3. L A ANARQUÍA SEGÚN S PARTACUS
3.5. S PARTACUS Y EL ANARQUISMO ARGENTINO
3.5.1. E L DEBATE ALREDEDOR DEL MODO DE ORGANIZACIÓN SINDICAL
Las formas de la organización sindical era otro de los pun- tos fundamentales de discusión al interior del movimiento li- bertario. En acto audaz de innovación, Spartacus oponía a la tradicional postura forista de sindicatos por oficios la organi- zación por rama de industria a la que se consideraba más acor- de con el momento de desarrollo de las fuerzas productivas: “La expansión industrial irá paulatinamente transformando la faz gremial y lo que hasta hace algunos años constituía un ofi- cio diferenciado (...) hoy o mañana engrosará un rodaje de pro- ducción más complejo. (...) la corporación, el oficio, el gremio no se bastan ya a sí mismos. El proletariado ha sido empujado a otras condiciones y abandona el viejo simplismo gremial”.66
Tal como lo explica Varone la necesidad de adoptar un nuevo tipo de organización le eran impuestas al movimiento obrero por el desarrollo capitalista:
Los de Spartacus ya teníamos nuestras propias ideas sobre la necesidad de adecuar las viejas estructuras sindicales a las nue- vas necesidades del desarrollo de la industria incipiente de nuestro país, lo que nos valió el mote de “industrialistas” por parte de los anarquistas ortodoxos de la FORA y la excomu- nión. Propugnábamos el sindicato por rama de industria, en reemplazo del sindicato de oficio que dividía a los obreros de una misma industria, haciendo completamente ineficaz la or- ganización, situación que en la práctica debía ser superada por las necesidades de hecho.67
Basanta coincide:
[El accionar de los gremios anarquistas] no era otra cosa que la resistencia desesperada, nihilista, al avance del capitalismo en la Argentina y al consecuente replanteo del movimiento obrero a nivel industrial y nacional que propiciaban grupos avanzados del anarquismo junto a los militantes socialistas y comunistas del campo sindical.68
La FORA había rechazado la organización por rama de in- dustria en numerosas ocasiones. Emilio López Arango, uno de sus principales ideólogos, había afirmado en 1924: “Hablar de industrialismo entre nosotros es como pretender crear un órga- no que no tiene función alguna que cumplir”.69 Para la tenden-
cia forista, el industrialismo traía consigo el peligro de un “cen- tralismo autoritario” y un “funcionalismo burocrático”. La organización por rama de industria no era necesaria si los sin- dicatos estaban animados por un “espíritu solidario” que rigie- ra las relaciones entre los diferentes oficios de una industria. Con anterioridad a la existencia de Spartacus, esta defensa a ultranza del sindicato por oficio ya había sido criticada por antiguos hombres provenientes del riñón forista que empeza- ban a notar las modificaciones que el creciente proceso de in- dustrialización provocaba en la sociedad argentina. Abad de Santillán solicitaba en 1933 la flexibilización de los férreos es- quemas organizativos de la FORA: “No nos parece tampoco un feliz hallazgo el del cercenamiento del pacto del IV congreso en lo relativo a las federaciones de oficios afines, algo parecido
a lo que se denomina organización por industria. El pacto de solidaridad del IV Congreso respeta la organización por oficio, pero no obstruye, sino que recomienda la federación nacional de oficios y la asociación de oficios afines”.70 En la época de
publicación del libro de Abad de Santillán, los efectos de la política de sustitución de las importaciones comenzaban a ver- se de manera incipiente y el rechazo a ultranza de cualquier forma de organización de tipo industrialista se convertía en una caprichosa negación de la nueva forma que el capitalismo esta- ba adquiriendo en la sociedad argentina.
Para los espartaquistas, la confianza en el “espíritu solida- rio” se revelaba a todas luces insuficiente a la hora de organi- zar las luchas obreras y la dispersión de los sindicatos por ofi- cio terminaba por conspirar contra la eficacia de las protestas. Si bien admitían que el industrialismo acarreaba la posibilidad de engendrar una clase burocrática, la organización de tipo fe- deralista era el remedio propuesto para contrarrestar este peli- gro. En su proyecto de estatuto para la unificación de los gre- mios de la construcción, se establecía que el sindicato debía ser:
Una organización que asegure una democracia interna en sus diversas especialidades. Centralismo en su economía, pero de manera que cada especialidad pueda disponer de sus fondos sociales cada vez que lo estime necesario al planteamiento de su organización o de sus luchas, y facultades concernientes a su especialidad.71
A modo de reafirmación de una postura favorable a la crea- ción de grandes federaciones obreras, en Spartacus son cons- tantes los llamados a la unidad de aquellos trabajadores per- tenecientes a la misma rama de la industria. Estas apelaciones se fundamentaban en un análisis que percibía que “la expan- sión industrial irá paulatinamente transformando la faz gre- mial y lo que hasta hace algunos años constituía un oficio diferenciado, con elementos capaces de presionar sindicalmente en una rama, hoy o mañana engrosará un rodaje de produc- ción más complejo”.72 De la toma de conciencia de estas con-
diciones que provocaba el desarrollo del capitalismo depen- día también en gran medida el triunfo del movimiento de opo-
sición al proyecto de monopolizar el transporte público. Tal como lo expresa la agrupación en un panfleto: “es preciso unir a todos los obreros del automotor en un vasto y podero- so Sindicato Único, expresión unitaria, básica e indispensable para ir a la creación de una real y combativa Federación Lo- cal del Transporte”.73
Frente al forismo, que sostenía que la adaptación a la nueva realidad industrial era funcional a los intereses capitalistas, Spartacus consideraba que, para no frustrar las luchas obreras, se hacía imperativo contestar a la reconfiguración del capital en grandes empresas, con un movimiento similar al nivel de los sindicatos. En esta lectura del proceso industrializador se ad- mitía que el movimiento obrero no elige las condiciones en que se libran sus batallas, sino que éstas le son impuestas. Lejos de implicar necesariamente una defección de los principios libertarios, la organización por rama de industria se mostraba acorde con el desarrollo de las fuerzas productivas y era conciliable con los principios de funcionamiento democráticos de las organizaciones ácratas. La renovación de las estructuras sindicales posibilitaría el fortalecimiento del movimiento obre- ro por la creación de poderosos gremios de masas. En un inten- to de modificar el rumbo de la FORA, ante la resistencia de la central anarquista de participar en los movimientos huelguísticos que empezaban a gestarse, Spartacus hacía una velada adver- tencia a sus militantes:
Es posible que aun haya hoy trabajadores que (...) tomen por buenas fórmulas que los llevaron a chocar contra la pared (...) Nadie volvería contra ellos una acusación. Pero sí cabe adver- tir y señalar a su pasividad, en la sensación de amargura e impotencia que los domina, causas extrañas a ellos mismos, que culminan en la insolidaridad y anuncian el desastre en sus propias filas.74
El consejo no tuvo ningún efecto en la postura de la FORA con respecto al movimiento de los obreros de la construcción. Confirmando el presagio espartaquista, el sindicato anarquista de albañiles no sólo no participó de la huelga, sino que hizo todo cuanto estuvo a su alcance para sabotearla.