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El riesgo cardiovascular resulta de la combinación de factores de riesgo coronario y su estimación en la práctica clínica es útil para identificar pacientes con alto riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica entre otras, así como para graduar la intensidad del control del riesgo. Existen diversas formas de medición tanto antropométricas, bioquímicas y modelos de evaluación como son los scores para estimar el riesgo cardiovascular33.

En una población de individuos entre los 18 y los 80 años, y un total de 76 individuos (53 mujeres y 23 hombres) se analizó la posible relación que pudiera existir entre el IMC y el riesgo de enfermedad cardiovascular, este es un factor antropométrico predictivo. En la clasificación del tipo de obesidad según edades, se evidencia que en el rango de edad de 18- 33 años, el intervalo normal tiene un mayor porcentaje de 13.2% , el 9.2% tienen sobrepeso y el 2.6% obesidad clase I; en el rango de edad de 34-49 años de edad, el 10.5% presentaba un mayor porcentaje de sobrepeso, el 6.6% se encontraba en un intervalo normal, siendo este mismo porcentaje para la obesidad clase I, en cuanto a la obesidad clase II su porcentaje fue de 2.6% . A partir de los 50-65 años podemos evidenciar que el 11.8%, tiene mayor porcentaje con obesidad tipo II y el 9.2% con sobrepeso, por otro lado se observa que en este intervalo de edad el 1.3% tiene obesidad clase III. En cuanto al rango de edad de 66-80 años hay una igualdad de porcentaje respecto al intervalo normal y el sobrepeso (Fig. N°1).

Existe a nivel nacional una tendencia ascendente del sobrepeso y la obesidad a medida que se incrementa la edad, excepto durante la adolescencia y en adultos mayores. También, el sobrepeso y la obesidad afecta más a la población adulta y se asocia con vivir en la zona urbana y la condición de no pobreza. Los índices de evaluación de obesidad central han mostrado una mejor capacidad predictiva de complicaciones relacionadas, sin embargo aún existe evidencia suficiente sobre la utilidad de mediciones simples de obesidad general que se pueden mantener como herramientas valiosas en la clasificación y evaluación de grupos de riesgo. Las recomendaciones para evaluar el IMC en la práctica clínica siguen siendo

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suficientes como para mantener su uso, orientándose hacia la intervención temprana y la prevención de serias complicaciones en la salud 47,48.

Al evaluar el IMC frente a la variable sexo (Fig. N°2), observamos que las personas del grupo femenino presentan los mayores porcentajes de sobrepeso de 26,3% y obesidad clase I 21,1%, frente al masculino 7,9% y 9,1%, respectivamente. Hay posibles razones que podrían explicar las diferencias en la prevalencia de sobrepeso y obesidad entre mujeres y varones, como la delgadez natural de los tejidos adiposos en los hombres y los determinantes sociales (nivel educativo, pobreza, sexo) que influyen en los procesos que determinan el exceso de peso o tal vez sean las características individuales como las condiciones socioeconómicas o el origen étnico. También podrían influir otros factores como la disponibilidad, el acceso, el uso y la estabilidad de los alimentos, que determina el consumo inadecuado de alimentos, sobre todo en la población de escasos recursos económicos quienes consumen alimentos de alto contenido energético y bajos nutrientes en comparación con la población de mayor recursos económicos 49.

Según la evidencia de la asociación de las alteraciones cuantitativas en el metabolismo de las lipoproteínas con las enfermedades cardiovasculares está avalada por numerosos estudios experimentales y epidemiológicos, en los que el colesterol y el HDLc destacan como los principales responsables. El índice aterogénico se calcula fácilmente a partir de un perfil de lípidos. En nuestra serie tiene más valor predictivo que las fracciones de lípidos aisladas y su empleo reduce el sesgo que podrían introducir los potentes tratamientos hipolipemiantes actuales7.

Los resultados de la frecuencia del índice aterogénico según edad (Fig. N°3), muestran que las edades de 18-33, 34-49,50-65 y 66-80 años, tienen porcentajes en donde los valores normales son menor a 5 con un 17.1%, 19.7%, 21.1%, y 11.8% respectivamente lo que significa que la probabilidad de desarrollar arteriosclerosis es bajo, en cuanto al índice aterogénico mayor a 5, las edades en las cuales hay riesgo son que están en los rangos de 34-49 y 50-65 años respectivamente. Según la clasificación por sexo, el 51.3% y 18,4% (FiguraN°4) en hombres y mujeres respectivamente presentaron un riesgo alto de

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desarrollar ateriosclerosis, esto es posible que se deba a que las mujeres son las más beneficiadas con respecto al cociente aterogénico, debido al efecto protector del HDLc7,50.

Teniendo en cuenta que las enfermedades cardiovasculares constituyen una de las principales causas de mortalidad y morbilidad en el país, es lógico que sea de gran interés el desarrollo de modelos de predicción del riesgo de padecer este tipo de enfermedades, tanto para intentar conocer los posibles mecanismos que afectan al aumento del riesgo, como para poder intervenir precozmente mediante campañas preventivas o en su momento con tratamientos terapéuticos. La estimación del riesgo cardiovascular puede realizarse a partir de diversos scores, en este estudio se utilizó el de Framingham por ser considerado uno de los más importantes hitos epidemiológicos y de salud pública de la medicina americana y un referente a nivel mundial, debido a que ha tenido y tiene un impacto profundo en la comprensión de los factores de riesgo mayores asociados a las enfermedades cardiovasculares, siendo utilizado primero en Estados Unidos y posteriormente en diversos países, incluyendo Latinoamérica50,51.

Aplicando el score a la muestra evaluada (Fig. Nº5) se puede apreciar que alrededor del 52.6% de las personas asistentes se encuentran catalogados como muy bajo riesgo cardiovascular, predominando en esta categoría el sexo femenino (en comparación a los hombres 9.2%). En contraste las personas de riesgo moderado con el 11.8% en hombres y 13.2% en mujeres, cifra bastante alta para nuestra realidad sanitaria, mostrando un a futuro los riesgos cardiovasculares que podrían tener. Se puede apreciar que alrededor del 3.9% para ambos sexos de los pacientes que se encuentran catalogados como riesgo bajo sumado a los de muy bajo (52.6% y 9.2%) resulta un total 69.9 %51.

Finalmente con lo que respecta los riesgos alto y muy alto se observa que son en su minoría con un 3.9% y 1.3% respectivamente, es muy importante mencionar que los factores de riesgo más frecuentes en estas dos categorías fueron sexo masculino y la edad avanzada, lo cual sería importante a tenerlo en cuenta ya que son un predictivo para estos tipos de riesgos para otros pacientes, sea como una prevención primaria para el cambio de estilo de vida o secundaria empleando tratamiento farmacológico en casos similares50,51.

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