• No se han encontrado resultados

1.2. Foucault: Episteme y poder

1.2.1. Discursos y prácticas

Todo conocimiento tiene tras de sí una serie de discursos que lo fundamentan, pero también, una serie de prácticas que validan la relación que éste mantiene con los objetos que investiga. El discurso se constituye como aquello que puede circular y que se encuentra en el orden de las leyes de la razón; las prácticas por su parte, son regulaciones de las formas de acción que se encuentran consolidadas institucionalmente. Sin embargo, la pregunta que atraviesa el pensamiento de Foucault será aquella, por la legitimación tanto de los discursos, como de las prácticas, es decir, por las relaciones de poder que existen dentro de la constitución histórica de las ciencias, y que han justificado la forma como deben investigar y hablar de sus objetos de conocimiento.

No se trata de que Foucault se entregue al conocido intento de explicar, a partir de condiciones externas a la ciencia, la evolución científica reconstruible desde dentro. La perspectiva interna de una historia de la evolución científica regida por sus propios problemas internos queda sustituida de antemano por la descripción estructural de discursos muy seleccionados, llamativos, que escoge como tema aquellas cesuras que la descripción de la evolución interna de la ciencia tiende a ocultar, es decir, aquellos puntos en que empieza a imponerse un nuevo paradigma desplazando a uno viejo.29

Ya en La arqueología del saber, Foucault considera que detrás de los grandes discursos que fundamentan la modernidad podemos hallar una serie de interrupciones, que él caracteriza como umbrales epistemológicos, es decir, una serie de historias que han sido olvidadas, pero que al ser sacadas a la luz transforman los fundamentos del saber, creando un nuevo tipo de racionalidad: “Muestran que la historia de un concepto no es, en todo y por todo, la de su acendramiento progresivo…sino la de sus diversos campos de constitución y de

validez”30, la historia no es lineal ni teleológica, ella misma se encuentra llena de series y de

redistribuciones, en las cuales, aparecen varias formas de entrelazamiento de los acontecimientos; pero lo más importante, es que ella no es un objeto a través del cual sólo podemos observar nuestro inmodificable pasado; por el contrario, la historia debe ser vista como algo que puede modificarse, a medida que el presente también se modifica.

La locura, la prisión, la clínica, la sexualidad serán las cesuras a través de las cuales Foucault fundamenta su idea de una historia arqueológica y establece los parámetros para una crítica de las ciencias humanas nacidas en el seno de la modernidad como formas de dominación y exclusión. No se trata de dar razón de los hechos a través de “documentos milenarios” que recobren la memoria y que permitan establecer juicios de verdad y falsedad sino, de buscar unidades, conjuntos, series y relaciones que a través del documento nos permitan crear una historia que privilegie lo discontinuo y no lo continuo, lo transversal y no lo lineal:

Se puede entender la historia arqueológica como la investigación de una región nueva y todos sus análisis gravitan alrededor de la cuestión del hombre y forman una gran empresa de investigación sobre la constitución histórica de las “ciencias del hombre” en la modernidad. Pero este carácter especifico del objeto de estudio no agota la originalidad de la arqueología: en la medida en que ésta se centra en la cuestión del hombre –enfocado como una región junto a las regiones de la naturaleza y de la vida-, la tarea arqueológica se guiará por principios diferentes de los principios de la historia epistemológica.31

En este sentido, la propuesta foucaultiana, adquiere el papel de crítica de la modernidad debido a que rechaza la historia del sujeto y de la conciencia, como formas únicas de comprender a el hombre. La arqueología, por su parte, va a recorrer el desenvolvimiento del saber alejándose de la racionalidad moderna y de los estatutos científicos que de ella se desprenden, para ello, tomará la categoría de discontinuidad como fundamento y herramienta conceptual para elaborar una crítica de la historia del pensamiento. Como bien lo ha explicado Habermas, se trata de identificar las cesuras, pero la idea no es caer en la elaboración de una multiplicidad de historias dispersas que no tengan una conexión entre sí. La propuesta de Foucault, si bien, enfoca su mirada en aquellas historias no vistas, tiene

30FOUCAULT, MICHEL, La arqueología del saber, Traducción de Aurelio Garzón del Camino, Siglo veintiuno

editores, México, 1971, pp. 5-6

como finalidad eliminar el estigma de “desparramiento” que tiene la idea de discontinuidad y que por lo tanto los historiadores han eliminado de sus métodos, con la intención, de encauzar los hechos en un único punto de origen:

Así en lugar de aquella cronología continua de la razón, que se hacía remontar invariablemente al inaccesible origen, a su apertura fundadora, han aparecido unas escalas a veces breves, distintas las unas de las otras, rebeldes a una ley única, portadoras a menudo de un tipo de historia propio de cada una, e irreductible al modelo general de una conciencia que adquiere, progresa y recuerda.32

Hasta ahora, la historia del pensamiento ha enfocado sus esfuerzos en la búsqueda de un origen que le permita encauzar los hechos en un sólo punto de fuga, desde el cual, pueda ordenarlos de manera cronológica y causal. La racionalidad moderna ha identificado al sujeto como centro de la razón, haciendo de la historia un correlato de la función fundadora del mismo y de su devenir, creando una identidad que termina rechazando la diferencia y también la posibilidad de una “filosofía del presente”.

Pero, los discursos son esencialmente históricos y se encuentran ligados a acontecimientos, por lo tanto, sus mecanismos no se mantienen invariablemente; por el contrario, sufren modificaciones que permiten el resurgir de nuevas condiciones de posibilidad. Foucault no apela a la identidad como elemento constitutivo del saber, sino a la diferencia, La arqueología del saber, es un intento por mostrar “…en qué consistían las diferencias, cómo era posible que unos hombres, en el interior de una misma práctica discursiva, hablen de objetos diferentes, tengan opiniones opuestas, hagan elecciones contradictorias”33; sin embargo, el

cercado metafísico en que se hallan los han vuelto ciegos hacia aquello que los hace posibles, ha ocultado los desplazamientos del discurso, sus estratos, para conducirlos hacia el reino del Logos, pero, “las formaciones discursivas son verdaderas prácticas, y sus lenguajes, en lugar de un universal Logos, son lenguajes mortales, capaces de promover y en ocasiones de expresar mutaciones”34. De allí que su crítica al lenguaje coloque a las

proposiciones como formas mediante las cuales no se puede llegar a la acción; de ellas

32 FOUCAULT, MIICHEL, La arqueología del saber, op.cit., p.13 33 Ibidem., p.335

34DELEUZE, GILLES, Foucault, Traducción de José Vázquez Pérez, Ediciones Paidós, Buenos Aires, 1982, p.

habría que extraer los enunciados, formas lingüísticas que expresan la realidad y la práctica del lenguaje que se ligan a los acontecimientos, que mutan de acuerdo a las diagonales y a las condiciones que los hacen reales y por último, que enlaza las distintas posiciones del sujeto con la historia de las ciencias; de esta manera anula el sometimiento del discurso al significante, es decir, al sujeto. Foucault, nos muestra que hablar no es simplemente emitir un sonido o expresar lo que se piensa, hablar es hacer algo, es mostrar que los discursos suponen unas transformaciones en ciertas prácticas.35