de los acontecimientos y necesidades de la vereda y sobre todo, que los motiven a adquirir responsabilidad sobre su tierra y los suyos, permite que esas acciones contemplen un impulso y ánimo de reconocer y apropiarse de lo que es su comunidad.
Esta apuesta se confirma con Choquehuanca citado en Londoño, Castro, Rojas y Rincón (2015), para afirmar que:
La participación en su relación con la democracia y en consonancia con los DDHHAA, le apuesta, desde la perspectiva del Buen Vivir, a una profundización que involucre la ampliación de sus beneficios, lo que implica la necesidad de democratizar la información, la educación y la cooperación. Dentro de esta lógica, es importante tomar las decisiones a través del consenso comunal y no a través del sometimiento de las minorías a las mayorías. (p. 8).
El fundamento de las relaciones debe centrarse en una participación comunitaria que reconozca los saberes de un colectivo, en este caso rural, y brinde oportunidades de reconocimiento de ellos mismos, en la búsqueda de beneficios comunes y sobre todo,
oportunidades que vislumbren el ánimo de apoyarlos por consolidar una estrategia que redunde en el bienestar y la armonía a partir de postulados emergentes de su cotidianidad.
El siguiente relato lo refleja así:
“Cuando Estiben tuvo mucho vómito y diarrea lo llevamos a donde la sobandera porque decía que estaba muy descuajado pero no le hicieron las sobadas, entonces me tocó mantenerlo a punta de cucharaditas de limón. También se cae y se lastima seguido y por eso yo pensé que era descuajado pero no. Ah, eso sí para las lastimaduras lo que me dijo la viejita Anita es que lo mejor es la cataplasma de Suelda con Suelda (una hierba para soldar los huesos lastimados)” (Testimonio de madre de familia de la escuela)
Al no tener cercanía con ninguna autoridad, o la más cercana a una autoridad sanitaria es un puesto de salud, los habitantes de la vereda tienen la necesidad de generar cuidado entre ellos fortaleciendo la comunidad y unos estatutos convivenciales o normas y leyes para solucionar inconvenientes que se presentan esporádicamente y que necesitan un tiempo de respuesta inmediato.
Puede ser posible que la responsabilidad social de la vereda se difunda a partir de prácticas colaborativas de socialización política a través del contacto entre quienes construyen las normas y quienes las ejecutan, pero para esto se debe contemplar un liderazgo que vincule entes de transformación cimentados en el desarrollo de una teoría formal de la ética del cuidado y el buen
vivir como aprendizajes dentro de una cultura determinante y diferenciada. Es otorgar a los mismos actores ciudadanos, el trazo de sus procesos.
Entendida la ciudadanía desde la dignidad de la persona humana, es decir, desde ese valor intrínseco generado por el propio reconocimiento y el reconocimiento que los otros hacen de un ser, este ya no es más un sujeto sujetado por las
determinaciones del orden social establecido. Renuncia a ser objeto colonizado y emerge como sujeto de un respeto y una valoración que le permiten actuar, construirse, resistirse, expresar inconformidad con lo dado y posibilitar la búsqueda permanente para expandir su universo de pertenecía y hacerse transformador del mundo, lo que en definitiva es hacerse sujeto político. (Alvarado, 2014, p. 210)
Ver las dimensiones de la ética del cuidado y el buen vivir es vislumbrar la manera en que pueda definirse el alcance de las capacidades humanas para converger en un mismo sentido, con respecto a sus acciones, pensamientos e ideas. De hecho, es producir saberes desde su propia cotidianidad, sus intereses y sus valores a partir de la interacción constante, la preocupación por el bienestar del otro y de lo que este pueda comunicar y de la misma manera, ofrecer soluciones asertivas para convivir en un ambiente de cordialidad aprehendida desde las emociones y calidad humana, donde prime la integridad de los sentimientos e inquietudes llevadas al diálogo
permanente.
Como lo dirían los mismos resultados de la investigación; “se cuida a la familia estando pendientes, escuchándolos en respeto y en amor”(respuesta de una madre de familia a la
encuesta). Esto puede definir también a la familia de la vereda y de la comunidad educativa como parte del entramado social que configura la personalidad del sujeto.