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Dos relecturas desde el horizonte eclesial y cultural latinoamericano

La fe teologal presta un servicio histórico a la renovación de la vida interior del Pueblo de Dios y, puede tener un rol inspirador, con pleno respeto a la autonomía, en la reconstitución de los pueblos de América Latina. Ambos aspectos son iluminados mediatamente por esta T, expresión de las convicciones permanentes de su A. Escribo “mediatamente” porque Blunda, un serio exégeta cristiano del Primer Testamento, analiza los textos proféticos y litúrgicos en la vida de Israel y, recién, en el párrafo final, alude a la llegada del Reino en Jesús, quien encarna la suerte de su pueblo y se identifica con los rasgos del Siervo, tanto en su muerte como en su resurrección, como lo señaló en 1979 la cristología de Puebla (cf. DP 190-197), esa “suma pastoral” que tanto marcó a Blunda durante los años ochenta.

En primer lugar, esta Teología es muy oportuna parael Pueblo de Dios

que peregrina en América Latina. La experiencia pastoral del A –y no sólo de él– confirma que proclamar las maravillas de Dios en su Palabra y cele- brarlas en la Liturgia forja la comunión eclesial. Blunda es testigo de que la palabra predicada y cantada para glorificar a Dios cambia el corazón, des- pierta la esperanza y anima a entonar “un canto nuevo” (Sal 96,1; Is 42,10) con “gritos de alegría” (Is 44,23; 49,13). Sabe que quienes son amados por el Señor encuentran en su Iglesia el tejido de vínculos fraternos que sostie- ne en la lucha por construir una sociedad nueva. Su mirada teologal y su corazón pastoral ven a Dios reinando ya sobre su pueblo, en especial sobre

59. Cf. C. M. GALLI, “Claves de la eclesiología conciliar y posconciliar desde la bipolaridad

Lumen gentium - Gaudium et spes. Síntesis panorámica y mediación especulativa”, SOCIEDAD

ARGENTINA DETEOLOGÍA(ed.),A cuarenta años del Concilio Vaticano II: recepción y actualidad, Buenos Aires, San Benito, 2006, 49-107.

los millones de pobres latinoamericanos que están entre los hermanos más pequeños de Jesús (Mt 25,41) y viven su fe entre muchos sufrimientos y alegrías. Con una sensibilidad especial se siente parte de una Iglesia deudo- ra de los pobres con la deuda de la Palabra de Dios. Su propuesta coincide con una línea acentuada en Aparecida (cf. A 247-249) y con unapastoral bíblicaque se resume en un pentagrama léxico: decir / proclamar, escuchar / comprender, hacer / guardar, celebrar / cantar, y ver / contemplar la Palabra.60

En esta línea, el anuncio del Dt-Is y la alabanza del Salmo 96 ponen a las comunidades orantes de hoy, situadas en la continuidad del único sujeto Pueblo de Diosque peregrina por toda la historia, en una actitud espiritual que las remite a la soberanía de Dios. El monoteísmo isaiano y sálmico es crítico de las pretensiones idolátricas de los poderes políticos que tienden a divinizarse, en la antigüedad y la modernidad, como denunciaron distintas corrientes de la profecía y la apocalíptica. Esta con- cepción teologal centra a la comunidad creyente enel culto al único Dios, Señor y Rey, y anima la esperanza para construir un futuro mejor a par- tir de los pequeños gestos de amor entregados en la vida cotidiana.

En segundo lugar, la teología de la historia de esta Teología puede iluminar el camino denuestras naciones latinoamericanas. En el bienio 2010-2011, nueve países festejan los primeros dos siglos de su libera- ción histórica y su existencia independiente. Nuestros pueblos, con una historia inspirada –en buena medida– en la fe católica, viven una reali- dad cultural cada vez más plural y están desafiados a reconstituirse desde sus raíces y ante los cambios. En tiempo de los bicentenarios, la relectura de sus hechos fundacionales, celebrados en las fiestas y expli- cados en las escuelas, puede ser un factor reconstituyente de sus iden- tidades. En ese contexto,la fe cristiana sigue siendo un factor reconfigu- rador de la identidad cultural. Ésta deberá ser forjada por el diálogo entre todos los ciudadanos de distintos credos e ideas, a partir de las bases comunes que los vinculan: la tradición histórica, la amistad social, la racionalidad política, la ética civil, la normatividad jurídica y la bús- queda consensuada.

Estoy convencido de quela fe cristiana se asocia y se puede asociar mejor a todos y a cada uno de esos factores comunes. Ella pertenece a

60. Cf. G. RAVASI, “La Biblia en cinco verbos”, en: J. FLECHA-ANDRÉS,La semilla de la Palabra de Dios, Salamanca, UPSA, 2010, 39-50.

nuestra tradición cultural sin homogeneizarla, fortalece la amistad en la fraternidad, amplía y purifica la razón política, brinda valores que enriquecen la ética social, es una fuente mediata de nuestra legislación y se perfecciona en el amor que une. Por eso, urge encontrar nuevas mediaciones y mediadores para que la fe inspire a la sociedad con su potencial de humanidady fecunde los valores modernos respetando la laicidad política. Esto ayudará a superar dos asociaciones peligrosas que unen: democracia con laicismo y fe con fundamentalismo. Hay que reavivar el aporte de la fe al servicio de la convivencia en una socie- dad democrática y multicultural.

Nuestra Argentina se gestó en un largo proceso que tiene varios hitos fundacionales. Dos de ellos son la revolución realizada el 25 de mayo de 1810 en el Cabildo de Buenos Aires, que instaló el primer gobierno patrio, y el Congreso celebrado en Tucumán –cuna de Blunda– que declaró la Independencia de las Provincias Unidas de América del Sud el 9 de julio de 1816. Para la Iglesia católica, elBicentenarioabarca un sexenio celebratorio que transcurre de 2010 a 2016, acorde con la naturaleza de los hechos históricos. Este ciclo conduce a celebrar el pasa- do con la humildad de la verdad y recrear el bien común hacia el futuro. La tradición judeocristiana postulauna teología de la historia, que tiene exponentes exquisitos en los Salmos regios y el Deutero-Isaías. La estructura histórica de la fe y de la liturgia une la memoria agrade- cida y arrepentida acerca del pasado, la iniciativa responsable y solida- ria por el presente, la esperanza realista y creadora hacia el futuro. Vive en comunidad estas dimensiones de la fe a partir delreinado liberador de Diosque interviene misteriosamente en los acontecimientos gesta- dos –y padecidos– por los hombres y pueblos.

En el Bicentenario, leer esta Teología sobre la reconstitución del Israel postexílico a partir de su fe en Yhwh-Rey, puede ayudar a los ciudadanos argentinos, de distintas tradiciones religiosas y espiritua- les, a reconocer la presencia de Dios en la historia como la fuente pri- mera de la racionalidad y el derecho, ya que, como lo invoca el

Preámbulo de nuestra Constitución Nacional de 1853, reformada en 1994, Dios es “fuente de toda razón y justicia”.

A los discípulos de Jesucristo, esta Teología nos ayudará a rezar con mayor hondura la Oración por la Patria que repetimos desde el 9 de julio de 2001, en el inicio de la gran crisis:Jesucristo, Señor de la his- toria, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu

alivio y fortaleza... Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda

La patria es un don de Dios recibido de los padres fundadores, que debemos convertir en una sociedad para todos y para las nuevas generaciones del Tricentenario. El Bicentenario llama a edificar una sociedad justa, pacífica, incluyente. Nos interpela, desde aquel

Preámbulo, a “constituir la unión nacional, afianzar la justicia, conso- lidar la paz interior”. Debemos formar un pueblo de hermanos en el respeto, la concordia y la amistad social, a partir de nuestra tradición histórica, de las raíces cristianas, de la racionalidad política que busca lo que es justo por naturaleza en el diálogo plural, y de los valores, normas e instituciones de la Constitución que nos vincula y rige: unión, razón, justicia, libertad, bienestar, paz.

Los obispos, en su documentoHacia un Bicentenario en justicia y solidaridad, propusieron “celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social”.61Construir unnosotrosamplio en una nación con un

desarrollo integral y solidario para todos requiere la voluntad política y la acción eficaz por superar la exclusión de los más pobres, que for- man casi una tercera parte delnosotrosargentino. Y nos exige convivir en democracia con más verdad, amor, dignidad, trabajo, educación, equidad, desarrollo, ciudadanía, diálogo, participación.

Este libro, fruto de un enorme trabajo, es fuente de alegría para la teo- logía argentina porque refleja, en un espejo transparente, un rayo de la luz que está dando y puede dar, desde el sur del Sur, al progreso de la exégesis bíblica y la teología católica, innovando a partir de las bases puestas por anteriores generaciones teológicas. Esta obra alienta la esperanza de que el siglo XXI reciba nuevos aportes de una teología pensada, dicha y escrita en lengua castellana con tonada argentina. Si la gratitud es la forma más exqui- sita del reconocimiento,62agradezco a Jorge Blunda por la donación de sí

en el don de su tesis, que facilita el diálogo en torno a la alabanza y el anun- cio del Reinado de Dios en la Iglesia y el mundo.

CARLOSMARÍAGALLI

10.01.11 / 10.02.11

61. CONFERENCIAEPISCOPALARGENTINA,Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad 2010- 2016, Buenos Aires, Oficina del Libro, 2008, 5.

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