• No se han encontrado resultados

I. LA FIDELIDAD DE DIOS

4. El Dios de la justicia y la misericordia

Después de hacer un recorrido por pasajes veterotestamentarios como el texto de la creación de la tradición Yahvista donde se manifiestan las primeras acciones misericordiosas de Dios, la teofanía de la zarza ardiendo donde Yahvé llama a Moisés para que cumpla con la misión de liberar al pueblo de Egipto y el acercamiento al Deuteroisaías que por medio de la palabra del profeta de la consolación anima a su pueblo en medio del cautiverio considerando posible el retorno a Jerusalén después del castigo del cautiverio se confirma indudablemente que Dios actúa en la historia amando a sus criaturas apasionadamente buscando transformar sus vidas y den testimonio fidedigno de su misericordia.

36 Es una dinamicidad que oscila entre la plena comunión del hombre con el Creador donde se abre camino la vida y la del alejamiento que está narrado en los primeros tres capítulos del libro del Génesis abriéndose paso la trasgresión que desemboca en la muerte. La intención es tener una visión global y objetiva del Antiguo Testamento porque en palabras de De León Azcárate (2003) “quedarse sólo con los aspectos bellos y positivos supone desterrar de nuestra lectura aquellos pasajes, numerosos por otra parte, en los que la violencia humana y divina cuestionan nuestra razón y nuestra fe” (p.9).

Esta imagen de Dios tiene claras influencias del antiguo Oriente Próximo con divinidades que tienen características diversas, especialmente el amor, la fecundidad y la guerra. Estas particularidades pueden relacionarse con Yahvé visto globalmente como un Dios ambiguo, o al menos bifronte con rasgos femeninos y tiernos, creador y por lo mismo dador de vida, pero guerrero a la vez. Es a la par una divinidad misericordiosa y castigadora: “No te postrarás ente ellos, ni les darás culto: porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos cuando me aborrecen; pero actúo con lealtad [misericordia] por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos” (Ex 20, 5-6); “Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios, un Dios fiel: a los que aman y guardan sus preceptos, les mantiene su alianza y su favor por mil generaciones; pero al que lo aborrece, le paga en persona sin hacerse esperar, al que lo aborrece le paga en persona” (Dt 7, 9-10). El mismo libro del Deuteronomio une la imagen belicosa con una tierna de Dios como padre que acompaña a su hijo: “Yo les decía: No se acobarden, no les tengan miedo. El Señor, su Dios, que va delante, luchará por ustedes, como ya lo hizo contra los egipcios, ante sus ojos” (Dt 1, 29-30).

Llama la atención que en los textos no se percibe una evidente diferencia entre la violencia obrada por los hombres, particularmente en su pueblo y la que ejerce Yahvé que es mimética y simétrica. Si la humanidad ejerce violencia, Él la destruirá violentamente como se encuentra en el relato del Diluvio o por el contrario si los hombres lo buscan y lo bendicen, Él los bendecirá (Gn 12, 2-3).

Se pueden contar por ejemplo el exterminio de casi toda la humanidad por el Diluvio (Gn 6-9); la de todos los habitantes de Sodoma y Gomorra (Gn 19, 25); El asesinato de los primogénitos de Egipto (Ex 12, 29); Expulsión de naciones de su tierra (Dt 7, 1); Sometimiento de unas naciones a otras o al yugo de Israel (Jer 27, 4-8); violaciones de mujeres en combate escatológico (Is 3, 6; Zac 14, 2); Asesinatos de mujeres, niños y ancianos (Is 13, 16; Nah 3, 10;

37 Ez 9, 6); Venta de esclavos de los hijos e hijas de Tiro y Sidón (Jl 4, 8); Él manda a su pueblo al cautiverio y lo entrega a la espada (Dt 28, 25-26; Sal 78, 61-62).

Un Yahvé guerrero lidera acciones salvíficas realizadas militarmente que tiene como prototipo la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. En este relato se encuentra la correlación entre salvación y exterminio: “Aquel día salvó Yahvé a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a orillas del mar” (Ex 14, 30). Yahvé es el caudillo, el Señor de los ejércitos, está en permanente combate: “Desenfundas y preparas tu arco, cargas de flechas tu bolsa” (Hab 3, 9).

Tienen un capítulo especial el tipo de violencia preventiva y disuasoria mediante episodios de carácter pedagógico que quieren “recordar a los futuros reyes de Israel que sus abusos de poder, injusticias y violaciones de derechos humanos no quedarán impunes ante Yahvé” (p. 64). Esta advertencia confirma que Dios ejerce violencia para hacer justicia al débil contra cualquier opresor que puede ser uno de los reyes de su pueblo. Basta con recordar la situación del rey David que es castigado con la muerte de su hijo por haber enviado a combate al hitita Urías para quitarle a su esposa Betsabé: “David dijo a Natán: ¡He pecado contra el Señor! Natán le respondió: El Señor ya ha perdonado tu pecado, no morirás. Pero por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá” (2 Sm 12, 13-14). Otro ejemplo es la muerte violenta del rey Ajab y su esposa Jezabel, su sangre será lamida por los perros a causa de haber asesinado a Nabot y haberle arrebatado su viña: “En cuanto oyó Jezabel que Nabot había muerto apedreado, dijo a Ajab: Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, que no quiso vendértela. Nabot ya no vive, ha muerto. (…) Dile: Así dice el Señor: En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre” (1 Re 21, 15.19).

Para De León Azcárate (2003) es una violencia vindicativa que “enfatiza más el castigo contra el opresor que la liberación del oprimido, la cual no llega a producirse” (p.65). Otro aspecto es que Yahvé no lucha sólo contra los enemigos de Israel porque la teología deuteronomista y profética muestra que su juicio puede volverse contra su mismo pueblo, principalmente a causa de la idolatría.

Dios va más allá de privilegiar a su pueblo porque sus acciones también liberaron a Filisteos y Arameos, incluso para algunos profetas, naciones extranjeras que no conocen a Yahvé se convierten en instrumento para castigar al pueblo elegido. Este panorama no es el más

38 alentador porque la sociedad de Dios no está exenta de violencia originada en la desobediencia y la idolatría porque “se trata de un deseo auto-idolátrico y por tanto profundamente anti- humano, que sitúa al hombre fuera de su auténtica realidad, que no es otra que la de ser la creatura más excelsa del único y verdadero Dios” (p.68).

El hombre que ha fracturado la armonía que tenía con el Creador, con los demás hombres y con la creación no queda a la deriva, jamás será abandonado porque, aunque el pecado siga creciendo y la violencia también, el amor de Dios no se desdibuja, sino que por el contrario se fortalece y no dejará de manifestarse de múltiples maneras.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática Gaudiun et Spes expone de forma admirable el paso del interés más intelectual por la fe al interés pastoral y de la praxis que se concreta en la misión presentando la Iglesia como comunión: “Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo de uno todo el linaje humano para poblar todo el haz de la tierra (Act 17, 26), y todos son llamados a un solo e idéntico fin, esto es, Dios mismo” (n° 24).

Documento similar