Como refiere Canales Gili, la Guerra de la Independencia forma parte de un conflicto extenso y complejo que afectó a amplias zonas de Europa y América por un periodo de casi veinticinco años y que, según palabras del propio autor, “por su envergadura y sus efectos constituyó la primera Gran Guerra de la historia contemporánea”59. Entre 1792 y 1815, periodo de las guerras de la revolución y del imperio, se extendía una etapa de transición entre sistemas mundiales que supuso la revisión profunda de los valores de la convivencia internacional, y que, según algunos autores, se inscribía dentro de la categoría de guerras globales tanto por sus efectos en la política internacional como porque alcanzaron a todo el planeta y generaron a su vez una serie de conflictos accesorios60. Con todo, durante esos veintitrés años los conflictos no resultaron continuos ni permanentes, y afectaron además a los distintos países de una forma desigual: Francia e Inglaterra ocuparían la posición más destacada, con veintidós años de guerra, Austria participaría por un total de trece años, Prusia y Rusia con cerca de seis y medio, mientras que España y Portugal ocuparían un lugar intermedio, con nueve años y medio de conflicto61.
La guerra de 1808 a 1814 no sólo perturbaría directamente a cuatro de esos actores en liza –Francia, Inglaterra, España y Portugal‐, sino que serían variadas y complementarias las dimensiones geopolíticas que entraron en juego. No en vano, según recuerda Moliner Prada, Guerra Peninsular –denominación anglosajona‐, Guerra de la Independencia –designación española‐ e Invasiones Francesas –denominación
59
CANALES GILI, Esteban: “La Guerra de la Independencia en el contexto de las Guerras Napoleónicas”, en MOLINER PRADA, Antonio (ed.): La Guerra de la Independencia en España (1808‐1814). Barcelona, Nabla, 2007, p. 11. En los últimos años han aparecido algunas publicaciones que abordan el fenómeno de las guerras napoleónicas desde una perspectiva global, incorporando el caso peninsular, por tanto, como una pieza más dentro de ese marco más general: por ejemplo, CANALES GILI, Esteban: La Europa napoleónica,
1792‐1815. Madrid, Cátedra, 2008; ESDAILE, Charles: Las guerras de Napoleón. Una historia internacional, 1803‐1815. Barcelona, Crítica, 2009.
60
TELO, Antonio José: “A Península nas guerras globais de 1792‐1815”, en Guerra Peninsular. Novas
interpretações. Lisboa, Tribuna da História, 2005, pp. 297 y 299.
portuguesa62‐ definen a un mismo proceso bélico, el cual debe ser estudiado no sólo en el ámbito europeo –como parte de las guerras napoleónicas‐ y atlántico, sino también a partir de su dimensión nacional, teniendo en cuenta en este último caso, por ejemplo, las diferentes circunstancias que se dieron en España y Portugal63.
No cabe duda, pues, de los distintos espacios que se imbricaron y de las diferentes perspectivas que se acoplaron durante los seis años de guerra. Pero también es cierto que no todas esas dimensiones han recibido el mismo tratamiento y atención historiográfica. Como no podía ser de otra manera, las distintas visiones nacionalistas, no siempre coincidentes ni compatibles entre sí, que se han fraguado en torno a aquella 62 En cualquier caso, como recuerda Antonio Pedro Vicente, la fórmula “Guerra Peninsular” es también la empleada usualmente en Portugal para referirse a los acontecimientos de aquellos años (PEDRO VICENTE, Antonio: “As Guerras Peninsulares revisitadas”, en MACHADO DE SOUSA, Maria Leonor (coord.): A Guerra Peninsular: perspectivas multidisciplinares. Vol. I. Lisboa, Comissão Portuguesa de História Militar/Centro de Estudos Anglo‐Portugueses, 2008, p. 29). Ahora bien, no existe actualmente consenso respecto al uso de una u otra expresión: por ejemplo, Antonio Ventura refiere que se utiliza con mayor asiduidad la expresión Invasiones Francesas, “más correcta en cuanto a su significado”; y Carlos Guardado sostiene que la guerra en Portugal ha sido “muchas veces designada de una manera menos propia como Invasiones Francesas” (VENTURA, Antonio: “Campomayor (1812): cuando la guerra había terminado…”, en BUTRÓN PRIDA, Gonzalo y RÚJULA, Pedro (eds.): Los sitios en la Guerra de la Independencia: la lucha en las
ciudades. Madrid/Cádiz, Sílex/Universidad de Cádiz, 2012, p. 309; GUARDADO DA SILVA, Carlos: “Portugal
ante una España invasora convertida en aliada”, en GIRÓN GARROTE, José y LASPRA RODRÍGUEZ, Alicia (eds.): España y Portugal en 1810. III Encuentro Internacional Bicentenario de la Guerra de la
Independencia. Oviedo, Universidad de Oviedo, 2010, p. 27). Una rápida mirada a algunos de los títulos
publicados en Portugal en los últimos años ofrece una interesante muestra en relación al uso conjunto de los sintagmas “Guerra Peninsular” e “Invasiones Francesas”: Guerra Peninsular. Novas interpretações. Lisboa, Tribuna da História, 2005; VENTURA, Antonio y MACHADO DE SOUSA, Leonor (coord.): Guerra
Peninsular, 200 anos. Lisboa, Biblioteca Nacional de Portugal, 2007; GONÇALVES GASPAR, João: Guerra Peninsular: Invasões Francesas. Aveiro, Diocese, 2009; CAILLAUX DE ALMEIDA, Tereza: Memória das ‘Invasões Francesas’ em Portugal (1807‐1811). Uma perspectiva inovadora no bicentenário da Guerra Peninsular. Lisboa, Ésquilo, 2010; Actas do Congresso Histórico Olhão, O Algarve & Portugal no tempo das Invasões Francesas. Olhão (Algarve), Município de Olhão, 2011; PEDRO VICENTE, Antonio (coord.): A Guerra Peninsular em Portugal (1810‐1812): Derrota e perseguição. A invasão de Masséna e a transferencia das operações para Espanha. 2 vols. Lisboa, Comissão Portuguesa de História Militar, 2012.
Con todo, para algún autor portugués el sintagma “Guerra Peninsular” contiene una lectura que sobrepasa los límites del conflicto desarrollado entre 1807 y 1814: Ataíde Malafaia entiende “a denominada guerra peninsular como não limitada ao período de permanencia de um efectivo estado de beligerancia no País, como origen directa nas invasões francesas, mas sim como o conjunto de acções militares, ou afectações políticas, que ocorreram na Península Ibérica, como intervenções de Portugal, contra a França ou contra a Espanha, aliadas ou inimigas uma da outra. Pelo menos desde Novembro de 1792, quer no plano das ideias, quer objectivamente e por parte da Convenção Nacional Francesa, era objectivo –estabelecido por decreto‐ eliminar dos seus tronos as famílias reinantes na Península afastando, ao mesmo tempo, Portugal da órbita da influencia da Inglaterra. Para além disto, tudo o resto são trajectos e consequências” (MALAFAIA, Eurico de Ataíde: “Quais foram os aspectos determinantes e o tempo de duração da Guerra Peninsular?”, en MACHADO DE SOUSA, Maria Leonor (coord.): A Guerra
Peninsular: perspectivas multidisciplinares. Vol. 1… p. 35).
63
MOLINER PRADA, Antonio: “O olhar mútuo: Portugal e Espanha na Guerra Peninsular (1807‐1814)”, en CARDOSO, José Luís, MONTEIRO, Nuno Gonçalo y SERRÃO, José Vicente (orgs.): Portugal, Brasil e a Europa
coyuntura vendrían a marcar los contornos precisos de su acercamiento e interpretación. Por ejemplo, la doble denominación de Guerra Peninsular y de Guerra de la Independencia no respondía de manera exclusiva a una cuestión de orden geográfico a partir de la cual se establecían distintas escalas de representación de un mismo fenómeno –el primero, con su alusión a la faceta peninsular, de mayor escala, integrando al segundo, más ajustado a una visión por fronteras nacionales64‐, sino que contenía una lectura complementaria que descansaba sobre los papeles asignados a cada uno de los actores participantes: en el primer caso, rezumaba una visión anglocentrista que concentraba el protagonismo sobre el ejército británico y que consideraba la participación de españoles y portugueses como secundaria y subordinada a aquél65; en el segundo, destilaba una visión central de los españoles, a los que había que atribuir el mérito último de la victoria toda vez que la trascendencia de la intervención de británicos y portugueses resultaba limitada y no pasaba de ser residual y episódica66.
En definitiva, el empleo de fórmulas y términos diferentes remitía a valores determinados nítidamente identificables por toda la colectividad, que resultan, en
64 Para De Diego García, la Guerra de la Independencia sólo se entiende bajo la consideración de que fue
un conflicto que formó parte de otros conflictos, por ejemplo, en relación a la llamada The Peninsular
War, toda vez que ambos fenómenos sólo resultarían posibles de una manera simultánea. DE DIEGO
GARCÍA, Emilio: “La Guerra de la Independencia. Una guerra dentro de otras guerras”, Monte Buciero, núm. 13, 2008, p. 53.
65
Como cabe suponer, desde Portugal, que también ha empleado usualmente la fórmula Guerra Peninsular, se ha intentado contrarrestar esta imagen maniquea y reduccionista. Por ejemplo, como sostiene Correia Barrento, “tal vez y debido a la obra de referencia conocida por todos, Wellington Army de sir Charles Omám, el papel de los portugueses, en aquel Ejército, que fue el más famoso de las campañas peninsulares, ha sido un poco olvidado. En este sentido, nos gustaría reseñar, que el papel de los militares portugueses no consistió únicamente en formar parte del Ejército de Wellington, sino que, además, Portugal, con una población de 2.800.000 habitantes, se alzó en armas y formó varios ejércitos hasta un total de más de 150.000 soldados. El ejército de primera línea se compuso de unos 57.000 mil [sic] hombres, organizados en brigadas independientes o integradas en Divisiones inglesas; las fuerzas de las Milicias superaron los 50.000 efectivos, encuadradas en 53 regimientos, y las llamadas Ordenanzas movilizaron entre 60.000 y 70.000 hombres. Al lado de Napoleón Bonaparte combatió otro Ejércitos portugués –Legión Portuguesa‐ con cerca de 9.000 hombres, y en los territorios ultramarinos, como Brasil o Mozambique, también hubo fuerzas portuguesas que combatieron contra Napoleón, con efectivos significativos que no incluimos en el total antes señalado”. CORREIA BARRENTO DE LEMOS PIRES, Nuno: “De la Guerra de Portugal a la Guerra Peninsular”, en La Guerra de la Independencia (1808‐1814): el
pueblo español, su ejército y sus aliados frente a la ocupación napoleónica. Madrid, Ministerio de Defensa,
2007, p. 275.
66
DE DIEGO GARCÍA, Emilio: España, el infierno de Napoleón…, pp. 19‐20; MOLINER PRADA, Antonio: “Problemes historiogràfics entorn de la Guerra Peninsular de 1807‐1814”, Annals de l’Institut d’Estudis
última instancia, de enorme operatividad para la configuración de cada una de las identidades nacionales de referencia.
En buena medida, esta dimensión simplificada y simplificadora sobre el conflicto anti‐napoleónico que descansaba en los distintos relatos nacionalistas que se habían articulado en torno al mismo, ha sido superada en la actualidad, apostándose por una visión más integradora y equilibrada, entre otras cuestiones, en relación a los papeles representados por unos y otros contendientes. En este contexto, no sorprende que el término peninsular haya cobrado fuerza en los últimos tiempos a partir de la revitalización de su sentido geográfico original y de la reconsideración sobre la trascendencia de las relaciones entabladas entre los dos Estados ibéricos: en palabras del historiador portugués Antonio Ventura, “estamos ante un conflicto peninsular, en el que las fronteras entre Portugal y España fueron ignoradas y las fuerzas militares de los mencionados países operaban en ambos lados de la frontera”67. Fruto de este clima de entendimiento y colaboración, el conocimiento acerca de los puntos de intersección y de las conexiones entre los dos reinos peninsulares durante la guerra ha alcanzado en los últimos años un avance muy significativo68, si bien es cierto que existen aún campos no suficientemente recorridos ni explorados. Entre ellos cabría destacar el desarrollo del conflicto en espacios periféricos y fronterizos69, los cuales estaban dotados de rasgos singulares que tendrían repercusiones, de una u otra
67 VENTURA, Antonio Pires: “La Guerra en Portugal (1807‐1814)”, en MOLINER PRADA, Antonio (ed.): La
Guerra de la Independencia en España…, p. 487. En el mismo sentido, Carlos Guardado sostiene que “para
hacer un estudio riguroso de la Guerra de la Independencia española (1808‐1814) tenemos que referirnos al contexto internacional, pero también al contexto peninsular, a Portugal”; y añade además una crítica a la denominación portuguesa de Invasiones Francesas por cuanto “no es posible estudiar olvidando el papel y los acontecimientos de España” (GUARDADO DA SILVA, Carlos: “Portugal ante una España…”, p. 27).
68 No en vano, en las obras colectivas publicadas en ambos países durante los últimos años ha resultado
usual la aparición de alguna aportación sobre las relaciones, los paralelismos o las realidades experimentadas en el país vecino, según puede apreciarse a partir de la bibliografía referenciada a lo largo del capítulo. 69 Algunos trabajos han abordado el fenómeno de la guerra en la frontera, aunque queda todavía mucho camino por recorrer. En este sentido, además de los trabajos que, a modo de avance, he ido publicando sobre la contienda en la frontera sur –y que se referencian en la bibliografía‐, podemos destacar algunos otros que se detienen en aspectos concretos o escenarios precisos: por ejemplo, para el área salmantina, MOLINER PRADA, Antonio: “La Raya durante la Guerra de la Independencia”, en La Raya luso‐española: relaciones hispano‐portuguesas del Duero al Tajo. Salamanca, punto de encuentro. Salamanca, Diputación
de Salamanca/Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo/Centro de Estudios Mirobrigenses, 2004, pp. 79‐109; y para la geografía extremeña, MELÓN JIMÉNEZ, Miguel Ángel: “Badajoz (1811‐1812): La resistencia en la frontera”, en BUTRÓN PRIDA, Gonzalo y RÚJULA, Pedro (eds.): Los sitios en la Guerra de la Independencia:
manera, sobre las formas de entender y materializar el marco estatal en materia de política internacional.
Desde esta perspectiva, una cuestión central estaría vinculada con la diversidad de escenarios en los que se desenvolvió el conflicto. No cabe duda de que la experiencia vital sobre la contienda resultó muy desigual en función, entre otras circunstancias, de las particularidades últimas del espacio en que se posicionase. Es decir, las características que presentaban las distintas áreas espaciales desde un punto de vista social, económico, político‐institucional o cultural, diferentes según las diversas realidades de partida, debieron jugar un papel nada despreciable a partir de 1808 toda vez que podrían condicionar las respuestas de sus habitantes ante la nueva coyuntura adversa. En nuestro caso concreto, el suroeste peninsular, pese a contar con rasgos generales propios del marco estatal de referencia, disponía a su vez de elementos particulares que lo distinguían de ese conjunto mayor. Nos encontramos, pues, ante un marco complejo, dotado de múltiples y heterogéneos perfiles, que no sólo exige el acercamiento y la reconsideración de ciertas realidades de partida sino también de las nuevas dinámicas que se fueron implementando entre los años 1808 y 1814. En definitiva, resulta conveniente la revisión, reflexión y puesta en valor de algunos elementos que singularizan este espacio y que, en conjunto, le conceden una particular entidad dentro del panorama general del conflicto.
1.‐ El río Guadiana como frontera política y espacio social
La frontera se constituye en un concepto clave en nuestro análisis, teniendo en cuenta de antemano que ese término encierra significados diversos y que en él confluyen además distintas historias entrelazadas. En efecto, no existe un relato neutro y cerrado sobre la frontera, ni como concepto abstracto ni como escenario habitable, por parte de los sujetos que la pueblan o por las autoridades que la definen, pero tampoco entre los estudiosos que, desde distintos campos de conocimiento, se han acercado a la misma. La comprensión del fenómeno rayano pasa, por tanto, por la incorporación de las distintas dimensiones que se han ido planteando a su alrededor, sin obviar en ningún caso las aristas o las zonas grises que presentan, con independencia,
como no podía ser de otra manera, del ámbito académico desde el que han sido proyectadas70.
Precisamente, uno de los campos más fructíferos está representado por la antropología, que se viene interesando en los últimos tiempos, entre otras cuestiones, por fenómenos como el de la identidad en los espacios periféricos o el de la significación de los dispositivos limítrofes en un mundo actual que se presenta, al menos formalmente, como no restringible. Entre sus aportaciones más notables se encuentra, por ejemplo, la distinción entre frontera política, coincidente con la línea de demarcación que distingue a estructuras político‐administrativas diferentes, y frontera cultural, límite establecido a partir de las interacciones cotidianas de los actores locales en un marco geográfico preciso, las cuales, como cabe suponer, no tienen obligatoriamente que ser coincidentes71. En palabras de Javier Escalera:
“Los límites territoriales definidos y reproducidos desde y en base al poder político estatal constituyen las fronteras ‘nacionales’. La construcción política del territorio inevitablemente no sugiere la existencia de unos contornos –fronteras‐ que establecen una geografía simbólica, supuestamente compartida por todos los que tienen una misma ciudadanía, definida por el estado al que ‘pertenecen’. Nos sugiere a su vez la existencia de un centro de poder político y de toda una serie de instituciones que establecen desde cómo se debe hablar correctamente la lengua nacional (la lengua establecida como oficial) a cuáles son los derechos y deberes de los individuos incluidos dentro de los límites establecidos por esos centros. Sin embargo, la construcción política del espacio no se realiza únicamente desde los poderes del estado, que definen los mapas míticos supuestamente compartidos por todos sus ciudadanos, así como los discursos nacionales que identifican a los miembros de la misma frente a los que nacieron fuera de las líneas trazadas por las fronteras políticas o por los límites administrativos. En el día a día, cada grupo traza sus propios mapas. Espacios sociales conocidos y sentidos como suyos, estableciendo así otros límites, límites culturales, que no son dibujados en los mapas geopolíticos, que niegan o afirman 70 Contamos con ejemplos procedentes de áreas académicas como la politología, antropología, economía o literatura. Además de las referencias bibliográficas que se desgranan a lo largo del capítulo, se pueden citar: CUNHA MARTINS, Rui: El método de la frontera. Radiografía histórica de un dispositivo
contemporáneo (matrices ibéricas y americanas). Salamanca, Universidad de Salamanca, 2007;
MICHAELSEN, Scott y JOHNSON, David (comp.): La teoría de la frontera. Los límites de la política cultural. Barcelona, Gedisa, 2003; GRIMSON, Alejandro (coord.): Fronteras, naciones e identidades. La periferia
como centro. Buenos Aires, Ciccus, 2000; MEDEIROS, Antonio: Los dos lados de un río. Nacionalismos y etnografías en Portugal y en Galicia. Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 2006; MORÉ
MARTÍNEZ, Íñigo: La vida en la frontera. Madrid, Marcial Pons, 2007.
fronteras oficiales y creando nuevas ‘fronteras’ en función de sus propios intereses”72.
En ambos casos, estaríamos frente a una construcción social73, por lo que presentan, según defiende Escalera, un carácter artificial74, y responden a lógicas diferentes en razón a los agentes –entidades políticas o individuos particulares‐ que participan en su propia construcción75. No cabe duda, en este sentido, que la frontera tiene distintos significados, ya sea en relación a sus distintas escalas de representación e identificación, en conexión con la mayor o menor cercanía a la misma76, ya sea en función de la heterogeneidad de los actores que concurren e interactúan, de una u otra forma, en su entorno77. En definitiva, sobre el espacio fronterizo confluyen diferentes historias entrelazadas, no excluyentes ni unívocas, ya que, como sostiene José María Valcuende, “la noción abstracta y compartida por todos los seres humanos como es la de Frontera se plasma en fronteras concretas, desiguales, cada una con sus propias
72 ESCALERA, Javier: “Territorios, límites y fronteras: construcción social del espacio e identificaciones
colectivas”, en PUJADAS MUÑOZ, Juan J., MARTÍN DÍAZ, Emma y PAIS DE BRITO, Joaquim (coords.): Actas
del VIII Congreso de Antropología, 20‐24 de septiembre 1999. Simposio I: Globalización, fronteras culturales y políticas y ciudadanía. Vol. 1. Santiago de Compostela, Federación de Asociaciones de
Antropología del Estado Español/Asociación Galega de Antropoloxía, 1999, p. 104.
73
Para Emma Martín y Joan Pujadas, “las fronteras constituyen una construcción social, tanto si nos referimos a las fronteras políticas, estables y sacralizadas, que separan a los estados‐nación, como a aquellas fronteras borrosas y no sancionadas legalmente, que delimitan dominios lingüísticos, regiones económicas o fenómenos culturales, que pueden situarse como divisorias dentro de los estados o a nivel transnacional”. MARTÍN, Emma y PUJADAS, Joan J.: “Movilización étnica, ciudadanía, transnacionalización y redefinición de fronteras: una introducción al tema”, en PUJADAS MUÑOZ, Juan J., MARTÍN DÍAZ, Emma