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DISCURSO DE CIERRE DEL SR PRESIDENTE DE LA ACADEMIA NACIONAL DE DERECHO

Y CIENCIAS SOCIALES DE CÓRDOBA

Dr. Julio Isidro Altamira Gigena

A pesar del arraigo de este supuesto en la conciencia de la humanidad, los hombres han intentado siempre buscarle una justi- ficación racional y cometer su tutela al Estado, como organización jurídica de la sociedad. En tal sentido,

a partir de la constatación del amplio recono- cimiento del valor de la vida desde la concep- ción en el seno materno, por el derecho positivo Nacional2 e Internacional3.

En otras palabras: el respeto por la vida no solo es una obligación de nuestro País sino también de todos los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas.

Por ello, estimo que es necesario examinar la cuestión de ¿por qué el Estado debe proteger la vida humana? Este es un enfoque positivo.

Y, ¿cuáles son las consecuencias de no protegerla? Este es un enfoque negativo.

En consecuencia se debe proteger la vida por medio del derecho y también se debe buscar la paz por medio del derecho.

2 - Art. 70 del Código Civil de Vélez y art. 19 del actual Código Civil y Comercial.

3 - Convención Americana sobre Derecho Humanos del 22/11/1969 conocida como “Pacto de San José” establece:

“Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.” (art.4.1.).

Lograr la paz esa es una obligación no sólo del Estado sino de todos los integrantes de la sociedad. Estoy totalmente de acuerdo con Soto Kloss4, que

es digno de destacar, que toda persona obra por un fin, que es causa de su obrar y término de su actuación.

Al científico lo guía la búsqueda y el hallazgo de las explicaciones de las leyes de la naturaleza; y dominándolas, permitir la invención de instru- mentos que beneficien a sus semejantes.

Al artista lo guía la búsqueda de la belleza y poder expresarla de modo diáfano, para recrear a sus semejantes con la contemplación de la armonía que arranca de lo bello.

¿Y al jurista? ¿Qué lo guía en su ciencia? ¿Qué es lo que lo mueve en su arte?.

Unos enamorados con las normas, tendrán a éstas como suprema manifestación del derecho y le rendirán tal pleitesía y honor, que la tomarán como un texto sagrado, y cual si fuesen teólogos frente a la Divina Palabra revelada no harán otra cosa que su exégesis, su comentario y su sistematización, utilizando los supremos resortes de la lógica y de la retórica para “revelarla”, ya en las aulas, ya en los tribunales, ya en el Congreso de la Nación. Otros, argumentan que esos textos que regulan la conducta de los hombres se colorean con el hálito vital y su dinamismo, y verán esas normas en una realidad más honda, como frutos de un contexto donde lo social está teñido con lo político, con lo económico, con lo espiritual.

Estas personas al explicar el derecho lo verán como un producto histórico donde confluyen multitud de influencias, numerosos temperamentos, variadas circunstancias que les permitirán a estos juristas profundizar no sólo en su génesis, sino también en su aplicación, considerando al Derecho como un producto social.

Otros se preguntarán por los últimos fines del Derecho y al planteárselo de esta manera, sostendrán que regula la conducta de los hombres viviendo en sociedad. Entonces habrá que pregun- tarse: ¿Qué es el hombre y su naturaleza? ¿Qué es la sociedad en su sustancia, y de qué modo se relacionan el hombre y la sociedad?

4 - Soto Kloss, Eduardo; “Derecho Administrativo”; Bases Fundamentales, Santiago de Chile 1996, ed. Jurídica de Chile, t.I, p. 15 y ss., a quien sigo en esta exposición.

Y de este análisis se concluirá que el Derecho regula una parte de la acción de los hombres, esto es la relación de alteridad, relación que si bien se inserta en el plano del bien y del mal, esto es de la moral, solo actúa en la “sociabilidad” del hombre, quedando en general fuera de él todo el plano de su intimidad y de su religiosidad.

Pero esa parte que regula el Derecho es parte de la conducta misma de los hombres, los cuales no dejan de ser tales por ser regulados por este Derecho y, por lo tanto, el Derecho tiene -cual consecuencia necesaria- que tener en cuenta todo el hombre. Esto es su racionalidad, su libertad, su sociabilidad y su contingencia.

De este modo el Derecho, así entendido, viene a ser un instrumento de convivencia entre los hombres.

Cicerón dijo: “ubi ius, ibi societas”, “donde hay derecho hay sociedad”.

Pero, como no basta la mera convivencia sino que se requiere que ésta sea pacífica, a fin de que no se destruyan unos a otros, es que el Derecho debe buscar la paz, que no se encuentra en la fuerza ni en el poder brutal, sino en que cada uno de los miem- bros de la comunidad pueda alcanzar y poseer lo necesario para su propia existencia, adecuada y digna, conforme a su condición de ser humano. De allí que se tratará de alcanzar lo “justo” tanto en las relaciones de los hombres entre sí, como en las relaciones de éstos con quien tiene el cuidado de la comunidad y de ésta con aquellos.

En otras palabras: el objeto del Derecho es lo justo, ya que la paz es obra de la justicia.

Nos recuerda Recasens Siches5 que no debemos

ignorar que ha habido, hay y puede haber Derecho injusto, que no supone ninguna demanda de conformidad ante esa desgracia; antes bien, ello es perfectamente compatible con proclamar que debemos bregar y procurar que ese Derecho injusto desaparezca, pues debemos tener muy presente que el Preámbulo en nuestra Constitución Nacional proclama enfáticamente: “afianzar la justicia”.

Esa proclama ¿Es sólo un cometido estatal? Pienso que no. Estoy convencido que cada uno de nosotros, en las medidas de nuestras posibilidades

5 - Recasens Fiches, Luis; “Filosofía del Derecho”, México 1959, ed. Porrua S.A., p.53.

y en el medio en que nos movemos, debemos tratar de ser justos con nuestros semejantes. Sólo así se conseguirá lo que decía Ulpiano: “honeste vivere, alterum non laedere et suum quique tribuere”,

“vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo”. Aprovechemos este homenaje no solo para pensar en nuestros héroes, sino también en el futuro de nuestra Patria.

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