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DISCURSO DE GRADO ESCUELA DE EMERGENCIAS MÉDICAS

AUTORA Tnlga. Cindy Luna

Tecnóloga en Emergencias Médicas. Instituto Superior Tecnológico Cruz Roja Ecuatoriana. Quito. Ecuador.

REVISOR MSc. Diego Merizalde Guerra

Director del Departamento de Comunicación e Imagen Institucional. Instituto Superior Tecnológico Cruz Roja Ecuatoriana. Quito. Ecuador.

Buenas tardes. Compañeros de la Escuela de Emergencias Médicas, compañeros de la Escuela de Gestión de Riesgos, maestros, autoridades de la institución, familia y amigos que se encuentran en este día especial.

Mi nombre es Cindy Luna. Es para mí un honor estar frente a ustedes, representando a la Escuela de Emergencias Médicas.

Agradezco a Dios por permitirnos estar aquí, reunidos en este día esperado. Un abrazo a una persona a la que admiro y que ha volado desde el otro lado del mundo para estar aquí: a mi madre Fanny Salazar, que gracias a su esfuerzo soy una profesional. A ella que me ha dado alas para volar hacia mis sueños.

También agradezco a mi familia y a mis amigos por las sonrisas y los buenos momentos. Además, quiero retribuir a esta noble institución: al Instituto Superior Tecnológico Cruz Roja Ecuatoriana (ISTCRE) por la excelente instrucción académica que nos proporcionó. Por permitirnos tener el privilegio de desarrollar nuestras habilidades y aplicar el conocimiento aprendido en las aulas, en las ambulancias, ya sea como asistentes, como responsables de ambulancia, conductores o VPI.

Un especial reconocimiento a los docentes de esta institución. Aquellos que, con pasión,

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En 2014, cuando tomé la decisión de retomar mis estudios, sin saber aún qué carrera elegir, pensaba en algo que me inspirara a levantarme cada mañana, con la emoción de saber qué me deparará ese día, algo fuera de la rutina, algo que realmente me gustara. Así, decidí estudiar en esta noble institución. Al inicio me llamaba la atención el uniforme de los paramédicos. Me fascinaba pensar que un día sería yo quien usaría ese uniforme, quien se subiría a la ambulancia e iría a trabajar en ella. ¡Cómo anhelaba eso!

Ustedes pueden estar seguros de que no estaba consciente de la responsabilidad que acababa de echar sobre mis hombros, al haber elegido esta carrera. Hablo de la responsabilidad que tenemos en nuestras manos, al atender una vida, a un ser humano que tiene familia esperándole en casa, tal vez hijos que dependen de esa persona y amigos

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para sobrevivir en una emergencia; esa es la gran responsabilidad que conlleva nuestra profesión.

Cuando me di cuenta de lo que demanda la atención prehospitalaria, me comprometí por completo. En mi mente sonaban las palabras que nos hacían repetir en las prácticas de campo: ¿para qué estamos aquí? Ante lo cual respondíamos todos en coro ¡Para ser los mejores paramédicos del mundo! Eso era lo que mi corazón deseaba.

Para nadie fue fácil llegar hasta aquí, pues durante la carrera había que levantarse temprano para ir a

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Navidad y Fin de Año, perdiéndose momentos

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Esto lo hacíamos para estar en una ambulancia: salvando vidas de gente que no conocemos y que nunca volverás a ver, inclusive sin comer entre atender una emergencia tras otra.

¿Parece de locos verdad? ¿Quién querría ese trabajo? Muchos dirán: ¿por qué lo hace? Yo lo llamo: pasión por lo que hacemos.

No importa si debemos trabajar en el frío, bajo el sol o bajo la lluvia. Una vez despachados a una emergencia, ya no eres más quién normalmente eres. Ahora eres el paramédico de tu ambulancia, el que no puede darse el lujo de dudar o sentir miedo. Te conviertes en el mejor paramédico del mundo, porque das lo mejor de ti por el bienestar de tu paciente.

Y, a pesar de todas las cosas que he dicho, de lo dura que es esta carrera, hay algo que no tiene precio: es la satisfacción que se siente al brindar tu ayuda al prójimo. Cuando el paciente o su familiar agradecen tu trabajo y, en ocasiones, te dan hasta la bendición. Ese es el mejor pago, porque enriquece el alma. En el transcurso de la carrera he aprendido que la vida es esporádica, que sin pensarlo un día se te escapa de las manos. Así que haz lo que quieras mientras tengas vida: viaja, disfruta de los que amas, realiza un trabajo que te apasione, para que no lo sientas como trabajo y, lo más importante, sé feliz.

91 AUTORA

Tnlga. Damaris Cachimuel

Tecnóloga en Gestión del Riesgo y del Desastre. Instituto Superior Tecnológico Cruz Roja Ecuatoriana. Quito. Ecuador.

REVISOR MSc. Diego Merizalde Guerra

Director del Departamento de Comunicación e Imagen Institucional. Instituto Superior Tecnológico Cruz Roja Ecuatoriana. Quito. Ecuador.

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pensamientos sean tu meta; si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y a estos impostores tratarlos por igual… entonces, tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella y lo

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Rudyard Kipling.

Doctor Víctor Malquín, rector del Instituto Superior Tecnológico Cruz Roja Ecuatoriana (ISTCRE); doctor Gustavo Cevallos, vicerrector; ingeniero Rodrigo Rosero, director de la Escuela de Gestión del Riesgo del Desastre; especialista Silvia Quintero, directora de la Escuela de Emergencias Médicas; autoridades; personal docente, administrativo y de servicios; compañeros; familiares, amigos, público en general. Muy buenas tardes. Me siento honrada por la oportunidad que me brinda la vida para dirigirme a ustedes. Por eso quiero comenzar agradeciendo al autor de la misma: a Dios, por permitirme pararme tras este atril. A él le pido la sabiduría para tomarme cinco minutos de su atención.

Estamos hoy reunidos para celebrar un triunfo, porque sé muy bien que para cada uno de nosotros –ya sean alumnos, profesores o familiares– el hecho de saber que hoy culminamos un proceso, nos hace felices. Así que quiero felicitarlos, porque hay que aceptar que llegar aquí fue una tarea conjunta.

A mis compañeros, porque cada vida es un misterio. Sé que ha sido difícil para todos y no les miento, creo que seguirá siéndolo, pero ahí la sal de la vida, que cual atletas, cada día debemos romper, establecer y proponernos nuevas marcas para sentirnos realizados. Quiero agradecer a nuestros profesores. En lo personal tengo que decir: felicitaciones por

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acabo de mencionar son, a mi modo de ver, necesarios para impulsar a las personas a ser mejores seres humanos.

Los conocimientos impartidos siempre fueron más allá de lo técnico, trascendieron la sensibilidad, lo objetivo para situarnos en eso que también somos: alma y espíritu. Por eso: muchas gracias.

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