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Cuando se analiza la variabilidad en un conjunto de elementos, hay dos fuentes principales que contribuyen a ella: las diferencias entre elementos y la propia variabilidad existente dentro de cada uno de ellos. Existen diversas formas de medir cada uno de esos componentes, y, lo que es más importante, distintos puntos de vista sobre qué valorar más y cómo combinar ambos tipos de información. Dar preferencia a la diversidad entre o a la diversidad dentro a la hora de establecer prioridades de conservación es una decisión difícil de tomar. Ambos componentes deberían ser tenidos en cuenta, ya que

aproximadamente un 50% de la variabilidad genética total en una especie se debe a las diferencias entre razas (Barker, 2001; INRA y CIRAD, 2002; Wooliams y Toro, 2007), procediendo la otra mitad de las diferencias entre animales dentro de cada raza. El peso que se le debe dar a cada uno de estos elementos, sin embargo, no es un asunto trivial.

Es frecuente que los estudios de diversidad en un conjunto de razas se lleven a cabo considerando especialmente las diferencias entre ellas, medidas a través de distancias genéticas (Barker, 1999; Ollivier y Foulley, 2002;

Baumung et al., 2004), aunque los procedimientos que únicamente consideran la variabilidad entre unidades, especialmente cuando éstas son razas y no especies, y el objetivo es determinar prioridades de conservación, han sido criticados, y se sugiere que la diversidad dentro de las razas sea tenida en cuenta (Barker, 2001; Caballero y Toro, 2002; Eding et al., 2002; Bruford, 2004). En cuanto a utilidad práctica, favorecer la diversidad dentro de razas es útil en términos de selección y adaptación, mientras que darle más peso a la diversidad entre razas permite optimizar cruzamientos y crear poblaciones híbridas con el fin de explotar por selección la mayor diversidad generada. Las

poblaciones endogámicas con poca variabilidad son menos viables que

poblaciones grandes con tamaños efectivos elevados. Por otra parte, combinar poblaciones alejadas entre sí, portadoras de distintos alelos segregando a frecuencias elevadas (y por tanto con un exceso de homocigotos) produce nuevas poblaciones con una alta variabilidad debido a los nuevos

heterocigotos.

El problema es que hay una gran paradoja subyacente a la discusión “entre vs. dentro”. Si uno tiende a favorecer la diversidad entre poblaciones, las unidades más alejadas aparecen como prioritarias; en el caso de animales domésticos, las razas más alejadas son aquéllas que con más intensidad han sufrido procesos de deriva y selección, de forma que suelen presentar altos niveles de endogamia. Por tanto, son básicamente meros depósitos de

variantes alélicas que raramente se encuentran en otras razas, pero no aportan diversidad de forma intrínseca, y habría razones para argumentar que se

debería dar prioridad a razas con tamaños efectivos elevados en lugar de a estas razas genéticamente agotadas. Pero por otro lado, ¿qué sentido tiene invertir más recursos en razas o poblaciones que se encuentran de por sí fuera de todo peligro gracias a su estructura genética saneada?

Los enfoques teóricos utilizados generalmente para determinar prioridades de conservación están bien fundados y construidos, y las

metodologías se ajustan perfectamente a los objetivos propuestos, pero no se ajustan tanto a las demandas reales. Si los recursos se distribuyeran de la forma en la que los potenciales de conservación o las contribuciones parciales a la diversidad de Weitzman (Weitzman, 1992, 1993, ver secciones 2.5 y 3.1) aconsejan, la pérdida de diversidad entre poblaciones sería ciertamente minimizada en teoría. Pero la única manera real de preservar esa diversidad entre poblaciones sería mantenerlas tan alejadas como fuera posible, es decir, mantener o incrementar la presión de selección y el efecto de deriva, dando como resultado poblaciones genéticamente degradadas. Esta estrategia

maximizaría la diversidad en hipotéticos cruzamientos, pero en primer lugar, en la práctica ninguna organización asignaría fondos para incrementar la

criadores y ganaderos de razas locales aceptaran una política orientada a forzar cruzamientos entre las distintas razas. Además, es más favorable un relativo intercambio genético entre ellas que una política de aislamiento total (Pääbo, 2000).

Por otro lado, los métodos enfocados a la minimización del parentesco (Caballero y Toro, 2002; Eding et al., 2002) resultan en prioridades opuestas a las sugeridas por los métodos basados en distancias, favoreciendo por tanto a las razas menos amenazadas, aquéllas que en la práctica menos ayuda necesitan. El razonamiento subyacente a estas metodologías es igualmente poco práctico, ya que se basa en la idea de crear una población sintética en la que el parentesco resulta minimizado, y se buscan las contribuciones a esa metapoblación que alcancen esa condición de mínimo. Esto es útil en programas de crioconservación dirigidos a crear una reserva de recursos genéticos en prevención de desastres naturales o provocados por el ser

humano que llevaran a la especie al límite de la extinción y ésta tuviera que ser reintroducida. Pero para programas de conservación in situ vuelve a crear un conflicto, siendo como es poco probable que los criadores aceptaran la creación de una nueva metapoblación mixta.

La realidad también juega en contra de cualquiera de estos enfoques, en la forma de las políticas de concesión de fondos actualmente en vigor. La UE, por ejemplo, prevé que se asignen fondos por igual a todas las razas incluidas en programas de conservación, con independencia de censos, tamaños

efectivos, niveles de peligro o prioridades publicadas en la bibliografía.

Teniendo en cuenta todo esto, podría ser interesante moverse a un nivel inferior en la escala taxonómica y determinar prioridades de conservación dentro de razas, es decir, al nivel de rebaños, en lugar de (o

complementariamente a) prioridades al nivel de raza. La implementación

práctica de estas metodologías es más accesible cuando la hipótesis de partida se reduce a cruzar rebaños en lugar de enfrentarse a un planteamiento de cruzamientos entre razas.