I. 1 ¿Qué es la economía capitalista?
III.6 Dinámica de la explotación: productividad y salarios
III.6.1 Productividad, competitividad y ventajas competitivas
En su afán por obtener beneficios y prevalecer sobre la competencia, las empresas buscan constantemente la mejora de su productividad. La
productividad es la relación entre la cantidad producida y la de fuerzas
productivas empleadas, ya sea en horas de trabajo o de medios de producción utilizados en su fabricación. Por lo tanto, la productividad mide el
rendimiento de las fuerzas productivas
Esta magnitud suele medirse siempre en relación a la fuerza de trabajo, puesto que, como ya sabemos, es el único factor productivo que crea valor nuevo. La productividad de la fuerza de trabajo se calcula dividiendo
la producción entre el número de horas trabajadas.
La mejora de la productividad permite a la empresa reducir sus costes
de producción por cada unidad producida, lo que supone la disminución
― Si baja sus precios en proporción a la reducción del valor de sus mercancías y, con ello, mantiene el mismo margen de beneficio por unidad que anteriormente, entonces venderá más cantidad de mercancías, obtendrá más beneficios totales y perjudicará a la competencia.
― Si mantiene su precios a pesar de la disminución del valor de sus mercancías, entonces aumentará su margen de beneficio por cada unidad vendida, lo que le permitirá obtener mayores ganancias, aun sin incrementar las ventas.
El crecimiento de los beneficios no solamente aumentará las ganancias de los capitalistas de la empresa que ha mejorado su productividad, sino que acelerará el proceso de acumulación de capital, lo que le permitirá invertir más, aumentar su tamaño y mejorar su plantilla y su nivel tecnológico.
La mejora de la productividad permite a la empresa aumentar su competitividad. La competitividad es la capacidad para competir con éxito en un mercado. Cuanto más competitiva sea una empresa, mayores serán sus ventas en un mercado y, por lo tanto, más beneficios podrá obtener.
Sin embargo, la productividad no es el único factor que determina la competitividad de una empresa. Existen otros determinantes denominados
ventajas competitivas que favorecen la mejora de la competitividad, y que
pueden ser muy variados, desde la fama de una determinada marca o la proximidad de una tienda al consumidor hasta la originalidad del diseño de un producto. Por lo tanto, una ventaja competitiva es una característica determinada que permite aumentar el grado de competitividad.
La productividad, la competitividad y las ventajas competitivas no son conceptos únicamente aplicables a la empresa, sino a cualquier otro agente económico que participe en un mercado. En el caso de un trabajador, por ejemplo, es obvio que una mayor productividad derivada de una formación más avanzada, una capacidad más desarrollada o una actitud más esforzada le permitirá ser más competitivo en el mercado laboral, lo que le facilitará la búsqueda de empleo y el cobro de un salario más elevado.
III.6.2 Productividad, salario y plusvalor
Si la mejora de la productividad reduce el valor de las mercancías producidas, entonces también disminuirá el valor de los bienes de consumo que los trabajadores adquieren a cambio de su salario. Si la jornada de trabajo y el nivel de vida del asalariado se mantienen sin cambios y la productividad aumenta, entonces los trabajadores necesitarán dedicar una fracción menor de su tiempo de trabajo a la producción del equivalente a sus medios de vida (trabajo necesario), por lo que la parte restante (plustrabajo), que dará lugar al plusvalor, aumentará. Y lo que es más importante: lo hará sin afectar de
ninguna manera al bienestar material del trabajador.
Veámoslo con los datos del ejemplo que venimos utilizando. Partimos de una jornada laboral de ocho horas dividida en dos fracciones: cinco horas de trabajo necesario que producen el equivalente al valor de la fuerza de trabajo, y otras tres de plustrabajo que generan el plusvalor. Esta situación podríamos representarla así:
Si aumentara la productividad de la fuerza de trabajo de manera que fuera capaz de obtener el doble de producción por hora, entonces el tiempo de trabajo necesario para producir la misma cantidad de bienes de consumo que forman el valor de la fuerza de trabajo se reduciría a la mitad y, como la jornada sigue siendo de ocho horas, la diferencia se convertiría en más plustrabajo.
Esto significa que, como los trabajadores son capaces de producir lo mismo que antes en la mitad de tiempo, entonces se podrá obtener la misma cantidad de bienes de consumo que compraban antes con sólo la mitad de jornada laboral. Pero como la jornada laboral total no varía, las horas que antes se dedicaban al trabajo necesario del asalariado ahora se convertirán en plustrabajo, lo que provocará un incremento del plusvalor. De esta manera, la
Trabajo necesario
5h Plustrabajo3h
Trabajo necesario
nueva tasa de plusvalor obtenida sería del 220% (pv' = 5,5/2,5) en lugar del 60% original (pv' = 3/5).
Incluso podría darse el caso de que, ante un aumento tan importante de la productividad, las empresas accedieran a las exigencias de aumento de salario de los trabajadores sin que ello les impidiera mejorar sus beneficios. Si en el ejemplo puesto en el que se dobla la productividad, las horas de trabajo necesario no se redujeran a la mitad, sino sólo a 4, por ejemplo, entonces la empresa seguiría aumentando el plustrabajo obtenido (en esta ocasión, de 3 a 4 horas) y, con ello, su tasa de plusvalía (del 80% al 100%). Y los trabajadores dedicarán más horas proporcionales al trabajo necesario, lo que les permitirá producir más bienes para su consumo y, con ello, mejorar su nivel de vida.
Todo esto significa, sencillamente, que, si bien la compulsión hacia la mejora de la productividad a la que la competencia característica del capitalismo conduce y que los avances de la tecnología y la ciencia hacen posible es un fenómeno indudablemente positivo en términos materiales porque permiten aumentar y mejorar la producción de bienes, su repercusión en términos de enriquecimiento para cada clase social depende del resultado de la
pugna distributiva entre ambas. Si el capital logra que dicha mejora no venga
acompañada de una subida salarial proporcional o superior, entonces aumentará el plusvalor y la tasa de plusvalor a costa del salario relativo. Si, por el contrario, los trabajadores consiguen presionar a las empresas para aumentar su salario en la misma proporción que la productividad o incluso más allá, entonces el plusvalor y la tasa de plusvalor caerán merced al aumento del salario relativo.
III.6.3 Condiciones laborales y plusvalor
Una alternativa evidente y menos sofisticada que la mejora de la productividad al alcance del capital que puede ser útil para hacer crecer el plusvalor y la tasa de plusvalor es ampliar la duración de la jornada laboral o la intensidad del trabajo realizado durante las horas de labor.
Si partimos de la misma situación inicial que planteábamos en el epígrafe anterior, tendríamos una jornada laboral así:
Si la empresa consigue alargar la jornada laboral total de 8 a 9 horas sin aumentar el salario, entonces la jornada pasará a ser así:
Aquí vemos que las horas de trabajo necesario y el valor de la fuerza de trabajo (salario) no se han modificado, pero han aumentado las horas dedicadas al plustrabajo y, con ello, el plusvalor (beneficio). De este modo, mientras que la tasa de plusvalor en el primer caso era del 60% (pv' = 3/5), ahora será del 80% (pv' = 4/5).
El efecto sería el mismo si, en lugar de alargar la jornada laboral, se aumentara la intensidad del trabajo, ya que, en ese caso, cada hora más intensiva equivaldría a más de una hora anterior (por ejemplo, una aumento de la intensidad del 50% haría que cada hora más intensiva equivaliera a una hora y media anterior).
Pero el aumento absoluto del plusvalor tiene sus límites, ya que la duración y la intensidad del trabajo admisibles por el organismo humano no sólo son finitas, sino que tienden a reducir sus máximos de tolerancia a medida que progresa el bienestar socioeconómico y crece el poder y la conciencia social de la clase trabajadora. Por eso, es más efectivo y habitual el aumento del plusvalor a través de la mejora de la productividad, ya que no supone un empeoramiento de las condiciones de trabajo.