El Socialista había sido fundado en 1886 como órgano de expresión del PSOE. Su periodo de mayor difusión se produce durante la República aunque su contenido informativo era menor que el de los periódicos nacionales generalistas. Pese a sus carencias, es la principal fuente sobre el movimiento obrero y, lógicamente, de los avatares del Partido en estos años210.
El diario del PSOE no podía por menos que recoger la opinión defendida por su Grupo parlamentario, pero, y aun apoyando la inmediata concesión del voto a la mujer, reconocía que habría que darle a la misma una educación política y que era indispensable su preparación como ciudadana del sistema republicano. El diario no dejaba por otra parte de recoger artículos de opinión en contra de lo defendido y votado por la mayoría de los Socialistas en las sesiones de las Cortes; esto responde sin duda a que algunos miembros del Grupo parlamentario Socialista, encabezados por Indalecio Prieto, estaban en franco desacuerdo con los planteamientos acordados por el Partido, y estaban siendo requeridos por los Radicales para impedir discretamente la victoria de las sufragistas, como vimos, mediante la abstención.
Que el Partido no era “el muro de cemento” que describía Ovejero, se evidencia en los artículos de los disconformes con la postura oficial sobre el sufragio. Un ejemplo de ello se observa en la editorial publicada el 1 de octubre de 1931211; la portada del Socialista dicho día incluía dos artículos de signo diferente. Uno lleva por título “La pena de muerte, el sufragio femenino y los socialistas”, que reproduce la posición oficial del PSOE y los argumentos utilizados por los socialistas para defender el voto de la mujer: “la mujer,-decía- cuando actúe ciudadanamente, si nosotros sabemos prepararla, no votará influida por los curas o los frailes…”, sería necesario “explicarles (a las mujeres) el valor del voto, para educarlas en su ejercicio, planteándoles con toda claridad los problemas que pueden resolver ejercitando bien el sufragio”. Sin embargo, este artículo quedaba un tanto contrapesado por otro de corte patriarcal, de Cruz Gil, titulado “El voto de mi mujer”, dirigido a Clara Campoamor, a la que relata la reacción de su esposa cuando le contó que se había aprobado el sufragio femenino, que podría votar. Según Cruz Gil, mientras él le describía emotivamente, su esposa permanecía
210 Vid. CHECA GODOY, Antonio, Prensa y partidos políticos durante la II República, cit., pp. 520. 211 El Socialista, 1 de octubre de 1931, pp. 1.
Begoña Quintero Hernández Página 84 impávida ante la “calurosa defensa” que hizo Clara Campoamor por los derechos de las mujeres. “Mi mujer –explicaba el articulista-, estima que el derecho a votar y el de ser elegida para cargos públicos no representa en su vida un acontecimiento demasiado hondo”, ya que para ella su mayor preocupación era “la economía doméstica”. Cruz Gil no obstante relató que había insistido en las bondades del discurso de Campoamor y se lo intenta transmitir a su mujer, pero su esposa no se conmueve porque tiene otras prioridades, como la de llegar a fin de mes.
Por si este solapado ataque al sufragismo femenino, acompañado de la apología de la sufrida ama de casa, no fuera suficiente, el viernes 2 de octubre de 1931, El Socialista volvía a ocuparse en portada de “El voto de la Mujer”212, en que se advertía a los socialistas del riesgo asumido votando a favor del voto de las mujeres. “Convendrá que no nos hagamos demasiadas ilusiones…habiendo ganado, hemos perdido…si la realidad es un condicionante de la doctrina, avengámonos a reconocer que no hemos sido políticos, aun cuando hayamos sido consecuentes con un postulado de nuestro Partido…”. Para recoger los frutos de la concesión hecha sería preciso el paso del tiempo y que surgieran nuevas generaciones femeninas para ver los resultados electorales favorables de su concesión. En el plazo inmediato, “la mujer usará de ese nuevo derecho, en la mayoría de los casos, en contra de los que se lo han concedido, y desde luego sin agradecerlo ni poco ni mucho”. Este mismo día, esta vez la página cuarta del periódico del PSOE213, se daba cuenta del debate sobre el sufragio del día anterior en las Cortes, calificándolo como “un asunto de pasión” , negándose lo que la portada establecía: “que haya peligro para la República en el voto femenino”. Se hacía al tiempo una crítica a los partidos burgueses de izquierda, declarando que su votación en contra del voto femenino era completamente errónea y que estaba condicionada “por un falso prejuicio religioso”, calificando de ridículos los dos grandes argumentos expuestos en contra del voto femenino: “la mujer va a votar al cura, estamos en peligro”.
El 1 de diciembre de 1931, El Socialista reflejaba de nuevo en su portada como tema del día “El voto de la mujer”214, si bien en un artículo que apenas era una pequeña columna en la que la minoría socialista justificaba, una vez más su voto a favor del
212El Socialista, 2 de octubre de 1931, pp. 1. 213 Ibídem, pp. 6.
Begoña Quintero Hernández Página 85 sufragio femenino “por principios, porque tenemos fe en la democracia”, rechazando motivos de “ambición política”. De nuevo se atacaba a los republicanos burgueses mediatizados por su convicción de que la mujer llegado el momento iba a votar al clero, prueba de su falta “de fervor y de fe democrática”.
Al día siguiente de la ratificación final del sufragio femenino, el 2 de diciembre de 1931215, incluía de nuevo El Socialista en su portada otra noticia dedicada al “Tema político del momento” criticando una vez más la actitud de las minorías republicanas reveladora de su “miedo a la democracia”. Denunciaban que los republicanos burgueses predicaban una igualdad teórica, pero a la hora de elaborar normas para que dicha igualdad se convirtiese en real y efectiva, les invadía un sentimiento de “pánico”. En cuanto a la pregunta de si es capaz o incapaz la mujer para la actuación ciudadana, El Socialista afirma: “Por el momento no nos interesa este aspecto del problema”, ya que si la mujer no estaba capacitada “en la acción se capacitará”. Se detectaba que Clara Campoamor había logrado convencer al periodista, y, como ella había dicho, se recordaba, “con el mismo derecho que se duda de la capacidad de la mujer para el ejercicio del sufragio, se puede dudar también de la capacidad de muchos hombres”. La ausencia de capacidad y/o preparación como la diputada había anticipado no era un argumento convincente para negar o condicionar el voto de la mujer, ya que si esto se llegara a producir se “negaría eficacia a la democracia”. La solución socialista para que fuera eficaz el voto femenino era “enseñar a la mujer a hacer un buen uso del voto para que con él defienda sus intereses y los de su familia”; era imprescindible educar a la mujer y ganar sus votos para que lo votado por la minoría socialista diese sus frutos en un futuro.
Begoña Quintero Hernández Página 86