3. VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO PERIODÍSTICO
3.5 Dios existe en sentido periodístico
¿Y conceptos como alma, como espíritu, como Dios? Ya lo hemos dicho: aun- que no haya nada en el mundo que podamos denotar como tales, existen, y así lo entendería la lógica periodística, en la medida en que algunos hablantes añaden palabras al mundo a propósito de esas entelequias. En el momento en que com- parezca una persona dispuesta a afirmar con palabras inteligibles (por ejemplo: “Creo en Dios”) la existencia de Dios, Dios y aún su existencia se convierten en materia periodística, en realidad, porque se da el hecho de esa creencia, que pue- de ser narrada, aunque no pueda ser mostrado el objeto de la creencia. Todo ello nos llevaría a la conclusión de que tienen la razón quienes predican del periodis- mo una perversidad intrínseca y una indiferencia moral pasmosa. Pero, aunque con frecuencia pueda ser así, no siempre lo es ni tiene por qué serlo fatalmente.
En primer lugar, el periodismo amplifica y difunde, pero no añade más ruido al mundo del que ya hay en él, del que éste de antemano produce. Antes bien, un proceder típico de la prensa, como acabamos de ver, consiste en devolver al mundo un ruido ya filtrado, por lo que su añadir mundo al mundo no se da necesariamente en sentido cuantitativo. La información es una selección de
hechos, una selección de mundo. Que a alguien le parezca más serio informar
Tenemos que aclarar esta afirmación. Hemos dicho más arriba que una verdad en sentido perio- dístico no sustituye a otra anterior, sino que se acumula. Sin embargo, esto no entra en contra- dicción con la afirmación que acabamos de hacer de que su añadir mundo al mundo no se da en sentido cuantitativo. Ello es debido a que su posible acumulación de verdades se da en el terreno reductivo de la ‘verdad del día’, es decir, el medio selecciona una parte muy pequeña de la realidad diaria para llevarla a su parte cotidiano, y desprecia el resto, por lo que su realidad proviene de una severa resta previa.
sobre el hecho de que ‘X’ ha escrito un texto llamado ‘El ser diseminado’ que
informar sobre los pormenores de la boda de menganita con zutanito, sujeto de quien a su vez se había divorciado tres meses antes, que alguien piense así, repito, no tiene ningún interés epistemológico, pues no deja de ser una opinión pacífica frente a otra igualmente incruenta: la opinión de quien cree más interesante la información sobre la citada boda. Ya sabemos que estas palabras pueden provo- car el escándalo de los filósofos éticos, o de cualquier persona. Pedimos un poco de paciencia, y también, que se acepte, aunque sea provisionalmente, lo hasta aquí expresado.
3.5.1 Hablar de lo que no se puede
En segundo lugar, desde aquí y en adelante comienza el espacio de la ética, es decir, a partir de aquí comienza el periodismo a hablar, a seleccionar, a medir, a calcular, a juzgar, con excelencia en unos casos, de manera infame en otras. Pero ése es el momento en el que nosotros nos detenemos ahora, pues nos he- mos limitado a presentar, paradójicamente, aquello de lo que el periodismo no habla, pues no es sino su constructo lógico. Al contrario que el Wittgenstein del
Tractatus, de todo eso que aquí no se habla (lo propio de la filosofía en el sentido
del Tractatus) es de lo que el periodismo debe hablar desde la facticidad de su ser diseminado en las cosas infinitas del mundo. Hasta aquí hemos tratado de mostrar los límites –infinitos y dispersos– de su forma de conocer. El después es ya el barbecho del periodismo que se hace, que se está haciendo, que está siendo. Y es entonces la episteme la que ha de guardar silencio para dejar hablar –si es que
ésta se siente capaz de discernir entre lo excelente y lo que no lo es– a la ética, a la filosofía, que es, como el propio periodismo, algo más que taxonomía o que espejo indiferente y simétrico del mundo.
4. INFORMACIÓN
Lo dicho hasta aquí se refiere a la información periodística. Supone, o así lo pretendemos, un esbozo de filosofía de la información en sentido periodístico.
Pero nuestra hipótesis puede encontrar ayuda y apoyo en una Teoría de la In- formación, entendida ahora de manera general. También la llamada Teoría Ma- temática de la Información, creada por Shannon, y diferentes variantes de ésta, –cuyos tópicos pasaron, muchas veces acríticamente, de una manera mecánica
a los estudios sobre la comunicación humana y especialmente a la teoría de la información en los medios– pueden resultarnos útiles.
¿Qué es la información? Si habláramos de algún tipo de información especí- fica, por ejemplo, la información periodística, la respuesta sería una determina- da, aunque una teoría de la información periodística también se encontraría
afectada por una teoría general de la información, en la medida en que ésta se presenta con la pretensión de ser una teoría general, una teoría de teorías.
Ensayaremos aquí una primera aproximación a qué es información con la pretensión, desde luego, de que esa manera de ser de la información sea aplicable a cualquier tipo de teoría de la información, incluida la información mediática, la que nos llega a través de los medios de comunicación de masas, en suma, la información periodística. Sin embargo, esta primera aproximación estará to- davía demasiado cercana a las teorías funcionalistas e instrumentales, o a las puramente ingenieriles, entre las que se encuentra la de Shannon, y por tanto no tienen en cuenta que la información mediática, como toda la establecida entre seres vivos, es interactiva y dinámica. Una definición como la que vamos
SHANNON, C. E. y WEAVER, W.. Teoría matemática de la comunicación, Madrid: Forja, .
Por ejemplo, la que propone Luka Brajnovik como definición descriptiva de la información: “In- formación es el conjunto de las formas, condiciones y actuaciones para notificar o hacer saber –in- dividual o públicamente– los elementos de conocimientos, de hechos, de sucesos, de actividades y proyectos, de datos históricos o previsibles, todo ello mediante un lenguaje adecuado y comu- nicable, utilizando palabras o signos señales y símbolos, expresados directamente o a través de los conductos y sistemas aptos para este fin, como son los medios de comunicación social y cualquier otro procedimiento instrumental o especulativo”. (En El ámbito científico de la información, ª edición, Pamplona: Universidad de Navarra, , pp. -)
Ello es así porque el esquema triádico aristotélico situado en la base de los estudios sobre la in- formación (emisor-mensaje-receptor) provoca en el caso de la teoría de la información un cierre categorial. Véase, entre otros: Ángel Benito, Teoría general de la información, Madrid, ; Felicí- simo Valbuena, Teoría general de la información y gnoseología del cierre categorial, Madrid, Revista de ciencias de la información, , nº ; Eva Aladro Vico, Teoría de la información y comunicación
a proponer a continuación de manera provisional no tiene todavía en cuenta ni
los aspectos semánticos (el sentido mismo de los mensajes) ni los pragmáticos (la manera en que afecta la información a los concernidos por ella).