II. Análisis de Resultados Cualitativos
3. Discusión y conclusiones
Con base en el análisis de los datos obtenidos como resultado y la fundamentación bibliográfica realizada, a continuación se plantean las principales conclusiones alcanzadas a través de esta investigación.
Hablar de violencia en el contexto Colombiano, implica analizar las características historias y políticas que han dado origen y han perpetuado el conflicto por más de cinco décadas. Por lo cual, referirse a tal situación implica reconocer que el conflicto tiene visos
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socio políticos, y que en razón del interés de conservar la institucionalidad y el poder se ha dado origen a la denominada violencia sociopolítica, la cual, para el caso Colombiano, no constituye un periodo histórico nacional, sino una forma particular de lucha para destruir o reprimir a un grupo humano con una determinada identidad política, social, ideológica o religiosa. (CINEP 2009).
Méndez, (2010), define que este tipo de violencia es premeditada, organizada y sistemática y su objetivo es dominar a través del terror a un grupo de personas organizadas o no, dando origen a prácticas que violan conjuntamente los Derechos Humanos. Estas prácticas tienen como mecanismos de ejecución la clandestinidad, las detenciones arbitrarias, la tortura, la ejecución, desaparición y el ocultamiento de la verdad; cuyas características constituirían el crimen o delito tipificado como Desaparición Forzada, la cual es reconocida dentro de la Convención Interamericana de Desaparición Forzada como una situación en la cual una o más personas son privadas de su libertad; acto ejecutado con autorización del Estado o por agentes que actúan en su nombre (Convención
Interamericana sobre Desaparición Forzada, Artículo II, 1994).
A partir de los planteamientos teóricos de Ignacio Martín-Baró, en los cuales se caracteriza el tipo de relaciones sociales que se producen en los contextos de conflicto, es posible creer que en Colombia el desarrollo histórico de la violencia sociopolítica a través de más de cinco décadas, ha configurado la realidad y los esquemas de relación del “todo social” en torno a la guerra y sus consecuencias, interiorizando las acciones violentas como parte de la cotidianidad e incluso llegándolas a percibir con “normalidad”.
Esto supondría la presencia de lo que Martin-Baró (1990) denomina trauma
psicosocial, entendido como el impacto derivado de la prolongación de estados de conflicto armado, caracterizado por “…la cristalización traumática en las personas y grupos, de las
relaciones sociales deshumanizadas” (Martín-Baró, 1990, p. 65). Es así como en el marco
de este estudio se plantea que las relaciones sociales, las identidades y las mentes de quienes pertenecen a contextos de confrontación bélica y violencia sociopolítica se estructuran con base en la pasividad, pobreza reflexiva y deshumanización en torno prácticas represivas como la Desaparición Forzada.
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No obstante, los resultados de la investigación permiten conocer los matices particulares del trauma psicosocial que ha caracterizado a la sociedad colombiana durante décadas, el cual día a día adquiere nuevas propiedades y establece nuevas formas de estar y relacionarse en el tejido social. De esta manera, es posible creer que la violencia
psicológica, la polarización y la mentira institucionalizada como indicadores del trauma psicosocial, se construyen y se legitiman por medio del lenguaje cotidiano, trayendo consigo el señalamiento y las formas de estigmatización social hacia las víctimas de desaparición forzada.
La estigmatización indica la estimación otorgada a los individuos a partir de la evaluación de atributos y categorías construidas de manera intersubjetiva, configurando la identidad social del “otro” que es considerado enemigo a partir de rasgos desacreditadores. Es entonces cuando estas formas de estigmatización hacen presencia en el colectivo social quebrantando las relaciones solidarias y permitiendo el fortalecimiento del trauma psicosocial, por medio de comportamientos como el señalamiento, indiferencia, rechazo, aislamiento, el desconocimiento del fenómeno y su justificación.
De esta manera, la entrevista realizada a tres familiares de víctimas de Desaparición Forzada en Colombia, da cuenta de los elementos traumatogénicos propios de la sociedad colombiana actual.
En relación con la polarización, uno de los casos en particular se remite al ejercicio político de oposición que ejercía quien fue víctima directa de desaparición, trayendo consigo su persecución y la estimación de otros frente a su actividad política como subversiva y enemiga del ordenamiento oficial. En este caso es posible evidenciar que el trauma psicosocial supone la creación de dinámicas claras de violencia física y psicológica, dentro de las cuales hace presencia aquel conjunto de estrategias de influencia colectiva que permiten el surgimiento de la polarización, la cual busca ubicar a la población en
posiciones extremas y rígidas ideológicamente (Martín-Baró, 2000).
En relación con lo anterior gran parte de las personas encuestadas opinaron que algunos individuos o grupos que se encuentran en oposición al gobierno se deben
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como un esquema de relación, en el que se asumen posturas rígidas y se concibe a aquellas personas que ejercen oposición política como enemigos. Por tanto, es posible afirmar que esta es una sociedad que ha hecho de la lógica amigo-enemigo uno de sus referentes principales para pensar al otro (Blair, 1999).
La mentira institucionalizada por su parte cumple con el objetivo de crear una versión oficial de los hechos, que en ocasiones se escapa de la realidad e intenta distorsionarla (Martín-Baró, 2000). Lo anterior permite afirmar que la desaparición
forzada es un crimen que no ha escapado a la creación y legitimación de versiones oficiales, las cuales enlodan la imagen de la persona que ha sido desaparecida y por ende la de su familia. En este sentido, el discurso de las víctimas refleja la manipulación y tergiversación de la información por parte de los medios de comunicación y las instituciones de poder, en relación con los casos particulares de desaparición forzada.
De esta manera los montajes por medio de las instituciones de poder (Gobierno, Fuerzas Armadas, entes públicos), y de los diferentes medios de comunicación (Televisión, periódico, etc.), han constituido para las víctimas un referente de señalamiento público y de atribución de rasgos que buscan justificar las causas de la muerte de su familiar y los procedimientos por los cuales ésta se llevó a cabo. En este orden de ideas la
intersubjetividad, entendida como una manera de espacio simbólico, emplea mecanismos como el discurso, la propaganda y la versión oficial para promover la rigidez ideológica, implantar el miedo colectivo y establecer la imagen del otro como “enemigo”, tejiendo una red de significados deshumanizantes por medio de las memorias individuales (Vasquez, 2005).
Sin embargo, actualmente la expansión de la mentira en la totalidad del colectivo social ha adquirido diferentes características, pues los años en los que la información ha sido tergiversada a conveniencia y los medios de comunicación han brindado información errada y sesgada, han despertado en la sociedad civil la percepción sobre éstos como agentes de manipulación o tergiversación intencionada de la información, que impiden el conocimiento pleno de un fenómeno social específico como la Desaparición Forzada.
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No obstante, es necesario reconocer que los medios masivos de comunicación continúan siendo la principal fuente de información y conocimiento acerca de los hechos de actualidad en el país; por tanto, es imposible negar que la manipulación de creencias y valores en relación con la desaparición forzada, es una estrategia que aún hoy en día responde a los intereses de sus perpetradores, buscando que la población civil no se movilice por una demanda conjunta, sino que desconozca o se desinterese en la
problemática, trayendo consigo la inhibición de respuestas humanizantes y el rompimiento de procesos colectivos (Martin- Beristain, 2002).
Tal proceso de deshumanización llevado a cabo a través de la polarización y la mentira institucionalizada brinda el espacio adecuado para que se produzca el desconocimiento y el desinteres o la indiferencia de la sociedad en relación con las víctimas y su opción de lucha por alcanzar verdad y justicia. En el marco del presente estudio, la encuestas permitieron encontrar que el 51% de la población encuestada no conoce o confunde el objetivo de la desaparición forzada, relacionandola en su mayoría con la práctica de secuestro, la cual se ha constituido en Colombia como un crimen que despierta mayor rechazo e indignación colectiva. Así mismo al indagar por el conocimiento de casos específicos de Desaparición Forzada, que dieran cuenta del desconocimiento frente al fenómeno, las encuestas reflejan que el 50% de las personas encuestadas no conoce ningún caso de desaparición o nombra algún caso específico de secuestro.
El discurso de las víctimas, por su parte indica que el desconocimiento del crimen de Desaparicion Forzada ha sido característico de su historia personal, reconociendo que de manera previa a la desaparición de sus familiares, existía por su parte desconocimiento de la práctica represiva y que hasta después de ser víctima de este crimen se tuvo conocimiento de la existencia y la magnitud del mismo. Por tanto, las víctimas comprenden y en cierta medida justifican el desconocimiento, la confusión y la indiferencia existentes en la mayoría de los colombianos. Lo anterior permite concluir que como menciona Martín- Baró (1990) la percepción de riesgo o vulnerabilidad frente al conflicto armado por parte de los distintos sectores de la población es diferente, ya que las afectaciones directas o indirectas dependen de la ubicación territorial y de las condiciones socio- económicas de la población.
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Esto supondrá así mismo, que la percepción de afectación y de conocimiento del fenómeno difiere en relación con el territorio y las condiciones sociales, evidenciando que la sensación de vulnerabilidad que se vive en la ciudad- en especial la capital-, puede diferir sustancialmente de la percepción de riesgo de aquellos que se encuentran expuestos de manera directa al conflicto bélico. En relación con lo anterior, y pese a que se esperaba encontrar un alto índice de indiferencia en la muestra de la población, el 81% de las personas encuestadas afirman que la desaparición forzada es una problemática que les afecta de forma personal y relacional. No obstante es posible creer que existe una percepción generalizada de injusticia e impunidad frente al fenómeno que permitió a la sociedad civil responder desde el deber ser en comparación con la realidad.
Así mismo, la indiferencia se mimetiza y se encuentra mediada por el miedo, más que por el desconocimiento y desinterés de la población, lo cual permite concluir que la desaparición forzada como mecanismo de represión, cumple a cabalidad con su objetivo: impedir que como sociedad se reclame el respeto por los Derechos Humanos, dejando en la clandestinidad el crimen y otorgando rasgos desacreditadores a quienes son víctimas, trasladando la responsabilidad de lo sucedido a quienes han sido desparecidos.
Adicionalmente existe la presencia de comportamientos que se originan en aquellos que están frente a las instituciones de poder. En este sentido las víctimas convergen en una percepción de rechazo proveniente de quienes hacían parte de su comunidad, fundamentado en el miedo que generó la represión por parte de agentes estatales, y en la atribución de actividades ilegales a quienes fueron desaparecidos, tal percepción se generalizó a partir del discurso totalitario y polarizado de altos funcionarios del gobierno y diversas instituciones estatales.
En este orden de ideas, la intencionalidad de las instituciones que detentan el poder se encamina a fortalecer la guerra psicológica, la cual implica el despliegue de distintas estrategias con base en aquellos factores susceptibles de ser movilizados en la conducta colectiva, algunas de estas estrategias son la propaganda, las campañas de opinión, y los rumores que aumentan el miedo en la población (Lira, 2000).
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Lo anterior guarda una relación directa con los resultados obtenidos por medio de las encuestas, los cuales reflejan que la gran mayoría de la sociedad civil considera que aquellas personas que han sido desaparecidas de manera forzada, en ocasiones se encontraban involucradas en actividades ilegales, lo cual permite creer que existe una actitud de señalamiento implícita en la sociedad civil a la hora de pensar las causas de la desaparición de otras personas.
Todos y cada uno de estos comportamientos estigmatizantes se enmarcan dentro de esquemas de pensamiento donde el miedo y la amenaza inhiben las reacciones solidarias, tal proceso de deshumanización se ha evidenciado a través de las entrevistas y las
encuestas, ya que de acuerdo con Lira (2000) “…se aprecia un temor generalizado a perder la vida, la libertad y el modo de vida, a padecer tortura, etc., miedo que se manifiesta en la reducción del ámbito vital, en el temor a expresarse, a opinar, etc.” (p. 185).
Las formas de estigmatización que se han señalado anteriormente, son indicadores sutiles de la presencia de trauma psicosocial en la sociedad colombiana, pues de acuerdo con Lira (2000) los eventos traumáticos propios de la guerra, son sorpresivos,
imprevisibles y repentinos. Sin embargo las características traumatogénicas de las sociedades en guerra como la colombiana, han hecho que lo traumático sea previsible y cotidiano, minimizando la capacidad sorpresiva y actuando como si ellos no existieran o no dolieran.
Aquellas sutiles formas de expresión del trauma psicosocial, dan origen a la pérdida o empobrecimiento colectivo de atributos como la esperanza, la sensibilidad ante el
sufrimiento y el sentido solidario, impidiendo la comunicación con veracidad o eficacia creando temores irracionales y prejuicios que afectando profundamente la convivencia social (Samayoa, 2000).
Este trauma psicosocial propio de la sociedad Colombiana, ha impactado la vida y cotidianidad de quienes han sufrido las consecuencias directas de la desaparición forzada, en este sentido el discurso de las víctimas, refleja la afectación que sobre sus distintas dimensiones física, psicológica, moral y social han tenido producto de esta situación traumática. En respuesta a lo anterior, tales consecuencias corresponden a la victimización
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primaria y secundaria donde se vulneran de diferentes maneras los derechos fundamentales de las víctimas.
Sin embargo, como lo menciona Beristaín las víctimas, entran en contacto con el sistema jurídico penal, buscando dar respuesta a las necesidades que demanda su situación a nivel legal (búsqueda de verdad y justicia), social (reconocimiento del hecho), y
psicológico (atención al sufrimiento), entre otras (Beristaín, 1999), encontrándose con pocas soluciones a su situación y sufrimiento, pues existe ineficiencia por parte de la justicia, impidiendo el desarrollo de los procesos de búsqueda de justicia y verdad. Lo anterior hace referencia al concepto de revictimización, el cual indica la atención
inadecuada e inoportuna por los entes de justicia, sufriendo un choque frustrante entre las expectativas personales y la realidad institucional.
En el discurso de las víctimas de desaparición forzada, por las características propias del delito, se hizo evidente un proceso de acceso a la justicia en el cual se vieron enfrentados a la negación y deshumanización por parte del sistema, dificultando el alcance de respuestas prontas y concisas, y agudizando de esta manera su proceso de duelo. Así mismo, muchas de las víctimas cuando entran en contacto con el aparato judicial en vez de encontrar satisfacción a sus necesidades, se ven enfrentados a la incomprensión y a
sufrimientos indebidos durante las distintas etapas del proceso penal; en relación con esta categoría las víctimas perciben que no hay respuestas y que éstas no corresponden a la verdad de lo sucedido.
No obstante, el concepto de revictimización o victimización secundaria, se enmarcó dentro de la noción psicojurídica, lo cual hace indispensable ampliar este concepto,
teniendo en cuenta no solo la negación y deshumanización del sistema jurídico sino también la impunidad y deshumanización de la sociedad frente a las victimas, agudizando el desconocimiento del fenómeno y fomentando las distintas formas de estigmatización que alrededor de él se han construido. Lo anterior, permite suponer que el concepto de
revictimización puede ser analizado desde una perspectiva psicosocial, respondiendo de manera mas profunda a los objetivos planteados en la presente investigación.
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Adicionalmente la victimización trae consigo una serie de consecuencias en relación con la vida y cotidianidad de la víctima, esta afectación se ve reflejada en la ruptura de aquellas relaciones cercanas. El impacto en las formas de estar y relacionarse, en términos de Martín-Beristaín (2009) podría hacer referencia a la ruptura del tejido social, la cual es entendida como la desestructuración de prácticas, costumbres y creencias.
Como consecuencia de esta ruptura, las víctimas de desaparición forzada experimentan la transformación de sus relaciones familiares, y su proyecto de vida, en relación con ésto, el discurso de las víctimas refleja la desestructuración de sus familias, el rompimiento de los vínculos entre los miembros de las mismas y la sensación o percepción de miedo por la participación de uno de ellos en la lucha por la verdad y la reivindicación de sus derechos, lo cual ha ocasionado el distanciamiento de familiares e incluso el rompimiento de vínculos entre los mismos.
En resumen, buscando dar respuesta a la pregunta de investigación y en relación con los resultados obtenidos a través de los instrumentos diseñados, es posible concluir que algunas de las formas de estigmatización que se han construido alrededor de las víctimas de la desaparición forzada son generalmente de origen discursivo, se crean en cabeza de las instituciones que detentan el poder y por ende permean el discurso socialmente construido y la formas de relación y vinculación existentes; trayendo consigo profundas implicaciones en el curso vital de las víctimas y afectando sus esferas familiares, sociales, vinculativas, organizativas, etc., impactando directamente las relaciones solidarias y trayendo como consecuencia lo que Martin Baró denominó trauma psicosocial.
Para finalizar, se plantearan algunas de las dificultades que tuvo el desarrollo de la investigación, así como también posibles sugerencias para ampliar la comprensión de dicho fenómeno. A través del desarrollo de la investigación pudo observarse que la encuesta debió haberse realizado de una manera más impersonal (vía Mail, Redes Sociales, teléfono, etc.) permitiendo que las personas no inhibieran su respuestas con el “deber ser” o con lo que se espera sea lo ideal. Así mismo, se observó que las variables de la población civil tenidas en cuenta (edad, género y estrato socioeconómico) no generaron variaciones
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el análisis de las formas de estigmatización frente a la Desaparición Forzada, de esta forma se propone el uso de variables tales como: la exposición territorial al conflicto, nivel educativo, afiliación política, entre otras.
Por otra parte, el marco teórico dentro de este estudio ofrece una perspectiva que de antemano posicionó a las investigadoras en aquello que se espera encontrar, sin embargo algunos de los resultados variaron y fueron mimetizados en respuestas que no correspondían a las categorías planteadas inicialmente.
Por último, una limitación en la encuesta de opinión realizada fue el uso de distintos tipos de respuesta, los cuales dificultaron el análisis estadístico de las tendencias de opinión y limitaron el número de preguntas incluidas en la misma, por tanto para la formulación de una nueva encuesta que dé cuenta de las formas de estigmatización frente a la Desaparición Forzada, se sugiere el uso de preguntas que tengan las mismas opciones de respuesta (dicotómica o abierta).
4. Referencias
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Becker, D. et al (2000) Muerte y duelo: los familiares de ejecutados y su psicoterapia. In Martín-Baró, I. Psicología Social de la guerra: trauma y terapia (pp. 411- 453). San Salvador UCA Editores.
Becker, D., Castillo, M., & Lira, E. (2008) Psicoterapia de víctimas de represión política bajo una dictadura, un desafío terapéutico, teórico y político. In López, W. Ed.