SEXO HEMBRAS MACHOS
9.4. Dinámica de lípidos durante el desarrollo.
Durante el desarrollo, se observó una disminución de TG a lo largo del desarrollo tanto en huevos provenientes de organismos silvestres como en los de cultivo. Como resultado de esta disminución se obtuvieron proporciones de TG en larvas recién eclosionadas similares (entre 9 y 10%) entre los dos orígenes (Figura 4). El catabolismo de acilglicéridos durante el desarrollo lecitotrófico está documentado ampliamente para peces marinos, donde se ha descrito para larvas de lisa (Mugil
cephalus) (El Cafsi et al., 2003), larvas del salmón del Atlántico (Salmo salar) (Cowey et al., 1985), el arenque (Clupea harengus) (Fraser et al., 1987), el róbalo
(Dicentrarchus labrax) (Quessada y Pronneti 1987) y el bacalao (Gadus morhua) (Fraser et al., 1988). Este consumo de TG continúa hasta que las demandas energéticas del crecimiento y metabolismo son satisfechas con fuentes externas. En contraste, Los fosfolípidos forman parte de las membranas celulares, pero algunos fosfolípidos, tal como la fosfatidilcolina, se utilizan como reserva de ácidos grasos para fines energéticos. Este es principalmente el caso de especies marinas, como el bacalao (Gadus morhua) y el lenguado (Hippoglossus hippoglosus), las cuales poseen reservas ricas en fosfolípidos y utilizan éstos como principal fuente de energía durante el desarrollo temprano (Fraser et al., 1988; Rainuzzo et al., 1992; Finn et al., 1995b, 1995c; Ronnestad et al., 1995). En pez blanco la proporción de fosfolípidos totales incremento de huevo a larva eclosionada. Es interesante destacar que en organismos
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cultivados la proporción de TG disminuyó en mayor grado y la de PL aumentó en mayor grado que en los silvestres. Esto puede indicar una mayor transferencia de ácidos grasos desde los TG hacía los PL. Al analizar la concentración de ácidos grasos totales en las fracciones neutra y polar, podemos observar que el incremento entre huevo y larva en la fracción polar efectivamente fue mayor en cultivados (de 8.5 a 15.8 mg/g, es decir un 86%) que en silvestres (de 16 a 18.2 mg/g, es decir solo un 14%). Sin embargo la disminución en la fracción neutra fue inclusive menor en cultivados (de 16.5 a 7.6 mg/g, 54%) que en silvestres (de 20.5 a 6.5 mg/g, 68%). Esto implica en realidad una mayor movilización de ácidos grasos de la fracción neutra en huevos silvestres y por lo tanto no parece corresponder con una disminución menos acentuada de los TG en estos organismos. Por lo que en el caso de los silvestres, la menor disminución en los triglicéridos se ve compensada por la mayor disminución que se observa en la proporción de diglicéridos (DG) anterior a la eclosión. Lo anterior representa una mayor degradación de los TG hacia DG en el caso de organismos silvestres.
Derivado de lo anterior, no solo los ácidos grasos totales sino de manera particular, los ácidos grasos esenciales son incorporados preferencialmente en los fosfolípidos, en vez de en los acilglicéridos, para disminuir su uso como combustible durante el desarrollo (Sargent 1995; Sargent et al., 1999), dado que se requieren mas enzimas para hidrolizar los ácidos grasos a partir de los fosfolípidos que a partir de los TG (Lehninger 1974). Como consecuencia, la hidrólisis y, por lo tanto la utilización de ácidos grasos a partir de fosfolípidos solamente procede cuando las reservas de acilglicéridos en el huevo disminuyen (Sargent 1995). En concordancia, las concentraciones de ácidos grasos fueron relativamente constantes en la fracción polar
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presentaron mayores niveles en larvas eclosionadas que en huevo. Como ejemplo y por su importancia, podemos considerar al DHA, para el cual se observó una acumulación de huevo a larva (de 29% a 36% en silvestres y de 34% a 40% en cultivadas), lo cual no solo demuestra su retención sino una incorporación selectiva de éste ácido graso en los fosfolípidos.
En relación a los ácidos grasos particulares, en los desoves de ambos orígenes se observa una disminución gradual en la concentración de la mayor parte en la fracción neutra a través del desarrollo embrionario, pero de manera más abrupta después de la eclosión. Se ha demostrado que el patrón de utilización de lípidos durante el desarrollo favorece a los lípidos neutros, particularmente a los TG y, por ende, a los ácidos grasos saturados y MUFA que forman parte de los TG (Vázquez et al. 1994; Haliloglu, et al., 2003). Dichos ácidos grasos son utilizados como sustratos energéticos, y ésta utilización se incrementa en las primeras etapas de ayuno (Wu et al. 2001) e inmediatamente después de la eclosión. Esta marcada disminución también es reportada para otras especies dulceacuícolas como la carpa y la tilapia (Takeuchi y Watanabe, 1982; Satoh et
al., 1984 y Tandler et al., 1989). Además de la disminución en la concentración de
ácidos grasos saturados y MUFA, se observó una disminución de PUFA, siendo su utilización durante el desarrollo similar para ambos orígenes y disminuyendo después de la eclosión, lo cual indicaría que los PUFA también son utilizados como sustratos energéticos (Izquierdo 1996), para la síntesis de hormonas (Bell y Sargent 2003), o son transferidos hacia los fosfolípidos. Por ejemplo, se observa que la concentración de DHA o de PUFA en los lípidos neutros disminuyeron a la mitad durante el desarrollo, lo cual concuerda con un catabolismo en particular del DHA después de la eclosión en varias especies como el lenguado (Hippoglossus hippoglossus) (Ronnestad et al., 1995),
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róbalo (Dicentrarchus labrax), dorada (Sparus aurata) (Ronnestad et al., 1994), bacalao (Gadus morhua) (Fraser et al., 1988) y arenque (Clupea harengus) (Tocher et al., 1985a). Sin embargo, la disminución de ácidos grasos saturados (en promedio 68% para silvestres y cultivados) y MUFA (en promedio 64% para silvestres y cultivados) fue mayor que para los PUFA, aunque dependió del origen de los organismos. De cualquier manera, estos resultados indican que durante el desarrollo larvario, los organismos utilizan una mayor proporción de saturados y MUFA, conservando los PUFA. El diferente grado de utilización entre ambos orígenes de ácidos grasos saturados (77.5 vs 58% para organismos silvestres y cultivados, respectivamente) y MUFA (72 vs 57% para organismos silvestres y cultivados, respectivamente), coincide con lo discutido previamente para la concentración de ácidos grasos totales de la fracción neutra.
El ARA, 18:0 y 18:1n-9 de los acilglicéridos no fueron utilizados en la misma proporción durante el desarrollo en larvas de origen silvestre o de cultivo, como lo indican las interacciones significativas que se detallaron en la sección de resultados. En particular para el caso del ARA, ha sido reportado que éste es preferencialmente conservado en otras especies como el arenque (Clupea harengus) (Folkvord et al., 1996), la dorada (Sparus aurata) (Mourente y Odriozola, 1990) debido principalmente a su importante función en la respuesta al crecimiento, estrés y supervivencia (Bell y Sargent, 2003; Fountoulaki et al., 2003). Sin embargo, es de interés que exista una acumulación diferencial en relación al origen del desove. Diferencias de acumulación de ARA entre organismos silvestres y cultivados también han sido reportadas por Silversand et al. (1996) para el lenguado (Scophtalmus maximus), donde se concluyó que una disminución podría representar su uso como sustrato energético, una deficiencia
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huevos por parte de la hembra. Ya sean diferencias en la dieta o en sí de la transferencia, los huevos de silvestres presentan mayores niveles de ARA, lo cual fue analizado en la sección anterior. Es posible que durante el desarrollo, los organismos cultivados conserven más este ácido graso, dado su reducida concentración inicial (1.9 mg/g en silvestres vs. 0.4 mg/g en cultivados). A pesar de que en larva recién eclosionada tanto la concentración como la proporción de ARA sigue siendo mayor en larvas silvestres, el incremento entre el estadio de huevo y el de larva recién eclosionada fue más pronunciado para organismos cultivados (58%) que silvestres (21%). Al parecer, en los organismos cultivados se presentó un patrón de conservación de niveles mínimos indispensables para ciertas funciones.