Señor Presidente de la Academia Na cional de Agronom ía y Veterinaria,
Señor Presidente de Massey Fergu- son Argentina S.A.,
Señores Académicos de Número, Señor Presidente del Jurado, Señoras y Señores:
Agradezco a la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria la distin ción que me ha concedido al otorgar me el Premio Massey Ferguson 1969, que mucho valoro.
Ello entiendo que trasciende los lí mites de lo personal; sus destinatarios son todos aquellos cuyanos que de al gún modo aportaron su esfuerzo y es píritu para que la vitivinicultura argen tina fuera una realidad a nivel interna cional y en nombre de ellos recibo el premio.
La vid fcrm a parte de la historia de los pueblos desde las épocas más an tiguas a las modernas. No se siembra, se planta, sus raíces penetran la tierra y la arraigan por décadas de vida; sus sarmientos luego se extienden para re c ib ir en sus hojas oliváceas la luz
y el calor del sol de los cielos lím pi dos del piedemonte, se aterran a sus guías y tutores dando idea de un acto fraterno de continuidad. Por siempre ha acompeñado al hombre en una for ma singular; el que se dedica a su cultivo es prontamente cautivado por esa seguridad de permanencia y la no bleza de la función productora; con el pasar del tiempo él también se con funde con esas raíces y sarmientos, formando con la vid un todo no siendo fácil distinguir dónde comienza la plan ta y dónde termina el hombre.
El agua es su amiga, su sustento, la
existencia de la vid depende del agua que los ríos traen desde las montañas. El viticu lto r debe trabajar todos los días del año para cultivar, regar, po dar, injertar, desinfectar, por ello debe ser un hombre constante, enamorado de su trabajo, consustanciado con su viñedo al que debe dedicarle además de su esfuerzo lo m ejor de su inteli gencia, debe tener paciencia, esperar todo un año después de haber sor teado las inclemencias de heladas tar días, de granizadas y de plagas a veces producidas por la paradoja del exceso de humedad en el desierto.
Este esfuerzo constante da sus fru tos, las uvas y luego el vino, portador de alegría y bienestar.
En Cuyo y específicam ente en Men doza, la historia de la vid corre para lela con la de su pueblo, llegó acom pañando a los Fundadores con un sa bor hispánico, perm itiendo su vino a los sacerdotes poder repetir el sacri ficio en la Misa. Prontamente se di fundió a nivel doméstico, pero las dis tancias y precarios medios de trans porte adormecieron la actividad vitivi nícola en una larga siesta provinciana, la que despertaba tímidamente a veces cuando una recua de muías o tropas de pesadas carretas llevaban arrope, vino o pasas de uva a Tucumán, Cór doba o Buenos Aires.
La llegada del ferrocarril en 1894. inaugurado por Roca en el 95. y la ges tión útil de la generación del '80 fo mentó el arribo de inmigrantes euro peos portadores de nuevas técnicas y a la vez activó a la vitivinicultura con obras de irrigación, la que pareciendo querer recuperar los años desaprove* chados, m ultiplicó las hectáreas de vi ñedos y el número de bodegas; el buen
vino pudo viajar a todo el país, algu nos usaron las variedades que como anticipo había llevado Don Michel Pou- get, primer Director de la Quinta Nor mal de Agricultura de Mendoza, contra tado por Sarmiento en 1853. Estos eu ropeos, uniendo sus esfuerzos a los de los lugareños, transformaron la eco nomía agraria de Mendoza dedicada preferentemente al cultivo de la alfalfa y trigo por la agroindustrial de la vid y del vino.
Entre ellos se encontraban mis abue los paterno y materno, Don Antonio Reina, español, y Don Felipe Rutini, italiano, quienes antes que finalizara el siglo XIX ya cosechaban las uvas de los viñedos que habían plantado y ob tenían vinos en sus bisoñas bodegas, actividades que fueron luego continua das por sus sucesores hasta la fecha.
Don Felipe, hijo de viñateros de Le Marche (Italia) obtuvo en 1885 su título de técnico agrario en la Real Scuola di Ascoli Fisceno, y en 1887, ya en Men doza, comenzó la plantación de viñe dos, los que con el pasar del tiempo se acercaron a las 1.000 hectáreas acompañado con la construcción de una bodega en Coquimbito, del Depar tamento de Maipú, trayendo luego va riedades finas en un viaje que realizó a su país natal en 1896. No se ocupó únicamente de la vitivinicultura sino que trató de hacer adelantar a la re gión en la que estaban sus viñedos donando a la vez una escuela que hace poco cumplió su centenario. El Gobier no de la Provincia, reconociendo sus méritos, le puso su nombre a una pla zoleta ubicada cerca del establecimien to vitivinícola que creó. Su lema fami liar fue “ Labor et Perseverantia” . Al morir, su esposa Doña Ernesta conti nuó su obra ayudada luego por sus hijos y algunos de los yernos. A mi turno me tocó también colaborar en la dirección de la firma familiar.
De niño comencé a tener contacto con la vid, acompañando a mis mayo res: tíos, padre, a recorrer los viñedos y participar en lo que para mí era una fiesta: la vendimia y la elaboración del vino. En algunos momentos pensé es tudiar ingeniería agronómica mas ter miné siendo abogado a los 21 años.
Sin saberlo la vid ya formaba parte de mi vida, sus sarmientos me rete
nían con afecto recordándome nues tras raíces comunes. Pausadamente fui participando de la conducción de temas de la Bodega, llegando final mente a presidir la Sociedad fam iliar materna colaborando en la búsqueda de consolidar sus bases para posibili tar ,la repetición de otros cien años de existencia, con la ayuda de todos, in cluyendo a la cuarta generación que ya se vislumbra.
La problemática del pionero fue cam biando con el pasar de los años, ya no era suficiente la obra, producto de la gesta vitivinícola del siglo pasado sino luchar para mantenerla y adaptar la a los requerimientos del mercado, aplicando nuevas y técnicas, seleccio nando variedades finas, modificando sistemas de elaboración y fracciona miento. Al tractor, especialmente a los angostos con levante hidráulico, le cu po un lugar importante en esta etapa de transformación ya que al adoptarse la mecanización agrícola fue posible un cultivo racional de los viñedos y un riego más efectivo con terrenos nive lados y un mejoramiento de la lucha contra las plagas por el empleo de pul- verizadoras acopladas a las tomas de fuerza de los tractores. Es así como en asociación con el grupo familiar, aprovechando las ventajas ecológicas de cada zona de la Provincia, se logró plantar o injertar variedades finas traí das de Europa como Chardonnay, Tra- rniner, Pinot, racionalizar el riego, sus tento vital para la vid, llegándose a contar con el paño más extenso de Chardonay del país no olvidándose de las tintas como Cabernet Sauvignon que ya había plantado Don Felipe en Maipú. Debo destacar la participación activa en esta transformación de los agrónomos, enólogos y demás técnicos agrarios con lo que se está logrando la meta final: mejorar la calidad de los vinos con preeminencia de los finos.
Para que esta lucha renovadora tu viera éxito era necesario defender la actividad vitivinícola a nivel público y político, por lo que comencé a actuar en entidades gremiales empresarias co mo el Centro de Bodegueros de Men doza, que tuve el honor de presidir du rante seis períodos y luego proyectarla a otros ámbitos: Unión Comercial e Industrial de Mendoza, Unión Industrial
Argentina, Cámara Argentina de Co mercio a fin de obtener que las leyes nacionales y sus funcionarios también contemplaran los intereses regionales; entre otros los de la vitivinicultura.
Al detectarse que el mercado interno serla rebasado por las posibilidades del externo, empezamos a aprender a deletrear e! tema de las ventas al mun do y la forma de hacerlo, había que ponerse de acuerdo a nivel interna cional; ¿qué se entendía por vino ge nuino? únicamente el proveniente de la vitis vinífera, fermentado naturalmente, las denominaciones de origen y una serie de temas previos a la com ercia lización y bregar por la inclusión de los productos vitivinícolas en los con venios internacionales de comercio.
Comenzamos primero por Latinoa mérica, nuestro mercado más próximo. En el año 1966, en Chile, participamos de la creación de la Confederación Latinoamericana de la Industria Vitivi nícola, lo que culminó con la o ficia li zación por parte de la ALALC de la Organización Latinoamericana del Vino y de la Uva, OLAVU, constituida en la Ciudad de México en el año 1968, de la cual fui su primer Presidente en repre sentación de la Argentina. El intento de penetración de los productos víni cos argentinos en el exterior no es ni fue tarea fácil; la competencia de paí ses vitivinícolas milenarios, la falta de apoyo estatal en la etapa inicial, las retenciones a las exportaciones regio nales y un sistema cambiario atrasado o dirigido directa o indirectamente, han dificultado la tarea.
Sin embargo las exportaciones de productos vitivinícolas: mostos con centrados, uvas en fresco, además de los vinos, aumentan anualmente en el país. En nuestra empresa hemos
logrado ya que representen del 25 al 30 % del total de su com ercio de
vinos finos em botellados. La adm ira ción por la lucha contra el desierto por parte de los vitivinicultores, quie nes en un esfuerzo ciclópeo consiguie ron colocar a la Argentina y fundamen talmente
b.
Cuyo en el quinto lugar en el mundo como productora de uvas partiendo del trabajo como principal herramienta, me llevó a profundizar su historia en nuestro país, lo que me perm itió incorporarm e como miembro de número a la Junta de Estudios His tóricos de Mendoza, dirigida por uno de sus hombres más preclaros: el Dr. Edmundo Correas, fundador de la Uni versidad Nacional de Cuyo. A la vez al percibir que los testimonios de las pri meras épocas de la vitivinicultura y su evolución tendían a desaparecer con cebí la idea de reunirlos en el cente nario maree de la Bodega, formándose con el tiempo el Museo del Vino Fran cisco Rutini en recuerdo de quien fue ra Presidente de la Sociedad durante muchos años, siendo actualmente por lo menos en América el más im por tante en su especialidad. A llí se en cuentran los lagares de cuero, los pan zudos botijones de barro cocido, ara dos de palo con cantonera de hierro, las primeras bombas francesas Faufer para trasegar vino, accionadas a mano, carretas y carros que transportaron las uvas recién cosechadas y diversos ti pos de máquinas que recuerdan la evolución de la técnica enològica.Están ustedes invitados a visitarla y a descubrir a sus duendes acompaña
dos por el suave perfume de los vinos que exhala por los poros del roble de Nancy de las vasijas.
En nombre de la vitivinicultura cu- yana, muchas gracias.