CAPÍTULO 1. OPCIONES TEÓRICO-METODOLÓGICAS
1.2 Disputar con palabras
Para el análisis del capítulo 4 tendremos en cuenta la perspectiva del Análisis Crítico del Discurso (ACD), que entiende al lenguaje como una práctica social y al análisis de discurso como un camino para develar “las relaciones estructurales de dominación, tanto las opacas como las transparentes, la discriminación, el poder y el control tal como se manifiestan en el lenguaje” (Wodak, R. & Meyer, M., 2003). El ACD como corriente surge a principios de los años noventa, de la mano de teóricos como Teun van Dijk, Norman Fairclough, Gunther Kress, Ruth Wodak y Theo van Leeuwen, entre otros.
Los discursos construyen relaciones de poder en una sociedad. Estos autores señalan que los efectos del poder y la ideología en la producción de significados son opacos y “adquieren formas naturales y estables: se toman como ‘dados’” (2003:3). La tarea del análisis de discurso es,
precisamente, desmitificar los discursos identificando las ideologías que subyacen a ellos y los conforman (Halliday, M., 1978). Esta corriente tiene particular interés en las formas en que la ideología resulta mediada por el lenguaje en una gran variedad de instituciones sociales. Se considera que el discurso va más allá del individuo, porque si bien se manifiesta en él, es independiente de él y es de hecho el resultado de procesos históricos (Wodak, R. & Meyer, M., 2003).
Algunos críticos del ACD sostienen que esta corriente realiza interpretaciones ideológicas y no análisis. Por ejemplo, Henry Widdowson cree que es una interpretación sesgada: en primer lugar, contiene prejuicios, ya que se realiza desde algún tipo de compromiso ideológico, y en segundo lugar, selecciona para el análisis aquellos textos que apoyarán la interpretación predilecta. Fairclough, en respuesta a estas críticas, dirige la atención sobre la condición abierta de los resultados. Los juicios de valor se permiten a la hora de seleccionar las unidades de análisis y formular las preguntas de investigación pero se prohíben en el contexto de la justificación. También señala que el ACD, a diferencia de la mayor parte de los demás enfoques, es siempre explícito respecto a su propia posición y compromiso (Wodak, R. & Meyer, M., 2003).
El discurso es un lugar de disputa. Allí se ponen en juego no sólo las representaciones que se tienen de los otros y de uno mismo, sino también las estrategias para invisibilizar la alteridad o reafirmar la identidad. Por esto, analizar los discursos ayuda a comprender las formaciones ideológicas y los mecanismos de poder presentes en una sociedad. "Es por medio del discurso, sea éste político, religioso, artístico, filosófico o periodístico, que las ideas hegemónicas o predominantes de una época o de un grupo son cristalizadas” (Jacks, N.; Machado, M. & Muller, K., 2004:38).
En la construcción de representaciones sociales, el lenguaje juega un rol central. Como señala Wittgenstein (1988), preguntarse por el sentido de las palabras es preguntarse por su uso: en qué juegos de lenguaje se inscribe lo dicho. En el mismo sentido, Austin (1990) llama la atención sobre el poder performativo de las palabras, y distingue tres aspectos del lenguaje: el locutivo (lo que se dice), el ilocutivo (lo que se quiso decir, vinculado a la intención del emisor) y el perlocutivo (el efecto que genera en el receptor, a nivel de actitudes, opiniones, sentimientos, etc.). Dejando a un lado los casos clásicos de la pragmática como "Sí, juro" o "Los declaro marido y mujer", donde es claro que se consuma un acto en el mismo momento en que se pronuncian esos enunciados (jurar la bandera, casarse), los efectos performativos del lenguaje están presentes en todo momento. Los discursos son “realidades materiales”, no menos materiales que la “realidad real” (Wodak, R. & Meyer, M., 2003:36).
Van Dijk advertía que "una expresión no debería caracterizarse solamente en términos de su estructura interna y el significado que se le asigna, sino también en términos del acto realizado al producir tal expresión" (1995:31). Afirmaba que la pragmática también tiene reglas que son convencionales y que determinan un uso sistemático de las expresiones para las personas pertenecientes a una misma comunidad de habla. "Este nivel pragmático de descripción proporciona las condiciones decisivas para reconstruir parte de las convenciones que hacen aceptables las expresiones, a saber, su aptitud con respecto al contexto comunicativo", señalaba (1995:31). El análisis de los mensajes mediáticos, en este caso de las noticias y editoriales de la prensa escrita, se hará teniendo siempre presente el contexto sociocultural en el que se inscriben. "La gran diferencia entre un lingüista convencional y un analista de discurso es, sin embargo, su relación con un sujeto social de los discursos, un sujeto que traspasa lo individual, e incluso lo
enunciativo, en busca de una articulación de los sentidos en la Historia y, por lo tanto, en las luchas sociales", señala Born (2005:68).
Eliseo Verón (1998:125) afirma que "toda producción de sentido es necesariamente social", o sea, "no se puede describir ni explicar satisfactoriamente un proceso significante sin explicar sus condiciones sociales de producción".
Por tanto, el análisis se hará siempre desde una perspectiva histórica, ya que las condiciones de producción de todo discurso “están vinculadas a determinaciones socio-históricas" (Viscardi, 1986:15). Roger Chartier señala que prestar así atención a las condiciones y a los procesos que llevan las operaciones de construcción del sentido es “reconocer, en contra de la antigua historia intelectual, que ni las inteligencias ni las ideas son desencarnadas y, contra los pensamientos de lo universal, que las categorías dadas como invariables, ya sean filosóficas o fenomenológicas, deben construirse en la discontinuidad de las trayectorias históricas” (1992).
A nivel formal, el discurso puede definirse como una secuencia de signos que produce sentido, caracterizada por la coherencia. Se puede distinguir tres tipos de coherencia. La coherencia superficial es la que algunos autores denominan cohesión, y existe por ejemplo en función de los nexos copulativos y otros elementos lingüísticos que cumplan con la función de vínculo. La coherencia global se sitúa en lo que autores como Van Dijk llaman la macroestructura, es decir, la representación semántica global que define el significado de un discurso concebido como un todo único (Lozano, J., Peña Marín, C. & Abril, Gonzalo, 1989:24). La macroestructura es el desarrollo del tópico o tema del discurso, y puede ser reductible a este o pasible de resumen. El tópico o tema del discurso, que en prensa escrita figura en el titular de la nota o en su defecto en otros elementos de jerarquización que acompañan el titular (colgado y bajada), será un elemento central para el análisis. Ducrot (1982) señala que para que un texto sea coherente, es preciso que
ciertos contenidos aparezcan regularmente a lo largo del discurso, que haya cierta redundancia. En tanto, la coherencia pragmática tiene que ver con la comprensión y la interpretación que el lector hace del discurso, y por tanto, con la situación de enunciación.
Opciones metodológicas del capítulo 4
A los efectos del análisis crítico del discurso en el capítulo 4, se consideró cada nota sobre el Mercosur publicada en los diarios El País y La República como una unidad discursiva. Al igual que para el capítulo 3, entiendo “nota” en un sentido amplio, como cualquier unidad del discurso periodístico que construye información sobre un hecho real (Rodrigo Alsina, 1989).
Se utilizó el mismo criterio de selección de las unidades de análisis que en el capítulo 3: se consideró que el Mercosur formaba parte del tópico del discurso de la nota si la palabra “Mercosur” aparecía en el titular o en alguno de los elementos de jerarquización que acompañan el titular (bajada o colgado). Este criterio se probó caso a caso, con un análisis completo del tópico de la nota, y en ningún caso sucedió que la nota seleccionada bajo este criterio no tuviera como tópico el Mercosur, por lo que puede decirse que la opción metodológica es válida.
En el capítulo 3 se estudiaron 111 noticias sobre el Mercosur. A los efectos del análisis de discurso del capítulo 4 realicé una selección dentro de ese corpus, en función de si la nota presentaba un juicio, apreciación o afecto en los términos definidos por Martin y White (2005). En su obra “Lenguaje de evaluación”, estos autores distinguen entre “afectos”, “juicios” y “apreciaciones”. Los afectos son “sentimientos positivos o negativos”; los juicios son “actitudes hacia una conducta” que admiramos o criticamos, que elogiamos o condenamos; y las apreciaciones son “evaluaciones de fenómenos semióticos y naturales”.
Luego realizan subclasificaciones de cada uno de estos conceptos que se presentan en el siguiente cuadro.
Cuadro 1. Elementos de evaluación.
Fuente: Martin y White, “El lenguaje de la evaluación”, 2005.
Martin y White sostienen que los juicios y las apreciaciones son afectos institucionalizados. Los juicios reelaboran los sentimientos y los convierten en normas de conducta: cómo deberíamos
comportarnos y cómo no deberíamos hacerlo. Estas normas de conducta a veces se institucionalizan y se convierten en reglamentos y normas legales. Las apreciaciones, en tanto, convierten los sentimientos en proposiciones sobre el valor de las cosas, sobre qué es valioso y qué no lo es. Las apreciaciones también se institucionalizan, por ejemplo mediante las premiaciones.
Los autores citados hacen en su libro un foco especial en el análisis de la prensa. Distinguen en los formatos periodísticos lo que denominan “voz del reportero”, “voz del corresponsal” y “voz del comentarista”.
Sobre la voz del reportero, señalan que se inscribe en un régimen de “despersonalización estratégica”, mediante la cual se oculta el rol subjetivo del autor. Este régimen supone una prohibición implícita que asume el periodista de realizar juicios y evaluaciones, en una operación ideológica que permite presentar el producto como “fáctico” y “neutral” (Martin y White, 2005). Los autores señalan que una muestra de que esta ideología es efectiva radica en el sentido común de que el periodismo “de calidad” es “objetivo” e imparcial.
Sin embargo, los periodistas realizan juicios y evaluaciones, y estos pueden identificarse por vía indirecta; por ejemplo, mediante la selección que hace el periodista de contenidos, de palabras, mediante la identificación de omisiones y el uso de metáforas. Precisamente, porque la ideología profesional del periodismo postula la conveniencia de ocultar al enunciador, es aún más interesante estudiar los casos que se apartan de esa norma, las notas que contienen juicios y evaluaciones que visibilizan la subjetividad de quien los formula.
En función de este criterio, el corpus de 141 notas del capítulo 3 quedó reducido a 28 notas en el capítulo 4, en las que se centrará el análisis de discurso de ese capítulo.
En cuanto a la operacionalización de los conceptos teóricos del Análisis Crítico de Discurso, cabe aclarar en primera instancia que los “análisis completos” de los textos no existen y que no existe tampoco ninguna forma de obtención de datos que sea característica del ACD (Wodak, R. & Meyer, M., 2003). Podemos realizar abordajes parciales en función de determinadas categorías, que en este caso se definirán claramente.
Tendré en cuenta la dimensión de la identidad, central en esta tesis, prestando particular atención a la definición de “nosotros” y “otros” y a la atribución de ciertas características a la mismisidad y la alteridad. La imagen (en este caso, las fotografías de prensa) se tomará en cuenta como un elemento más del discurso. Lo mismo vale para los elementos paratextuales como los pies de foto.
Las circunstancias de producción del discurso, entre ellas la dimensión histórica, son centrales para la comprensión de los textos, como se señaló anteriormente, y el análisis no estará exento de ellas; cuando corresponda se proporcionarán los elementos socio-históricos que ayuden a la comprensión de los discursos en cuestión.
En particular, se analizaron algunas variables que dan cuenta de la subjetividad del periodista, y por tanto permiten explorar valoraciones sobre el Mercosur: la existencia de juicios o apreciaciones, las implicaciones y presuposiciones contenidas en la información, el uso de la primera persona, las definiciones ideológicas, la valoración de la información (positiva o negativa). En segundo lugar, se analizaron otras variables asociadas a definiciones identitarias: características que se asocian con lo propio y con la “otredad”, percepción de un origen común, relación predominante entre los actores de la información.