PARTE I: ANTECEDENTES Y MARCO GENERAL DE LA INVESTIGACIÓN
CAPÍTULO 1. OBJETO Y PERSPECTIVA METODOLÓGICA
5. E NFOQUE METODOLÓGICO
5.1. Dinamismos culturales
Una segunda cuestión metodológica está focalizada en el concepto de cultura. Acorde a nuestra aproximación teórica, lo primero que cabe refrendar es la crítica a la estaticidad arraigada sobre todo en los autores clásicos y retratada paradigmáticamente en la
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antropología de Bronislaw Malinowski (Wolf 1987, Clifford 1991, 1997, Marcus y Cushman 1991, Díaz de Rada y Velasco 2002). En efecto para los antropólogos clásicos la cultura era literalmente un objeto exótico, delimitable social y territorialmente, siendo su condición metodológica tácita la localización del investigador en una comunidad más o menos cerrada y simbólicamente homogénea (Clifford 1997). Pues bien, más allá de los fundamentos de tal posicionamiento, señalemos que en esta investigación la dimensión cultural exige lecturas que asuman los escenarios de complejidad y dinamismo (político y económico, en principio) en los cuales se ven inmersas las comunidades llamadas locales.Aunque nos interesa ampliar la crítica a aquellos estudios que plantean que la cultura puede conocerse de forma objetiva, sostenemos que respecto de la falacia de la estaticidad funcional una de las más sugerentes ha sido la formulada por Marshall Sahlins (1988). En respuesta al estructuralismo mecánico y determinista, Sahlins propuso reconsiderar la figura dicotómica en donde la estructura era el vector determinante del acontecimiento, construyendo una hipótesis transgresora al señalar que si la estructura era en realidad una configuración simbólica (muy al estilo geertziano) ésta era susceptible de ser modificada a partir de su propio despliegue histórico, es decir como acontecimiento.
Sostengo que este diálogo simbólico de la historia -diálogo entre las categorías reconocidas y los contextos percibidos, entre el sentido cultural y la referencia práctica- pone en tela de juicio toda una serie de oposiciones fosilizadas por las cuales habitualmente comprendemos la historia y el orden cultural. No me refiero solo a la estabilidad y cambio o a estructura e historia, sino además al pasado como algo radicalmente distinto del presente, el sistema frente al acontecimiento o aun la infraestructura frente a la superestructura (Sahlins 1988: 135).
Sin embargo, más allá de las aportaciones de Geertz o del propio Sahlins, la noción del objeto cultural dinámico -profundizada y radicalizada por autores como Arjün Appadurai (1996) o James Clifford (1997)- incuestionablemente asertiva, deja a su vez la sensación de la cultura como un flujo permanente, en donde los límites tradicionales de la comunidad son siempre desbordados. Y en efecto, si bien es ineludible la reconfiguración (cada vez más compleja) de los mundos culturales a partir de
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fenómenos como la globalización o la transnacionalización económica y cultural54, sigue siendo imprescindible una problematización en la dimensión localizada, en especial si estamos pensando en determinadas zonas de América latina55.
Lo antes dicho entronca con la relativización que puede leerse en los trabajos del citado Escobar (1996, 2000), quien también ha llamado a reconsiderar los enfoques desterritorializados. Así tenemos que en ciertos contextos –como costero rurales o campesinos- “el lugar” sigue siendo el referente de procesos políticos significativos; en este sentido, al abordar el Proceso de las Comunidades Negras del Pacífico colombiano (PCN), ha señalado la importancia estratégica que para estas comunidades tiene el “control territorial” (1999, 2002). Una visión similar pero con un énfasis metodológico explícito encontramos también en Comas d’ Argemir , al remarcar que el problema de la globalización puede entenderse mejor al revés, es decir, observando “lo global a partir de sus concreciones locales, haciendo de la etnografía el instrumento básico de su comprensión. Se trata de ‘leer’ el sistema global y el cambio social a través de las etnografías localizadas (Comas d’ Argemir 1997: 24).
Llegado a este punto se propone una aproximación centrada en los siguientes aspectos:
• La comunidad territorializada sigue siendo la referencia básica de nuestro objeto de investigación. Ésta a su vez comporta una comunidad social, con esto sugerimos que, independiente de los flujos translocales, no puede subestimarse la importancia de una base social que construye y reconstruye sistemas de arraigo. Dicho de otro modo, la gente se mueve y crea nuevos espacios pero también continúa viviendo en los lugares. Estas comunidades sociales, que viven en “el lugar”, forman parte de lo que en el campo de investigación llamaremos actores locales, así ese primer referente contiene subjetividades, que juegan un papel central en la dinámica relacional del mismo.
54 Appadurai (1996) reflexiona a partir de lo que llama “paisajes étnicos globales”, en donde comunidades tradicionalmente localizadas o identificadas territorialmente “pierden” incluso temporalmente esa condición –el caso de los migrantes- y se ven impelidas a reinventar sus dinámicas identitarias, por ejemplo sobre la base de los recursos imaginativos. Para el caso latinoamericano son referentes obligados los trabajos de Martin-Barbero (1987, 2004) y García Canclini (1990, 1999, 2001). 55 En efecto, si hemos identificado que en nuestra problematización hay un capital de recursos naturales en litigio ello es porque su valor económico (no sólo en el sentido ortodoxo) es una cuestión objetiva, que por lo demás pone en juego la reproducción de la vida material de estas comunidades.
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• No obstante, tampoco se trata de adscribir a una concepción ingenua einapropiada para los tiempos que corren, tal como han señalado diversos autores vivimos en un mundo interconectado e interdependiente. El énfasis que nos interesa subrayar, para nuestros propósitos, es el de los dinamismos que interrelacionan y condicionan diferentes contextos económico-culturales y de esta forma los tornan analíticamente más complejos. De todos modos es evidente que las nociones de cultura y comunidad han variado en las últimas décadas, pero se trata de variaciones que tienden más a su enriquecimiento que a su reemplazo. Bajo esta consideración acudimos a la noción de “campo del desarrollo” tal como fue sugerida más arriba.