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Las pruebas de perfil hepático se emplean para detectar, diagnosticar específicamente, estimar la

severidad, y monitorear el curso de la enfermedad tanto de origen hepático y no hepático18, 22.

La interpretación efectiva del panel de perfil hepático requiere un conocimiento de la fisiopatología subyacente y las características de las pruebas del perfil. Las alteraciones hepáticas se dividen en dos grandes categorías necrosis celular y colestasis, aplicando el panel de función hepática recomendado por The National Academy of Clinical Biochemistry y la American Association for the Study of Liver Diseases, se interpretan las principales pruebas y su utilidad para evaluar inicialmente las enfermedades hepáticas sospechadas o conocidas de acuerdo con su capacidad para detectar daño celular, falta de permeabilidad de

vías biliares, metabolismo aniónico orgánico y síntesis proteica22.

Dentro de las denominadas pruebas de función hepática se incluyen varios parámetros bioquímicos

como son la aspartato aminotransferasa (AST), alanino aminotransferasa (ALT),

gammaglutariltranspeptidasa (GGT), fosfatasa alcalina (FA), bilirrubina, albúmina y proteína; de los cuales

los tres últimos miden la capacidad funcional del hígado, y los demás son indicadores de daño hepático21.

La gran frecuencia con la que estas pruebas son incluidas en exámenes de rutina, tanto de pacientes sintomáticos como asintomáticos, hace que sea de vital importancia la correcta evaluación de los

resultados18, 21.

En la tabla N° 1 se observa la distribución porcentual según género y edad de los pacientes, de los

cuales el 50 % corresponden al sexo femenino así como al sexo masculino. Con respecto al grupo etario con mayor número de hombres corresponde a las edades de 36 - 51 y 52 - 67 años , y en las mujeres los grupos de edad con mayor frecuencia corresponde a los de 52 – 67, 36 – 51 y 68 - 83 años.

Así mismo se observa la distribución por edad en donde el intervalo de 52 - 67 años presenta el mayor porcentaje poblacional con 28,6 %, seguido del intervalo de 36 - 51 años con 25,7 %, luego 68 - 83 años con 21,4 %, de 20 - 35 años un 17,1 %, y finalmente de 84 - 99 años el cual representa el menor porcentaje poblacional con 7,1 %. Sabemos que conforme aumenta la edad hay mayor probabilidad de que se padezca de algún daño hepático o cardiaco debido a la disminución de funciones anatómicas en el adulto mayor, lo cual lo hace más vulnerable a diversas enfermedades. Los órganos como el hígado y el músculo

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funcional de éstos órganos; sin embargo ciertas situaciones patológicas como la hepatitis alcohólica, ictericia, hígado graso, cirrosis y hepatitis viral pueden provocar un daño hepático o cardíaco severo, por lo

que es necesario el control de la función hepática15.

En el Grafico N° 1 se observa la distribución porcentual según edad y género, en donde se observa

al grupo de 52 – 67 y 36 – 51 años como los más numerosos para el sexo masculino con un 12,9 %; respecto al sexo femenino el grupo etario con mayor frecuencia corresponde a los de 52 a 67 años con un 15,7 %, esto indica que, debido a que mayormente los hombres son quienes realizan las actividades laborales para el sustento del hogar, son las mujeres las que cuentan con mayor tiempo disponible para cuidar su salud,

manteniendo o previniendo de esta manera mayores enfermedades16.

En la Tabla N° 2 y Gráfico N° 2, se observa la determinación porcentual de AST según género, donde el 78,5 % de los pacientes presenta valores normales y el 21,5 % valores elevados. Así mismo, según el sexo masculino el 37, 1 % presentan valores normales y el 12,9 % valores aumentados; según el sexo femenino el 41,4 % presentan valores dentro del rango y el 8,6 % valores sobre lo normal.

La elevación plasmática de las transaminasas es un indicador sensible de daño hepatocelular, aunque no específico. Prácticamente cualquier enfermedad hepática que constituya un daño necroinflamatorio puede ser la causa. El aumento de transaminasas en sangre aparece cuando existe daño de la membrana celular y no siempre requiere la necrosis de los hepatocitos. De hecho, hay escasa correlación entre el daño celular hepático y el grado de elevación de las transaminasas. Además, enfermedades no hepáticas también pueden ocasionar la elevación, aguda o crónica, de las cifras de transaminasas, sobre todo de la AST. Es el caso, por ejemplo, de procesos musculares como distrofias, polimiositis o traumatismos, , relacionada con el incremento de CK, o el infarto agudo de miocardio, en la cual la AST guarda una estrecha correlación, en el ejercicio extenuante o el entrenamiento físico importante pueden dar lugar a elevaciones importantes, lo cual se observa principalmente en hombres; mínima diferencia en mujeres (< 10%); un aumento del índice de masa corporal puede explicar hasta un 40-50% de incremento en los niveles de transaminasas, incluso cuadros muy banales, tales como un proceso gripal, pueden producir elevaciones transitorias de las transaminasas, como se ha observado en el proceso de la gripe H1N1, y en donde por el uso de antipiréticos como paracetamol, el cual puede producir aumento de

estos valores15, 17, 20.

El alcohol incrementa la actividad de AST mitocondrial en plasma, mientras que otras formas de hepatitis no lo hacen. La mayoría de las formas de injuria hepática disminuyen la actividad en los hepatocitos de las formas citosólica y mitocondrial de AST, pero el alcohol sólo disminuye la actividad de la

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forma citosólica. La deficiencia de piridoxina, común en los alcohólicos, disminuye la actividad de ALT, y el

alcohol induce la liberación de AST mitocondrial desde las células sin daño celular visible17.

La AST también puede estar aumentada o dar falso positivo por la ingesta de agentes como el ácido

nalidíxico, agentes anabólicos, anticonceptivos orales, macrólidos, opiáceos, ampicilina y andrógenos15.

En la Tabla N° 3 y Gráfico N° 3, se observa la determinación porcentual de ALT según género, donde el 67,2 % de los pacientes presenta valores normales y el 32,8 % presenta valores elevados. Así mismo, según el sexo masculino el 28,6 % presentan valores normales y el 21,4 % valores elevados; según el sexo femenino el 38,6 % presentan valores normales y el 11,4 % valores elevados.

La ALT es la enzima específica a la hora de evaluar la enfermedad hepática. Las concentraciones aumentan cuando las células hepáticas están dañadas o se están muriendo. A concentraciones más elevadas, mayor muerte celular o inflamación del hígado está ocurriendo. Sin embargo, las ALT no siempre son buenos indicadores de qué tan bien está funcionando el hígado, sólo una biopsia del hígado puede

revelar eso18, 19.

El cociente AST/ALT nos podrá orientar sobre una patología determinada según el siguiente esquema: AST/ALT ≤ 1, corresponde a una Hepatitis vírica; AST/ALT > 2, corresponde a una Cirrosis (de

cualquier etiología); AST/ALT > 4, sugiere fallo hepático agudo18, 19.

La AST tiene una vida media plasmática menor que la ALT, lo que explica que en casos de injuria muscular aguda, con elevación predominante de AST inicialmente, luego de unos días pueda predominar la

ALT19.

Las concentraciones de ALT pueden permanecer bajas aún si el hígado está inflamado o se está formando tejido cicatricial, ya que aun con una porción saludable mínima de este puede seguir funcionando y manifestando valores normales, también se da durante la fase inmunotolerante de la enfermedad en un niño, o durante la fase inicial de la hepatitis C, en la cual sólo una cantidad relativamente pequeña de personas (un 25%, como máximo) manifiesta síntomas al infectarse manifestando valores normales de ALT

aun teniendo la enfermedad, esta puede estar oculta hasta por 20 años18, 19.

El consumo de drogas y alcohol, las toxinas, los virus y otras sustancias pueden dañar las células

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El aumento de ALT está asociado al consumo elevado de carnes rojas y cerdo, en donde existe aumento de ácidos grasos libres y síntesis de triglicéridos que se acumulan en las células hepáticas, conllevando a que el paciente desarrolle un hígado graso en un periodo de tiempo moderado, produciéndose una esteatosis, que se caracteriza por la presencia de valores elevados de transaminasas (inferiores a cuatro veces), con una relación AST/ALT < de 1:1 y la cual si no se trata a tiempo puede conllevar a una cirrosis. Otra consecuencia de aumento de ALT es la presencia de enfermedades como la gastritis debido al uso de antiulcerosos como

lansoprazol o AINES y en casos de hipercolesterolemia con el uso de estatinas15.

En la Tabla N° 4 y Gráfico N° 4, se observa la determinación porcentual de GGT según género, donde el 67,2 % de los pacientes presenta valores normales y el 32,8 % presenta valores elevados. Así mismo, según el sexo masculino el 32,9 % presentan valores normales y el 17,1 % valores elevados; según el sexo femenino el 34,3 % presentan valores normales y el 15,7 % valores elevados.

La GGT, como la fosfatasa alcalina, es producida en las vías biliares y se puede elevar cuando hay un trastorno de las vías biliares. Las alzas en GGT y fosfatasa alcalina, por lo general sugieren enfermedad de las vías biliares. La GGT es ligeramente más sensible que ALP en la enfermedad hepática obstructiva, aun cuando su incremento es paralelo a la fosfatasa alcalina, sus niveles se elevan más temprano y con más intensidad que la ALP, lo que se debe a un mecanismo de inducción enzimática a nivel microsómico, más

que a lesión hepática19.

Los pacientes con diabetes, hipertiroidismo, artritis reumatoidea y enfermedad pulmonar obstructiva a menudo tienen un incremento en GGT; las razones para estos hallazgos no se conocen bien. Luego del infarto agudo de miocardio, GGT puede permanecer anormal por semanas. Estos otros factores

determinan un bajo valor predictivo de GGT (32%) para enfermedad hepática17.

La colestasis es un síndrome resultante de trastornos en la formación, secreción o drenaje de la bilis al intestino, que provoca alteraciones morfológicas, fisiológicas y clínicas. En este caso la GGT aumenta en promedio 12 veces el límite superior de referencia en el 93-100% de pacientes, mientras que ALP aumenta en promedio tres veces el límite de referencia superior en el 91% del mismo grupo. La GGT parece aumentar en colestasis por las mismas causas que aumenta la ALP, como la cirrosis biliar primaria, colangitis esclerosante primaria, hepatitis viral, enfermedad hepática alcohólica, embarazo, síndrome de Sjogren y

otros17, 21.

En la cirrosis biliar primaria sus niveles son muy elevados y una elevación de 10 a 20 veces la cifra normal, sugiere en la cirrosis, la existencia de un carcinoma primitivo del hígado. En las hepatitis agudas, el

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aumento es menos intenso que en ALT y AST, pero es de gran utilidad el dato de su normalización, pues es la última en hacerlo y establece la verdadera normalidad. En el alcoholismo, ha demostrado ser

particularmente útil en el diagnóstico y manejo del alcohólico. 26

En la Tabla N° 5 y Gráfico N° 5, se observa la determinación porcentual de Fosfatasa Alcalina (ALP) según género, donde el 61,4 % de los pacientes presenta valores normales, el 37,1 % valores elevados y el 1,4 % valores disminuidos. Así mismo, según el sexo masculino el 34,3 % presentan valores normales y el 15,7 % valores elevados; según el sexo femenino el 27,1 % presentan valores normales, el 21,4 % valores elevados y el 1,4 % valores disminuidos.

La fosfatasa alcalina es una enzima que se produce en las vías biliares y los huesos y se localiza en el hígado por lo tanto ayudar a determinar una alteración hepática o una alteración del metabolismo óseo. Cuando la concentración de esta enzima está alta y las concentraciones de ALT y AST bastante normales, puede haber un problema en las vías biliares, como una obstrucción. Algunos trastornos óseos como la enfermedad de Paget también puede ser causa de un alza en la concentración de la fosfatasa alcalina, ésta

involucra destrucción y regeneración anormal del hueso causando deformidad 19.

Luego de los sesenta años, los límites de referencia de ALP aumentan en las mujeres, aunque los estudios no han sido consistentemente evaluados para la presencia de osteoporosis, que puede incrementar la actividad de fosfatasa alcalina en suero. La colestasis estimula la síntesis de ALP por los hepatocitos; las sales biliares, los detergentes u otros agentes tensioactivos. En el caso de la Colestasia Intrahepática Familiar Progresiva tipo 3, una alteración autosómica recesiva caracterizadas por aumento de GGT y ALP y una colestasia hepatocelular secundaria a una interrupción del proceso normal de síntesis de la bilis. Una mutación del gen MDR3 es responsable de la toxicidad de la acción detergente de los ácidos biliares sobre el epitelio de los canalículos biliares; esta acción detergente no es inactivada por los fosfolípidos biliares ausentes en esta enfermedad, que normalmente protegen a las células epiteliales mediante la formación de micelas. Todo esto desencadena una colangitis, fibrosis portal con proliferación ductal e infiltrado inflamatorio en las primeras etapas y finalmente estas lesiones evolucionan a la cirrosis biliar, desarrollan hipertensión portal,

riesgo de sangrado por várices y finalmente insuficiencia hepática17.

Los niveles de esta enzima están elevados cuando se sufre hepatitis, cirrosis y otras enfermedades.

Además, algunos medicamentos pueden aumentar la concentración de fosfatasa alcalina18.

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Así mismo, según el sexo masculino el 34,3 % presentan valores normales y el 15,7 % valores elevados; según el sexo femenino el 44,3 % presentan valores normales y el 5,7 % valores elevados.

Normalmente, el hígado conjuga la bilirrubina, que es excretada en la bilis y pasa por el duodeno para ser eliminada. La bilirrubina es el principal producto de la descomposición de los glóbulos rojos inservibles. Los glóbulos rojos liberan hemoglobina, y el componente “hemo” se descompone aún más, produciendo bilirrubina. Cuando la función hepática está dañada, como sucede en caso de hepatitis aguda y enfermedad hepática terminal, se acumula bilirrubina en la sangre y aparece un color amarillento en la piel y

el blanco de los ojos llamado ictericia 16, 19.

En la obstrucción o enfermedad de las vías biliares, las concentraciones de fosfatasa alcalina y GGT

a menudo aumentan con la de bilirrubina19.

También se eleva la bilirrubina en algunas enfermedades por depósito de lípidos, de hidratos de

carbono o de metales como el hierro o cobre16.

En la Tabla N° 7 y Gráfico N° 7, se observa la determinación porcentual de Bilirrubina Directa según género, donde el 88,6 % de los pacientes presenta valores normales y el 11,4 % presenta valores elevados. Así mismo, según el sexo masculino el 42,9 % presentan valores normales y el 7,1 % valores elevados; según el sexo femenino el 45,7 % presentan valores normales y el 4,3 % valores elevados.

La bilirrubina directa o conjugada es excretada fuera de las células hepáticas. Los aumentos en la bilirrubina directa o conjugada son altamente específicos para enfermedad hepática o de los ductos biliares. En caso de enfermedad hepática crónica, por lo general las concentraciones de bilirrubina son estables hasta que haya ocurrido daño hepático considerable y la cirrosis esté presente. En la enfermedad hepática aguda,

por lo general la bilirrubina aumenta en relación con la gravedad del proceso agudo18, 19.

Los incrementos en la bilirrubina directa también pueden ocurrir con alteraciones de la excreción de bilirrubina, dependiente de energía en sepsis, nutrición parenteral total, y luego de una cirugía, así también en caso de aumento de producción, disminución de absorción del hígado o disminución de la conjugación. En la recuperación de una hepatitis o de una obstrucción, la bilirrubina directa cae

rápidamente17, 19.

En la Tabla N° 8 y Gráfico N° 8, se observa la determinación porcentual de Proteínas Totales según género, donde el 88,6 % de los pacientes presenta valores normales, el 10 % valores elevados y el 1,4 %

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valores disminuidos. Así mismo, según el sexo masculino el 42,9 % presentan valores normales, el 5,7 % valores elevados y el 1,4 % valores disminuidos; según el sexo femenino el 45,7 % presentan valores normales y el 4,3 % valores elevados.

Las proteínas totales se elevan en casos de hiperinmunoglobulinemia, gammapatías y hemólisis, en algunos casos de enfermedad hepática crónica, incluyendo hepatitis crónica activa y cirrosis, en donde una gran parte del parénquima hepático se encuentra afectado, en neoplasias, sobre todo mieloma, macroglobulinemia de Waldenströn, enfermedades tropicales, enfermedades granulomatosas como la

sarcoidosis 18.

La hipoproteinemia puede encontrarse en múltiples estados patológicos. En el síndrome nefrótico se pierden grandes cantidades de albúmina por vía renal como resultado de un aumento anormal de la capacidad de filtración en el riñón dañado, el cual permite el paso de proteínas de bajo peso molecular. En los casos de hemorragias severas o quemaduras extensas también se produce una hipoproteinemia, ya que si bien junto con la pérdida de proteínas existe una pérdida de agua, ésta es reemplazada por el organismo de una manera más rápida produciéndose una dilución de las proteínas existentes. Así mismo en los estados de hambre o carencia por deficiente absorción intestinal, en donde el hígado no dispone de aminoácidos

suficientes para la síntesis de proteínas 27.

En el caso de hiperproteinemia se puede dar por deficiencia de agua. Se trata únicamente de cambios de concentración y no indican alteraciones de las cantidades absolutas de proteínas. Son debidas a deshidratación, como ocurre en los casos de diarrea severa, vómitos o la estasis venosa durante la

extracción sanguínea 27.

Po otro lado, los valores disminuyen algo en los mayores de 60 años. Las personas encamadas tienen unos valores menores de proteínas totales, así como los hospitalizados (5 – 10%), la disminución está también asociada con pérdida de proteínas como gastroenteropatías, quemaduras, síndrome nefrótico.y debido a la disminución de la síntesis de proteínas en deficiencia proteica severa, enfermedad hepática

crónica y síndrome de malabsorción18, 22.

En la Tabla N° 9 y Gráfico N° 9, se observa la determinación porcentual de Albúmina según género, donde el 88,5 % de los pacientes presenta valores normales, el 7,2 % valores elevados y el 4,3 % valores disminuidos. Así mismo, según el sexo masculino el 41,4 % presentan valores normales y el 4,3 % valores elevados y disminuidos; según el sexo femenino el 47,1 % presentan valores normales y el 2,9 % valores elevados.

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La albúmina es la más abundante de las proteínas plasmáticas, producida por los hepatocitos y encargada de mantener el volumen normal de la sangre. Valores incrementados de albúmina son típicamente debidos a hemoconcentración, causada, ya sea por deshidratación, uso de torniquete

prolongado durante la recolección de la muestra, o evaporación de la misma17, 21.

La escasez de albúmina es indicativa de una función hepática deficiente y contribuye a la aparición de edema periférico (acumulación de líquidos en brazos y tobillos) y ascitis (acumulación de líquidos en la zona abdominal), que en ocasiones se observan cuando la enfermedad hepática se encuentra en una fase muy avanzada. Las principales causas para valores disminuidos de albúmina incluyen pérdida de proteínas (síndrome nefrótico, quemaduras, enteropatía con pérdida de proteínas), un recambio incrementado de albúmina (estados catabólicos, glucocorticoides), disminución en la ingesta de proteínas (malnutrición,

dietas muy bajas en proteínas), y enfermedad hepática17, 18.

La albúmina plasmática está disminuida a veces en la hepatitis aguda, debido a su larga vida media, pero en la hepatitis crónica la albúmina gradualmente cae cuando la enfermedad progresa a la cirrosis. Las concentraciones de albúmina son un marcador de la descompensación y del pronóstico en la cirrosis. El uso clínico de las determinaciones de albúmina para la enfermedad hepática está primariamente dirigido al

reconocimiento de la cirrosis, y a determinar su severidad17.

Algunas pocas pruebas hepáticas miden funciones fisiológicas identificables, como ocurre con la

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