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DIVERSAS MANIFESTACIONES ENTRELAZADAS DE FRONTERAS CULTURALES

3.1.- La intolerancia actual

Hoy, todas las culturas del mundo viven en interconexión permanente, apunta Morin. Ahora todo es interdependiente, aunque, a la vez, todo está disperso, separado, incomuni- cado; a pesar de tantas ataduras y adhesiones coexiste una barbarie absoluta en el interior de las relaciones entre etnias, culturas, naciones, potencias y superpotencias.109 Inespera- damente, la unificación tecnológica y económica del mundo también se ha coreado de grandes trastornos y disturbios sociales, políticos, económicos, ambientales, y muy co- piosamente, culturales, todos indicativos de la gran crisis de las civilizaciones de la moder- nidad. 110 Crisis multidimensional que asocia a la crisis de la comunidad humana para im- pedirle mudar hacia la hechura de una verdadera humanidad. Sucesión de catástro- fes culturales e interculturales cuyo desenlace fatídico es posible suplir sólo si se está dis- puesto a ello.

Desde la ONU, teóricamente destinada a promover la pluralidad y la inclusión mun- dial, Ban Ki-moon advierte sobre la inminencia que suponen las intolerancias culturales, étnicas y religiosas; signos de inquietud por la adopción de usos y prácticas, incluso leyes, que restringen todo tipo de libertades personales y que relegan a comunidades enteras en el mundo.111

Lo que refrenda Nasser Abdulaziz Al-Nasser, nuevo alto representante de la Unaoc112, cuando alerta sobre los peligros del extremismo y la intolerancia que acontecen a

nivel planetario. Para él, la intolerancia es un comportamiento, una manifestación que viola,

109 A la barbarie temporánea se han añaden nuevos fenómenos de irracionalidad y violencia que son capitali-

zados socialmente: las prácticas de individuos ultranacionalistas, neonazis skin, extremistas ideológicos o simplemente pandilleros urbanos. Lo que da lugar a expresiones para romper el espacio de concordia social. Adyacente a tan inquietante realidad están los problemas de pobreza, de crecimiento demográfico, de deterio- ro ambiental, de narcotráfico y mafias, y otras manifestaciones que fomentan intolerancia.

110 Cfr. Edgar Morin, La Vía: Para el futuro de la humanidad, Barcelona, Paidos Iberica, 2011, pp. 9-16. 111 Boletín ONU, Comunicado No. 11/058. Marzo 18 de 2011. Mensaje del Secretario General de las Nacio-

nes Unidas Ban Ki-moon, en ocasión del día internacional de la eliminación de la discriminación racial. www.cinu.mx/comunicados/2011/03/mensaje-del-secretario-general-86/

112 Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas creada para promover el diálogo y el entendimiento

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denigra o invita a vulnerar la dignidad y derechos fundamentales del ser humano; una dis- posición mental desde donde surgen conductas o actitudes de rechazo hacia las personas, grupos sociales y culturas diferentes, lo que en el diario devenir hace entorpecer todavía más las relaciones humanas.113

Si bien el conflicto político, social, religioso, ideológico, etc., no es resultado sola- mente de intolerancias, sino además por la disputa de recursos, por la ausencia de institu- ciones de arbitraje, por confrontaciones político-religiosa, entre muchas otras, lo que hoy se vive es ciertamente inaudito. Son muchas las personas que sufren diaria y duramente a cau- sa de la intolerancia: agresiones étnicas, atentados extremistas, asesinatos racistas, abusos contra los derechos humanos, discriminaciones y odios. Intolerancias de impacto mundial donde acechan a la concordia democrática para atacar a los sectores sociales más indefen- sos; minorías y excluidos sociales, marginados, expatriados, etc. Lo que hace resurgir na- cionalismos agresivos, totalitarios, y fobias discriminatorias que parecían ya superadas.

Encomios heterófobos que excluyen, que rechazan o conciben como inferior o subal- terno al diferente. Prejuicios que no son sino divulgaciones defectuosas e inflexibles. Mani- festaciones que se ostentan como un valor superior, como un no a la persona con sus pro- pias y distintas identidades, y como un si a la identidad personal enfrentada a las de los de- más.114

Ligada a situaciones de odio, marginación, segregación y violencia, la intolerancia se evidencia en la colonialidad115 del racismo, de la xenofobia, de la discriminación, del anti-

semitismo, del extremismo religioso, del sexismo, de la homofobia, del totalitarismo, del nazismo, del fascismo, del integrismo fundamentalista, y de los ultranacionalismos agresi-

113 EDUCACIÓN UNESCO. Memorándum de entendimiento para la Alianza de Civilizaciones. En

http://www.unesco.org/new/en/communication-and-information/. © UNESCO

114 A la consternación de las hostilidades bélicas en Gaza, Ucrania, Siria, Irak, se suma su explotación, algo

que parece ignorarse. Las violaciones y otras formas de violencia cometidas por los combatientes o los mili- cianos durante un conflicto armado son consideradas como crímenes contra la humanidad según el código penal internacional, y deberían ser tratadas como tales. En www.20minutos.com.mx/noticia/15798/0/guerras- gaza.../mundo/

115La colonialidad se compone históricamente sobre un sistema de dominación asentado en un entramado de

relaciones sociales intersubjetivas, basadas en la clasificación social jerárquica de la población mundial, sos- tenida en la idea de raza, articulándose posteriormente en una misma trama de estratificación social, con otras formas de clasificación basadas en la idea de clase y en las ideas de género. En ese sentido es que la de idea de raza y el complejo ideológico del racismo, impregnan todos y cada uno de los ámbitos de existencia social y constituyen la más profunda y eficaz forma de dominación social, material e intersubjetiva, por ende, la naturalización de la idea de raza y sus relacionados ha dispuesto que la posición subalterna de las poblaciones conquistas sea considerada no como el resultado de un conflicto de poder sino como la derivación lógica de una inferioridad esencial en su condición.

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vos. Así que cuando la colonialidad se transforma en la instauración de la intolerancia co- lectiva presupone un fuerte peligro para la comunidad internacional, especialmente, para la coexistencia de los principios liberales entre los Estados.

Penosamente, y en aproximación a tan inesperada peligrosidad, se vive una sociedad- mundo impreparada para defender la libertad y los derechos fundamentales; una sociedad- mundo que no se asume responsable solidaria ante el deterioro social que oprime. No hay disculpa para facilitar el aprendizaje e interiorización de conductas discriminatorias, exclu- yentes y violentas, en una vida cotidiana marcada por la competitividad agresiva, el egoís- mo insolidario y la subalternidad de las diferencias.

En un contexto de inminentes macro-conflictos, en el que las protestas por la trama existente acontecen en los más diversos ámbitos, y a escalas superlativas, urge dejar atrás el salvajismo de las ideas y la prehistoria de la irresolución humana, para acceder a una me- tamorfosis de asociación planetaria, conscientes de que el combate de hoy debe desarrollar- se en y desde los suelos del espíritu del hombre.116

Es la propia filiación heterofóbica la que a su vez expresa un ultimátum para todos: la exigencia de acabar con los prejuicios que alimentan el odio, el fanatismo y la barbarie; la exigencia de negar un espacio político, cultural o social para cualquier tipo de intolerancia en detrimento de las personas; la exigencia de vencer a la violencia sin violencia, con un estado de derecho verdadero, con una voluntad popular expresada desde la diversidad parti- cipativa: consensual, democrática o representativamente, entre muchas otras, en abandono de toda forma de opresión, de totalitarismo o absolutismo. Una ciudadanía sensible y res- ponsable con los tiempos y problemas que le ha tocado vivir. Esto es, un nuevo efecto paci- fista.

Determinación que provoque trabajar, preferentemente, por la finalización de la vio- lencia extrema, la erradicación de la coacción urbana y la eliminación de toda manifesta- ción de intolerancia entre las personas, entre sus culturas, en todas las patrias, y en corres- ponsabilidad solidaria, por la pacificación de los conflictos bélicos internacionales y la abo-

116 En un mundo de xenofobia, de conflictos e intolerancias, la cultura debe percibirse como un camino para la

inclusión y la paz y no como una fuente de división y choque entre perspectivas diferentes. En sí ese es uno de los grandes desafíos que la humanidad debe sortear en el comienzo del siglo XXI: la intolerancia como un problema que es a la vez ético y político, compuesto por factores muy diversos, estructurales, económicos, ideológicos, culturales y sociales.

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lición de la condenas inhumanas en el mundo. Un sentimiento que rechaza a los violentos de cualquier símbolo pues entiende que comparten la misma matriz de odio, identidad ex- cluyente y enfrentada, y negación del respeto a la vida e integridad de la persona.

Una voluntad de transformación que afirma que este no es un problema exclusiva- mente político, sino cardinalmente social, donde la ciudadanía en su conjunto ha de pregun- tarse si admite en su seno la violencia y la intolerancia o trabaja por desterrarla de todos los ámbitos, para lo cual habrá que abordar las cusas que la originan y detener las circunstan- cias que la posibilitan.117

Un movimiento contra la intolerancia que convoca al debate moral, político y social. A reaccionar con coraje cívico, a construir una cultura de solidaridad y tolerancia, a levan- tar un hábitat que no permita anegar las contiendas fratricidas. Un movimiento que incita no sólo a la condena de la intolerancia, sino al ineludible compromiso de trabajar por la paz, los derechos humanos y la cohesión social. Entre tanto se consigue, esto alienta a ex- hortar, al lado de las víctimas, la vocación, la tentativa de más grande de justicia, en actitud de conciencia y vigilancia, sin olvidar los efectos negativos que la historia ha dejado para no repetirla.118

Una propensión contra la intolerancia que, sobre todo, debe aprender a reconocer, y recoger también, cómo es que el conflicto concreta y constriñe la hechura humana, en pri- mera posición, para la relación con los demás. Oposiciones de expectativas, valores, proce- sos y resultados entre dos o más individuos, en relación a contenidos o cuestiones recípro- cas, en este caso, inherentes al contacto regular entre culturas.

3.2.- El conflicto como resultado de la intolerancia

En lo tocante a un encuentro entre individuos provenientes de culturas diferentes, con un mínimo de posibilidad de entendimiento entre ellos, no siempre es viable lograr una correlación estática, por el contrario, puede detonarse un verdadero choque de significacio- nes, incomparables e incompatibles entre sí. Aquí, para Morin, el carácter identitario es componente de la condición humana, lo que compone un hecho significativo, ya que su

117 Cfr. Teun A. Van Dijk, Dominación étnica y racismo discursivo en España y América Latina, Madrid,

GEDISA, 2009, pp. 129, 166.

118 Cfr. Alain Touraine, Can We Live Together?: Equality and Difference, Stanford, CA. Stanford: University

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resguardo ostenta, in continuo, la posibilidad de aperturar un cerco de defensas subjetivas, en este caso culturales, enérgicamente ininteligibles para los demás.119

Por derivación de esta afirmación, se vive liados a la eventualidad, a la discrepancia, a la disconformidad y a la inconformidad: al conflicto. Imperativo de la sustancia humana; inminencia de la propia especie que regularmente se afronta de manera interior, desde las creencias incompatibles que intentan coexistir en la mente hasta cuando se procede de for- ma incoherente con las propias afirmaciones. Aunque también en el ámbito social ocurre lo propio; cualquier comunidad humana, homogénea o múltiple, extensa o reducida, alterna inevitables conflictos dentro de sí y en aproximación a otros conglomerados, otras colecti- vidades.

Individual y socialmente, entonces, el conflicto120 nos concreta y nos constriñe. Mu- chas son las enunciaciones desde este ámbito que se pueden encontrar sobre el término, pero, para efectos de la explicación que se pretende se habrá de asentir la que ofrece Step- hen Robbins:

Toda relación entre dos personas, entre una persona y un grupo o entre grupos, implica necesariamente un proceso de comunicación, que puede ser verbal, escrito o corporal. En este proceso interactivo es donde se produce el conflicto. Para que se produzca un conflicto las partes deben percibirlo; sentir que sus intereses están siendo afectados o que existe el peligro de que sean afectados. Esto involucra posi- ciones antagónicas y oposición de intereses. […] el conflicto es un proceso que se inicia cuando una parte percibe que otra la ha afectado de manera negativa o que está a punto de afectar de manera nega- tiva alguno de sus intereses.121

La colisión socio-antagónica, por ende, es una constante del género humano, una cir- cunstancia antropológica, inmanente y presente en todos los ámbitos relacionales: cónyuge, familia, organizaciones sociales y políticas, grupos religiosos, étnicos, nacionales o trans- nacionales, etc. etc. Para Yoritomo Tashi: “El antagonismo crece en todas partes donde se manifiesta la vida. En la lucha eterna entre el alma individual y el alma social […]”122.

119 De suyo, la cultura se forma por el agregado de instituciones, creencias o prácticas concretas interactiva-

mente conexas; a través de las cuales una colectividad reafirma su presencia en tiempo y espacio precisos y concisos ante los demás: otros individuos, comunidades, el mundo mismo. Cfr. Edgar Morin, EL Método V,

La humanidad de la humanidad, Madrid, Cátedra, 2001, pp. 69, 183-189.

120 Según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española la palabra conflicto procede etimológi-

camente de la voz latina conflictus que significa lo más recio de un combate. Punto en que aparece incierto el resultado de una pelea. Antagonismo, pugna, oposición, combate. Angustia de ánimo, apuro, situación des- graciada y de difícil salida. Real Academia Española; Diccionario de la Lengua Española, T. I, Vigésima edición, 1984, p. 358.

121 Stephen P. Robbins, Comportamiento Organizacional, Conceptos, Controversias y Aplicaciones, Madrid,

Editorial Prentice Hall, Sexta Edición, Cap. XIII, 1994. P. 461.

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Altercados que usualmente principian con un incidente de confusión o desconcierto en la comunicación, y que rápidamente provocan la interpretación errónea y la apertura de un sumario de suspicacia recíproca que engendra confrontación interpersonal y/o grupal. Así, lo que surge de manera inter-individual atrapa los más altos niveles comunitarios y sociales. Divisorias inter-grupales que mutan a lo cultural para instituirse como formas jus- tificadas de vida que diferencian y separan simultáneamente. Arbitrariedades que subscri- ben rencores perennes entre naciones, etnias o religiones que luego se trasladan de una des- cendencia a otra.

Así que, el conflicto representa la incompatibilidad, real o percibida, de expectativas, valores, procesos y resultados entre dos o más individuos, en este caso, provenientes de culturas diferentes, en relación a contenidos o cuestiones propias o bilaterales. Variaciones en la autoconstrucción producto de las diferencias culturales. Divergencias enunciadas, las más de las veces, a través de estilos culturalmente diferentes para manejar la discrepancia y la disputa.123

Pero el abordaje de un conflicto intercultural no sólo dependerá del trabajo que se pueda realizar sobre las diferencias, en forma ordenada, sino también del desorden que puedan tolerar las sociedades humanas, y que sobreentiende la presencia, en algún momen- to, de un mínimo de libertad.124 Ello queda corroborado por Castelles cuando afirma que la

cultura está orientada y mantenida socialmente; ella se hereda mediante un sistema de transmisión con formas simbólicas que constituyen parte del patrimonio de los grupos hu- manos para proporcionarles el entorno donde se desarrollen bajo su influencia.125

Para la interculturalidad, desde Morin, el gran peligro se produce cuando el valor o valía de un alguien es negado por un otro proveniente de una cultura diferente; cuando no se le permite tener inclusión genuina en la crónica de ese otro. Al liquidar los valores cultu-

123 Todo proceso de socialización cultural es influenciado por nuestras necesidades vitales, y expectativas

personales. Vivimos una doble dimensión: individualidad/colectividad dentro de un continuo de diferencias que debe ser usado como arranque para entender tanto las divergencias básicas como las similitudes. Cfr. Remo F. Entelmann, Teoría de conflictos, Buenos Aires, Gedisa, 2005, pp. 62-67

124 Desde esta visión la creatividad y la invención, aunque consideradas una forma de desviación al orden

preestablecido, sugieren pensar que el uso del desorden es siempre importante. No es un asunto de embrollo menor pensar en soluciones creativas, distintas de las soluciones paradigmáticas propuestas por la historia, la cultura, las creencias, etc. Quienes atraviesan por un conflicto pueden crear y recrear soluciones impensadas si apelan a su propia inventiva.

125 Cfr. Manuel Castells, Un paso más hacia la Inclusión Social, Madrid, Ed. Plataforma de ONGs de Acción

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rales ajenos, lo más propio de los demás, el conflicto emerge. En sí, es el sentido naciona- lista que quiere considerarse como la única verdad-totalidad; es la reclusión cultural, nacio- nal y religiosa, que olvida la solidaridad con los vecinos y, de forma más amplia con las demás sociedades humanas.126

En este sentido, la identidad grupal se instituye entonces como uno de los más gran- des mecanismos hacedores de intolerancias culturales que, gradualmente, consolidan la marcación de diferencias ciudadanas, raciales, religiosas, entre otras. Más que una mera construcción social para adjudicar una forma de ser, pensar o actuar; las identidades cultu- rales fundamentan el conflicto que remarca los límites con aquel al que se considera un extraño, superior o inferior, aunque sin las suficientes evidencias para hacerlo.127

El conflicto intercultural, entonces, no está en los hechos, sino en la historia que cada persona produce, y de cómo cada uno de los querellantes percibe a su colindante. Un espa- cio complejo, relacional, donde cada historia está en interdependencia de la otra; una trama entrelazada de percepciones que apenas concordarán en un mínimo excedente, ya que cada una de las partes en conflicto posee desiguales intereses y objetivos.Diferencias culturales que pueden importar el comienzo de un infundado e innecesario arrebato de intolerancia cultural.128Así, desde el interior de la ideología occidental, confundidos por la polarización de las evidencias culturales y sociales, diligentemente se establecen dos visiones adversas de la cultura, en las que, si en una de ellas se pondera el conflicto subyacente a cada uno de todos esos fenómenos polarizados, la otra enfatiza la necesidad de encontrar vías de comu- nicación; vías de mediación que trasciendan la resolución disyuntiva de las oposiciones. Esto, desde luego, provoca en definitiva la colisión de dos enfoques culturales antagónicos: uno marcado por el conflicto, el otro por la necesidad de diálogo.

De ahí que para bien interpretar las equivalencias y disimilitudes en los encuentros culturales sea necesario, por un lado, consolidar un ambiente de inclinación por la diversi- dad cultural, por el otro, mantener una alineación que acepte cómo las culturas se proyectan

126 Cfr. Federico Finchelstein, La Argentina fascista: Los orígenes ideológicos de la dictadura, Buenos Aires,

Grupo Editorial Sudamericana, 2012, p.16-19.

127 Un mecanismo de embudo social que especifica y filtra la pertenencia a una comunidad, y donde la acep-

tación del otro no es más que una maniobra para que éste se mantenga sometido dentro de nuestros suelos y fronteras culturales. Un sujetamiento cultural que no es más que un artificio subjetivo para defendernos de lo diferente, de lo que consideramos extraño y pernicioso.

128Cfr. Federico Finchelstein, La Argentina fascista: Los orígenes ideológicos de la dictadura, Buenos Aires,

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y diferencian desde el interior y a través de sus fronteras. Un continuo de transiciones y variabilidades substanciales que supera, por mucho, cualesquier espacio físico, para inser- tarse en el carácter psíquico, emotivo y volitivo de las fronteras, para cada individuo, para cada conglomerado social, para cada Estado.129

3.3.- Las fronteras: expresión cultural

A partir de las afirmaciones conflictivas de índole intercultural crecientes a nivel mundial, sectarismos e intolerancias obligan a la indagación sobre el término frontera, es- pecíficamente en cuanto a la interpretación de límite geofísico, como una demarcación tan-