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DIOSES OLÍMPICOS

El Olimpo era un monte donde los griegos situaban a sus dioses, bajo el mando de Zeus, reemplazando a los mitos matriarcales de épocas anteriores. Tres dioses quedan fuera del Olimpo en su organización, cuando Zeus distribuye los lugares, por ser considerados muy

peligrosos: Urano, el cielo abierto; Plutón, el dios de los muertos; Neptuno, el dios de los mares.

Estas fuerzas pueden ser muy positivas para la vida del hombre, pero pueden también desbordar la conciencia con una fuerza inesperada, des-estructurante. Esta organización olímpica es muy importante de tener en cuenta, ya que los dioses que están dentro del Olimpo representan fuerzas mucho más fáciles de identificar, desde el punto de vista psicológico, que el resto.

Desde la perspectiva de la psicología profunda (Jung), cada dios se corresponde con un planeta y también con una función de nuestra psiquis (alma).

Elegimos abordar a estos dioses: Urano, Neptuno y Plutón,40 porque los mismos tienen que

ver con energías espirituales o, como dice Jung, trans-personales. Estos arquetipos producen una apertura de conciencia, para el crecimiento espiritual del hombre. Son arquetipos de trasformación profunda. Es importante la interpretación que hagamos de estos arquetipos, ya que de la misma dependerá el trayecto antropológico que dará sentido, o no, a nuestra existencia. Será Hermes quien nos guíe para comprender el valor simbólico de la interpretación, y por eso empezamos con este mito.

Como dice J. Campbell,41 los mitos son un instrumento fundamental para interpretar la

realidad, enriqueciendo nuestra experiencia vital. Son metáforas de lo absoluto, de lo trascendente. Pistas de las potencialidades espirituales de la vida humana. Un mito es también una máscara de Dios, una metáfora de lo que yace debajo del mundo visible.

Urano, Neptuno y Plutón son considerados desestabilizadores del orden cósmico, símbolo de nuestra organización psicológica.

Urano es el cielo abierto, Neptuno o Poseidón el Océano, y Plutón dios del Hades, el mundo subterráneo. Fuerzas indómitas, arquetipos espirituales; energías complejas para comprender y aprender en la vida diaria.

40 La idea original del libro era trabajar sólo con estos arquetipos, luego se agregaron los otros planetas personales lo cual surgió de las clases dadas en el centro astrológico de la profesora Domato.

Urano simboliza la creatividad, que siempre es de origen divino. Abraza a Gea, la tierra,

con quien procrea a los dioses. Rige el rayo, el trueno, la electricidad. Las personas golpeadas por el rayo son rayadas: ¿genio o loco?

Neptuno: el mar nos produce un efecto fascinante (las sirenas), también una distorsión de

la realidad, como cuando ponemos un objeto en el agua. Vivencias que nos transportan a otra dimensión, fantasías, sueños.

Plutón: el volcán, la lava que desborda las pasiones guardadas: odio, resentimientos,

rencores, posesión, apego.

Estas fuerzas forman lo que D. Rudhyar42 denomina el sistema heliocósmico, regido por la

fuerza de gravedad de nuestro sistema solar, desde el Sol hasta Saturno. Pero el sol no es solo el yo de este sistema, es también una estrella de la galaxia, es necesaria una revolución de la conciencia, una revolución galáctica. El hombre también está afectado por la fuerza galáctica, la fuerza que rige después de Saturno, aunque generalmente no nos damos cuenta, ya que nuestra conciencia no opera a nivel galáctico, es necesario trasmutar el yo solar al nosotros galáctico; y ese será el trabajo espiritual con los arquetipos trans- personales.

Los mitos, a través de estos dioses-planetas-arquetipos, nos traen voces, mensajes de la galaxia.

Rudhyar denomina a estas fuerzas, simbolizadas en los mitos de Urano, Neptuno y Plutón,

embajadores galácticos; fuerzas subversivas cuya misión es atraer la conciencia del

hombre hacia una dimensión galáctica, desafiando a Saturno, Marte y Júpiter. Estos impulsos existen en el campo heliocósmico en forma latente. Todo dentro de la órbita de Saturno gravita hacia el sol, estando orientado biológicamente por fuerzas instintivas de la biosfera, que rigen la luna.

La luna, arquetipo de nuestra capacidad de adaptación, este arquetipo es donde buscamos

refugio del desafío que traen las fuerzas espirituales. La luna es el ámbito psíquico, lo conocido, lo habitual, en el que nos protegemos, para no perder la comodidad en la que nos encontramos.

Urano: arquetípicamente, simboliza la ruptura de las defensas lunares-saturninas. Su

función es mantener libre el camino galáctico.

Neptuno: arquetípicamente es el disolvente universal, desintegra lo que Urano hizo añicos. Plutón: arquetípicamente, es la pureza, agente catártico, limpia y purifica.

Estas fuerzas no son destructivas ni negativas, siempre que nuestras energías personales estén equilibradas, y en tanto que no nos refugiemos crónicamente en la luna, como defensa ante lo que la personalidad traduce como destrucción. Ésta es en realidad el ego, que nos hará creer que las fuerzas trans-personales quieren eliminarnos y que tenemos que defendernos, cuando en realidad lo que quieren es eliminar lo que nos dificulta nuestra conexión con el espíritu.

Si sabemos abrirnos a estas nuevas dimensiones, Urano nos dará su creatividad sin enloquecernos; Neptuno, su profundidad, sin que nos perdamos en una nebulosa; y Plutón, su potencia, sin destruirnos. Para poder comprender y asimilar estas fuerzas es necesario estar preparados, tener valor para enfrentar el camino del héroe, responder al llamado e iniciar el viaje. Es fundamental que todos estos mensajes sean bien recibidos por nuestra mente y traducidos de manera espiritual, para poder comprender lo que nos pasa y poder crecer.

Es importante tener siempre presente que los símbolos se manifiestan en la psiquis con luz y sombra. La sombra, es aquello guardado en el inconsciente que aún no podemos reconocer como propio, se presenta como una resistencia a evolucionar.

En el momento de interpretar tenemos que orientar nuestra alma para que enfoque, como dice Platón -la idea de Bien- llegando así a la luz espiritual que ilumina nuestra intuición -noesis- conocimiento sagrado de las realidades últimas.