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1.1 Marco Teórico Conceptual

1.1.3 El Lugar de la Didáctica y la Didáctica de la Lectura Crítica en la

1.1.3.3. El Docente, la Didáctica y el Proceso de Lectura Crítica

La lectura, la escritura y la oralidad atraviesan necesariamente todos los procesos educativos en tanto que se constituyen como factores que favorecen los procesos de enseñanza aprendizaje al interior de la escuela, la educación superior y la vida misma, además de permitir el desarrollo de habilidades comunicativas en los sujetos con el fin de ejercer un lugar en la sociedad y en las aportaciones críticas que puedan generarse ante la realidad que estos viven.

El docente, por su formación, ha tenido la posibilidad de configurar una serie de habilidades tendientes a favorecer sus propios procesos y habilidades en lo que respecta a la lectura. Por lo expuesto, Rondón (2012) anota que

“se destaca entonces, la responsabilidad que tiene el docente mediador de conocer los intereses, gustos y necesidades de los estudiantes con el fin de estimularlos a hablar a otros, a hablar juntos, a hablar de lo nuevo, redondear la conversación, sacar conclusiones y construir significados para crear nuevos mundos” (p. 5).

Se debe tener en cuenta, también, que independientemente del área en que se desempeñe, el maestro ha de ser un artífice del proceso lector de sus estudiantes y en este sentido se constituye en un mediador que debe potenciar los procesos de lectura y de construcción de conocimiento en aquellos con quienes desarrolla su labor.

Igualmente, el docente como orientador de procesos pedagógicos, debe tener la posibilidad de conocer tanto el entorno como las problemáticas del mismo, además de comprender los intereses formativos de sus estudiantes, con el fin de construir mancomunadamente el sentido que tiene la educación y la necesidad de posicionarse como sures humanos que aporten en la construcción social desde el análisis crítico de la misma.

De otra parte, hay que resaltar que la lectura es un proceso mediante el cual el lector pone su vida en relación con el texto para construir el significado. Este proceso necesariamente debe hallar estrecha relación con la vivencia de quien lee y así atribuir comprensión y sentido a su interpretación, además de conectar lo que se lee con la realidad de manera crítica, constituyendo así un paso importante en la transformación de la misma. Justificando lo anterior, Castillo y Rondón (2011) resaltan que es pertinente anotar que “la crítica, “tiene que ver con el significado de los textos, con hacer que tengan sentido para quien lee. La interpretación es parte de la crítica. La base de la crítica entonces es la experiencia propia que tiene el lector con el texto” (p. 7).

Además de lo expuesto, el maestro en su quehacer pedagógico debe propender por la reflexión permanente y por favorecer un vínculo entre su asignatura y la realidad; es decir que genere en los estudiantes la posibilidad de contrastar lo que aprenden con la vida real y para ello es necesaria una comunicación efectiva que transforme las relaciones que se establecen al interior del aula, acogiendo, también, la diversidad que existe en ella.

En consecuencia, la formación en la crítica y sobretodo en la lectura crítica debe ser un aspecto importante tanto en la formación de futuros maestros como en la de aquellos que ejercen su profesión, pues al estar actualizados en este aspecto van a favorecer los procesos de enseñanza aprendizaje que desarrollan y orientan a sus estudiantes. Por lo tanto, de acuerdo con Rondón (2012), “si se forma un lector crítico para el pensar, el entender y el actuar, desde el preescolar hasta la educación superior, se estará contribuyendo a una mejor educación para la vida y para la construcción de ciudadanía” (p. 9), es decir que la lectura crítica debe ser un aspecto transversal a todas las áreas e implementarse en todos los niveles del sistema educativo.

Hay que resaltar que los procesos de enseñanza aprendizaje orientados por el maestro deben hallar especial relación con el contexto y por ende con la vida de sus estudiantes. Lo primordial en el acto educativo tiene que ver con la manera en que se vinculan los conocimientos que se enseñan con la realidad, con la cultura y con los escenarios sociales en los que devienen las vidas de sus estudiantes. Por lo tanto, en palabras de Rondón (2012)

“el maestro se sumerge a profundidad en el campo de la didáctica general y específica de la disciplina, para explorar en la perspectiva sociocultural la manera de favorecer su propia realización y la de sus estudiantes como sujetos, a partir del concepto de experiencia centrada en la acción” (p. 11).

Por lo tanto, la educación ha de estar estrechamente relacionada con las vivencias de quienes participan en ella, con el fin de trascender la simple repetición de contenidos a una educación verdaderamente contextualizada.

En conclusión, se debe agregar que en la mediación pedagógica que realiza el maestro se debe propender por la generación de estrategias que permitan la vinculación de la experiencia de los estudiantes con los contenidos que se enseñan. Igualmente, existe según Rondón (2012) “una preocupación por la construcción de un ambiente lector, atendiendo a dos condiciones. El mundo interior del lector y el espacio físico, con estas dos condiciones se construye un ambiente social para la lectura que favorece la conversación para la formación de un lector crítico” (p. 13). Por lo tanto, el maestro como aprendiz activo a lo largo de la vida tendrá que generar escenarios que faciliten su formación permanente, con el fin de actualizar sus conocimientos y sus intenciones pedagógicas, orientando procesos que tengan en cuenta no solo lo disciplinar sino escenarios que permitan la relación de este aspecto con la vida de sus estudiantes y con el análisis y la comprensión de la realidad que les rodea con el fin de verla críticamente y así tener la posibilidad de transformarla.